← Back to list

Cartas de Victoria Thorn. Un cambio pequeño. Una diferencia enorme.

Francamente, nunca entendí mis padres. Para empezar, me culparon abiertamente por no ser un varón. Cuando digo esto, lo digo literalmente…

Monica Paul in Victoria Thorn · 2024-06-05 17:21 · 0 claps · 3.5 min read
#padres #hija #amor-propio #amor
Open on Medium ↗

Cartas de Victoria Thorn. Un cambio pequeño. Una diferencia enorme.

Adobe Express

Adobe Express

Francamente, nunca entendí mis padres. Para empezar, me culparon abiertamente por no ser un varón. Cuando digo esto, lo digo literalmente. La más directa y clara fue mi madre, que me dijo en varias ocasiones que ella estaba esperando un niño. Y sí, fui una bebe siempre vestida de azul. Incluso en los años 2000, después de no verla por casi veinte años, my madre me decía que era una pena que fuese tan inteligente porque se espera que las niñas sean guapas, buenas amas de casa y buenas madres, pero no inteligentes. Si bien es cierto que las mujeres aún en estos tiempos nos tenemos que esforzar el doble, con una madre como la mía, poniendo obstáculos, era triple esfuerzo. Para ella, ser empresaria e independiente no importaba porque tenía un hijo, pero no tenía marido, y eso, a sus ojos, era un fracaso. Lo más triste es que aun en 2024, sigo viendo mujeres con esta cultura, incluso atacando a otras mujeres porque, según ellas, no saben ser mujer. Mi padre era diferente; mi padre era un misterio. Quiero suponer que sentía algo, aunque la verdad, no sé. Hoy le escribo a mi padre. Quiero aclarar las cosas con el de una vez por todas. Tal vez él no necesite esta aclaración, pero yo sí, y para mí, eso es razón más que suficiente para hablar.

Querido padre: Tengo fotos tuyas cargándome cuando tenía cinco años. Recuerdo que me abrazabas para desearme feliz cumpleaños o Año Nuevo, no más demostraciones de cariño. No acudías a mis eventos del colegio, ni siquiera cuando al fin de año sacaba un premio por ser la primera de la clase. Nunca me viste ganar el primer lugar en concursos como el Spelling Bee. No importaba cuanto me esforzara, nunca fue suficiente para sacarte una sonrisa. Tampoco recuerdo que alguna vez me dijeras que me querías. Si sacaba una B, primero me llamabas mediocre y luego me castigabas por varios días. —Ve a estudiar, no tienes derecho a ver la tele con esa B. Pasaron los años. De adolescente te temía, pero te enfrentaba, lo que me costó varias palizas. No solamente yo, mis amigos te temían. No era respeto, era terror. Cuando llegabas, todos se iban de inmediato; no hacía falta que dijeras nada. Tu presencia era suficiente. Cuando tenía tareas en equipo, mis compañeros de clase decían que no querían ir a mi casa. Podía sentir tu aura. Era oscura, pesada y agresiva; siempre estabas rodeado de una energía de ira y frustración. Siempre estás enojado y callado. Cuando quedé embarazada, no dijiste una palabra, simplemente me empujaste. Nunca más volví a recibí un abrazo tuyo, ni siquiera los de cumpleaños y Año Nuevo. Di a luz a un niño y por fin te vi sonreír. Cuando estabas con el niño, cambiabas, te volvías cariñoso y juguetón, pero no me permitías estar cerca; querías al niño, no a mí. Poco después de dar a luz, mi matrimonio forzado terminó. Me llevaste de vuelta contigo a casa. No se trataba de mí, se trataba del niño. Literalmente me convertí en la niñera y criada del niño. Solo me querías para que limpiara todo, cocinara para el niño y lo alimentara. Mi hijo era tuyo. Aunque eras muy feliz, no era sano, no respetabas mi autoridad sobre mi hijo. Me faltabas al respeto y me decías las cosas más duras e impensables, como que yo era una cualquiera que tolerabas solo por el niño. Mi hijo tenía cuatro años cuando, un día, te enfermaste; un dolor de cabeza resultó ser un tumor cerebral canceroso y muy agresivo. Aunque era una metástasis, insististe en la cirugía; pensaste que si extraían el tumor cerebral, la quimioterapia mataría a los otros. Nunca despertaste de la cirugía; permaneciste inconsciente y así viviste tres semanas más. Una noche, estaba en casa y, de repente, me sentí muy incómoda. Sabía que algo estaba pasando. Mamá estaba contigo. Llamé, pero no atendió mis llamadas, así que me fui al hospital. Tuve que colarme en la UCI porque mamá dijo que nadie más debía entrar. Te vi allí. Mamá estaba junto a tu cama. Tomé tu mano helada. Sentí que tu dedo meñique se movía levemente y luego moriste. Una enfermera dijo que parecía que me estabas esperando. Todavía me pregunto qué querías decirme. ¿Me esperabas a mí o mi hijo? Después de tu muerte, me liberé. Me alejé de mi madre, hice mi vida aparte como me gusta vivir. Le di a mi hijo una buena vida, educación y todo lo mejor que pude. La verdad es que nunca te he extrañado. Cuando te fuiste, finalmente pude saborear el dulce sabor de la libertad. Durante varios años, me pregunté por qué sentía tanta urgencia de verte ese día, de estar contigo en tus últimos momentos; nunca fuiste precisamente un padre presente ni amoroso. Hoy te lo puedo decir. Ese día, fui a estar contigo simplemente porque te amaba. Y solo sé que el día que así lo acepte, ese cambio pequeñito me trajo un giro de 180 grados para bien, mi vida se llenó de luz, me sentí orgullosa de mí. Nunca sabré si tú me amaste, pero sé que yo sí lo hice. Con amor, Victoria.


메타데이터
post_id
68ce53efe41d
slug
cartas-de-victoria-thorn-un-cambio-pequeño-una-diferencia-enorme-68ce53efe41d
url
https://medium.com/letters-from-victoria-thorn/cartas-de-victoria-thorn-un-cambio-peque%C3%B1o-una-diferencia-enorme-68ce53efe41d
canonical_url
https://medium.com/letters-from-victoria-thorn/cartas-de-victoria-thorn-un-cambio-peque%C3%B1o-una-diferencia-enorme-68ce53efe41d
author_url
https://medium.com/@MonicPaul
status
ok
fetched_at
2026-07-23 16:57:25