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Las horas más oscuras

El futuro de Colombia se ve oscuro, de eso no hay duda. Las dos peores opciones para la presidencia fueron los que pasaron a segunda vuelta…

Daniel Chinchilla Quintero · 2026-06-03 12:11 · 0 claps · 4.1 min read
#colômbia #cepeda #abelardo #tigres #petro
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Las horas más oscuras

El futuro de Colombia se ve oscuro, de eso no hay duda. Las dos peores opciones para la presidencia fueron los que pasaron a segunda vuelta el 31 de mayo. Por un lado, está el extremismo de la derecha encarnado en Abelardo de la Espriella, abogado agresivo, matoneador y casi presidente; por el otro, el extremismo socialista encarnado en Iván Cepeda, nostálgico de Lenin, Castro y la revolución cubana, ficha de Petro y arquitecto de la paz total que terminó en desastre total.

Caímos en el peor de los escenarios democráticos. Los dos bloques más recalcitrantes, retrógradas y retóricamente violentos, son las únicas opciones disponibles.

Me atrevo a decir que Colombia no veía en una situación de tanto peligro para su democracia desde las elecciones presidenciales de 1950 donde Laureano Gómez, una vez ganó por el exilio de los liberales — les quemó las casas, los periódicos y a uno le mató un hermano-, impuso una constituyente, aumentó la censura de su antecesor Ospina Pérez, politizó la policía y formó bandas de campesinos armados para sembrar los campos y ciudades de violencia y destrucción por parte del partido Conservador hacía los liberales. Digo lo anterior guardando las justas proporciones, porque de Petro y Cepeda se podrá decir cualquier cosa, menos que son unos asesinos. Hoy el desastre se ve en ambos lados del camino, no solamente en uno como en 1950, porque ambos son iguales de fanáticos e impermeables a la crítica, y peor aún, a la autocrítica.

Yo no les voy a decir por quién votar ni tampoco voy siquiera a sugerir una posición a tomar, porque eso sería como tratarlos de convencer de que es mejor cortarse un brazo que una pierna. Cada uno debe decidir si es mejor ser manco o cojo. Por mi parte, yo ya tomé la decisión de votar por el candidato que, para mí, representa menos riesgo para las instituciones democráticas, pero de algo si estoy seguro y es que a partir del 22 de junio, solo debemos pensar en Colombia, porque la nación siempre será más importante que los políticos y sus partidos, siempre será más importante que las diferencias que tengamos respecto a la forma de gobernar, porque aunque algunos digan que aman a los pobres y otros griten firme por la patria, la única manera de unirnos y hacer a Colombia grande es pensar en cómo desarrollar el país económicamente y, al mismo tiempo, en cómo mejorar las condiciones de vida de los más necesitados y humildes. Que la economía esté al servicio del hombre y no el hombre como esclavo de la economía. Tenemos que construir un país donde los profesionales, intelectuales, empresarios, industriales, empleados, campesinos y obreros, más que como enemigos, nos veamos como hijos de la madre Colombia. Que no exista más descalificativos como “zurdo de mierda” o “paraco hijueputa”

No reconozco enemigo alguno en otro colombiano, no importa su ideología, no me importa cuál es su candidato y no me importa su extracción social o profesión. Mis únicos enemigos son los violentos, los que explotan a los humildes aprovechándose de su necesidad y debilidad, los que pretenden defraudar los recursos de la nación para su beneficio personal, los que quieren manosear la constitución y los que ven como enemigo a otro compatriota por su clase social o pensamiento político. Esos son mis únicos enemigos y la única forma de luchar contra ellos es con la sanción social y con la sanción de la ley. Probablemente no van a cambiar su forma de pensar ni mucho menos la forma en que ven el mundo, pero la presión de toda la nación sobre ellos y el rechazo de la mayoría de sus compatriotas los hará pensar dos veces antes de actuar.

A partir de ahora, la derecha, el centro y la izquierda pensante, trabajadora, que ama a Colombia y que es consciente de la coyuntura, debemos unirnos para luchar mancomunadamente; no por ideales políticos, sino por la prevalencia de la justicia social, la libertad y el orden constitucional de la república. Las diferencias políticas podemos resolverlas, llegar a acuerdos, planear un país justo para todos en donde las diferencias se arreglen con diálogo y con planeación para hacer más grande a la patria colombiana, y a los que no quieran esto, hay que aislarlos en su mundo superficial, fanático y materialista. Ellos mismos se intoxicarán con su veneno y ambición.

Se que muchos estamos en una posición difícil y que la desesperanza es rampante, que sentimos que la vida se nos va a empeorar más con alguno de los dos candidatos, pero debemos ser fuertes porque solo los fuertes prevalecen. En momentos como estos, la debilidad se castiga duramente. Debemos declararle la guerra a la ignorancia, a las noticias falsas, a la incultura, a la satanización de la ciencia, a la manipulación y a la intolerancia, porque gane quien gane, es a lo que nos vamos a tener que enfrentar durante cuatro años. Hay que hacer control político y oposición constante, cueste lo que cueste y caiga quien caiga.

Miremos el futuro con esperanza, todavía hay mucho por lo que luchar y en estos cuatro años que vienen desde el 7 de agosto, tenemos que demostrar nuestro talante. Recuerden que a una tiranía de izquierda, corrupta, con intenciones de constituyente para apoderarse de las ramas del poder público y perpetuarse en el poder, que desprecia lo técnico y los méritos personales, así como una tiranía de derecha intolerante, fanática religiosa, clasista, aporofóbica, corrupta, extremista, matoneadora y homófoba que pretende que los que más tienen puedan explotar a los que menos poseen para su beneficio propio, solo se le puede vencer con pedagogía, lucha cultural, acuerdos entre los coherentes y narrativas de redes de colaboración y empatía de todos los espectros políticos. Hacerle ver a nuestros compatriotas de todas las corrientes políticas y de todos los orígenes, que los miedos que estos extremos nos venden hacia nuestros hermanos, no es más que la forma que tienen para conseguir el control de todo mediante el miedo y la manipulación.

¡Resistencia civil! No se dejen engañar y mucho menos se dejen amedrentar, porque si permiten que el miedo nos cale, ellos lograran vencernos y convertir a Colombia en su finca personal.


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