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¿Ayunar?… Si a veces me “muero de hambre”

🎙️P. José Antonio C.

GodCast - Un ratito con Jesús · 2024-09-06 06:16 · 0 claps · 3.1 min read
#evangelio #cristo #cristianismo #predicar #vino-nuevo
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¿Ayunar?… Si a veces me “muero de hambre”

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🎙️P. José Antonio C.

El contexto de esta escena del evangelio del día de hoy es el banquete que ofrece san Mateo a sus amigos, considerados por el “judaísmo oficial” como pecadores, y el banquete es organizado para celebrar la vocación recibida como apóstol.

Ayer leíamos en el evangelio la vocación de san Pedro cuando le pide su barca para predicarle a la gente. Y hoy san Lucas comienza a tratar las discusiones con los fariseos. Y este evangelista reseña tres: la cuestión del ayuno; tratada en el Evangelio de hoy, y las otras dos son sobre “el sábado”. Las espigas que comen los apóstoles, y curar en este día.

¿Qué preguntan los fariseos?

¿Por qué no ayunan los discípulos de Jesús como hacen todos los buenos judíos, ellos mismos y los discípulos de Juan el Bautista? Y acusan a los apóstoles de que comen y beben lo mismo que después achacarán a Jesús.

Y mira, Señor, en este rato de oración querría profundizar sobre esta escena del Evangelio, difícil de comentar. Y lo primero que salta a la vista es que el tema, no es tanto si ayunar o no; o si el ayuno entra en tu “programa espiritual” para ser buen cristiano.

¿Qué es ayunar? Ayunar es una abstención deliberada de comida con un sentido religioso; y que en todas las religiones tiene que ver con sus sistemas de pureza.

Tú mismo, Señor, ayunaste cuarenta días en el desierto preparando tu vida pública, y la cristiandad primitiva, desde muy temprano, dedicó dos días a la semana al ayuno: miércoles y viernes.

Tú, Jesús, no eliminas el ayuno. Estaba muy arraigado en la espiritualidad de tu pueblo. El problema de fondo es si ha llegado o no el Mesías. El ayuno previo a tu Encarnación, Señor, tenía un sentido de preparación mesiánica. Por tanto, seguir haciendo ayuno es no reconocer que ha llegado el Mesías.

Y esta es la Buena noticia: ¡Ha llegado el Novio! Y todos sus amigos están de fiesta. La alegría mesiánica supera al ayuno. Y luego, tú mismo lo dices: “Cuando de nuevo les sea quitado el novio –porque no les será visible desde el día de la Ascensión–, volverán a hacer ayuno” (Lc 5, 33–39).

Pero sobre todo, Jesús, ayúdame a entender que quieres subrayar el carácter radical que supone acogerte como Enviado de Dios. Y lo haces con la doble comparación de la pieza de un manto nuevo con un manto viejo, y del vino nuevo en odres viejos.

Jesús, aplicándome este evangelio, te pido que yo acepte en mi vida estos importantes cambios que comporta seguirte de cerca, que no sólo sea “saber” unas cuantas verdades respecto a ti; sino de cambiar mi estilo de vida. Y esto significa vivir con alegría interior.

Jesús se compara a sí mismo con “el novio” y nosotros con “los amigos” del Novio. Por eso estamos de fiesta! ¿Se nos nota o vivimos tristes como si aún no hubiera venido el Salvador?

Esto significa una novedad fundamental: La fe en Cristo no nos pide que hagamos algunos pequeños cambios de fachada o de maquillaje, o que remendemos un poco el traje viejo –usando esta imagen–, o que aprovechemos los odres viejos en que guardábamos el vino anterior. La fe en ti, Jesús, pide traje nuevo y odres nuevos.

Los apóstoles, por ejemplo, tenían una formación religiosa propia del Antiguo Testamento, por eso les costó ir madurando en la nueva mentalidad de Jesús, y nosotros que estamos rodeados de una ideología y de una sensibilidad neopagana; también nosotros tenemos que ir madurando.

Por eso el “vino nuevo” de Jesús nos obliga a cambiar “los odres”. El vino nuevo implica actitudes nuevas, maneras de pensar propias de Cristo, y estas no coinciden con las del mundo; sobre todo con las del mundo actual.

¿No crees que necesitemos cambios de mentalidad profundos, y no limitarnos a meros retoques externos? Nosotros no tenemos al Novio presente como hace dos mil años; pero nos podemos relacionar con él en la Eucaristía y en la oración. ¿Esto lo intentas…? ¿Procuras hablar con él, contarle tu vida? ¿Te alegras y gozas con su Presencia en el Sagrario? ¿Qué ha supuesto en tu vida un vino nuevo, y qué te ha impedido meterlo en tu vida anterior?

Vamos a pedirle a Dios que nos ayude a desprendernos de los odres viejos. ¿Qué odres viejos tenemos en nuestra vida? Cada uno tiene los suyos: la pereza, el resentimiento, la ira, la soberbia, la sensualidad y tantos otros… Odres viejos que no nos sirven para celebrar el vino nuevo que nos traes, Señor. Y así es, en muchos aspectos son incompatibles “el traje” de este mundo y el de Cristo. Por eso, Señor, queremos cada día escuchar en la Misa tu doctrina nueva, y recibir tu vino nuevo.


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