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Los tres tesoros espirituales

🎙️P. Eduardo

GodCast - Un ratito con Jesús · 2024-05-29 06:17 · 0 claps · 5.0 min read
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Wiki topics: 🧘 · Spirituality

Los tres tesoros espirituales

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🎙️P. Eduardo

Hace poco tiempo, estaba pensando… Como sacerdote escuchamos a muchas personas, gracias a Dios, personas muy buenas que buscan un consejo, una guía, que están luchando en su camino hacia la santidad, que encuentran dificultades y quieren un apoyo para resolverlas, o encuentran una luz que quieren compartir y confirmarse que van por buen camino.

Todo eso es muy bonito, es parte de esa belleza que tiene la dirección espiritual; poder acompañar a una persona en ese camino hacia Dios.

Y estaba pensando; cómo, entre muchas personas que me he cruzado por mi camino en estos quince años de sacerdocio; pues he podido distinguir personas que han progresado mucho, personas que se ve que el Señor las ha elevado a alturas de la vida espiritual.

Quizá ellas no se dan tanto cuenta. Pero uno, como espectador de sus luchas, escuchando lo que cuentan; uno se da cuenta de que ‘esta persona está recibiendo una ayuda de Dios muy importante; ha conseguido elevar su mirada, ha conseguido sabiduría; y se le ve feliz y refleja paz y, aunque sufre –porque tiene como todos los hombres y las mujeres de este mundo, dificultades, enfermedades, sufrimientos, preocupaciones–, es un hombre feliz, es una mujer feliz.

Y eso anima mucho, da mucha esperanza, ver cómo la gracia de Dios actúa en todos; en cualquiera de sus hijos que lo buscan con sincero corazón.

Y una de esas características que a mí me hacen entender que es una persona que ha progresado en la vida interior –te puede servir a ti también que me escuchas para reflejarte en esas características y ver si también te ocurre un poco lo mismo–, es que he visto en todas ellas un gran avance en tres virtudes que se presentan como especialmente importantes, como que son un brillo. Un brillo en sus vidas; como que se reflejan de un modo particular.

Y las tres curiosamente empiezan con la “P”, con la letra P, cosa que es difícil de olvidar.

La primera es esa virtud de la paciencia. Son personas que saben padecer sin agobios, que saben luchar con esperanza, que saben perseverar sin cansancio. La paciencia.

La paciencia ante las propias limitaciones. La paciencia ante los defectos del prójimo. Personas pacientes que saben que no todo se acaba en este mundo; que saben esperar, también, la recompensa. Sobre todo la recompensa final, la del cielo, la de la vida eterna. Y relativizan de una manera muy objetiva, muy realista, pues todo lo que pasa en esta vida.

Porque son pacientes, porque saben que el Señor triunfará. Porque saben que nada de lo de aquí abajo es definitivo. La paciencia.

La segunda virtud que se nota mucho en esas personas que tienen vida interior sólida, es la pureza: la santa pureza.

Y se nota mucho porque en este ambiente erotizado, hedonista, donde se nos ataca continuamente por ese lado. Y que el enemigo, el diablo deben estar muy felices, moviéndose a sus anchas para tentar a los hombres y mujeres con el hedonismo, con la lujuria, con la sensualidad…

Esos pecados que nos hacen personas egoístas, que nos hacen personas que buscamos solamente el propio placer, la propia satisfacción, que vemos a los demás como instrumentos de nuestro interés.

Esa es la impureza, la que nos lleva a ver todas las cosas en función de mi comodidad, de mi beneficio, de mi placer.

Y cuando uno ve personas que luchan por vivir la pureza, y que son felices viviendo la pureza, y ver jóvenes que viven la castidad en el noviazgo, por ejemplo, y que están convencidos de que es lo mejor, y que se ayudan y que acaban por eso mismo queriéndose muchísimo.

Unos novios que se ayudan a vivir limpiamente su noviazgo, se aman cada día más, se aprecian como un tesoro. Ven en el otro, a una persona, un tesoro por el que vale la pena esperar. Y se ayudan a vivir limpiamente su noviazgo; y eso Dios lo premia haciendo que su amor aumente cada día más.

Y la pureza nos da esa libertad de corazón, esa capacidad de sacrificio para servir a los demás, para vencer nuestra inclinación a la comodidad o al propio placer.

De manera que la pereza y la paciencia son dos virtudes muy claras. En las personas con vida espiritual, con vida interior; en las personas donde vive Cristo, donde hay vida de la gracia.

Y la tercera virtud, también, que resplandece es la virtud de la pobreza. El “desprendimiento de los bienes materiales”. Una virtud que nos hace parecernos; de un modo especial, a Jesús; a Jesucristo, Señor nuestro, que siendo rico, dice San Pablo, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. (cf. 2 Cor 8, 9).

Las personas que han llegado a cierto nivel de vida espiritual, a esa sabiduría que el Espíritu Santo infunde en las almas que lo buscan con sincero corazón, esa pobreza es una riqueza, es una ganancia. Se dan cuenta de que es lo mejor: vivir desprendidos. Porque si nos desprendemos de los bienes de aquí abajo, ese vacío que dejan los bienes de aquí abajo; lo llena Dios. Esa es la grandeza!

Por eso decía Jesús al inicio del Sermón de la Montaña: “bienaventurados los pobres de espíritu…”, ¡bienaventurados! ¡felices! “..dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Cfr. Mt 5, 1; 7, 28; Lc 6, 20–26).

Ellos son los ricos, los que; desprendiéndose de las cosas de aquí abajo; se dejan llenar por Dios.

Y efectivamente son estas tres virtudes: la paciencia, la pureza y la pobreza; tres características muy claras en la personalidad de nuestro Señor Jesucristo.

Cuando leemos el Evangelio aparecen esas tres virtudes de una manera excelsa, de una manera luminosa. La paciencia del Señor para salvarnos. Él es el verdadero Paciente (así con mayúscula), que sufrió tanto por nosotros hasta derramar su sangre, que sufrió más que ninguno sobre la tierra. Y lo hizo por amor, por nosotros, por salvarnos; y para darnos ese ejemplo de saber padecer con confianza en Dios, con abandono en Dios, con alegría.

La pureza del Señor… ¡Qué delicadísima! La pureza que lo llevaba a tratar a todos por igual, reconociendo en ellos su valor más profundo de personas, de hijos de Dios.

Y que se manifestaba en ese modo elegante discreto de tratar a todos –especialmente a las mujeres– dándoles su lugar; dándoles su dignidad y tratándolas siempre con ese absoluto respeto y con esa admiración que tenía Jesús por el genio femenino, por esas características tan bellas de la mujer, que tenía en primer lugar su Madre Santísima, y que todas las mujeres reflejan, de alguna manera –las virtudes de la Virgen–.

Pues esa pureza de mirada que tenía Jesús para ver a las mujeres y para ver a todos, a los niños y a las personas que se le acercaban. Se lo pedimos también nosotros.

Y la pobreza. “El Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”, decía Jesús de sí mismo (cf. Mt 8, 20). Era algo que podía decir porque era verdad, no tenía nada. Vivía totalmente desprendido. Porque su única riqueza estaba en su misión y en su trato con su Padre Celestial.

Y así nos abrió un camino muy claro para llegar también nosotros al cielo.

Vamos a pedirle al Señor y a la Santísima Virgen que nos ayuden a vivir estas tres virtudes. Y yo te aconsejo que ahora que termines de leer este texto, quédate en silencio unos minutos más, y piensa en esas tres virtudes, a ver, ¿cómo las puedes vivir mejor?

La paciencia, la pureza. y la pobreza.

Ya verás que encontrarás algún campo en el que puedes incursionar un poquito más, y que te estarás pareciendo cada vez más a Jesús. Y crecerás espiritualmente mucho, muchísimo; porque esas tres virtudes te identificarán con Cristo, y te atraerán; del cielo; muchísimas bendiciones.

Que así sea.


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