Memorias de un gato estoico
La mayoría de los humanos prefiere a los perros sobre los gatos, no podría culparlos, aunque a veces desabridos los perros proporcionan…
Memorias de un gato estoico
La mayoría de los humanos prefiere a los perros sobre los gatos, no podría culparlos, aunque a veces desabridos los perros proporcionan amor incluso a aquellos seres más viles; el amor de un can se tiene desde el segundo uno, el amor de un felino se construye con rutinas y conocimiento de causa, nosotros los gatos construimos poco a poco la confianza y esta se puede perder en un instante, el pozo de confianza de los perros parece casi inagotable. Es así que comprendí que los humanos prefieren de recompensas afectivas rápidas sin esforzarse mucho por construir puentes genuinos y duraderos.
Debo confesar que lo anterior no exime de que yo sienta a veces profunda curiosidad por algunos humanos, sobre todo por aquellos cuyo carácter se parece más al de los felinos, que muestran interés desmedido por crear rutinas especificas que permitan dar profundidad a las conexiones pero que, ante los cambios tienen el temperamento suficiente para afrontar con valentía la transformación.
Soy un gato, más me vale andar de aquí para allá y conocer el mundo, claro cuando este conocimiento no se interpone con mis horas de sueño. Me gusta sentarme en lo alto y observar con detenimiento -y reitero que mi necesidad de altura deriva de la vida salvaje de algunas perros bandoleros que piensan que es divertido perseguirme, en fin- hace no mucho descubrí una perfecta caja café, cálida y sin olores desagradables, lista y exclusiva para mi, fue mi palacio durante días y me podía esconder sin que ningún ser vivo se interpusiera… hasta que ese humano loco desquiciado comenzó a platicar conmigo, aún somnoliento pensé -este humano todo raro y flacucho debe buscar más ratones, no parece del tipo que pueda proveer mucho- su platica se centraba en como su cotidianidad se había visto interrumpida, un día su jefe llegó y el trabajo que tanto amo ya no estaba lo habían despedido -no entiendo la necesidad humana de trabajar- y su prometida había roto el compromiso, -no era de mi particular interés, por supuesto que no, pero parecía roto, y aunque no soy un perro jamás dejaría a una pobre alma en desgracia así-
Camine hasta estar cerca, lo permitido para los gatos claro está, lo examine y le regale un ronroneo, él a cambio me regalo un poco de atún, me parecía un trato justo.
De mi examen obtuve algunos resultados, el humano necesitaba comer más y ser más gato, permítanme explicarme, hace miles de años que los humanos creen que comenzaron a hacer virtuosa su vida por la filosofía y creerse filósofos, pero lo cierto es que ella nos corresponde y siendo justos alguna que otra rama compete también a los canes, una mas condescendiente a mi gusto; si humano fuera más gato aprendería que la vida es un transitar con cambios constante pero que existen decisiones que no están en nuestras patas (manos) y que enfocar nuestra energía en intentar cambiarlas no es redituable, si el día esta lluvioso échate a dormir en un lugar cálido y seco, si el día es soleado échate a dormir al sol, no puedes cambiar el como se desarrolla el día lo aceptas y determinas que hacer con él, no puede -probablemente- cambiar la decisión de la mujer que amó pero puede elegir que hacer con eso y volverse mejor -aprender a cazar le vendría bien-.
Aunque amo las rutinas como levantarme todos los días a las seis para ver el amanecer, recibir el desayuno, dar una vuelta para inspeccionar y regresar a dormir, también es cierto que no me mortifico cuando duermo un poco más o cuando en un día de cacería mi presa decide no cooperar resisto la inconsistencia de los acontecimientos porque aún en lo cotidiano de mi día, la novedad se vuelve atractiva y vital.
Si los humanos se preocuparan menos por intentar conservar cosas y situaciones que ya no son o no van con su vida serían más felices, a veces la vida se disfruta a través de la evolución, se aferran a la idea de lo certero y conocido renunciando a una vida de aventuras y de un disfrutar más sencillo y pleno, ahí es donde converge la naturaleza humana, una extraña necesidad por estar y ser parte de lo conocido y una necesidad por no esforzarse en vínculos más intensos, los humanos aman más a los perros porque los canes dan un cariño constante y fuerte sin necesidad de esfuerzo, los gatos amamos profundamente pero necesitamos de puentes reales y conocimiento, amamos lo simple de la vida y lo trascendente de nuestros lazos.
He decidido quedarme unos días a cuidar de este humano, que tiene la particularidad de brindarme espacios cálidos y me permite seguir explorando del mundo, yo procuro regresar en horarios establecidos intento no preocuparlo innecesariamente; sin embargo, a ratos le doy lecciones de resiliencia, pues amar a un gato estoico supone entender que el amor más genuino es aquél que permite al otro la libertad, pero esto será cosa de otra historia
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- 2026-07-09 03:40:04