Autofagia canibalística, condición sine quae non del capitalismo.
Autofagia canibalística, condición sine quae non del capitalismo.
Única ley del mundo. Expresión enmascarada de todos los individualismos, de todos los colectivismos. De todas las religiones. De todos los tratados de paz. (…) El amor cotidiano y el modus vivendi capitalista.
Solo la antropofagia nos une: Socialmente, económicamente, filosóficamente.
OSWALD DE ANDRADE

No he comido cadáveres desde los dieciséis años. Aún con todo, tumbada sobre un pecho amado, siento deseos de morderlo. Hay un carnívoro en todos nosotros; un antropófago, que no busca ser saciado. Hacerlo sería resolver la contradicción que lo sustenta.
“A carne de lobo, diente de perro”. Este es un refrán — caído en desuso — : tiene como origen los en su día comunes asaltos de los lobos a los rebaños en busca de alimento, que requerían de un perro pastor para hacerles frente; su significado, entonces, nos remite a las medidas drásticas que nos vemos empujados a tomar ante los horrores que llamamos cotidianos, condicionados por necesidades tan inapelables como el comer (algo similar a aquello que quiso decir Antonio Gramsci con: “El viejo mundo se muere. El nuevo aún no ha nacido. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”); en esencia, al conflicto violento entre dos temperamentos dentro de una misma especie, dos maneras de entender la violencia en sí misma (bien como amenaza, bien como respuesta; como dominación sistemática o como fiera defensa). El dicho, en su aparente sencillez, nos presenta una distinción ontológica entre lo domesticado y servil, y lo bestial e incivilizado, al que se atribuye un salvajismo innato que lo diferencia esencialmente de su versión evolucionada. La domesticación del perro, descendiente del lobo gris, es considerada la primera en la Historia; un proceso relacional y multigeneracional por la cual una especie asume el control de otra para obtener de ella un suministro constante de recursos; un sinónimo de amansar, domar o desbravar; en definitiva, de limar las asperezas de un carácter. Este matiz (“es considerada”) es una referencia a un estudio de la Universidad de Milán publicado en Science Advances, que demostraría que el homo sapiens se habría domesticado a sí mismo, diferenciándose de sus parientes neandertales y denisovanos. Con independencia de su veracidad (supongo que más que cuestionable, dado su carácter eugenésico), sus conclusiones son interesantes para este ensayo desde un punto de vista puramente lingüístico; y es que el canibalismo ha sido desde sus orígenes (con independencia de si su utilización fue consciente o no) un mecanismo discursivo y literario, una herramienta del colonialismo para justificar su proyecto; una etiqueta discriminatoria que, como veremos, poco o nada tiene que ver con la antropofagia.


La forma de antropofagia más común en nuestros días (partimos de la base de que no se encuentra en absoluto erradicada) es aquella en la que el sujeto consume su propio cuerpo: o sea, la autofagia. Hablo, por supuesto, en un sentido tanto físico como metafísico (visual, ontológico, laboral, etcétera), en una ingesta que engloba desde el morderse los pellejos de los labios o las uñas hasta la confesión en forma de relato autoficcional como única forma socialmente aceptable (es decir, rentable) de autointrospección; más aún, como única vía segura de hacerlo. El canibalismo y su tabú sirven como herramienta de sección entre lo tolerable y lo intolerable: “para diferenciarlos, son establecidos mecanismos de persecución — criminalización, psiquiatrización, medicación, culpabilización — en última instancia: una persecución política”, que tiene como fin la delimitación y domesticación última de lo íntimo entendido como salvaje a civilizar. Sobre esto dice Cunillera en Bozal: “El canibalismo irrumpirá en la misma como un signo casi apocalíptico a través del que exorcizar la alteridad intrínseca a todo sujeto(…). Asimismo, hemos de tener en cuenta que la división nos/otros viene dictada por el grupo hegemónico, que condena a los márgenes todo lo que amenaza con romper el orden. El ‘otro’ es el compendio de lo heterogéneo que establece la frontera con lo que no somos, una ficción que requiere el ‘uno mismo’ para elaborar su identidad (…) no supone más que la formulación de un enemigo necesario que constituye la condición de posibilidad del sujeto”.
El ingrediente necesario de la dieta canibo-capitalista es la deshumanización del otro, de forma que la idea de servirse de él como alimento, de concebirlo (concebirnos) como bien de consumo, no nos suponga un dilema ético.
PROPUESTA CONCEPTUAL DE LOS CANÍBALES DEL PORVENIR
Ya en el siglo XVIII Jonathan Swift hizo su irónica y modesta proposición para acabar con la pobreza: que los pobres vendieran a sus hijos a los ricos para alimentarse o vestirse. Esta propuesta es recogida en nuestros días, sin rastro de sátira, por cierto payaso argentino (que no es, por otro lado, más que el eco de sus semejantes: quienes lo precedieron y quienes le son contemporáneos). Bajo el sistema capitalista todo es susceptible de ser destinado al consumo; de hecho, sin duda, lo es. Ese todo nos incluye, y nos aterra, con razón.
El terror es un género del que las mujeres hemos estado histórica y sistemáticamente excluidas; no tanto como objeto de violencias (mujer equivale en muchos guiones a víctima; se nos vienen a la mente violaciones, desmembramientos, reinas del grito, el Ser-Mujer como fuente de body-horror en sí mismo), sino como autoras y monstruos. Y sin embargo, esto no puede atribuirse en modo alguno a la calidad de nuestras contribuciones o a la capacidad femenina de introspección en las inquietudes colectivas; prueba de ello son Mary Shelley, Mariana Enríquez, o, dentro de la producción literaria nacional reciente, Layla Martínez. De esta autora me interesa especialmente la idea, presente en su novela Carcoma, del terror como un género donde dar un espacio a las víctimas no para serlo nuevamente, sino para cobrarse su merecida venganza. Un lugar donde el resentimiento no sea negativo, sino el catalizador necesario para legitimar la rabia de los sujetos disidentes de nuestra sociedad; donde se nos permita ser algo más que sufrientes. Mas aún, donde podamos dar rienda suelta a la violencia originada por el maltrato. Mi objetivo con este texto es reinterpretar la monstruosidad; no como algo intrínseco (algo que uno inevitablemente es) sino como respuesta a la injusticia (algo en lo que nos convierten).
En esta historia, el Otro es precisamente lo que se nos impone como Normal e Inmutable: un sistema capitalista (ergo: patriarcal, cishetereronormativo, racista, especista colonial) que no dejará de serlo simplemente si se lo pedimos por favor. En contraposición a este, está la Caníbal. La figura del ídem que se ha visto popularizada en el mainstream es masculina y paradójicamente civilizada: hablo aquí de la frialdad del Dahmer de Ryan Murphy, del doctor Lecter en El silencio de los corderos o (si queremos ponernos patrios) del sastre de Caníbal, quienes cocinan a sus víctimas y se las comen con cuchillo y tenedor. Sin embargo, me resulta mucho más interesante la idea de unA antropófaga que se alimenta movida por la rabia y la desesperación, que ataca por instinto, porque rara vez se nos permite a las mujeres darnos un festín sin castigarnos (con mayor o menor grado de violencia) por ello. Nuestra heroína habrá de ser glotona, iracunda, irredenta; tres cosas que rara vez se nos permite, mucho menos simultáneamente, ser.
Volviendo al refrán que da comienzo a este ensayo, la actitud de la Caníbal y el Otro hacia el consumo revela una forma particular de enfrentarse a la existencia en el capitalismo; cada una de estas posturas se relaciona de forma opuesta con los valores de dicho sistema. La victoria de la Caníbal sobre el Otro, de la antropofagia sobre el antropocentrismo, supone una subversión del “derecho” autoproclamado del hombre sobre la naturaleza, del concepto de depredación (que solo resulta reconfortante para quien cree que nunca podrá constituirse en presa) y de las constricciones de una sociedad que convierte a sus miembros en monstruos. En este sentido, el fin es indisociable de los medios: sometida a la amenaza de su extinción, la ternura de la Caníbal se manifiesta como una oposición violenta a aquello que pretende erradicarla.
BIBLIOGRAFÍA
HOW TO EAT A HUMAN BEING: https://www.youtube.com/watch?v=NYAHYHEFmJw&t=5s&pp=ygURY2FubmliYWxpc20gZXNzYXk%3D
CANNIBALISM AND FEAR: https://www.youtube.com/watch?v=NYAHYHEFmJw
Sobre caníbales, Humberto Beck.
Los humanos se domestican a sí mismos: https://www.bbc.com/mundo/noticias-50759068
KILGOUR, M. From Communion to Cannibalism: An Anatomy of Metaphors of Incorporation. Princeton: Princeton University Press, 1990, p.4
FREUD, S. Tótem y tabú. Madrid: Alianza, 1972
CUNILLERA, M. Op. Cit. En: BOZAL, V. (ed.). Op. Cit. pp.212–213.
FOUCAULT, M. Tecnologías del yo y otros textos afines. Barcelona: Paidós, 1990
FOUCAULT, M. Historia de la sexualidad. Volumen I: La voluntad de saber. Madrid: Siglo XXI, 1993.
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