De Asimov a Tesla Bot: cómo pasamos de la ética robótica a que Elon Musk nos prometa mayordomos de…
El otro día me quedé pensando en algo que dijo Pergolini en una nota. ¿Que la radio va a dejar de existir? ¿Que él inventó el stream? ¿Que…
De Asimov a Tesla Bot: cómo pasamos de la ética robótica a que Elon Musk nos prometa mayordomos de metal
El otro día me quedé pensando en algo que dijo Pergolini en una nota. ¿Que la radio va a dejar de existir? ¿Que él inventó el stream? ¿Que le molestan los termos en los programas de stream? No. Lo que me quedó resonando fue otra frase:
“Siempre quisimos tener esclavos, y el robot es un gran esclavo.”
Ahora, sacando el hecho de que no es una frase ideal para un brindis familiar (bah, depende la familia), hay que reconocer que algo de razón tiene. Desde los tiempos de la antigüedad, la humanidad soñó con que alguien (o algo) hiciera el trabajo pesado. En su momento fueron esclavos, después sirvientes, más tarde electrodomésticos, y ahora… Elon Musk (que miedo) prometiéndonos robots humanoides que nos alcancen la birra.
Porque sí, los robots humanoides vuelven a estar de moda. Cada tanto aparece un video de un androide haciendo algo mínimamente coordinado y los titulares explotan: “El futuro ya está aquí”, “Los robots llegan para revolucionar la industria”, “Ahora sí, el fin del empleo”. Spoiler: la mayoría de esos videos están editados o muestran prototipos en situaciones ultracontroladas. O sea, es como el video con el que vendieron a Maxi Lopez al Barcelona.
Los robots humanoides en la era Musk
Uno de los que más insiste con esta idea es, por supuesto, Elon Musk. En 2021 presentó al Tesla Bot, un robot que prometía ser el mayordomo definitivo: caminar, cargar cosas, realizar tareas domésticas… básicamente, lo que hace un Roomba, pero con el riesgo de que un día decida abrir el cajón de los cubiertos y convierta tu cocina en una escena de Kill Bill.
El problema es que, hasta ahora, Tesla Bot es más una promesa que una realidad. Los videos que muestra Tesla son… curiosos. Uno de los últimos lo mostraba doblando una remera en cámara lenta, con la delicadeza del Ruso Sofovich jugando al Jenga. Mientras tanto, los robots de Boston Dynamics hacen parkour y bailan mejor que “El Gordo Ventilador”.
Pero claro, mientras Elon nos promete que en el futuro tendremos robots que doblan la ropa, China ya los está vendiendo. Sí, empresas como Agibot y Unitree no están esperando a que un excéntrico millonario nos convenza de que los robots son el futuro; ellos simplemente los están fabricando y despachando.
¿Necesitás un robot que aspire, lave los platos y te sirva café? En China ya hay opciones en el mercado. Mientras Tesla Bot sigue haciendo Tai Chi en un escenario, los chinos te ofrecen una máquina que realmente puede mover los brazos y hacer algo útil.
Eso sí, habrá que ver qué tan bien funcionan. Porque si los dejás solos en tu casa, capaz que en vez de limpiar el piso te arman la Quinta Internacional del PC.
¿Y la ética? Ah, sí, la ética…
Pero bueno, antes de que nos emocionemos demasiado con los mayordomos de metal (o, como decía George Jetson, alias Súper Sónico: ‘Robotina’), hay un pequeño detalle que solíamos discutir cuando hablábamos de robots: la ética.
Isaac Asimov, que en el siglo XX ya había imaginado un mundo lleno de autómatas, propuso Las Tres Leyes de la Robótica:
- Un robot no puede dañar a un ser humano ni permitir que sufra daño por inacción. (Hoy en día River no podría ser un robot).
- Un robot debe obedecer las órdenes humanas, salvo que contradigan la primera ley.
- Un robot debe proteger su propia existencia, siempre que esto no viole las dos leyes anteriores.
Hermoso, ¿no? Lástima que en el mundo real los robots no vienen con un firmware de ética preinstalado. De hecho, si vemos cómo se están desarrollando, más que mayordomos parecen diseñados para controlar poblaciones. Boston Dynamics ya tiene contratos con fuerzas de seguridad, en Corea del Sur ya probaron robots patrulleros, y en EE.UU. algunas ciudades han intentado incorporar drones y autómatas policiales.
O sea, pasamos de soñar con C-3PO a que nos vendan Terminators con licencia para matar. (En Argentina ya tenemos a ‘Termidoreitor’ en ese rubro, pero mejor no meterse en terreno pantanoso).
Conclusión: ¿quién limpia todo este quilombo?
La realidad es que los robots humanoides están en un punto raro: demasiado torpes para reemplazarnos, pero demasiado avanzados como para ignorarlos. ¿Serán la solución a la falta de mano de obra o simplemente otro juguete para millonarios?
Mientras tanto, seguimos esperando ese futuro donde los robots hagan nuestras tareas sin que tengamos que preocuparnos por si nos dejan sin trabajo o, peor aún, nos filman bailando mientras dormimos para entrenar sus algoritmos de TikTok.
Si algo es seguro, es que cuando los robots nos reemplacen, la cabeza de Pergolini en un frasco va a estar ahí para recordarnos que ‘él ya lo había dicho’.

Imagen generada con IA mediante Grok: robots protestando por la jornada laboral. Porque si algo nos enseñó “Bicentennial Man” es que, tarde o temprano, hasta las máquinas necesitan descansar.
메타데이터
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