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Entre Aeropuertos y Cañones: una travesía de risa y resistencia

🕐 El día comenzó a la 1:30 AM… Sí muchachos, ¡a la una y media de la mañana! porque el vuelo no espera, y nosotros tampoco queríamos…

Huber Gómez · 2026-03-13 19:24 · 0 claps · 3.3 min read
#ciclismo #paseos #santa-marta #microcuentos #aventrafamiliar
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Entre Aeropuertos y Cañones: una travesía de risa y resistencia

🕐 El día comenzó a la 1:30 AM… Sí muchachos, ¡a la una y media de la mañana! porque el vuelo no espera, y nosotros tampoco queríamos correr cual alma que lleva el diablo por el aeropuerto. Así que con el mecato empacado, las mochilas listas y los ojos aún en modo avión, llegó el coche mágico 🪄, conducido por una damisela, lista para llevarnos, al aeropuerto ✈.

🛬 Una vez allí, la señora Olga fue ascendida — literalmente — en su trono rodante 🦽 hasta las alturas del pajarraco con alas. El asunto era tan urgente que ni un tinto hubo, ni antes, ni después del vuelo. ¡Tragedia nacional! ☕🚫

🌞 Ya en tierra barranquillera, nos esperaba el hijo más querido… claro, el único, ¡pero igual el más querido! 😅 Ventajas de ser el hijo único: encarte exclusivo y desayuno asegurado.

🚗 Camino a nuestro destino de descanso, nos encontramos con el famoso tráfico costeño: un ballet caótico de motos, buses, vendedores ambulantes y uno que otro burro con alma de Ferrari. Pero llegamos puntuales al desayuno, con ese toque mitad paisa, mitad costeño, ¡y 100% sabrosura! 🍳🍽

😴 Luego vinieron siestas, conexión con el Wi-Fi y con el alma, y una dosis de sueño recuperador nivel “reseteo completo del sistema”.

🌇 Pero cayó la tarde y, ante la mínima posibilidad de quedarse encerrados en casa, sin dudarlo ¡nos fuimos pa’ la calle! Terminamos en un centro comercial de esos donde se ve de todo.

👩‍💼 Mientras Johanna estaba en cita laboral 🧑‍💻, decidimos ver las opciones para la cena. Las opciones de comida eran infinitas: sushi 🍣, pizza 🍕, bowls 🥗, comida típica 🍛, pasta 🍝, pan de bono 🥯…

Pero la matrona del hogar, doña Olga, dijo sin titubear: 👉 “¡Quiero una hamburguesa!” 🍔 Los hombres la miramos al mismo tiempo y exclamamos al unísono: “¿¡Hamburguesa!?” 😲

Pues sí, fuimos al lugar más referenciado en hamburguesología barranquillera, leímos la carta como si estuviéramos descifrando un jeroglífico gourmet 🧐 y cada quien eligió su respectiva bomba calórica.

☕ Pero lo mejor vino cuando, en lugar de gaseosa, llegó el menú de bebidas: ¡tres páginas de bebidas! En ese momento, hasta yo pedí un café. Sí, yo, el mismo que jura lealtad eterna a la Coca-Cola. O digo bebida carbonatada ¿Será que el conocimiento de lo mala ña que pueden ser las gaseosas se transmite por ósmosis? 😅

Al final, todo entró: la hamburguesa, el café, la risa, la salsa de tomate, la sorpresa… y también la culpita por la hora. Pero como dicen por ahí: “Lo importante es que se disfrutó y se gozó.” 🙌😂.

Al día siguiente:

Por fin llegó el momento del Gran Fondo Santa Marta, un evento de ciclismo del que habíamos oído muy buenos comentarios. Íbamos motivados, con el ánimo de conquistar la única montaña con asfalto de la Sierra Nevada de Santa Marta: una maravilla natural y, al mismo tiempo, un gran reto físico, partiendo desde el nivel del mar para ascender casi 900 metros de desnivel positivo.

El plan también era compartir con los papás en Santa Marta, un lugar que trae muy buenos recuerdos. Y aunque el “genio” interpretó mal el deseo de mi mamá — pues en menos de un mes todos sus hijos fueron al mar, pero en momentos diferentes — , señora Olga, ¡hay que alinear mejor esos deseos! 😅

Llegamos a nuestros respectivos alojamientos: hotel y Airbnb, porque las logísticas no cuadraron al tiempo. ¡Pero cada lugar tenía su encanto! El de los papás, por ejemplo, con cubiertos encubiertos (pregunten por el interno, jajaja).

Ya organizados, estábamos listos para lo que vinimos: competir, dejarlo todo en la carretera, demostrar todo el entrenamiento acumulado, darlo todo por la camiseta. ¡Modo “matar o morir”! Nos creímos ciclistas del Giro… aunque la realidad era otra: casi no nos quedaban las camisetas, y el gran objetivo era simplemente llegar vivos a la meta, sin deshidratarnos en el intento.

Madrugamos muchísimo y llegamos bien ubicados a la partida. Teníamos las mejores pintas, las bicicletas relucientes — porque también se trata de lucir esa valiosa inversión — , y empezó el conteo regresivo: 3, 2, 1… ¡arrancamos!

Y ahí íbamos… viendo pasar a todo el mundo, porque salieron a tope mientras nosotros optamos por disfrutar del paseo. Lo importante era estar juntos y seguros. Hicimos parte del recorrido y entendimos que, para estar adelante, se necesita otro tipo de espíritu competitivo 👻 jajaja. También comprobamos que el tránsito en Santa Marta es todo un desafío.

En un punto decidimos que lo mejor era regresarnos, ¡y fue una gran idea! Llegamos temprano, con tiempo para disfrutar de la vida… y del hotel.

Los papás continuaron con su agenda de visitas, porque tienen muchísimos amigos allá. Nosotros, a disfrutar del mar.

P.D. 1: Nos encontramos con un antiguo inquilino que nos saludó con mucha euforia, Don Hernando. ¡Qué chévere cuando uno deja huella en las personas! P.D. 2: Papá tuvo un pequeño resbalón, pero nada que le impidiera seguir. P.D. 3: Esperamos hasta el final del evento a ver si nos ganábamos una bicicleta… pero no, ¡no ganamos!

¡Feliz día para todos!


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