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Piba y mi abuelo

Mi abuelo no vino en barco de ningún otro país. Nació acá y nunca viajó muy lejos. Es fanático de San Lorenzo y de los caballos. No sale…

Cristian Domínguez · 2020-02-28 17:20 · 3 claps · 3.2 min read
#mascotas #abuelos
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Piba y mi abuelo

Mi abuelo no vino en barco de ningún otro país. Nació acá y nunca viajó muy lejos. Es fanático de San Lorenzo y de los caballos. No sale mucho de su casa salvo para ir a Palermo o San Isidro. Nadie en el mundo me escucha con tanta atención como él. Es muy receptivo a cualquier cosa que tenga para contarle, ya sea un trabajo nuevo o una película que vi recientemente. Apoya el codo en la mesa, su cabeza sobre el puño cerrado y me mira. Es muy gracioso haciendo chistes. Su virtud está en que dice la broma con total seriedad, sin una mueca, parecido a Leslie Nielsen. Cuando algo lo hace reir se tienta por varios minutos y la cara le cambia de color. Todos los nietos agarramos los celulares para sacarle una foto.

Trabajó muchos años como plomero y también en la Junta Nacional de Granos. Disimuladamente siempre le pido que me cuente alguna historia, cualquiera. Son anécdotas mínimas que me gusta coleccionar. Cómo aprendió a manejar, cuando a los 12 lo coronaron rey del carnaval de su barrio por su disfraz de mosquetero, etc. Trato de memorizarlas todas, algún día las voy a escribir.

Piba cumple dos años en mayo. La fui a buscar con un amigo al estacionamiento de un McDonald’s. Me la dieron en una cajita y no paraba de temblar. Era del tamaño de mi mano. Mi novia se emocionó cuando la llevé a casa. Fue una sorpresa.

Sí, todos piensan que sus perros son especiales, pero ella de verdad es distinta. Está criada a siestas y besos. Odia caminar por la calle. Le gusta correr en la plaza o pasear en auto. Todos los días cuando sale busca entre los autos estacionados el suyo. Cuando lo reconoce se para en la puerta y me obliga a subir. Ya tenemos pactado, sin mediar palabra, que cada medianoche le toca una vueltita. Va con la cabecita apoyada en la ventana, pensativa, quieta, disfrutando del vientito en la cara. Cada tanto ve a un perrito caminar y lo mira con cara de “jajj vos andás a pata, gato”. Es la perrita más dulce que existe en el planeta y no hace otra cosa más que dar besos. Necesita contacto físico constantemente y si me siento en el sillón a centímetros de ella, se reacomoda en mis piernas o al lado mío.

A mi abuelo los perros siempre le gustaron “para verlos de lejos”. Al igual que yo tiene el TOC, pero mucho más fuerte. Si veraneábamos en algún departamentito de Mar del Plata, se llevaba sus propios vasos desde su casa. Todo el tiempo se lava las manos. Cuando conoció a Piba, que objetivamente era la cachorrita más hermosa del planeta, no la tocaba. Solo estaba contento por mí.

Nunca hubo un perro en la familia y ella se ganó un lugar de popularidad que no imaginé. Mis viejos la consideran su nieta y todos los sábados la pasan a buscar para que se quede a dormir con ellos. Cuando viajo también se queda con sus abuelos, que graban videos que rara vez me muestran dándole besos o jugando. Se tienen devoción.

Yo la empecé a llevar a la casa de mi abuelito, que progresivamente la observaba más y se reía con las cosas que hacía. El primer gran hito fue cuando no solo la acarició, sino que la alzó a upa. Él sonreía, extrañado de sí mismo. Ella se quedó quietita, bien, pero con cara de “nunca hiciste esto, no?”. Fue trending topic en el grupo de whatsapp familiar. Después llegaron las caricias, los juegos, la preocupación porque siempre tuviera agua o ver qué podía darle de comer. Son los miembros más viejo y joven de la familia. La reconoce como su bisnieta. Sabemos que no es una persona pero no nos importa. Decidimos ordenar así las relaciones de parentesco. Habitualmente estamos juntos los tres.

Antes de irme de vacaciones fuimos al Parque Saavedra. A pesar de que vive cerquita hacía muchísimos años que mi abuelo no iba. Cuando llegamos un flaco estaba practicando con su bandoneón en un banco, intentaba tocar “Uno”. Lo hizo sentir cómodo escucharlo. En cambio a Piba el sonido le llamó la atención. Caminamos unos metros más y jugaron a tirar la pelota.

Hoy pasé a tomar mate a la tarde. Toqué timbre y se asomó por la ventana. Piba ya estaba entusiasmada y cuando lo vio empezó a mover la cola

-Querés pasar vos, Pibita?

Asintió dándole besos en la mano.


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