Los tunecinos se oponen al FMI
Los trabajadores tunecinos luchan contra la pobreza, la corrupción y el desempleo
Los tunecinos se oponen al FMI
Los trabajadores tunecinos luchan contra la pobreza, la corrupción y el desempleo
INES MAHMUD

En las tres últimas semanas, las calles de Túnez han escuchado gritos de libertad, dignidad y justicia. Estas mismas consignas llevaron al derrocamiento de la dictadura de Ben Alí hace siete años.
Cansada de las nuevas medidas de austeridad impuestas, la gente ha llevado su ira a las calles para enviar un mensaje claro al gobierno. Una gran protesta nacional se está organizando para el 26 de enero. La lucha de los trabajadores tunecinos contra la pobreza, la corrupción y el desempleo está más presente que nunca.
Una nueva campaña bajo el lema “Fech Nestanew” (¿A qué esperamos?) contra las políticas neoliberales del gobierno está tomando un gran auge.
Sus demandas son una reducción de los precios de los productos básicos, el fin de la privatización de las instituciones públicas, educación gratuita, atención social y sanitaria para los desempleados, así como bienestar social y vivienda para las familias de bajos ingresos.
En sus primeras semanas, el movimiento alcanzó una movilización nacional con protestas en todo el país. Pero se ha encontrado con una dura represión: cerca de 800 manifestantes y activistas han sido detenidos y un manifestante ha sido asesinado.
Una nueva ley de finanzas entró en vigor el 1 de enero de 2018, lo que supuso un aumento de los precios de bienes básicos como los alimentos, la electricidad y el gas, una reducción del empleo en el sector público y un aumento del IVA.
Túnez suele ser alabado como el brillante ejemplo de las “revoluciones árabes”, sin embargo no ha cambiado mucho desde 2011, especialmente a nivel económico.
El desempleo se mantiene en los mismos niveles que antes de la revolución (15,2 por ciento para los hombres y 22,8 por ciento para las mujeres). Además, la ya de por sí débil economía, que depende en gran medida del turismo, se ha deteriorado aún más tras los ataques terroristas de 2015. La inflación sigue aumentando y la depreciación del dinar tunecino ha alcanzado su nivel más bajo el pasado 8 de enero, cotizándose a 3,011 dinares por euro.
Para promover el crecimiento económico, el gobierno neoliberal, liderado por el partido islamista Ennahda y el socioliberal Nidaa Tounes (Convocatoria por Túnez), compuesto principalmente por las élites políticas de la dictadura de Ben Alí, depende en gran medida de las inversiones extranjeras y las privatizaciones.
En diciembre de 2017, cuando Túnez fue incluido en una lista negra de diecisiete jurisdicciones consideradas como paraísos fiscales por la Unión Europea (UE), el gobierno decidió adherirse plenamente a las condiciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Así, implementó drásticas medidas de austeridad a fin de recibir el segundo plazo de un préstamo de 2.900 millones de dólares aprobado en 2016. En consecuencia, la UE ha propuesto recientemente que Túnez sea retirado de la lista negra.

Túnez, enero de 2018. (Foto: Manich Msamah)
Como reacción a estas medidas, activistas del Frente Popular, el sindicato de estudiantes UGET y varios movimientos sociales, así como la sociedad civil, han criticado conjuntamente las políticas de austeridad del gobierno y las condiciones del préstamo del FMI, declarando lo siguiente en su primer comunicado de prensa:
Desde el 14 de enero, todos los sucesivos gobiernos de Túnez se han entregado a las mismas opciones económicas y sociales del régimen de Ben Alí, los ricos se enriquecen y los pobres se empobrecen. […] Estamos hartos de falsas promesas y no podemos esperar más. Ya no podemos vivir sin bienestar social, sin acceso gratuito a la asistencia sanitaria, sin educación gratuita y sin una vivienda social. No podemos vivir sin esperanza de cambio.
Warda Atig, estudiante y activista del sindicato de estudiantes UGET y una de las fundadoras del movimiento Fech Nestanew, ha dicho que la fecha del lanzamiento de la campaña fue elegida por su simbolismo político: hace 34 años, el 3 de enero de 1984, los disturbios por el pan alcanzaron su clímax en Túnez.
Incluso entonces, el aumento del precio del pan y otros bienes básicos fue el resultado de medidas de austeridad impuestas por las condiciones de un préstamo del FMI, tomado por el gobierno del exdictador Habib Burguiba.
“Hoy seguimos pagando las deudas del FMI de Ben Alí”, dice Atig. En su opinión, los trabajadores tunecinos no se han beneficiado del préstamo del FMI; al contrario, “la condición social ha empeorado”, añade.
Hamza Abidi, estudiante y activista de Fech Nestanew y de la campaña contra la corrupción Manich Msamah (Yo no perdono), rechaza el préstamo del FMI diciendo: “Si consideramos las experiencias de los países que siguieron el dictado de las condiciones del FMI, como Grecia por ejemplo, vemos que sus economías han sufrido”.
Tras la publicación de la declaración, se crearon grupos de Facebook a través de los cuales la gente comenzó a organizar protestas en todo el país. Sin embargo, también tuvo lugar una fuerte ofensiva contra la campaña.
“Cuando nuestros activistas empezaron a distribuir la declaración en sus regiones e hicieron pintadas en las calles con nuestro lema, fueron sometidos a un gran acoso policial. Hubo más de cincuenta detenciones en menos de 48 horas”, señala Wael Nauar, de Fech Nestanew.

Foto: Ines Mahmud
El 4 de enero estallaron las protestas en Kairuán, Túnez, Sfax, Ben Arús y Sus. Más tarde se extendieron a las regiones de Karesín, Ariana, Manuba, Sfax, Ben Arús, El Kef, Thala, Sidi Buzid, Kairuán, Gafsa, Gabes, Nabeul, El Kef, Kebili, Siliana Monastir, Mahdia y Beya. Las protestas más masivas se han dado en las regiones más afectadas por la pobreza, como es el caso de Sidi Buzid.
Muchas protestas terminaron en enfrentamientos con la policía, con coches destruidos y supermercados asaltados. A partir de entonces, las manifestaciones han sido reprimidas brutalmente por la policía, que ha empleado gases lacrimógenos y ha realizado numerosas detenciones.
La noche del 8 de enero en la ciudad de Teburba, fue asesinado el manifestante Jomsi Yafrni. Según el gobierno, murió por problemas respiratorios provocados por los gases lacrimógenos. Sin embargo, las imágenes que circulan en las redes sociales muestran cómo Jomsi fue atropellado por un coche de la policía. El informe de la autopsia sigue siendo inaccesible al público.
Tras conocerse los hechos, activistas de Fech Nestanew y Manich Msamah convocaron una manifestación en la capital para el día siguiente.
Manich Msamah es un movimiento contra la corrupción que está luchando contra el proyecto de ley de reconciliación que concedería la amnistía a los burócratas que se beneficiaron sistemáticamente de la corrupción bajo la dictadura de Ben Alí.
“Tomamos las calles para protestar contra la violencia policial”, afirma Heythem Guesmi, de Manich Msamah. “Hemos vuelto a las calles para protestar contra la impunidad de los asesinos de los mártires de la revolución de 2010–2011”.
El gobierno y los medios de comunicación han mostrado su indignación por las revueltas que tuvieron lugar la noche del 8 de enero. Al día siguiente, el primer ministro Yusef Chahed declaró) que “lo que ocurrió ayer no fue una protesta, sino sabotaje y asalto”. El derecho a protestar está garantizado por la ley, pero “en los países democráticos” la gente no debería manifestarse por las noches.
Hucín Yaziri, de Ennahda, también condenó las protestas y dijo que los activistas de izquierda que están detrás de las movilizaciones son unos “pequeño-burgueses” que deberían terminar “su propaganda ideológica”.
En unas declaraciones públicas, Nuredín Tabubi, secretario general del sindicato UGTT, condenó duramente la destrucción de propiedades. Sin embargo, los partidos políticos de la izquierda, como el Frente Popular y Attayar, han expresado su apoyo a la campaña política, si bien han pedido a los manifestantes que no lleven a cabo actos de violencia.
Además de las movilizaciones en las calles, Fech Nestanew está desarrollando una campaña mediática: están aireando sus reivindicaciones en los medios de comunicación alternativos y en programas de televisión.

Foto: Ines Mahmud
Hamza Abidi, que defendió recientemente las posiciones de Fech Nestanew en un debate televisado con Mehdi Ben Garbia, insiste en la importancia de estas confrontaciones públicas con el gobierno en la televisión nacional.
La principal diferencia con la situación inicial del levantamiento de 2011 es que, a nivel político, los tunecinos tienen hoy más derechos democráticos: “Hoy podemos aparecer en la televisión, expresar nuestras opiniones, protestar en las calles y celebrar reuniones políticas”, añade Atig.
Sin embargo, los activistas ven un intento de criminalización de las protestas por parte del gobierno al centrarse en los disturbios y el vandalismo nocturnos, ensombreciendo las manifestaciones pacíficas que se celebran durante el día.
Wael Nauar, activista y miembro fundador de Fech Nestanew, ve una continuación de las estrategias para desacreditar la revolución utilizadas por la dictadura de Ben Alí. “Basándose en unos pocos incidentes, el gobierno está tratando de criminalizar las protestas”, dice Nauar. “Todas las campañas organizadas por los jóvenes en Túnez se enfrentan continuamente con falsas acusaciones de destrucción y vandalismo”, añade Abidi.
El 10 de enero, después de que los manifestantes incendiaran un edificio oficial en Thala, cerca de la frontera con Argelia, el gobierno desplegó el ejército en Kebeli, Bizert y Sus para proteger los edificios oficiales. Se produjeron enfrentamientos violentos y varias detenciones, que continuaron durante la noche. Entre los detenidos estaba Ahmed Sassi, licenciado en filosofía y conocido activista del sindicato estudiantil UGET. Los activistas de Fech Nestanew hicieron campaña por su liberación y organizaron una protesta ante los tribunales de Túnez, donde se le acusaba de “disturbios”. Afortunadamente, fue puesto en libertad dos días después.

Foto: Ines Mahmud
El 12 de enero, la campaña organizó su primera protesta nacional oficial. En la capital, Túnez, los manifestantes mostraron tarjetas amarillas como advertencia contra el gobierno, gritando consignas como “¡Oh, gobierno colonial, venimos aquí de día!”, “¡El pueblo quiere el fin de la corrupción!” y “¡El pueblo quiere el fin de la austeridad!”.
En los últimos años, el gobierno tunecino ha empleado la retórica de la “lógica económica” para aprobar leyes como la de amnistía, argumentando que fortalecerá la economía nacional y permitirá nuevas inversiones extranjeras. Sin embargo, las recientes protestas demuestran que este argumento no es suficiente y no satisface a la gente.
Estas movilizaciones han mostrado que el impacto de la organización política va más allá de los partidos parlamentarios. Esto no debe subestimarse.
“Manich Msamah representa la continuidad de los movimientos sociales tunecinos. Ha habido movimientos antes que nosotros y habrá muchos después de nosotros”, ha dicho Heythem Guesmi, activista del movimiento.
“Manich Msamah logró sacar a 15.000 personas a las calles. Estamos acumulando experiencia activista y conocimiento, estamos desarrollando ideas y estrategias y creciendo juntos”, añade Hamza Abidi.

Foto: Ines Mahmud
El movimiento ha comenzado a recoger información sobre los cientos de manifestantes que el gobierno ha encarcelado. Ahora está preparando una campaña por la libertad de los presos junto con Hassibehom (Que rindan cuentas), grupo que ha venido oponiéndose a la ley de policía desde 2015.
Hasta la fecha, el número de presos políticos ha superado los 800, hombres y mujeres de edades comprendidas entre los 15 y los 25 años. Los activistas coinciden en que el objetivo de las protestas es el cumplimiento de las demandas socioeconómicas planteadas en su declaración inicial.
Wael Nauar ve tres escenarios posibles:
Uno sería que el gobierno estuviera abierto al diálogo con el pueblo y a la revisión de las nuevas leyes de austeridad. El segundo sería la represión abierta de las protestas con toques de queda y nuevos arrestos, lo cual obstaculizaría gravemente el camino democrático. El tercero sería un gobierno sordo, fingiendo no oír las demandas del pueblo, lo que llevaría a la gente a exigir su abolición.
Warda Atig agrega que si el gobierno no reconoce que las recientes protestas no son solo disturbios que puedan calmarse cambiando su política económica, pero sin mejorar las condiciones de los trabajadores, el “pan y agua y no a Ben Alí” que la gente gritó en 2011 podría convertirse en “pan y agua y no a Ennahda y Nidaa”.
Ines Mahmud es politóloga y licenciada en derecho. Vive en Túnez y trabaja como investigadora independiente. Es miembro de Aufbruch y del blog Mosaik. Sus principales intereses son los movimientos anticoloniales, el marxismo y el islam, y los movimientos de justicia climática.
Publicado en Tunisians oppose the IMF | openDemocracy, 24 de enero de 2018
Traducción: Javier Villate (@bouleusis)
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