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La trampa que Linus Torvalds le tendió al software privativo

Una licencia de dos páginas cambió para siempre quién controla el código que mueve el mundo

MidnightFox · 2026-04-15 08:15 · 0 claps · 4.4 min read
#spanish #linux #gnu #linus-torvalds #licensing
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La trampa que Linus Torvalds le tendió al software privativo

Una licencia de dos páginas cambió para siempre quién controla el código que mueve el mundo

En enero de 1992, Linus Torvalds tomó una decisión que no le llevó más de unos días pero cuyas consecuencias llevan más de tres décadas acumulándose. Cambió la licencia de Linux. Pasó de una licencia casera que él mismo había redactado —y que prohibía el uso comercial— a la GPL, la Licencia Pública General de GNU. Un documento técnico-legal de unas pocas páginas que Richard Stallman había publicado en 1989.

La movida parecía menor. Era un ajuste administrativo en un proyecto universitario de un estudiante finlandés de veintiún años. Nadie lo cubrió en portada.

Hoy, ese código con esa licencia corre en el 96% de los servidores web del mundo, en todos los superordenadores del top 500, en el núcleo de Android y en infraestructuras que van desde bolsas de valores hasta sondas espaciales.

El problema que la GPL resuelve

Para entender por qué importa la GPL, hay que entender qué problema existía antes de ella.

El software, a diferencia de una silla o un libro, se puede copiar sin coste. Eso lo convierte en un objeto extraño desde el punto de vista legal y comercial. Las empresas tecnológicas de los años setenta y ochenta resolvieron esa rareza de una manera sencilla: tratar el código como secreto industrial. Podías usar el programa, pero no ver cómo estaba hecho, no modificarlo, no redistribuirlo. El código fuente —las instrucciones legibles por humanos— quedaba oculto.

Richard Stallman, programador del MIT, consideraba esto una aberración ética. En 1983 anunció el proyecto GNU: construir un sistema operativo completamente libre que cualquiera pudiera estudiar, modificar y redistribuir. En 1989 publicó la GPL para dar cobertura legal a ese proyecto.

La GPL funciona con una lógica que sus críticos han llamado "viral" y sus defensores prefieren llamar "copyleft". Dice, en esencia: puedes usar este código, modificarlo, distribuirlo. Pero si distribuyes una versión modificada, esa versión también debe ser libre. La libertad se propaga obligatoriamente hacia adelante.

Es una inversión del copyright tradicional. El copyright convencional dice: "todos los derechos reservados". La GPL dice: "todos los derechos revertidos". El mecanismo legal es el mismo; la dirección, opuesta.

Por qué Torvalds hizo el cambio

Torvalds no era, ni es, un idealista del movimiento del software libre en el sentido político que Stallman representa. Él mismo lo ha dicho en múltiples entrevistas: le interesa el código, no la filosofía. Cuando creó Linux en 1991 como proyecto personal —para tener un sistema operativo decente en su PC con procesador 386— usó su propia licencia precisamente porque no quería las restricciones de la GPL de Stallman.

La licencia original de Torvalds prohibía el uso comercial. Le parecía justo: si alguien iba a ganar dinero con su trabajo, él quería tener algo que decir al respecto.

El cambio llegó por razones prácticas. Las herramientas que Linux necesitaba para funcionar —compiladores, depuradores, utilidades básicas— ya eran GPL. El proyecto GNU llevaba años desarrollando ese ecosistema. Usar esas herramientas mientras se mantenía una licencia incompatible creaba fricciones técnicas y legales. Además, varios colaboradores le señalaron a Torvalds que la prohibición del uso comercial iba a limitar la difusión del sistema.

En diciembre de 1991, Torvalds anunció el cambio en el grupo de noticias comp.os.minix. "He decidido ponerlo bajo la GPL", escribió. Sin demasiado aspaviento.

Lo que no calculó con precisión —nadie lo hizo— fue el efecto acumulado de esa decisión sobre la industria tecnológica en las décadas siguientes.

La paradoja: empresas millonarias construidas sobre código libre

La GPL tiene una cláusula que a menudo se malinterpreta. No prohíbe ganar dinero con software GPL. Prohíbe cerrar el código. Esa distinción, que parece sutil, lo cambia todo.

Red Hat construyó un negocio de miles de millones de dólares vendiendo soporte y servicios sobre Linux. IBM compró Red Hat en 2019 por 34.000 millones de dólares. Google usa Linux en sus servidores y ha contribuido millones de líneas de código al núcleo. Amazon Web Services, Microsoft Azure, Google Cloud: las tres grandes nubes del mundo corren sobre Linux.

Esto genera una situación que a Stallman le resulta incómoda pero que Torvalds siempre ha visto con pragmatismo: el software libre ha resultado ser un negocio excelente para algunas de las empresas más grandes del planeta. La GPL no lo impide. Lo permite, con la condición de que las mejoras al código base vuelvan a la comunidad.

El resultado práctico es que Linux lleva décadas recibiendo contribuciones de ingenieros de Google, Meta, Intel, Samsung y centenares de empresas más, todas obligadas por la GPL a devolver sus modificaciones al núcleo común. Es un sistema de extracción de valor colectivo que no existía antes de que Torvalds firmara ese cambio de licencia.

Lo que la GPL no pudo prever

La GPL de 1989 fue escrita para un mundo donde "distribuir software" significaba copiar un disquete. Internet existía, pero no era lo que es hoy.

Eso creó un agujero legal enorme. Si una empresa ejecuta software GPL modificado en sus servidores pero no lo distribuye —si solo ofrece el servicio a través de la red—, técnicamente no tiene obligación de publicar el código fuente. Google, por ejemplo, usa un kernel de Linux muy modificado internamente. Ese código no es público.

La comunidad del software libre respondió en 2007 con la GPL versión 3, que Torvalds decidió no adoptar para Linux. La versión 2 sigue siendo la del núcleo. Esa tensión —entre los puristas del movimiento libre y el pragmatismo de Torvalds— nunca se ha resuelto del todo.

La nube ha convertido la distribución de software en algo que ya no se parece a distribuir disquetes. Lo que la GPL protegía en 1992 es parcialmente distinto de lo que protege hoy. El código que mueve los servicios digitales que usamos cada día puede estar bajo GPL y, sin embargo, nadie fuera de esas empresas tiene acceso a él.

Treinta años después

Linux no es el único sistema operativo libre que existe. Pero es el que ganó, y ganó en parte porque Torvalds eligió una licencia que hacía del código un bien común sin cerrar la puerta al uso empresarial.

La GPL convirtió Linux en un proyecto donde contribuir tenía sentido estructural: nadie podía apropiarse del trabajo ajeno y cerrarlo. Eso creó confianza. La confianza atrajo colaboradores. Los colaboradores hicieron el sistema más robusto. Y la robustez atrajo a las empresas.

Torvalds ha dicho que si hubiera sabido lo que Linux iba a convertirse, probablemente habría hecho algunas cosas de manera diferente. No ha especificado si la licencia es una de ellas.


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