“No intento comprenderte, solo quiero amarte”. Capítulo 11.
Un nuevo día, asoma por el horizonte, en el momento, en el que Rita y Julia, supervisada por Adela, sirven el desayuno. Pero la mirada de…
“No intento comprenderte, solo quiero amarte”. Capítulo 11.
Un nuevo día, asoma por el horizonte, en el momento, en el que Rita y Julia, supervisada por Adela, sirven el desayuno. Pero la mirada de Rita es de total asombro, al darse cuenta, de que todos a su alrededor, tienen un brillo inusual en sus ojos, por lo que, de forma discreta, analiza a uno por uno, y no le quedan dudas, de que algo había pasado con ellos, la noche anterior. Pero la que más la sorprende, es Adela, con un trato tan amoroso, que salta a la vista de todos. «Que va, yo no puedo seguir sumida en esta soledad. Tengo que buscarme un novio de inmediato», es lo que piensa, mientras le sirve, a los demás.
Poco después, Mateo conduce el coche, camino a la oficina, y Guillermo, como es habitual, se sumerge en la lectura.
— Guillermo, ¿se mantiene tu reunión a las 10? — Mateo lo mira de soslayo, aunque se siente algo ansioso.
— Sí, y debe ser bastante extensa — sin deseos de seguir leyendo, Guillermo deja la prensa a un lado.
— En ese intervalo de tiempo, si no tienes ningún otro encargo para mí, regresaré a casa, para ejercitar a Amelia — y sin mirarlo directamente, espera por su aprobación.
— Por supuesto, Mateo. Si te necesitara, te localizo de inmediato — y de pronto, suspira — La alegría, que veo en el rostro de mi madre, me da muchas esperanzas, de su pronta recuperación — algo pensativo, añade — Los veo a ustedes, más compenetrados que antes, y eso me satisface mucho. Tú siempre has sabido entenderla, hasta mejor que yo.
Por suerte para Mateo, al sentir el sonido de su móvil, respira con notable intensidad, aligerando tanta presión, con unas palabras, que, dichas por Guillermo, le dan mucho que pensar.
— Por favor, Guillermo. Revisa el mensaje, que me ha llegado — en ese momento, su rostro se torna, bastante serio — No quiero desconcentrarme del volante, pero llevo rato esperándolo.
Instantáneamente, Guillermo toma su móvil, y con algo de sobresalto, le dice.
— Es de tu amigo policía — con visible contrariedad, Guillermo, hasta se pone nervioso — Dice, que le urge verte. ¿Habrá algún problema?
— Ya veremos — Mateo respira con fuerza, al tiempo que estaciona el coche — Esto me cambia un poco los planes. Antes de ir a casa, iré a verlo.
— De acuerdo — Guillermo desciende del coche, pero con visible preocupación, añade — Por favor, no me ocultes nada. Lo que sea, tengo que saberlo. Y, sobre todo, si hay algún nuevo peligro para Cecilia.
Pero Mateo, que no es un novato ante la vida, y no obstante a que Guillermo, lo había disimulado bastante, tiene que saber el terreno que pisa, antes de ir a ver a su amigo.
— Te acostaste con ella, ¿verdad? — sin titubear, lo mira directo a los ojos.
— Mateo, no puedo mentirte, porque parece, que se me nota demasiado. Pero te juro, que no fue sexo, fue amor, lo que tuvimos — muy perturbado, Guillermo sonríe.
— Eso era solo, cuestión de tiempo — de inmediato, Mateo vuelve a encender el coche — Vamos a ver, qué me dice mi amigo, de todo esto.
Apenas se aleja, Mateo respira algo sofocado. La relación clandestina con Amelia, lo atormenta un poco más cada día, y ya no sabe bien, cómo mirar de frente a Guillermo.
Por su parte Guillermo, desde que se acerca a su oficina, observa que Oliver, espera por él.
— Buenos días — la mirada de Oliver, no es nada discreta, cuando le pregunta — ¿Qué me dice el nuevo galán enamorado? — y cerrando la puerta tras de sí, añade — Yo sabía, que no podrías resistirte, tanto tiempo. Tu período seco, ha terminado.
— Oliver, esa chica me tiene mareado. Cecilia, su nombre es, Cecilia — Guillermo se recuesta hacia atrás, para respirar profundamente — No me deja concentrar, en nada. Mi cabeza se rehúsa a pensar en algo más, que no sea en ella. Y no te he comentado lo principal — con mucha expectación, Guillermo logra la máxima atención de Oliver — Cecilia, es la misma chica dominicana, que no me hizo caso, cuando fuimos de vacaciones a su país. ¿La recuerdas?
— Pero, Guillermo — Oliver, que no sale de la sorpresa, se sienta bien cerca, para interrogarlo — ¿La chica de la cafetería, que ni su nombre te quiso dar?
— Exacto. La chica de los ojos verdes, que me dejó trastornado, por mucho tiempo después — Guillermo se sobresalta, porque ahora es que percibe, la cara de sorpresa de Oliver.
— Pero, esa chica, ¿acaso es la misma del club? No sé, se me parece bastante — y aunque lo sospecha, espera por su confirmación.
— La misma; siempre es la misma — Guillermo en un arrebato total, se pone de pie — De forma increíble y misteriosa, es la misma chica, desde hace cinco años.
— Por dios, Guillermo. Esta historia tiene un poco de misterio, ¿no te parece? — Oliver abre los ojos, a más no poder — Da la impresión, de que estaban predestinados.
— Ciertamente, Oliver — Guillermo suspira, intensamente.
— Pero bueno, volvamos a la realidad — de inmediato, Oliver va sacando montones de papeles de su carpeta, procurando su atención — Vamos a repasar nuevamente todo esto, antes de la reunión de las diez — y todavía sonriendo, logran concentrase en el proyecto, que deben discutir, en la próxima sesión de trabajo.
Llegada la noche, Cecy, con bastante aflicción, pero consciente de la responsabilidad que debe cumplir, entrena a las nuevas chicas, que arriban al local. Son más de las que esperaba y de forma irremediable, le tiene que pedir ayuda a Gaby.
— Algunas no saben ni bailar bien, y son tan jóvenes — el tormento, se le refleja en la cara, cuando dice — No sé, cuándo va a parar todo esto.
— Cecy, nunca va a parar — Gaby también lo lamenta, pero es menos soñadora — Cada día, hay más chicas, que huyen de sus países buscando una vida mejor y se ven enroladas en este tráfico, que les da muchos millones a unos cuantos.
— Después de todo, menos mal, que al menos, caen aquí — Cecy suspira, sin poder ocultar su agobio — Hay lugares peores.
— Bueno, Cecy. Guarda tus sentimientos, que aquí, no hacen falta — de forma impulsiva, Gaby la hala por la mano — Vamos a cambiarnos de ropa, que casi nos toca, subir al escenario.
A Guillermo, hoy le ha costado mucho trabajo salir de la oficina, y sin poder hablar con Mateo, entre una reunión y otra, le envió un mensaje, para que se fuera directo a casa; él tomaría otro coche, y con seguridad iría, anocheciendo.
Pero Mateo, que sostuvo una conversación muy compleja, con su amigo policía, que, por demás, es uno de los principales detectives, que está llevando el caso de tráfico de personas, lo ha dejado muy preocupado, y ahora al ver, que definitivamente, Guillermo no llega, supone que ha ido directo a encontrarse con Cecilia, por eso intenta localizarlo por su móvil, para hacerlo desistir, de que fuera al club. Ciertamente, no puede decir muchas cosas, por indicación de su amigo, pero tiene que lograr, que, si quiere ver a la novia, no sea en el lugar donde ella labora.
Dando vueltas como un loco, no se atreve ni a entrar a la habitación de Amelia, para evitar alarmarla, pero si el móvil de Guillermo le sigue dando ocupado, no va a tener más remedio que salir a la calle, para interceptarlo.
En el club, cuando Cecy se disponía a salir a la pista de baile, se le acerca uno de los guardaespaldas de Noel, y ante el mensaje que le da, aborta el trayecto que llevaba y se deja guiar por él, hasta la oficina.
— Permiso, Noel. ¿Me has llamado? — Cecy no puede evitar darse cuenta, de que está muy alterado.
— Sí. Entra y cierra la puerta — la respiración de él, es muy sofocada y Cecy, aunque no quiera, se asusta.
— ¿Qué pasa? — casi sin parpadear, ella le pregunta.
— Acabo de cancelar tu cita privada de esta noche — con furia se le acerca y echando llamaradas por los ojos, la mira muy de cerca — Sabes muy bien, que no puedes repetir con el mismo tipo, tantas veces.
En ese momento, ella tiembla de pies a cabeza, comprendiendo perfectamente, que Guillermo, está por llegar.
— Eso para mí, es transparente — y trata de parecer serena — Yo no veo quién es, hasta que no entro a la cabina.
— Bueno, eso ahora, es lo de menos. Le daré otra chica, o las que quiera; como si quiere tres — Noel se aprieta los dedos, en un gesto, de total exasperación — Lo más importante es, que están por llegar, algunas personas muy importantes; algunas ni las conozco.
— ¿Los jefes que me comentaste? — su pregunta, de forma inevitable, denota algo de nerviosismo.
— Sí. Esta noche, se van a cerrar muchos negocios aquí, y comprarán algunas chicas, que hoy mismo se las llevarán, para satisfacer sus deseos sexuales — en ese momento, Noel la mira, con extrema seriedad — Tú te irás a la zona privada, con el dueño absoluto de todo este negocio. Precisamente, él te eligió a ti; no aceptó a nadie más. Por lo tanto, quedas advertida, de que nada podré hacer para evitar, que quiera llegar hasta el final.
Cecy se sofoca y muy fuera de sí, le grita en su propia cara.
— Mi contrato no incluye eso, y lo sabes bien — aunque trata de no llorar, sus ojos se llenan de rabia — No voy a complacer sexualmente a nadie. ¿Me oíste, Noel? A nadie.
— Lo tengo claro, Cecy — Noel, bastante alterado, se le acerca un poco más, para decirle — Sabiendo como eres dije, que eres mi amante, pero no sé, si se lo tragaron. Esto, no lo hice por ti, lo hice complaciendo a Gaby, que me lo suplicó, cuando me tenía acorralado con su cuerpo, sobre mi cama.
Cecy suspira, y trata de controlar las lágrimas, pero logra hablarle, con total sinceridad.
— Sin dudas, Gaby ha sido una amiga leal, en todo este tiempo — y resignada, respira — Noel, yo te cubriré y te cuidaré las espaldas, porque lo has hecho conmigo. Veré, hasta dónde puedo llegar.
Muy indignada, Cecy da un portazo y de inmediato se aleja, pero aprovechando, que tiene que cambiar su atuendo, por otro mucho más provocativo, toma el móvil, para sin poder esconder, el temblor de sus manos, llamar a Guillermo. Pero para su total agonía, todas las veces que lo intenta, su móvil, le da ocupado.
Y el motivo es uno, Guillermo, que va de camino hacia el club, lleva un rato, hablando con Mateo.
— Guillermo, te lo pido, por favor — la voz de Mateo es de total angustia — Hoy no puedes ir al club. Mi amigo me lo advirtió, claramente. Ellos saben que estás enamorado de Cecilia; saben todo sobre ustedes.
— Pero, Mateo — Guillermo, con total impotencia, se aferra al volante — No quiero, que otros hombres la estén acechando, ni queriendo tomar, lo que no les pertenece. Antes, no era mía, pero ahora sí.
— Entiéndelo, Guillermo. Podrás verla en su casa, más tarde. No tiene que ser, en el propio club — Mateo, desesperado, oprime el acelerador del coche, a todo lo que da — Hay información comprobada, de que esta noche se reunirán ahí, personas muy despiadadas y poderosas, y eso se puede complicar.
— Con más razón, Mateo — Guillermo se agobia mucho más, y le imprime más velocidad a su coche — Mateo, no la voy a dejar sola, y que pase, lo que tenga que pasar.
La angustia de Cecilia, es inmensa, al no poder hablar con Guillermo, para advertirlo, de que no fuera al club, pero aumenta mucho más, cuando se ve obligada a entregarle su móvil, a uno de los guardaespaldas de Noel, sin haber podido comunicar con él.
Por consiguiente, desde que Guillermo llega al club, el propio Noel le comunica, que su reserva había sido cancelada, pero, que, no obstante, como él es cliente habitual, podrá optar por otra chica, o por varias. Pero al Guillermo no aceptar, ninguna de las variantes, y a punto de armarse un desagradable momento de tirantez entre los dos, Noel se ve obligado a pedirle, que lo siguiera hasta su oficina.
— No entiendo, por qué he de recibir este trato, si como usted mismo ha dicho, frecuento sistemáticamente este club — muy desafiante, y con los puños cerrados, Guillermo lo mira, directo a los ojos.
— Mira, chico rico, no hagas que me enfade — bastante fuera de sí, Noel se le acerca — Te salvas, porque hoy, tengo que velar por la tranquilidad de mi local, pero si fuera otro día, te echaría a patadas.
— No creo, que eso te convenga, porque te puedo echar la prensa y hasta a la policía encima. Tú a mí no me conoces — Guillermo no lo ha golpeado, precisamente por Cecilia, pero a punto está, de perder los estribos y romperle la cara.
En medio de ese altercado, Noel recibe un mensaje de uno de sus secuaces, donde le dice, que los traficantes han llegado, y completamente impotente, ante la persistencia de Guillermo y evitando un escándalo, que lo perjudique, no ve otra alternativa, que golpearlo, amordazarlo, atarlo y esconderlo dentro de un closet.
Mateo, que recién ha llegado, al comprobar, que el coche de Guillermo está en el estacionamiento, respira con total angustia. Por mucho que se apuró, no llegó a tiempo, para impedirle que entrara al club. Y aunque quiera, no puede acercarse demasiado, porque todo el local está poderosamente custodiado, por lo que supone son matones y guardaespaldas, de los traficantes que están dentro.
Totalmente angustiado, marca el número del móvil de su amigo, pero la llamada, automáticamente, es transferida, al buzón de voz, por lo que no tiene más remedio, que mantenerse expectante, sin poder hacer nada más.
Hermosamente engalanada, Cecy es parte de la ofrenda, para los visitantes. Pero su mayor tormento es, no haber visto llegar a Guillermo. Y, aunque está muy angustiada, no tiene más remedio que entrar a la cabina privada, donde la espera, el jefe supremo de todo el negocio.
En cuanto lo hace, tiene que respirar profundamente, para evitar marearse, por la presencia rolliza, de uno de los peores traficantes de personas, que existe en todo el país. De solo sentir el olor, del carísimo perfume, ligado al humo, de su también carísimo tabaco, siente ganas de vomitar.
— Buenas noches, señor — ella lo mira, directo a su cara — Esta noche, con mucho gusto, bailaré para usted.
— Acércate un poco, Cecy — su rostro se torna muy rojo, ante el escultural cuerpo semidesnudo, que tiene delante — Ese es tu nombre, ¿verdad?
— Sí, señor — Cecy se acerca más, pero solo, hasta donde ella considera prudente.
— No me tengas miedo, preciosa — y al mismo tiempo, que bastante excitado, resopla, expulsa una bocanada de humo, hacia el aire — Yo solo quiero mirarte de bien de cerca, para entender, cómo logras mover tus hermosas caderas, de esa manera.
Cecy se concentra, e intenta no escucharlo, para de inmediato, comenzar a bailar, imaginando, que no es a él, al que tiene delante.
— Eso es, cariño, sonríe para mí — y sin ella esperarlo, el repugnante hombre, le da una palmada, sobre sus nalgas.
— Señor, solo se permite mirar y disfrutar — Cecy, trata de controlarse, pero se siente totalmente abrumada — Si se sobrepasa, tendré que sonar la alarma.
— Cariño, esa alarma, no es para mí. Yo puedo tomar, todo lo que quiera de ti, porque soy el que te paga — y sin escrúpulos, vuelve a tocarla.
— Señor, debo seguir bailando para usted — Cecy, algo temerosa, da un paso hacia atrás — Por favor le pido, que se comporte, para poder hacer mi trabajo y hacerle pasar un buen rato.
— Ven acá, prostituta — con furia, el despreciable hombre, la atrapa por el cabello, para vociferarle encima de su cara — ¿Qué te has creído? ¿Acaso, porque eres tan bella, te crees en el derecho de reclamarme? Tú estás aquí para complacerme; no lo olvides — y muy rápidamente, comienza a babosearle todo el cuello, y toda la cara — Yo pago mucho dinero para mantener este club, y no admito, que ninguna de ustedes, me ponga reglas. Voy a poseerte, porque así lo deseo, y porque soy el dueño absoluto de tu cuerpo.
Totalmente desesperada, Cecy intenta soportar un poco más, pero al comprobar, que no podía sofocar la ansiedad morbosa, que había despertado en aquel ser tan despreciable, el que ya, hasta había dejado caer sus pantalones al suelo, con bastante esfuerzo, y muy aterrada, logra alcanzar, la alarma.
A partir de ese momento, ni ella, ni nadie, pudieron entender, lo que pasó después. La Policía allanó todo el local, y en una redada perfecta y bien estructurada, apresó a todas las personas, que estaban fuera y dentro del club.
Mateo, completamente desesperado, observa todo el movimiento y sale del coche, tratando de acercarse todo lo que puede, con la intención de ver, si apresan a Guillermo. Y en su angustia, pudo ver a Cecilia, a su amiga, pero no lo ve a él. Por lo que fuera de sí, insiste en llamar a su amigo, pero como antes, no obtiene respuesta.
— Roger, por favor — la ansiedad lo hace temblar, pero logra concretar su mensaje — No pude cumplir con mi palabra, de retener a Guillermo, y él está, dentro del club.
Cuando todo parecía haber terminado, y muchos coches patrulleros y ambulancias comienzan a retirarse del lugar, a Roger le da, por revisar su móvil, y con un enorme sobresalto, escucha el mensaje de Mateo.
— Detengan el coche, por favor — muy aprisa, Roger regresa al lugar.
Perfectamente Mateo, que todavía merodeaba por ahí, lo ve regresar y teniendo en cuenta, que ya nada se lo impide, entra al club, detrás de él.
— Pero, Mateo, ¿Qué seguridad tienes, de que está aquí? — Roger se apura, pensando en lo peor — Lo hemos revisado todo, de punta a cabo.
— Por favor, Roger, hay que encontrarlo. Su coche está afuera, Guillermo está aquí, en alguna parte — desesperado, Mateo corre y busca a la par de su amigo, salón por salón, hasta que lo encuentran, inconsciente, dentro de un closet de la limpieza.
Entre los dos, con extremo cuidado, lo sacan al exterior, cuando Mateo, que siente hasta dolor de cabeza, escucha a su amigo decir.
— Está respirando, y no le veo sangre por ningún lado; parecen ser, solo golpes — al instante, Roger hace una llamada, para hacer regresar a una ambulancia — Mateo, te dije, que hoy iba a ser un día muy complicado en este lugar.
— No pude retenerlo, Roger. ¡Qué más hubiera querido yo! — abrazando a Guillermo, Mateo le pregunta al amigo — ¿Tendrás que apresarlo?
— No, Mateo. Tenemos testimonios a su favor. Sabemos que él, nada tiene que ver con este lugar — y ante una llamada, Roger, le dice — Me tengo que ir.
— Pero la chica, ¿está muy involucrada? — Mateo se preocupa bastante.
— Solo que te baste con saber, que ella, estará bien — y sin más, rápidamente, Roger se marcha.
Mateo siente, que la cabeza le da vueltas. Sabía perfectamente, que Roger lo había ayudado y le había suministrado más información, de la que podía dar, pero en este preciso momento, al verlo titubear, ya no sabe, ni qué pensar.
Completamente abrumado, por la reacción que Guillermo podría tener, en caso de que Cecilia estuviera muy implicada en todo el problema, corre a su lado, mientras lo trasladan, todavía inconsciente, hacia la ambulancia.
Unos minutos después, cuando llegan al hospital, es el propio Rafael, el que de inmediato, atiende a Guillermo; Mateo lo había puesto sobre aviso, y los esperó, en la puerta principal.
— Todo está bien con él, Mateo — Rafael, trata de tranquilizarlo — Son solo golpes y moretones, acompañado de un estado de inconsciencia temporal. Pero deberá quedarse en observaciones, al menos par de horas más.
— Gracias, Rafael — Mateo se ve asustado y completamente angustiado.
— Yo no creo, que se haya metido en una pelea por la chica, que últimamente, lo tiene atontado — aunque la situación no es muy favorable, Rafael, no deja de sonreír.
— ¡Ay, Rafael! Mira que Guillermo intenta corregirse, pero las chicas lo enloquecen y lo llevan a todo — Mateo, aunque le cuesta, también, sonríe — Pero para ser justos, no recuerdo haberlo visto antes, metido en tal reyerta.
Después de examinarlo completamente, Rafael se ve obligado a irse, para atender a otros pacientes. Por lo que Mateo se queda al lado de Guillermo, esperando a que volviera en sí. Momento, en el que intenta hacerle un mensaje a Amelia, para que supusiera, que aún estaban en la oficina, algo, que le fue imposible, al observar, que, Guillermo se incorpora, con mucha rapidez.
— ¡Cecilia! — muy asustado, mira hacia todas partes, para sorprenderse del lugar donde está.
— Tranquilo, Guillermo — Mateo procura, recostarlo — Estás en el hospital, pero solo con golpes y moretones. De esta, ya te has salvado.
— No sé, cómo llegué aquí, pero con seguridad te digo, que el que me golpeó fue el dueño del club, imposibilitándome ver a Cecilia — con fuerza, vuelve a incorporarse, intentando recordar — Yo necesito verla, ella no sabe, que yo estaba ahí.
— Guillermo, en el club, no encontraremos a nadie. La Policía allanó todo el lugar y se los llevó presos a todos. Pero ella estará bien, así me lo ha garantizado mi amigo. Eso significa, que no está tan comprometida en ese asunto, como los demás — Mateo, con fuerza, vuelve a tratar de neutralizarlo — Yo te advertí, que hoy no era un buen día, para ir al club. No podía darte detalles por teléfono, pero de alguna manera supe, que la Policía desplegaría una redada en ese y en otros locales, para desmantelar toda la red de tráfico de chicas extranjeras e ilegales.
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— Pero, Cecilia es ilegal, Mateo. La van a deportar, si no acepta casarse conmigo de una vez — la angustia se apodera de Guillermo y trata por todos los medios, de escapar.
— Guillermo, ahora solo necesitamos salir de aquí. En estos momentos y como están las cosas, no tendremos acceso a Cecilia — y queriendo hacerlo razonar, busca su mirada — En cuanto te lleve a casa, me ocuparé de buscar la forma de ayudarla. No creo que ella persista en negarse a aceptar nuestro ofrecimiento.
— Mateo, donde quiera, que vayas, yo iré contigo — y suspirando, se recuesta hacia atrás — Además, estoy bien, vámonos de aquí, de una vez.
— Hay que esperar, a que Rafael, te dé de alta; así que descansa — Mateo no intenta contradecirlo más, y solo se concentra en el tiempo que falta, para poder salir del hospital.
메타데이터
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