¿A los hombres heterosexuales realmente les gustan las mujeres?
Con “gustar” no me refiero a la atracción sexual que los hombres heterosexuales evidentemente sienten por las mujeres. No hay discusión…
¿A los hombres heterosexuales realmente les gustan las mujeres? Aquí te explico por qué no estoy tan segura
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Con “gustar” no me refiero a la atracción sexual que los hombres heterosexuales evidentemente sienten por las mujeres. No hay discusión sobre ello. Los hombres se sienten atraídos por el cuerpo femenino, un cuerpo históricamente sexualizado hasta el exceso y consumido, cosificado hasta el cansancio. Y justamente ahí está el punto: muchas veces las mujeres terminamos siendo reducidas a un objeto de deseo, a una fantasía, sin que exista un interés real en nosotras como personas.
Sostengo que, en muchos casos, los hombres no ven a las mujeres como iguales y por ende realmente no le gustan las mujeres. Y explicaré por qué a continuación.
En general, los hombres socializan, admiran y respetan principalmente a otros hombres, es un hecho. Sus referentes sociales y culturales suelen ser casi todos — o todos — masculinos: consumen programas de televisión con hosts hombres, escuchan bandas formadas por hombres, admiran a otros hombres, sus modelos a seguir son hombres, escuchan podcasts hechos por hombres, leen y siguen mayoritariamente voces masculinas. En la mayoría de los ámbitos culturales, lo que los hombres consumen es, en gran medida, contenido producido por hombres y protagonizado por hombres.
Y esto no es solo una percepción personal. Estudios sobre hábitos de consumo cultural lo confirman. Por ejemplo, análisis de Goodreads y universidades norteamericanas mostraron que entre el 80 y el 90 % de los libros que leen los hombres están escritos por hombres, mientras que las mujeres leen de forma mucho más equilibrada entre autores de ambos géneros. En cine y televisión, informes como los de la USC Annenberg Inclusion Initiative llevan años mostrando que alrededor del 70 % de los protagonistas son hombres, y que las historias centradas en personajes masculinos se perciben como “universales”, mientras que las protagonizadas por mujeres se etiquetan como “de nicho” o “para mujeres”.
Todo lo que no pertenece a ese universo masculino suele percibirse como ajeno, distante o “demasiado femenino”, y por lo tanto fuera de su territorio de interés. Lo masculino funciona como norma; lo femenino, como excepción.
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Sabemos que se habla de la fragilidad de la masculinidad porque puede desmoronarse con casi nada: ¿compartsite cama con un hombre? eres “gay”; te gusta el rosa, “marica”; eres expresivo o sensible, “afeminado”. La masculinidad se define más por lo que evita que por lo que abraza.
Y en ese rechazo sistemático de todo lo asociado a lo femenino, se llega a un punto aún más profundo: muchos hombres, en general, ni siquiera reconocen ni valoran a las mujeres como referentes intelectuales, emocionales o culturales. No solo se nos desea; se nos desestima. No solo se nos sexualiza; se nos excluye del espacio donde se construyen el respeto, la admiración y la autoridad simbólica.
Las mujeres quedamos muchas veces excluidas de ese círculo de interés intelectual y emocional, y pasamos a ocupar otro lugar: el de lo deseable, lo sexual, lo estético. Aquello que está ahí para gustar, ser visto, ser sexualizado y deseado, pero no necesariamente conocido y aceptado plenamente.
Hace unos días hice match con un chico. En esta app se pueden enviar “Pings”: pequeños mensajes para mostrar interés y no esperar a un match. Yo tengo una descripción detallada — sin ser extensa — sobre mis gustos, intereses y deseos como que me gusta escribir, la historia, la musica, la política, el cine, la naturaleza, etc. Habla de quién soy como persona, porque me interesa conectar con gente con afinidades reales, sea el resultado que sea de aquella interacción.
En su ping, este chico me dijo que, por lo que había leído en mi perfil, parecía que tendríamos muchas cosas en común y que nos llevaríamos bien y se mostraba muy entusiasmado en conocerme. Eso me dio una buena impresión. Pensé que, si había leído y conectado con lo que escribí sobre mí, probablemente habría un interés más allá de lo superficial. Acepté el ping y empezamos a conversar.
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Lo que ocurrió después fue algo que reconozco demasiado bien y que le ha pasado a muchas mujeres: no dejaba de hacer comentarios sobre mi apariencia física. Me decía constantemente que era muy guapa, que estaba feliz de haber hecho match conmigo, que le alegré el día, que no podía dejar de mirar mis fotos y que tenía a sus pacientes esperando porque mis fotos lo tenían tan distraído (era médico). Todo giraba en torno a cómo me veía. Nada más. Quiero aclarar que no me molestan los cumplidos, es el hecho de que solo hables de eso y nada más sea relevante sobre mí.
Además, me pareció no solo exagerado y performativo — ya entendí que me encontraba guapa, lo sé, por algo me envió un ping — , sino también profundamente superficial. Yo jamás le diría a un chico sin parar lo guapo que me parece, incluso si lo es, porque hacerlo sería reducirlo a una cara bonita. Y no quiero que nadie se sienta así.
De hecho, resulta extraño incluso imaginar a una mujer comportándose de ese modo. Generalmente, cuando nos interesa alguien, hacemos preguntas, mostramos curiosidad, buscamos conocer a la persona. No solemos tener este comportamiento casi desesperado de resaltar atributos físicos una y otra vez, como si eso agotara todo lo que hay que decir sobre el otro. Reconozco que en algunos contextos muchas personas simplemente no interactúan y tienen sexo de inmediato sin hablar, y eso está bien: es consensuado por ambas partes. Pero en otros contextos, cuando hay una instancia de conversación, aunque sea mínima, corresponde ser amable y respetuoso con otro ser humano.
A todos nos gusta sentirnos atractivos, pero es razonable no querer que eso sea lo único que se destaque de uno. Al menos, para quienes tenemos una relación sana con cómo queremos ser vistos por los demás y no nos autocosificamos.
Se que las apps de citas son, por definición, superficiales — , pero con quienes interactuamos siguen siendo personas. No molesta el “me atraes”. Lo que incomoda es el subtexto: “Estás buena y eso es todo lo que necesito saber sobre ti.”
Esto no es un rechazo al deseo, ni al sexo, ni a lo casual. Es un rechazo a ser reducida y a la ausencia total de interés por quién soy como persona, como ser humano.
¿Por qué se considera normal ser cosificada solo porque el otro quiere follar contigo? ¿Es realmente aceptable, o simplemente se ha normalizado algo que no debería ser permitido?
Esto ocurre porque se ha instalado una confusión peligrosa: la idea de que el deseo sexual suspende la humanidad del otro. El deseo masculino ha sido históricamente puesto en el centro, el cuerpo de las mujeres ha sido tratado como disponible, y el sexo se ha entendido más como consumo rápido dentro de una sociedad superficial y consumista que como una interacción entre sujetos.
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Muchos hombres creen que, porque algo es casual, puede ser distante, frío o incluso deshumanizante. Como si la falta de compromiso justificara la falta de cortesía básica — y ese es mi problema y el problema que enfrentan muchísimas, por no decir todas las mujeres.
En el ámbito de las citas, muchos hombres tratan a las mujeres con las que interactúan por debajo de un mínimo aceptable de respeto humano: conversaciones unilaterales, falta de cierre, ghosting, ausencia de cuidado, nula responsabilidad afectiva, ausencia de claridad. Estos mismos tipos de comportamientos serían inaceptables si estuvieran interactuando con alguien en cualquier otro tipo de contexto social, especialmente si es hombre, o incluso con una mujer en un contexto no sexual. En cualquier otro ámbito social existe una cortesía mínima. En las citas, esa cortesía desaparece y por algún motivo es lo normal. Realmente nos tratan como si fuéramos desechables, e incluso despreciables, una vez que obtienen lo que quieren. Por eso me pregunto si realmente les gustamos.
Esa cortesía mínima desaparece porque las mujeres dejan de ser percibidas como personas y pasan a ser tratadas solo como cuerpos deseables, objetos sexuales, caras bonitas, nada más. Cuando el cuerpo ocupa todo el espacio de interés, la humanidad de esa persona se vuelve prescindible.
Este patrón no ocurre solo en el mundo heterosexual; también se reproduce en el mundo gay. Pero, nuevamente son hombres quienes tienden a comportarse así con los demás. Tengo muchas amigas lesbianas y, aunque sus vínculos también tienen desafíos — como cualquier relación humana — , no existe esa misma lógica sistemática de deshumanización. Las mujeres, en general, no tratamos a los demás de esta manera.
Esto refuerza la idea central: no se trata del deseo ni de la orientación sexual, sino de una forma masculina de vincularse que prioriza el cuerpo por sobre la persona, su deseo y gratificación es lo más importante.
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Mostrar curiosidad básica, hacer preguntas simples, escuchar: eso es interacción humana mínima. No se trata de romance, expectativas de futuro ,ni compromiso. Incluso en algo casual, la mayoría de las personas quiere ser tratada como lo que es: una persona. Suena básico y obvio, pero ¡no lo es!
Es importante decir esto sin caer en absolutos. Sé que no todos los hombres son así. Pero existe una dinámica masculina muy extendida en la forma en que muchos hombres se relacionan con las mujeres. Por eso, cuando digo “los hombres” en este ensayo, sí, estoy generalizando: porque es algo que ocurre de manera frecuente y reiterada. Muchos hombres respetan a las mujeres, admiran a las mujeres y tienen amigas sin ninguna intención sexual o romántica. No estoy hablando de esos hombres.
Volviendo a este chico: yo le hice preguntas normales para conocerlo. Hace cuánto vivía en Berlín, si hablaba alemán, a qué se dedicaba. Él respondía con mensajes larguísimos sobre sí mismo, incluso compartiendo información que yo no había pedido: que había terminado una relación larga hace dos años, que recién había vuelto a salir en citas en verano, que llevaba pocos días en la app, que era no monógamo, que tenía dos perras, que debía ponerles vaselina en las patas, fotos de las perras, planes para el día, etc, etc.
No me molestó el over-sharing ni sus respuestas extensas. Lo que me llamó la atención fue que lo único que me preguntó de vuelta fue a qué me dedicaba (porque yo se lo había preguntado lo mismo). Nada más. Todo volvía una y otra vez a que yo era muy bonita, y yo me preguntaba qué era entonces lo que le había gustado de mi perfil, aparte de mi apariencia, eso que — según él — nos haría llevarnos bien.
Cuando seguía insistiendo en que sus pacientes estaban esperando, con emojis coquetos, para recalcar lo distraído que estaba por mi belleza, le dije simplemente: “Ok, hablamos después cuando estés menos ocupado :)”. Fue mi mi manera de cortar su performance.
Me respondió que podía seguir preguntándole cosas. Es decir, yo debía sostener la conversación, entrevistarlo — algo bastante común también: llevar la conversación sola — . Le dije que, como ya me había mencionado dos veces que sus pacientes estaban esperando, pensé que estaba muy ocupado para conversar — normal — , que todo bien. Me respondió que sí, que estaba ocupado, pero que le encantaba “conversar” conmigo. Aunque, en realidad, no había conversación: era yo haciendo preguntas y él hablando de sí mismo.
Dejé de escribirle, esperando que dijera algo. No pasó nada. Horas — muchas horas — después, de la nada, me escribió: “Oye, ¿tienes un ligero pero tierno estrabismo?” jajaja.
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Básicamente me estaba llamando bizca porque, según él, en una foto se veía mi ojo desviado. Lo primero que pensé fue: ¿cuánto rato tienes que estar mirando mis fotos para notar ese detalle ? Y, de todas las cosas divertidas o interesantes que podrías preguntarle a alguien que no conoces, ¿eliges esto? xD Y nuevamente: todo era mi apariencia física.
No me ofendí. No me dolió el comentario (no tengo estrabismo). Pero sí me pregunté cuál era la intención detrás de algo así. ¿Realmente va por la vida señalándole a la gente “defectos” físicos — por falta de una mejor palabra — ? ¿Por qué querría hacer a alguien consciente de su apariencia de esa manera?
Quizás, si nos hubiéramos conocido más, o si antes me hubiera hecho otras preguntas interesantes, no me habría llamado tanto la atención. Pero esto era, literalmente, la segunda cosa que me preguntaba sobre mí. Y le di a conocer mi percepción al respecto.
Se disculpó. Hablamos un poco del tema sobre porque me pareció un comentario fuera de lugar, acepto su error con un par de justificfaciones, pero no quise darle más vueltas al asunto y le dije que demos vuelta la pagina, que todo bien. Además quería darle espacio para ver si, finalmente, mostraba interés por mí como persona, nuevamente no ocurrió.
Básicamente, en tres días de conversación, solo me preguntó a qué me dedicaba y si tenía problemas a la vista. Eso fue todo. Todas las demás preguntas las hice yo. Y quiero ser clara: no estoy hablando de chats interminables ni de responder inmediatamente. Hablo simplemente de mostrar un mínimo interés básico.
Hicimos match un martes, ya era jueves y se suponía que nos veríamos el domingo, pero yo ya había perdido el interés. No tenía ganas de darle otra lección a un hombre de 37 años sobre cómo relacionarse conmigo — especialmente después de lo ocurrido con el comentario sobre mi supuesto estrabismo — , así que simplemente le hice unmatch. No le expliqué nada. No tenía ningún interés en volver a pasar por eso.
¿Y por qué iba a querer quedar con él? Si estaba claro que no tenía ningún tema de conversación que no fuera él mismo o lo “bonita” que soy. ¿Para qué quedar con alguien que no sabe hablar de nada más que de sí mismo o de tu apariencia? Qué aburrido y básico. Y además, era evidente que no me veía como una persona.¿Por qué iba a darle mi tiempo a alguien así?
El mensaje era claro: me quería para follar y ya está. De ahí tanto halago y cero profundidad. Y eso, en sí mismo, es válido. Casi todos queremos follar en algún momento, al menos con personas que nos resultan atractivas, no lo encuentro malo. En mi caso, no estoy en una etapa de mi vida en la que busque sexo casual o encuentros de una noche. Prefiero algo más a largo plazo, basado en comunicación y respeto, aunque sea solo una relación de follamigos — y eso también estaba claro en mi perfil — . Sé que hay muchas mujeres que buscan ONS, y la mayoría lo dice de frente.
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Siendo honesta, esta historia ni siquiera es una relamente mala, me han pasado cosas muy malas. Es solo la más reciente, ocurrió hace unos días, y tengo esta idea en la cabeza hace tiempo.
En una cita, por ejemplo, estaba contando una anécdota cuando el chico me interrumpe para decir: “Creo que deberías dejar de hablar y deberíamos besarnos”. Llevábamos literalmente 15 minutos sentados conversando y yo recién había empezado mi cerveza. Super irrespetuoso. Básicamente, se traduce en: no me importa lo que estás diciendo, dame tu cuerpo.
O hago match con alguien y, de inmediato, aparecen insinuaciones o comentarios sexuales explícitos, completamente fuera de lugar, sin una sola muestra del respeto o la cortesía básica que tendrías con cualquier desconocido.
Incluso en contextos de sexo casual, me he encontrado con situaciones mucho más graves: conductas violentas asumidas como normales — golpes, ahorcar, escupir, tirar del pelo — sin consentimiento, sin conversación previa, sin una sola pregunta. Como si mi cuerpo estuviera ahí para ser usado. Como si eso fuera lo esperado. Como si yo hubiera aceptado todo automáticamente.
Y ese es también el punto de fondo: muchos hombres realmente creen que estás ahí para lo que ellos quieren y nada más. Que tienen ese derecho. Que ese comportamiento es “kinky”, o que simplemente así es el sexo heterosexual.
El consumo masivo de pornografía violenta por parte de los hombres es profundamente preocupante. Que se haya normalizado lo es aún más. Muchos hombres parecen creer que a las mujeres les gusta todo lo que se les haga sin preguntar, lo cual es profundamente problemático y no hace más que reforzar la cosificación e incluso prácticas no consensuadas como algo deseable.
La pornografía es una industria dominada en gran medida por hombres, hecha por hombres y para hombres, y rara vez centra la humanidad, los límites o el placer de las mujeres. Aunque este es un tema en sí mismo, no está separado de lo que estoy planteando aquí: forma parte de la misma lógica que reduce a las mujeres a cuerpos y las borra como sujetos.
La pregunta que me hago es la siguiente: ¿es mucho pedir que quien quiere follarte te trate como un ser humano y socialice contigo de manera normal? ¿De verdad resulta tan difícil, o tan costoso, para un hombre hacer algo tan básico?
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Nunca he tratado a un hombre únicamente como un pene o como un cuerpo, y mucho menos he hecho algo sin su consentimiento que pudiera dañarlo físicamente o provocarle dolor. Incluso cuando no he querido nada serio, siempre he mostrado interés por la persona que tenía delante — dependiendo del contexto, a veces más, a veces menos; no toda interacción da para conversaciones profundas — . Pero la diferencia se siente de inmediato cuando eres tratada como un objeto.No querer ser reducida no es pedir romanticismo ni compromiso. Es pedir humanidad básica, trátame como a cualquier persona que estás conociendo tratarías. Realmente no es mucho pedir.
Hay algo más que me parece importante señalar: este tipo de trato no ocurre en todos los ámbitos de la vida. En casi cualquier otro contexto social — trabajo, estudios, amistades, incluso interacciones cotidianas con desconocidos — existe un nivel básico de cortesía que damos por sentado.
No conoces a un nuevo compañero de trabajo y lo primero que haces es comentar su cuerpo en lugar de preguntarle otras cosas de si mismo. No te sientas con alguien en un café y hablas solo de ti sin mostrar el más mínimo interés por quién es la otra persona. No interrumpes a alguien a mitad de una frase para redirigir la interacción hacia tu propia gratificación. Y, desde luego, no asumes acceso al cuerpo de otra persona sin antes reconocerla como un sujeto y respetar sus límites, deseos y tiempos.
Si alguien se comportara así en cualquier otro entorno, sería considerado maleducado, inapropiado o incluso perturbador. Sin embargo, en el ámbito de las citas — y especialmente en las apps — este tipo de comportamiento se ha normalizado de alguna manera.
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La pantalla funciona como una especie de escudo: permite decir cosas que difícilmente se dirían en persona, desaparecer sin cerrar conversaciones, no escuchar, no preguntar, no considerar al otro como un sujeto. Las apps facilitan esa lógica, pero no la crean desde cero: simplemente la hacen visible.
Y ahí es donde la diferencia se vuelve reveladora. Porque si un hombre es perfectamente capaz de mostrar cortesía, interés y respeto básico en casi cualquier otro contexto social, ¿por qué eso se evapora cuando la interacción tiene una carga sexual o romántica? ¿Por qué, en el mundo de las citas, tratar a una mujer como persona parece volverse opcional?
La respuesta vuelve a ser la misma: porque en ese espacio muchas mujeres dejan de ser percibidas como sujetos y pasan a ser vistas como objetos. Y cuando eso ocurre, la humanidad — y con ella la cortesía mínima — deja de considerarse necesaria.Las mujeres como un mero cuerpo.
Las mujeres no somos solo un cuerpo, parece obvio, pero no lo es.
Los hombres dicen que les gustan las mujeres, o al menos que se sienten atraídos físicamente a ellas, pero la verdad es que a muchos hombres ni siquiera les gusta el cuerpo femenino en su diversidad real.
No les gustan los cuerpos que envejecen. No les gustan los cuerpos gordos. No les gustan los cuerpos con estrías, con celulitis, con vello corporal. No les gustan los cuerpos que se salen del ideal.
Lo que les gusta es un cuerpo femenino idealizado, un cuerpo sexualizado que existe principalmente para el placer masculino. Un ideal que, en muchos casos, solo es posible gracias al quirófano. Un ideal que sobre todas las cosas es creado por hombres, para hombres y sostenido por la mirada masculina.
Vuelvo a un punto clave: a los hombres no les gustan las mujeres; a los hombres les gustan los hombres. Y no estoy hablando de sexo. Hablo de admiración, respeto, identificación y de aquello que consideran digno de ser tomado en serio. Hablo de lo que producen y crean para ser consumido por otros hombres, incluyendo — paradójicamente — el ideal del cuerpo femenino como objeto de deseo sexual.
Basta observar el mundo masculino, como mencioné anteriormente. Sus referentes culturales, emocionales e intelectuales son, en su mayoría, hombres. Sus amistades más profundas suelen ser con otros hombres. Los podcasts que escuchan son de hombres. Las bandas que siguen son de hombres. Los shows que consumen están protagonizados por hombres. Los hombres consumen hombres y solo les gusta lo creado por hombres.
Entonces, ¿qué pasa con las mujeres realmente?
Todo lo que tiene que ver con mujeres, como dije, se siente ajeno, “demasiado femenino”, fuera de su territorio de interés. No hay curiosidad, no hay deseo de conocer, no hay voluntad de comprender, no consumen nada que tenga que ver con mujeres. Es muy raro ver a un hombre interesado en películas con protagonistas mujeres, podcasts donde el host sea mujeres, etc. Y aquí surge la pregunta incómoda:
¿Cómo puedes decir que te gustan las mujeres si no estás dispuesto a conocerlas, escucharlas o tratarlas como tus iguales?
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Si los hombres estuvieran realmente interesados en las mujeres, se relacionarían con nosotras primero como seres humanos. Consumirían a mujeres como referentes, no como objetos. Construirían vínculos con mujeres que no estuvieran mediados únicamente por el deseo sexual.
Pero no es así. La mayoría de las veces se acercan a nosotras desde el interés sexual, el coqueteo, la validación, la posibilidad. Rara vez desde la curiosidad genuina o el deseo de conocer a una mujer como persona.
Y aquí va una pregunta honesta, dirigida a los hombres que lean esto: ¿cuándo fue la última vez que te acercaste a una mujer sin ningún interés sexual, sin coqueteo, sin expectativa, sin una razón instrumental como el trabajo o algo concreto? ¿Cuándo fue la última vez que quisiste conocer a una mujer simplemente para relacionarte con ella desde un lugar humano?
Esa respuesta, muchas veces, dice más de lo que incomoda admitir.
Si las mujeres entran a tu vida solo como cuerpos, como potencial sexual, algo está profundamente mal en la forma en que te vinculas. Y no me sorprendería que fracasaras una y otra vez en tus intentos de “acercarte” a una mujer.
El día en que dejes de relacionarte con mujeres únicamente desde la pregunta de si hay o no posibilidades sexuales, créeme, tu manera de vincularte va a cambiar por completo. Estarás a años luz. Porque empezarás a ver personas, no oportunidades.
Y sí: incluso en una app de citas, incluso cuando lo que se busca es algo pasajero, tratar a la otra persona como tal — como una persona — lo cambia todo. Incluso si es algo de una sola noche.
Si todo tu mundo emocional e intelectual está puesto en otros hombres, el problema no es que las mujeres sean “difíciles”. El problema es que nunca has querido vernos como iguales, como interesantes, como referentes. No hay un interés real en conocernos o querernos; solo hay interés en desearnos principalmente, en obtener algo de regreso. No se construyen interacciones desde la igualdad o el respeto y eso es, obviamente, profundamente problemático para todos.
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Y ese deseo, además, es frágil y condicionado. Porque en el momento en que una mujer no cumple con ese estándar corporal impuesto — cuando envejece, cuando engorda, cuando su cuerpo cambia o cuando simplemente nunca cupo en ese ideal — , se vuelve menos vista, menos deseable, menos valiosa. Al menos en lo que respecta a su interacción con hombres y a lo que la sociedad define como una mujer atractiva o digna de deseo.
En mi experiencia, casi todos los hombres que se han acercado a hablarme lo han hecho porque me encuentran guapa. Y casi toda amabilidad masculina ha venido acompañada de una expectativa: intentos de coqueteo, comentarios superficiales, demasiados cumplidos centrados en mi apariencia. No hay interés humano ni curiosidad genuina; solo hay deseo y repito no es malo el deseo, es ser reducida a un objeto de deseo, cosificada.
Y me rehúso a ser reducida a eso. Incluso cuando se trata de algo casual o pasajero. Porque yo no reduzco a los hombres a sus cuerpos. No los cosifico. Los trato como personas, siempre, aunque no quiera nada serio con ellos.
Muchas mujeres cuentan cómo el trato hacia ellas cambió radicalmente después de una cirugía plástica o de bajar de peso: antes eran invisibles; después de ese “glow up” comenzaron a ser vistas, consideradas, tratadas como valiosas, dignas de atención, los hombres de pronto comenzaron a buscar conversación y empezaron a obtener gestos básicos de cortesía o ser ayudadas cuando iban cargadas con compras, empezaron a sostenerles la puerta, etc.
Y eso dice mucho — quizá todo — sobre cómo muchos hombres interactúan con las mujeres y qué es lo que realmente los mueve en estas interacciones. Y eso no es que “les gusten las mujeres” es “que puedo obtener a cambio”
¿Han escuchado eso de que, apenas las mujeres somos amables — o simplemente normales, es decir, tratamos a alguien como a un ser humano — con un hombre, muchos interpretan inmediatamente que estamos interesadas sexual o románticamente en ellos?
A mí me ha pasado muchas veces. Y le ha pasado a prácticamente todas las mujeres que conozco. Basta una sonrisa, mostrar interés genuino, hacer preguntas sobre su vida o tener un gesto amable para que asuman que “hay algo más”.
¿Y por qué interpretan la amabilidad como interés? La explicación es simple: porque cuando muchos hombres son amables o atentos con una mujer, suele ser porque quieren algo más de ella. Para ellos, la amabilidad no es neutra: es instrumental, un medio para un fin. Muchas veces no son amables “porque sí”; el coqueteo o el interés sexual suele ser la motivación. Por eso, cuando una mujer simplemente es amable, asumen que debe significar atracción: porque así es como ellos funcionan.
Si no existe atracción sexual, interés romántico o algún beneficio concreto, la mujer directamente no existe. “¿Para qué interactuar con una mujer que no me atrae, salvo que sea por trabajo o por alguna obligación específica?” Es lo que muchos piensan.
Hay un dicho que circula desde hace años y que, por incómodo que sea, resume bastante bien esta lógica: *n*o hay hombre más amable que el que aún no se ha acostado contigo.**
Volviendo a la pregunta inicial: ¿a los hombres heterosexuales realmente les gustan las mujeres?
Yo creo que no, porque no nos ven como iguales y eso hace que no nos respeten. Así de simple
El deseo existe, sin duda. Pero gustar implica algo más que atracción. Implica curiosidad, reconocimiento, respeto, interés por la interioridad del otro. Y cuando ese interés no aparece, cuando una mujer solo existe como cuerpo, como validación o como posibilidad sexual, la respuesta empieza a ser incómoda.
No se trata de pedir romance, compromiso ni promesas, ni de que toda conexión tenga que ser profunda. Se trata de algo mucho más básico: ser tratadas como seres humanos, como iguales, incluso en las interacciones más pequeñas. Cuando eso no ocurre, lo que se pierde no es solo el interés, sino la humanidad misma. Y esa forma de relacionarse dice mucho sobre cómo se nos ve y cómo se nos valora y eso tiene demasiadas implicancias y en distintos niveles.
Tal vez el problema no sea que las mujeres pidamos demasiado. Tal vez el problema es que durante mucho tiempo se nos ha pedido aceptar demasiado poco.
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