Poemas de Literatura Clásica (Parte 1)
Edición — Lara Guzmán
Poemas de Literatura Clásica (Parte 1)
Edición — Lara Guzmán

Valle del Aufidus
Cartago nos ha emboscada hoy. Justo en este valle dorado donde fluye el Aufidus y crecen las Violetas y los blancuzcos lirios.
Justo en este valle, aquí donde nací y me enamoré y le agradecí a los Lares el perdón de la vida luego de cada batalla.
Mi corazón siempre ha retornado justo aquí a este valle dorado donde puedo aún oler todos los olores de mi vida.
Pero hoy es distinto porque Cartágo nos ha emboscado y yo yazgo moribundo en este valle cerca del Aufidus
Los Lares y los blancuzcos lirios me recordarán y yo a ellos cuando siga yaciendo aquí hecho solo huesos y recuerdos del olvido.
Verónica Graziano
carpe diem
Life is too short but I will live for you (“Selflees”, Julián Casablancas, The Strokes)
Si el final se apareciera ahora,
quisiera atrapar la brisa de tu aliento, el aroma de tus ojos que reflejan los campos atardecidos, el recuerdo que sembramos hace tiempo en el mar, el polvo flotante que envuelve los pies que bailan, el aura que sostiene las vidas en el aire
Y nuestra última risa
como si fuera eterna.
Pues si vivo mañana, será otro regalo, como cada día que ya he recibido. Y la tarde será alegre en el encuentro, porque nuestros pasos correrán a abrazarse nuevamente, para cumplir con el pacto de los espíritus, para acariciar un poema o una guitarra, para correr entre la lluvia que nos besa, como también nosotros sabemos hacerlo, tomados de la mano y de la vida, dinamitando el mañana para que nos sorprenda un nuevo amanecer.
¿No es hermoso sonreír así como si reventara la cara en pétalos sin siquiera haber adivinado que pasaría? ¿No es maravillosa la distancia y el encuentro que nos unen en este instante majestuoso y fugaz, en donde el reloj se rinde ante una caricia?
Un poniente en el iris del alma es más potente que el olvido. Tu dedo acariciando mis labios riega palabras y estallan semillas. Nuestras pieles alumbradas por faroles
dibujan pentagramas en el aire.
Y el tiempo, deteniéndose, tiembla en un rincón al verse derrotado por nuestro soplo eterno.
La vida es demasiado corta para no amarnos, y la muerte demasiado cruel para no vivirnos cada día.
Eduardo Vázquez
Hodie
Horacio dijo “Carpe Diem” Nosotros decimos “Hodie” Cada tiempo tiene su llamado. Es el mismo impulso:
Abrazar la vida mientras pasa sin miedo al desgaste, sin temor a la calma
¿Por qué me incitas a las faenas cotidianas? ¿Horacio, acaso eso nos enseñó la vida? Así como llega la luz, plena y sin medida, se apaga al cumplir su destino.
¡Oh! Quincio Hirpinio, Bebamos mientras el vino es joven, Y exploremos cada minuto: porque sin ellos, nada tiene sentido.
Goza los días del imperio, mira a las finas cortesanas; que en cada jornada se entregan a las labores de Apolo.
Atrévete Hirpino, la vida será más bella. Tensa el arco, aprovecha el día como un arquero en guardia. Cuenta días prósperos y fecundos.
Fructifica sin oprimir la fugaz vida, no corras por miedo a las Odas; porque la vida no exige tantas cosas, Y los años, se escurren como arena en la copa.
Magdalena Márquez M.M.
Carpe diem
Cada día trae un aire distinto no importa qué pasó ayer lo muerto, muerto está lo que vive, sigue vivo como Roma bajo el sol de Augusto, renace del polvo la guerra y el miedo, hallaban en el instante su patria más cierta.
Cada día se puede transmutar la tristeza, el agobio permanente de la cotidianeidad como el poeta latino, busca el sosiego lejos del ruido del foro, donde canto y vino nos recuerda que somos humanos.
Aire nuevo, nuevo propósito, elección y libertad. Espera que el alma se exprese en una idea, una inspiración que nos atraviese el cuerpo y salga la palabra o un suspiro, un andar liviano de pesares que nos lleve a transitar la sinuosidad de la vida.
Horacio decía, “carpe diem” sin confiar en el mañana: el presente es nuestro templo la medida del tiempo y la victoria del espíritu.
Laura A Martínez
Oráculo amarillo
No fíes del incierto mañana (Horacio, Carpe diem. Carminum I, II)
No la desvistas pétalo a pétalo con tus dudas trémulas de ansiedad.
No la deshojes con el afán de beber en un solo sorbo su néctar.
No lastimes su cáliz indagando entre estambres el secreto del devenir de los días.
No desnudes ahora su corola amarilla y turgente.
Contempla a tu pequeño sol: apenas una margarita silvestre.
Laura Mantoani
Tópico: Locus Amoenus
¿Mueves de nuevo guerras, Venus después de paz tan prolongada?
La hierba áurea llama tu presencia etérea. El aire susurra un rumor lavanda que acaricia mis ojos cerrados. Suspiro. Voy a buscarte al lugar querido. Suspiro al agua calma. Suspiro y aprieto más fuerte los parpados. Puedo escuchar tus pasos que se alejan.
— Corta es la vida, y breve debe ser nuestra esperanza —
Marte justo implacable grita, y el viento alborota las hojas enrojecidas — Abro los ojos y miro — El aire denso, la Tierra rota.
Florencia Ibarra
Tempus fugit
“Tempus fugit”, fue lo último que balbuceó antes de partir. Salí corriendo detrás de él, traté de alcanzarlo, pero no pude y entonces lo busqué en cada rincón de Roma, pero fue en vano. Después que regresé a casa contando los pasos lentamente estaba extenuada, no pensé en nada mejor que dormir.
Supe que esa vez era para siempre y ya no había otra oportunidad para nosotros. Roma se encontraba nuevamente en una crisis, estaban reclutando jóvenes para luchar, sí, luchar y luchar. Él siempre estaba dispuesto a apoyar a su patria, su ciudad sus raíces.
Cuando nos conocimos, yo paseaba por una de las hermosas calles de Roma, justamente en la entrada de la ciudad, un viejo aviso decía “Roma”. Él me miró y, sin dudarlo, reordenó las palabras, y ahora en el aviso decía “Amor”. Sonreí y seguí caminando, pero al final de la calle estaba allí, justo enfrente, con una flor. Lo miré, demorándome en su viejo uniforme de soldado que lucía con orgullo. Esto fue hace dos años y desde allí siempre estuvimos juntos.
Soñábamos irnos a vivir al sur de Grecia y vivir allí con el mar de testigo de nuestro amor, pero no pudimos cumplir nuestro deseo; cada vez la situación en Roma se hacía caótica. La última vez que lo vi me dijo que si nos casamos no volvería a luchar por Roma… dudé en responder, aunque por dentro sabía que un sí era irrevocable y ahora él estaría conmigo. Pude haber impedido su muerte ese mismo día, pero me llené de miedo y de duda, aunque mi amor era una certeza, y lo dejé ir al otro lado, hacia el más allá, donde ya no hay regreso.
Ahora todos los días me visita en sueños susurrándome “Tempus Fugit”, esa misma frase que me dijo el día de su partida. Aun así, salgo detrás de él a buscarlo con la esperanza de encontrarlo. Lo único que me entregaron de él fueron sus pertenencias. Siempre que despierto repito “Tempus Fugit” (el tiempo voló) y sé que pronto nos volveremos a encontrar en el más allá, yendo quizás, al Paraíso.
Mayra Márquez
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