Salud mental : ponte cinco minutos en mi piel…
No es fácil convivir con mi mente. Tengo TOC (trastorno obsesivo compulsivo) desde que nací y una ansiedad casi crónica desde adolescente…
Salud mental : ponte cinco minutos en mi piel…
No es fácil convivir con mi mente. Tengo TOC (trastorno obsesivo compulsivo) desde que nací y una ansiedad casi crónica desde adolescente. Mi vida no ha sido fácil, pero me siento afortunada por muchas razones. Intento ser positiva aunque hay momentos en los que no pueda ni con mi alma.
Los problemas relacionados con la salud mental siguen siendo los grandes incomprendidos en esta sociedad. Como no se ven a simple vista, debe ser que no existen. Tu puedes explicar una y mil veces a tu entorno lo que te ocurre que normalmente va a dar igual.
Lo que me pasa, me sucede porque quiero, por vaga y porque no me esfuerzo demasiado en mejorar. Siempre van a acabar pensando eso de mí aunque el mismísimo Freud saliese de su tumba para explicarles los problemas de salud mental que me persiguen.
Mi cabeza y mi pecho a veces se convierten en una batidora. Giran y giran miles de pensamientos negativos que me entorpecen la mente y aceleran el corazón. ¡Pam, pam, pam! Palpitaciones unas veces, en otras ocasiones, siento una losa encima del torso que evita que pueda respirar.
La boca seca y la vida partida una vez más. No puedo salir de casa porque miles de demonios imaginarios me acechan. Cuando tengo que ir a trabajar evado mi mente para no dejarme asustar por ellos. Vago como una zombi por las calles hasta llegar a mi destino y sentirme a salvo.
Después, toca disimular con todo tu entorno. No quieres que nadie note tu desazón porque eso te pondría peor. Y para qué. En una ocasión me dijeron que en vez ir a terapia psicológica le contase lo que me pasaba a un cura y así ahorraba dinero.
Comprendo que mi manera de ser por culpa de mi salud mental termine agotando a muchos. No soy como tú. No siempre puedo hacer lo que quiero cuando quiero. Deseo intentarlo pero fallo demasiadas veces, y eso cansa si no entiendes cómo nos sentimos los que tenemos este tipo de problemas.
Solo aguanta el huracán que va y viene quién te quiere de verdad. Ha entendido la idiosincrasia de mi yo verdadero, y le compensa. No es fácil para los que padecemos, al menos para algunos, trastornos mentales creer que los demás nos quieran en su vida. Han sido tantos los rechazos e incomprensiones, que cuando ves un rayo de luz a través de las grietas tiendes a pensar que es un espejismo.
¿Quién me va a querer a mí? La reina de las obsesiones, altibajos emocionales y encerramientos caseros para evitar sufrir. Pues me quiere más gente de la que nunca hubiera pensado. Personas que a pesar de mis agobios, tristezas y “desquedadas” continuas están a mi lado porque mi parte sana les gusta y les compensa.
No siempre es así. Por un lado lo comprendo, porque sobre salud mental se habla muy poco. Es la gran desconocida. Pero por otra parte tengo la sensación de que tampoco se esfuerzan demasiado en comprenderme, posiblemente sea porque mi parte sana no les compense. No puedo exigirles nada, aunque confieso que en ocasiones me rompen el corazón.
Me encantaría que la salud mental dejase de ser tabú. Que se hablase sobre ella en primera persona sin temor a ser señalados u objeto de mofa por algunos descerebrados. Y, cómo no, desearía que el sistema sanitario fuese mejor para los que debemos acudir a terapia tanto psicológica como psiquiátrica. Las consultas privadas son carísimas, aunque bien es cierto que te suele dar facilidades.
Y ya que estoy en plan pedigüeño, también querría que los psicólogos fuesen más comprensivos con cada caso. No todos los que tenemos TOC somos iguales, por ejemplo. Nos siempre nos escudamos en nuestro trastorno porque nos da pereza esforzarnos para salir adelante, como me han llegado a insinuar.
A veces, les estamos intentando comunicar más cosas que nos suceden y no nos escuchan porque están demasiado encorsetados con los que aprendieron en la universidad. Hablar con ellos también nos puede hace sentir que nos encontramos con un muro impenetrable.
En fin, sé que hablar de mí, aunque en realidad hablo de muchos, no va a resultar demasiado interesante. Pero con que llegue a una sola sola persona y entienda cómo puede sentirse alguien de su entorno con algún tipo de trastorno mental, me daré por satisfecha. Soy una soñadora incorregible.

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