La Misa de las Seis de la Ma
Aunque no me lo creas es cierto, alguna vez fue un infante de esos que hacen travesuras y casi que a todo dicen que no incluso a ir a la…
La Misa de las Seis de la Mañana
Aunque no me lo creas es cierto, alguna vez fue un infante de esos que hacen travesuras y casi que a todo dicen que no incluso a ir a la misa de seis de la mañana y hoy no sería la excepción, no podía dejar de contemplar aquel pozo sin fondo y sentí como un trueno frio recorría mi espalda y erizaba mis vellos y mis pelos y hasta el último de mis cabellos advirtiéndome que nada bueno saldría de aquel pozo sin fondo.
Con mis ojos bien abiertos como puertas de iglesia anunciando la misa de las seis de la mañana, no podía dejar de observar aquel pozo sin fondo de color verdoso y burbujeante casi lodoso, del que seguramente emanaban vapores tóxicos porque mis ojos lloroseaban como lo hacen las cebollas al cortarlas por la mitad. Mi mente divagó y pensé
-Jamás lograran que lo toque, mucho menos que lo pruebe, que horror, seguro que moriré y quedare crujiente como cuando se marchitan las plantas al sol.
De pronto y de la nada como cuando cae la lluvia ‘espanta bobos’ antes de la misa de seis, sentí unas gotas de sudor frio recorriendo mi frente perdiéndose en la comisura izquierda de mis labios y volví a pensar
-umm salado que bien sabe, es un poco como …’
Sin embargo, mi pensamiento fue interrumpido por un fuerte grito que retumbo en el la habitación como si de cuevas se tratara o a la hora del sermón que empieza con la misa a las seis de la mañana:
-¡Siéntate bien y cómetelo ya, o llevaras un segundo tazón!
Obediente cual monaguillo al campanazo que llama a la iglesia a la misa de las seis de la mañana, volví mi mirada hacia abajo y ya no vi el pozo sin fondo, en su lugar había un tazón con crema de espinaca en su interior, la cual empañaba mis gafas con su vapor y este despertaba a mi nariz como suele despertar papá al oler el tinto fresco antes de la misa a las seis de la mañana, así pues, acepte la invitación hecha a mi paladar para darle una probadita y de cucharada en cucharada termine aquel tazón que a pesar de su fangoso verdor si tenía fondo y un buen sabor.
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