“Se Irrita Julia”: El deseo como campo de batalla
★★★★★
“Se Irrita Julia”: El deseo como campo de batalla

★★★★★
En “Se Irrita Julia”, Moro Anghileri presenta, en calidad de directora, una magnífica versión contemporánea de “La Señorita Julia” de August Strindberg, que se despliega como una danza de poder y sumisión, en la que los límites entre el amor y la humillación se desdibujan de forma persistente. La historia — el encuentro entre una mujer de clase aristocrática y su criado — se convierte aquí en un campo de batalla en el que el discurso es directo pero cargado de tensión, en el que las palabras operan como armas y el deseo como una forma de dominación. El resultado es un vertiginoso subibaja entre lo sexual y lo político, entre lo íntimo y lo público, poniendo de manifiesto la diferencia de clases y el verticalismo de los vínculos.
Esta sobresaliente puesta se inclina por la intimidad como dispositivo central: la cercanía con el público resulta clave para que cada intercambio — verdadera materia inflamable — eleve la temperatura emocional hasta niveles abrasivos. Hay un permanente juego de seducción que toma forma entre encuentros furtivos, atravesados por una violencia y un sometimiento palpables. Se suman, además, placeres que se anuncian incompletos y deseos no correspondidos. Un profundo dilema moral cobra cuerpo y forma.

La pieza, que actualmente cursa su segunda temporada y se presenta los días sábados en Million Bar Resto (Paraná 1048), manifiesta lo prohibido y lleva la guerra de sexos al límite, dejando al descubierto una psicología intensa y conflictiva, atravesada por mandatos familiares, secretos compartidos y conquistas truncas. Incluso cuando ciertos acontecimientos decisivos ocurren a oscuras o fuera de escena -movimientos y elementos visuales que refuerza la narrativa-, su impacto resuena con fuerza: sangre y sombras proyectadas remarcan un erotismo que nunca logra apaciguarse.
La inteligencia en la adaptación, sumada a la agudeza en el uso del espacio y la iluminación, eleva la propuesta a la excelencia y confirma que mínimos recursos pueden dar lugar a una obra de gran potencia estética y notable inventiva. Hay en la dirección actoral y en la atmósfera escénica una precisión quirúrgica que vuelve significativo y plástico a cada gesto: todo adquiere sentido a medida que se articula en derredor a la constante provocación.

En el centro de esta experiencia se impone la entrega de dos intérpretes fenomenales. Florencia Dyszel y Javier Drolas elaboran una dialéctica amorosa y clasista, embriagada de sentimientos y desgarradora en su complejidad; atravesada por la imposibilidad constante de concretar aquello que los une y, a la vez, los separa. Es esa atracción violenta que atraviesa a los personajes, agudiza la fractura y nos empuja, inevitablemente, a preguntarnos qué es, a fin de cuentas, el amor, en un universo regido por ideales de época, cargas sociales y jerarquías difíciles de quebrar.
Uno de los pilares claves del logro escénico reside en su dupla protagónica: dueña de un magnetismo feroz, incendia la escena con una intensidad descarnada, llevando la exacerbación emocional hasta un clímax devastador donde cada mirada revela la hondura de una crisis existencial y el vértigo de una relación prohibida. Difícil concebir otra pareja que no sea la conformada por Dyszel y Drolas para traducir la inevitabilidad de lo fatal.

메타데이터
- post_id
- 70f9dbb207ea
- slug
- se-irrita-julia-el-deseo-como-campo-de-batalla-70f9dbb207ea
- url
- https://medium.com/@reviewerar/se-irrita-julia-el-deseo-como-campo-de-batalla-70f9dbb207ea
- canonical_url
- https://medium.com/@reviewerar/se-irrita-julia-el-deseo-como-campo-de-batalla-70f9dbb207ea
- author_url
- https://medium.com/@reviewerar
- status
- ok
- fetched_at
- 2026-07-19 13:29:57