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¿Y si el problema no es el universo, sino cómo pensamos el infinito?

Una mirada crítica de no matemático al corazón de las matemáticas modernas

ROBIN DAVID OVIEDO · 2025-11-13 15:07 · 0 claps · 5.1 min read
#matematik #ciencia #física-teórica
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¿Y si el problema no es el universo, sino cómo pensamos el infinito?

Una mirada crítica de no matemático al corazón de las matemáticas modernas.

Hay una idea silenciosa que sostiene casi todo el edificio de las matemáticas modernas: La noción de infinito tal como la formalizaron Cantor y la teoría de conjuntos.

En los libros se presenta como algo elegante y casi perfecto: Conjuntos infinitos, números naturales sin fin, números reales que forman una línea continua, cardinalidades que se comparan como si fueran tamaños medibles. Todo muy fino, muy formal y muy seductor.

Pero hay una pregunta que rara vez se hace en voz alta:

¿Estamos seguros de que el concepto de infinito que usamos no arrastra problemas tan profundos que terminan contaminando todo lo que construimos encima?

No soy matemático profesional. Soy, simplemente, un lector obstinado que se ha pasado años revisando libros de divulgación, historias de las matemáticas, artículos y discusiones sobre lógica, conjuntos y fundamentos. Desde ese lugar de “persona del común” que escucha a los expertos hablar entre ellos, hay un patrón que no puedo dejar de ver:

El infinito, tal como lo tratamos, parece más una herida abierta que una noción resuelta.

1. El salto arriesgado: tratar el infinito como si fuera un objeto más

En la matemática escolar, nos acostumbran poco a poco:

· Primero, los números naturales: 1, 2, 3, 4…

· Luego, la frase: “y así hasta el infinito”.

Nada raro ahí. Pero en un momento, la matemática formal decide dar un salto más grande:

No solo hablamos de “ir hacia el infinito”, sino que empezamos a tratar el infinito como algo que ya está ahí , una especie de “objeto” que podemos poner en conjuntos, comparar, clasificar, medir.

Eso dio lugar a una teoría muy poderosa: Cantor muestra que no todos los infinitos son iguales, que el conjunto de los números reales es “más grande” que el de los naturales, y que hay infinitos de infinitos posibles.

Es una estructura impresionante. El problema no es su belleza interna, sino lo que vino después: una confianza casi total en que ese tratamiento del infinito es la base indiscutible de las matemáticas.

2. Señales de que algo no encaja del todo

Cuando uno se toma el trabajo de seguir la historia, aparecen grietas:

  1. Paradojas de conjuntos Apenas se empezó a jugar en serio con conjuntos infinitos, aparecieron paradojas como la de Russell: “El conjunto de todos los conjuntos que no se contienen a sí mismos”… Y otras construcciones que llevan al absurdo.

La respuesta fue levantar una muralla de axiomas más cuidadosos (ZFC y compañía). Las paradojas no se “resolvieron” realmente, se encajonaron : Se dijo qué está permitido y qué no.

  1. Resultados que parecen magia más que matemática “sana” Cosas como la descomposición de Banach-Tarski, donde una esfera sólida se puede “partir” en piezas y rearmar en dos esferas del mismo tamaño, depende profundamente de aceptar ciertos conjuntos infinitos muy extraños. No es que el resultado sea falso en su lógica interna, pero sí mete ruido respecto a cuánto se parece eso al mundo razonable que queremos describir.

  2. Incompletitud e independencia Gödel demostró que cualquier sistema formal lo bastante potente tendrá verdades que no se pueden probar dentro del sistema. Más tarde se vio que ciertas preguntas sobre el infinito (como la hipótesis del continuo) son independientes de los axiomas habituales: Se pueden aceptar o rechazar sin generar contradicción.

Para un lego que observa, el mensaje que queda es inquietante: En el corazón de las matemáticas, hay cuestiones sobre el infinito que no tienen respuesta única “desde dentro” del sistema.

No hace falta ser especialista para ver que aquí pasa algo raro. No estamos ante detalles menores, sino ante limitaciones estructurales que aparecen justo donde el infinito entra en juego con toda su fuerza.

3. El divorcio silencioso entre matemáticas y realidad

Las matemáticas se presentan a menudo como el lenguaje perfecto para describir la realidad. Y en muchos casos lo son: física, ingeniería, tecnología depende de ellas.

Pero cuando uno mira los problemas más profundos de la física moderna —singularidades, infinitos en teorías cuánticas, divergencias—, aparece un patrón:

Muchas veces, los “infinitos” son señales de que el modelo se ha salido de lo razonable , no propiedades románticas del universo.

Es curioso entonces que el corazón de las matemáticas puras abrace el infinito como un “objeto limpio” y casi cómodo, mientras en las ciencias que intentan describir el mundo físico, el infinito suele ser una luz roja de alarma.

Puede que las matemáticas, tal como están planteadas, sean más amplias que la realidad que pueden describir. Hasta ahí no habría problema.

El problema aparece cuando esa amplitud se usa como si fuera garantía de verdad: Como si el simple hecho de poder construir infinitos tan libres ya fuera una virtud, sin preguntarse lo suficiente qué consecuencias filosóficas y lógicas arrastra esa libertad.

4. ¿Y si el infinito fuera un límite del lenguaje, no una “cosa”?

Hay una distinción antigua que muchas veces se olvida:

· Infinito potencial: la idea de que siempre podemos seguir contando, sumar uno más, ir más lejos, sin terminar nunca.

· Infinito actual: tratar al infinito como una colección ya completa, cerrada, como “el conjunto de todos los naturales” existiendo hecho y derecho.

La matemática moderna se apoya fuertemente en el segundo. Pero en lo cotidiano, nuestra experiencia se parece mucho más al primero.

Quizás el origen de muchas de las tensiones esté precisamente ahí:

En haber decidido, en un momento de la historia, que el infinito actual era una idea aceptable, y haber construido un edificio entero sobre ese supuesto, sin querer ver del todo el precio conceptual de esa decisión.

No digo que haya que “prohibir” el infinito actual, pero sí que convendría ponerlo de nuevo en duda:

¿Es un modelo útil, pero limitado, para ciertas partes de las matemáticas?

¿O de verdad queremos que todo lo demás cuelgue de esa noción?

5. Por qué creo que las matemáticas necesitan una revisión de fondo

Desde fuera, lo que se ve es algo así:

  1. Un núcleo de nociones (infinito, conjuntos, continuidad) que se aceptan casi como dogmas en la formación formal.

  2. Una serie de resultados impresionantes, pero también de paradojas y “monstruos” que se toleran como curiosidades inevitables.

  3. Una distancia creciente entre el mundo matemático formal más abstracto y las necesidades conceptuales de las ciencias que intentan describir la realidad.

No me interesa hacer una cruzada contra los matemáticos. Al contrario: admiro profundamente la capacidad de construir estructuras tan complejas.

Lo que sí me parece honesto decir es esto:

Las matemáticas modernas, en su trato con el infinito, se parecen demasiado a un edificio levantado sobre una roca que nunca se examinó del todo.

Quizá ha llegado la hora de volver a esa roca, de cuestionar con calma qué entendemos por infinito, y de explorar si no existen otras formas de fundamentar la disciplina menos dadas a paradojas, independencias arbitrarias y “milagros” formales que se alejan de cualquier intuición razonable.

Conclusión

Durante siglos, las matemáticas han sido el ejemplo máximo de rigor. Pero el rigor no significa dejar de hacerse preguntas, sino tener el valor de llevar esas dudas hasta sus últimas consecuencias.

El infinito, tal como hoy se maneja en la teoría de conjuntos y en buena parte del edificio matemático, parece mezclar dos cosas:

· una herramienta potente para construir teorías, y una fuente permanente de paradojas y fenómenos que ni siquiera los profesionales terminan de digerir del todo.

Como lector autodidacta, no puedo ofrecer una teoría alternativa cerrada. Lo que sí puedo ofrecer es una sospecha razonable:

Tal vez el problema no está en el universo ni en nuestras mediciones, sino en la forma en que hemos decidido pensar el infinito.

Si eso es así, Entonces la revisión que necesitamos no es solo física o tecnológica. Sino matemática en su raíz .

No para destruir todo lo que hemos construido. Sino para reconstruirlo sobre una comprensión más profunda. de hasta dónde puede llegar, de verdad, la idea de “lo infinito” en una mente humana que, nos guste o no, es finita.

Autor: Robin O. Carmona Correo: rodao11@ ***


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