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FISHMANS: LA JOYA PERDIDA DE LA MÚSICA JAPONESA

Todos somos polvo en el viento, dice una famosa canción de una famosa banda de los Estados Unidos, las cosas sencillas vienen y van, las…

IEG · 2019-02-25 16:49 · 11 claps · 7.7 min read
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FISHMANS: LA JOYA PERDIDA DE LA MÚSICA JAPONESA

Todos somos polvo en el viento, dice una famosa canción de una famosa banda de los Estados Unidos, las cosas sencillas vienen y van, las personas normales también lo hacen. Uno de los deseos más latentes del ser humano es dejar una huella en la historia, en la mejor manera posible; somos irremediablemente seres finitos, entes que se extinguirán y sin duda, no importa quién seas, algún día te convertirás en huesos.

No importa el legado cultural, artístico o científico que una persona deje a la humanidad, la extinción es algo inevitable, por lo tanto la erradicación de dicho legado tienen el mismo destino. Esto también sucede en el ámbito de la música; bandas vienen y van, músicos se quedan siempre sonando en los tímpanos del tiempo. Hay álbumes atemporales, que serán revaluados una y otra vez, pero existen quienes quedan en el olvido, para convertirse en estrellas que jamás miramos.

Las cosas olvidadas, son las que mejor saben tienen, como cuando encuentras un pedazo de pizza dentro del refrigerador que habías olvidado. Será que también los humanos olvidamos las grandes referencias culturales que se encuentran alrededor, las joyas ocultas, los tesoros perdidos, las esperanzas que nunca llegaron a nuestro corazón.

El Japón de los 90 debió haber sido muy caótico, con una inminente expansión de la popularidad del anime a través de un todavía primitivo internet. La transculturalización nipona fue algo que nadie podía frenar, las condiciones para una penetración cultural estaban más que sólidas. Con el anime también llegó otra factor importante: LA MÚSICA, la bendita música; supongo que para muchas personas es imposible no tararear el intro de animes clásicos como Dragon Ball o Saint Seiya.

Los aspectos sonoros son recursos importante para poder importar la popularidad de algún producto audiovisual y tan sólo hay que mirar la entrada tan sólida que ha tenido la cultura sur coreana a través de su pop o de su fabuloso cine.

Nuestros tiempos, son algo contradictorios, la estupidez e inmoralidad, suelen ser más populares, que las buenas acciones, nos hemos vuelto una manada de cínicos y parece que el internet es ahora el principal medio y lenguaje de la intolerancia. Lo mismo ocurre en la cultura, dejamos enterrados los proyectos originales para alabar a las fórmulas de repetición.

La polarización no es mala, justo es ella quien da los pasos para que la originalidad nos llegue atrapar. En estos tiempos, es común ver en que en portales, foros o redes sociales, las personas suelen pelear por las cosas más insignificantes. La música no es algo que se escape de ello. No es la que la buena música esté agonizando y se convierta en un enfermo terminal, el problema es que son los buenos consumidores los que se han perdido.

La música japonesa tiene algo especial, tal vez es la fonética con la que ellos se expresan, sus letras que se evocan en poesía zen o la tranquilidad y elegancia con la que se suelen referir de la existencia, la naturaleza humana y las emociones.

Pero ya al grano ¿quiénes con un carajo son Fishmans?

Para ponerte en contexto, Fishmans es una banda de rock experimental, reggae, dub, dream pop, shoegaze y post-rock de Japón formada en los 80 que tuvo un auge increíble en la escena under de Tokio durante la década de los 90 y que al día de hoy son considerados como músicos de culto.

La escena del rock japonés está saturada de oferta, algunas resultan ser muy genéricas, pero de vez en cuando un destello surge un destello de creatividad y se eleva una bandera de resistencia. En cierta manera eso era Fishmans, un doblez rebelde que representó un latido distinto a los escenarios.

¿Qué diferenció a los pescadores (o hombres pescado no sé) de otras bandas?

Lo que empezó con un sencillo proyecto de reggae se convirtió en una de las construcciones musicales más bellas del rock moderno.

¿Haz escuchado alguna vez Sigur Ros? ¿Radiohead? ¿The Police?, ahora imagínalos juntos en un proyecto, pero con toda la magia que siempre identifica al producto cultural nipón. Al escuchar sus primeros discos, se tiene la impresión de que fueron una banda más de reggae. Chappie Don’t Cry no es algo que destaque del todo y parece estar armado de manera genérica.

¿Qué los habrá llevado a evolucionar tanto su sonido? Si bien discos como el ya mencionado y Neo Yankees Holiday tienen más esos toques caribeños, es con Orange y King Master George donde dan un paso hacia el soul, hacia sonidos más profundos y la improvisación.

Aunque el verdadero cambio llegó en 1996 con una serie de discos llamados “La Trilogía de Setagaya”. ¿A qué se deberá esta migración musical tan drástica? Nunca lo sabremos, pues al menos en español o inglés no existe la suficiente información para determinar el motivo de ello. Kuchu Camp fue el primer punto de partida: el dub, los largos pasajes instrumentales, los elementos orquestales y hasta síntomas de música zen se mezclaron para dar nacimiento al Fishmans más conocido y vitoreado.

Destaca la canción *Night cruising*, una hermoso loop de piano que recorre la melodía, mientras la voz de Sato se eleva al espacio. Arriba y abajo, arriba y abajo, tan ràpido, tan rápido.

*Long Season *fue el siguiente paso, que más que un disco, es una canción de larga duración dividida en 5 partes.

“Sorprendente, emocional, humana hasta el cansancio, lo mejor que he escuchado, irrepetible, una experiencia” son algunos de los comentarios que puedes encontrar en internet. Long Season es única. No es nada que puedas ubicar en el tiempo. Uchu Nippon Setagaya concluyó la tríada conceptual, un álbum que siguió en la misma línea, pero con la que ya daban muestras de sus alocadas e improvisadas presentaciones en vivo.

Shinji Sato (vocalista), tiene que ser el ícono más perdido del rock japonés. Tal vez en el punto más maduro de su carrera fue cuando la tragedia se apoderó de su existencia. En 1998, el bajista Yuzuru Kashiwabara, se empeñó en dejar la banda con el motivo de empezar otros proyectos o abandonar la industria musical para siempre. Los otros miembros decidieron realizar el último de los conciertos, la despedida para Kashiwabara. La fecha un 28 de diciembre de 1998. Lo que en un inicio era un regalo para el dueño del bajo, se transformó en el funeral sonoro del vocalista.

El concierto se transformó en disco y Shinji Sato murió tres meses después, en marzo de 1999, debido a complicaciones cardíacas.Para aquellas que no sepan, Sato siempre tuvo estos problemas, desde niño fue diagnosticado con una enfermedad cardíaca incurable, siempre supo que moriría pronto, pero no cuándo.

A pesar de ello, su sonrisa jamás se apagaba, siempre cantaba como si fuera la última vez que lo hiciera. ¿El por qué de sus actuaciones tan alegres? Cuando tienes la oportunidad de ver músicos en vivo, probablemente habrá tres catgeorías:

  • El que tras varios años tocando, ya no siente la emoción de seguir haciéndolo.
  • El que no tiene mucho de ser famoso y por eso no ha deteriorado su amor al escenario.
  • Y finalmente el que a pesar de tener muchos años tocando en vivo, sigue tocando con la misma pasión que en sus primeros conciertos.

Shinji, no podría estar etiquetado en ninguna de las tres cosas. Él nunca fue masivamente famoso, de tal manera que pudiera salir de Japón y dar conciertos en otros países. El dinero no era algo que lo motivara del todo, su vida no era la de una estrella del rock, sólo era una persona que amaba la música y la música lo amaba a él.

Mi teoría es que la única razón por la que disfrutaba tanto estar dentro de los escenarios es que constantente el niponés pensaba en la muerte. No hay nada que disfrutes más, sabiendo que morirás ¿cuándo? no lo sé, ¿de qué manera?, tampoco, pero si de algo estoy seguro es que me gustaría haciendo lo que más amo.

Es una desgracia, que las sonrisas más sinceras, sean las primeras en marchitarse.

Por estas razones, el último concierto, (además de su versión visual), también llegó en formato de disco, el cual fue nombrado Otokachi No Wakare, que literal se podría traducir como Despedidas Masculinas, pero una interpretación más simbólica es: Adiós al hombre.

El hombre que amó más la música que su propia salud.

Mucho se ha dicho sobre este albúm, aunque pase desapercibido entre la crítica especializada (sobre todo la de occidente) es uno de los discos en vivo más increíbles de todos los tiempos.

Dos horas y fragmento de pura perfección musical.

Para darte un ejemplo y que antes que nada vayas a tomar esto como un parámetro para decidir qué música es buena y cuál no. En la página Rate Your Music, que es como una red social dedicada a la música, donde conviven una infinidad de melómanos pretenciosos y elitistas, tiene una puntuación de 4.36, en un tabulador donde 5 es la perfección. Sólo para que puedas darte una idea, de acuerdo al chart principal de esta página los discos con mejores reseñas son Ok Computer de Radiohead con 4.23 y Dark Side of the Moon de Pink Floyd con 4.21, luego vienen otras obras maestras como The Velvet Underground & Nico con 4.28.

¿Qué tiene este disco que está por encima de obras cumbre de la música occidental? Creo que el factor primordial es que al ser una banda tan poco conocida, las únicas personas que acuden a ese tipo de contenido son aquellas que ya tienen un referente sobre ellos y por lo tanto, la crítica llega a ser subjetiva.

Para poder disfrutar de este concierto, se recomienda haber escuchado todos los discos, pero pasa algo muy curioso a pesar de no tener una conexión previa con sus canciones, hay algo en este performance en vivo lleno de alma, vida, nostalgia y sobre todo tristeza. ¿Así se sienten las verdaderas despedidas?

Existe una leyenda de que al final concierto Shini dijo “sayonara” , supongo que eso es algo que nadie sabe tampoco si pasó en realidad. La muerte siempre acechó su cuello, pero él la dormía cantando.

Oye muerte ¿cuál es la canción que estabas coreando?

Lo siento mucho Shinji, su temporada larga ha se acabado.

Yo aún siento que sigo corriendo.

El otro miembro del club de la tragedia, fue Honzi, en cierta manera ella vino a poner finura en Fishmans. Su participación empezó en Kuchu Camp y se puede notar la diferencia porque los trabajos posteriores a ese disco tendrían su aportación y si no fuera por ella, probablemente Otokachi No Owakare, no presumiría esos maravillosos solos de violín.

A la edad de 39 años, murió de cáncer de pecho. A pesar de la fuerte contribución a la banda, sus canciones también quedaron estancadas en el olvido, como un papalote en una tormenta.

El pasado 28 de diciembre del 2018 se cumplieron 20 años de Otokachi No Owakare, hace dos décadas, pero de 1998, Fishmans se paró en un escenario, sin saber que harían historia. Shinji falleció sin conocer el legado que dejaría. Nada es para siempre, ni siquiera los más hermosos acordes de la música.

No hay un montón de registros históricos sobre FISHMANS, no habrá portadas de revistas que dediquen esos 20 años (al menos no en occidente), no habrá personas que se vayan a reunir afuera de la casa de Shinji o Honzi a dejar velas para recordarlos, no habrá una sola persona que pueda encontrar el valor de pedir una de sus canciones en un karaoke en una solitaria noche en Tokio, no habrá nadie que al menos los tararee en un aburrido viaje en elevador.

¿No habrá nadie allá afuera que los recuerde?

Are you feel good?

Sí, señor Sato, me siento muy bien.

Señor Sato, me siento muy bien cuando escucho su música.


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