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Culpable por todo y ante todos.

Esta obra aborda la historia de una familia, los Karamazóv. Muchas familias son felices pero las que son infelices, lo son a su manera. Y…

Escritos de Gorostiaga. · 2026-05-21 02:36 · 0 claps · 4.9 min read
#dostoevsky #christianity #orthodoxy
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Culpable por todo y ante todos.

‘El ángel herido’ por Hugo Simberg

‘El ángel herido’ por Hugo Simberg

Esta obra aborda la historia de una familia, los Karamazóv. Muchas familias son felices pero las que son infelices, lo son a su manera. Y ésta es una profundamente desgraciada.

Fiodor Karamazóv, padre alcóholico y lujurioso. ‘Dispuesto a pegarse una faldas, cualesquiera que fuesen, con tal de que le hicieran un signo’

Mitria Karamazóv, el hermano mayor, hijo de Fiodor por parte de su primera esposa. Abandonado por su padre pero educado por el críado del mismo. Frívolo, impulsivo, de pasiones vivas e impaciente.

Ivan Karamazóv, el del medio, medio hermano de Mitria y hermano del más pequeño. Ateo, racionalista y profesional de las ciencias naturales. El más culto pero a la vez más peligroso de los cuatro miembros.

Y, por último, el tercero, Aliosha Karamazov. Un filántropo precoz. Dedicado a la vida monacal y alejado de todo desorden por parte del resto de sus allegados. Se lo describe con un pudor y castidad feroz, incapaz de escuchar conversaciones lascivas.

En uno de los capítulos, Iván Karamázov, en una conversación con Aliosha, su hermano monje, le expresa su indignación ante el sufrimiento que hay en la tierra:

“Si los sufrimientos de los niños han ido a completar la suma de sufrimientos necesaria para comprar la verdad, yo afirmo de antemano que la verdad entera no vale semejante precio (…) Muy alto han puesto el precio de la armonía, no es para nuestro bolsillo pagar tanto por la entrada. Me apresuro, pues, a devolver mi billete de entrada” Ivan Karamazóv en ‘Los hermanos Karamazov’.

A través de estas conversaciones, tan intensas, el autor nos plantea de modo directo, crudamente, frente al problema del mal moral, es decir, del sufrimiento. Iván, define el gran precio que significa para el hombre la meta del reino celestial frente a un mundo distinguido por su violencia.

Dostoievsky, con una sutileza e ingenio únicos, profundiza sobre este misterio tan complejo como lo es mal moral. Nos presenta a la perfección la podredumbre por medio de las acciones de sus protagonistas.

¿Sin Dios no hay crimen ni castigo? ¿Sin Dios todo está permitido? ¿El cristiano tiene algún impacto social frente al problema del mundo? ¿Por qué hemos de comercializar a Dios cómo aquel ser que puede cambiar nuestras vidas a nivel singular? ¿Acaso hay algún valor en mi conversión personal para este mundo caracterizado por sus pasiones desenfrenadas?

Ante tantas preguntas, el autor nos ofrece como respuesta a uno de los grandes personajes secundarios de esta obra que, a través de su vida y ejemplo, nos muestra como vivir las enseñanzas de Cristo, el stárets Zosíma. Qué, cabe aclarar, es también guía espiritual de nuestro pequeño Aliosha.

Presbítero de la Iglesia Ortodoxa.

Presbítero de la Iglesia Ortodoxa.

En el libro VI de esta obra, se narra la historia en su juventud del Padre Zosíma. Y en una de sus grandes enseñanzas fuertemente basadas en las sagradas escrituras, nos expresa este manifiesto:

Hermanos, no temáis el pecado de los hombres, amad al hombre incluso en su pecado, pues semejante amor, imagen del amor divino, es el amor supremo en la tierra. Amad a toda la creación, tanto en su conjunto como en cada granito de arena. Amad cada hojita, cada rayo de luz. Amada los animales, amad a las plantas, amad cada una de las cosas existentes. Ama a cada una de las cosas, en las cosas encontrarás el secreto divino. Cuando lo hayas encontrado una vez, empezarás a conocerlo incesantemente, más y más, todos los días. Y amarás, por fin, al mundo todo ya con un amor total, con un amor universal.

Los dos grandes mandamientos resumidos en el evangelio de San Juan 13, 34 y 35. El amor universal.

Cuándo ves el pecado del hombre, no recurrir como juez o verdugo, sino al amor humilde. Meditar en que incluso las bestias de los bosques no conocen el pecado a diferencia del humano que corrompe la tierra con su propia presencia.

El cristiano debe moverse entre la sociedad sabiendo que cada vez que peca, deja una huella ante el resto de la humanidad. Una huella que puede dejar raíz, germinar y el día de mañana crear un gran árbol que puede ser así como la bondad, también la maldad.

El stárets lo ejemplifica de manera perfecta:

Pasas cerca de un niño, pasas colérico, dejas escapar una mala palabra, llena de ira el alma; tú quizá ni te has dado cuenta de la presencia del niño, pero él te ha visto y es posible que tu imagen desagradable y ofensiva se quede grabada en su corazoncito indefenso. Tú no lo sabías, pero quizás has arrojado ya en él una semilla mala, que quizá germine, y todo ello por no haberte contenido ante la criaturita, por no haber educado en ti el amor circunspecto y activo. Hermanos, el amor es un gran maestro, pero es necesario saberlo adquirir, pues es de adquisición difícil, se compra caro, mediante un largo trabajo y a través de un plazo largo, pues no se ha de amar sólo momentáneamente y por azar, sino para todo el plazo.

He aquí dónde radica mi culpa. Mi pecado es tan pesado qué no deja solamente una huella en mi corazón, sino una marca en la tierra. Culpable por todo y ante todos. El morir a nosotros y vivir para servir al resto. Mantenernos firmes en perseguir la virtud. Creer hasta el fin, dónde quizás nadie crea.

Si la gente que nos rodea, no quiere escucharnos, echarnos a sus pies y pedirles perdón. Si no desean perdonarte, servirles en silencio y con humildad. Incluso, si nos abandonan y nos expulsan a la fuerza, dejarnos caer sobre la tierra y regarla con nuestras lágrimas porque ella si dará fruto.

No caer, encerrarnos en la indignación y deseos de venganza ante aquellos que perturban a los inocentes como expresaba Ivan Karamazóv en la cita de más arriba, sino que reconocer que somos culpables de que aquellos malvados podrían haber sido iluminados por nuestra calidad de hombres sin pecado, y no lo hicimos. De haber resplandecido la virtud del amor de Cristo, la luz (Mt 5,16) que mora en el cristiano podría haber evitado el pecado del malvado. Aún si la luz de nuestro ejemplo no expresa cambios en los desalmados, el cristiano debe mantenerse firme hasta el fin y no dudar de la luz de Cristo que mora dentro de él; Si no creen ahora, lo harán más tarde. Y si no se salvan más tarde, lo harán sus hijos, como paso con el patriarca Abraham. El justo se irá, pero su ejemplo quedará y perdurará.

Así de sacrificada debe ser la vida de aquellos que profesamos seguir a Jesucristo. Porque para que nosotros nos salvemos, primeramente el Salvador tuvo que morir y sacrificarse. Para que el hombre se salve, el Salvador debe morir.

“Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.” Juan 12, 24.

¡Qué gran ejemplo encontramos en este libro y aún más en los sacros evangelios dónde tenemos a nuestro Señor mismo viviendo esta vida de abnegación!

Soy culpable de todo y ante todos. Responsable de todos y ante todos.


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