Buenos Aires debe continuar hacia el río: abrir, integrar y planificar
La integración de la ciudad con su borde costero es fundamental para planificar el desarrollo de las próximas décadas
Buenos Aires debe continuar hacia el río: abrir, integrar y planificar
La integración de la ciudad con su borde costero es fundamental para planificar el desarrollo de las próximas décadas
Durante más de un siglo, Buenos Aires ha crecido en promedio unas 20 hectáreas por año hacia el río. Este fenómeno no es sólo resultado de decisiones urbanas: responde también a la dinámica geológica del estuario del Río de la Plata, con su alta carga de sedimentos y una geomorfología que favorece la ganancia de tierras. A ello se suman los depósitos provenientes de excavaciones y grandes obras, que han permitido consolidar nuevas superficies costeras.

Lavanderas en avenida Alvear hacia 1880 cuando el río llegaba hasta los hoteles particulares
Un ejemplo elocuente de esto es el terreno donde hoy se encuentra el Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery. Esa superficie fue ganada al río a mediados del siglo XX gracias, entre otras cosas, a los materiales extraídos durante la construcción de la línea B de subterráneo. Es decir: la ciudad ha crecido físicamente sobre el agua, acompañando procesos urbanos y tecnológicos que transformaron su geografía. Gran parte de ese crecimiento fue ocupado con importantes usos deportivos que tenían acceso restringido.
Este crecimiento es constante y debe ser planificado. Si se mantiene esta tendencia histórica — como todo indica que ocurrirá — , en los próximos 20 años Buenos Aires contará con al menos 400 nuevas hectáreas sobre el río. Un volumen significativo de tierra que puede convertirse en una de las principales oportunidades de desarrollo urbano, ambiental y social para la ciudad.
Pero no se trata solo de crecer. Se trata de planificar bien ese crecimiento, de romper barreras, integrar usos y conectar mejor la ciudad con su frente costero. Hoy ya existen múltiples actividades urbanas instaladas en la ribera, que en los últimos años se focalizaron en espacios públicos: el Parque Carrasco, el Parque de los Niños, el Distrito Joven en la Costanera Norte, el Parque de la Memoria, el Parque Saint Tropez, entre otros. A ello se suman sitios que tienen un fuerte movimiento propio como la Ciudad Universitaria. Son hitos relevantes que muestran que el río ya es parte activa de la vida porteña, aunque aún queda mucho por hacer para consolidar esa integración.

La ciudad suma nuevos accesos al río para todos los actores viales
Uno de los grandes desafíos es eliminar las barreras físicas y simbólicas que impiden esta continuidad. El ferrocarril Mitre, el Belgrano Norte y las autopistas Lugones y Cantilo actúan como límites urbanos que fragmentan y dificultan el acceso al río. Cambiar esto es fundamental.
Por eso, estamos llevando adelante obras clave. El reciente soterramiento del paso a nivel de la Avenida Bullrich, que continuará con el proyecto del Anillo La Pampa, permitirá una conexión fluida entre Palermo y Belgrano, con nuevos espacios verdes, ciclovías y accesibilidad universal. Se completó también el paso bajo nivel del ferrocarril Sarmiento, incorporando una ciclovía y cruce peatonal seguro. Además, la calle Salguero se está transformando en un corredor de prioridad peatonal. Y no nos detenemos ahí: seguiremos avanzando con nuevas iniciativas. Nuevas líneas de TramBuses eléctricos conectarán la costa con velocidad y bajo impacto ambiental y quedan pendientes proyectos como la potenciación del Belgrano Norte con nuevas estaciones pensadas para facilitar el acceso a la costa y conectar lugares emblemáticos como Ciudad Universitaria y el Parque de la Innovación con Retiro mediante una oferta variadas de frecuencias.

Ya comenzaron las tareas de pilotaje para ampliar el puente Labruna
Estas intervenciones forman parte de un modelo de ciudad que piensa a largo plazo. Una Buenos Aires que no se fragmenta, que no se detiene en sus límites históricos, sino que se proyecta. Una ciudad que entiende que su vínculo con el río no es una postal, sino una posibilidad concreta de transformación urbana, social y ambiental.
El futuro de Buenos Aires está del otro lado de sus barreras. Y vamos hacia él.

Las líneas T1 y T2 actuarán como transversales de la red y sumarán conexión a la costa
메타데이터
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