¿Qué carajos es el peronismo?
Hace unos días, mientras trabajaba en Buenos Aires, una chica brasileña que conocí en un café me preguntó con su simpático portuñol: “¿Qué…
¿Qué carajos es el peronismo?

Juan Domingo Perón
Hace unos días, mientras trabajaba en Buenos Aires, una chica brasileña que conocí en un café me preguntó con su simpático portuñol: “¿Qué es el peronismo?”
Me quedé pensativa, tratando de explicar algo que para muchos argentinos es casi inexplicable. El peronismo no es solo un partido político ni un fenómeno que ocurrió hace más de 80 años, representado en el Partido Justicialista. Ser peronista es, me atrevería a decir, una forma de vivir. Es un movimiento profundamente arraigado en la cultura, en la memoria colectiva y en el día a día de este país.
Hablar o escribir sobre el peronismo requiere cuidado. Vamos a decirlo así, especialmente con los argentinos. Es similar a discutir el franquismo con los españoles; el tema sigue candente, y muchas personas aún arrastran ideas y sentimientos a favor y en contra. El peronismo está más vivo que nunca. Aunque siempre ha estado asociado a dos cosas: la figura de Perón y al PJ (Partido Justicialista), hoy además es sinónimo de muchas otras corrientes, entre ellas (la mas fuerte) el kirchnerismo.
Más de una vez me han preguntado (extranjeros, claro) “de qué va eso del peronismo”, ya que la mayoría tiene imágenes distorsionadas. El peronismo de Perón, los “K”, la figura de Evita (sobre todo por la película, pero también por su legado) y las manifestaciones diarias en Buenos Aires que nos arruinan el día a más de uno. El peronismo es todo eso y mucho más. Sería imposible, incluso para alguien que ha vivido desde la primera presidencia de Perón hasta hoy, resumirlo. Ni los historiadores pueden hacerlo, porque, además, si son argentinos, es muy difícil ser objetivos. La sombra de Perón es muy larga.
Cuando me enfrenté a esa pregunta, intenté dar un resumen breve y “objetivo”, lo pongo entre comillas porque como dice Bleger ser conciente de nuestra inevitable subjetividad puede hacernos un poco mas objetivos, pero, ¿neutrales?. Nunca. Reproducimos ideología cuando hacemos uso de lo discursivo, en fin, continuo. Durante la primera parte del siglo XX, Argentina era uno de los países más ricos del mundo, aunque esa riqueza estaba concentrada en manos de unos pocos (la famosa sociedad 80–20). Este período se caracterizó por un modelo agroexportador, con la producción agropecuaria en el centro de la economía, destinada mayormente a mercados externos. Aunque existía actividad industrial, esta era secundaria y el mercado interno dependía en gran medida de bienes importados. Contrario al relato libertario, Argentina de entonces era más proteccionista que la actual, con aranceles elevados sobre las importaciones. Pese a su crecimiento económico, era un país profundamente desigual, incapaz de incluir a toda su población, que a principios del siglo XX rondaba los 4 millones.

Sin pan y sin trabajo es un cuadro de Ernesto de la Cárcova.
El modelo agroexportador funcionó hasta que la caída de los precios internacionales y la crisis del ’29 lo agotaron, desencadenando un proceso de industrialización que surgió por necesidad más que por ideología.
Para muchos, cuando aparece en la escena Juan Domingo Perón se despertó una esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Y aca, la brasileña, aún confundida, me preguntó: ¿cómo es posible que muchos argentinos apoyen un proyecto liderado por alguien que fue parte de un gobierno de facto y hasta vicepresidente de ese gobierno? En ese momento, me di cuenta de que la explicación iba a ser muy larga, como si la historia se hubiera olvidado de ese detalle. Pero claro, el contexto era otro. La Argentina de la “década infame” estaba hecha pedazos, con una clase trabajadora empobrecida y los conservadores perpetuándose en el poder gracias al fraude electoral. Por eso, cuando los militares nacionalistas dieron el golpe, para muchos representaron una luz de esperanza. ¡Lo bajo que estábamos!
En la denominada “revolución” (dictadura) de 1943, bajo la intervención de Juan Domingo Perón como secretario del Departamento de Trabajo, se creó la Secretaría de Trabajo y Previsión Social mediante el decreto Nº 15.074. Esta medida marcó un cambio significativo en la relación entre el Estado y el movimiento obrero, que comenzó a ocupar un rol central en la sociedad argentina.
Gracias al apoyo de los sindicatos y la nueva jerarquía del organismo, se implementaron importantes beneficios para los trabajadores, como la creación de tribunales de trabajo, el Estatuto del Peón Rural, el seguro social obligatorio, mejoras salariales, aguinaldo, vacaciones pagas, indemnización por accidentes laborales y la jornada de trabajo de ocho horas.
La conversación continuó y le mencioné la famosa “grieta”, una palabra tan en boca desde el auge del kirchnerismo. Le conté que es un termino que refiere a la división política y cultural en la sociedad argentina, especialmente entre los militantes del Partido Justicialista y sus opositores, que se ha intensificado desde la primera década del siglo XXI.
El surgimiento de la grieta está vinculado a la historia política del país, incluyendo la histórica división entre peronistas y antiperonistas. En particular, considero que la grieta se solidificó con la elección de Cristina Fernández de Kirchner en 2007 y la contrapartida de Mauricio Macri en 2015. Durante este tiempo, los medios de comunicación jugaron un papel crucial, alineándose con uno u otro bando y contribuyendo a la escalada del conflicto.
¿Sigue existiendo esa “grieta” en este contexto? Otro día se los cuento…
La grieta no solo afecta el panorama político, sino que también ha influido en la cultura y en la vida cotidiana de los argentinos.
Muchos aspectos de nuestra historia no tienen sentido para los extranjeros, incluso para aquellos que han seguido la historia argentina. Por ejemplo, cómo Carlos Menem, quien gobernó durante los ’90, pertenece al mismo partido que Néstor y Cristina Kirchner. Sí, al Partido Justicialista.

Las diferencias entre el menemismo y el kirchnerismo en Argentina son marcadas en varios aspectos. Mientras que el menemismo (1989–1999) se basó en un modelo neoliberal que promovió la privatización y desregulación, lo que resultó en una fuerte desigualdad y una crisis económica al final de su mandato, el kirchnerismo (2003–2015) adoptó un enfoque más intervencionista y centrado en la inclusión social, con políticas de desarrollo, reindustrialización y fortalecimiento del Estado.
Hablar de peronismo en Argentina es tocar una fibra ultra sensible. Las opiniones están polarizadas en prácticamente todos los aspectos de la vida, no solo en la política. Fíjate en el fútbol, donde también se divide todo entre amor y odio. El peronismo genera lo mismo: o se ama o se odia. Curiosamente, incluso entre los que se dicen “anti-K”, existe la contradicción de que muchos “solo bancan a Perón”. Es decir, “peronista sí, kirchnerista no”, como si pudieran separarlos, como si no fueran parte de lo mismo. Cristina misma se desligaba del término “kirchnerismo” en una entrevista, afirmando: “Yo no soy kirchnerista, soy peronista”. Sin embargo, gran parte del peronismo hoy, autodenominado “peronismo de Perón”, se desliga de ella.
Ayer, un chico me dijo: “No sé qué soy, solo sé que soy anti-Kuka”, y en lo primero que pensé es que en Argentina podés ser peronista, no peronista o anti-peronista, pero casi siempre vas a encontrar un “algo”-peronista que te califique (últimamente, también K, anti-K, etc.).
Habrá que ver si la sombra del kirchnerismo es igual de larga que la del peronismo, ya que hoy hay gente tan apasionada por la figura de Cristina como lo fue con la de Evita. Lo que sí sé es que, aún hoy, y seguramente por muchos años, será difícil dejar de escuchar por las calles de Buenos Aires la marcha peronista.
El peronismo nunca murió, ni va a morir. Puede estar más o menos desordenado, pero sigue vivo en las calles, en la gente, en las historias que nos contaron nuestros abuelos sobre cómo construyeron sus casas y los derechos que ganaron cuando Perón estaba en la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, allá por la Revolución del 43´ y durante sus presidencias (1946–1955). Luego, con el “kirchnerismo”, la gente recuerda la “segunda década ganada”, cuando viajar al exterior o comprarse un aire acondicionado era casi moneda corriente y teníamos el salario mínimo más alto de Latinoamérica.
Sin embargo, hoy no tenemos un líder. No hay un Perón, ni un Néstor o Cristina (ayer salió la noticia de que probablemente sea la presidenta del PJ nacional; al menos eso nos da esperanzas de que haya una reorganización del movimiento, debido a que es indiscutiblemente la cara más importante que tiene hoy el peronismo). Aunque esto es a título personal, creo que limitará su rol al PJ, pero no será candidata. Y en el caso de que lo sea, es necesario encontrar otros dirigentes y otras figuras capaces de representar al movimiento, porque lamentablemente Cristina no es eterna.
Hoy, lo que queda son peleas de egos, sin un proyecto político claro, sin ideas que nos representen. La disputa entre La Cámpora y otros sectores, los sindicatos con los mismos tipos hace 20 años que ya no representan a nadie, muchas internas; se proponen ideas muy distintas: unos quieren “tirarse” mas a la izquierda, otros, como Moreno volver a lo doctrinario, otros quieren volver a las bases del peronismo, que es el cristianismo, etc. Parece que solo nos quedó el nombre y que se nos olvidó para qué estábamos.
Como ya mencioné, el peronismo no es solo un movimiento político; es una manera de vivir. Es el chori en la plaza, cocinado en un carrito de supermercado dado vuelta; es el encuentro, el asado de domingo con vino y soda. Es, como dijo Victoria Tolosa Paz, un lugar donde sobran el afecto y, claro, también el buen sexo (y según Clarín, hijos por todos lados, porque, obvio, todo es para cobrar planes). Ya ven, amor, pasión y subsidios, todo en uno. Es el negro yéndose de vacaciones, es la hija de la empleada doméstica, como en mi caso, yendo a la universidad pública. Es el argentino promedio, esa esencia que Perón resumió en una maravillosa frase: “Peronistas somos todos”. Para mí, es la viveza criolla en su máxima expresión, esos “cabecitas” y descamisados que el 17 de octubre fueron mal vestidos, con ropa de laburo, a la Plaza de Mayo a marcar la historia.

El peronismo despierta pasiones; es casi imposible encontrar a alguien que hable de él objetivamente. Y aquí no me escondo: soy peronista, kirchnerista. Pero también está lleno de odiadores, tanto en la clase alta como en la baja, y mucho de eso se lo debemos a personajes como el Gordo Lanata y a los medios hegemónicos, que se dedican a adoctrinar a las masas mientras responden a intereses empresariales, enterrando cualquier rastro de “conciencia de clase”. Néstor Kirchner lo dejó bien claro cuando desafió directamente a Clarín: “Clarín, hablá con la verdad. Decile la verdad a los argentinos. ¿Qué te pasa, Clarín? ¿Por qué estás tan nervioso? Hacé democracia, sé abierto, usa los medios para informar y no para desinformar”. Esa prensa que en su momento se jactaba de ser objetiva fue, en realidad, cómplice de la desinformación sistemática, construyendo un relato que demonizó todo lo relacionado al peronismo y distorsionó la historia para satisfacer a los que lucraban (y lucran) con el poder y la desigualdad.
Además, parte de esa desinformación de los medios hegemónicos y los errores de los partidos políticos tradicionales nos han llevado a un descreimiento generalizado de los sistemas de representación, algo similar a lo que pasó en los comienzos de los 2000. En las últimas elecciones, el candidato “libertario” Javier Milei fue algo parecido a lo que en su momento fue el voto en blanco, es decir, una forma de demostrar descontento con la política tradicional. Hoy estamos viendo las consecuencias de votar a un loco que, literalmente, en campaña hablaba de “motosierra” y “licuadora”, pero también es entendible porque la gente está cansada de vivir mal.
A todo esto, Carla, la brasileña, quedó encantada. No sé si tanto por la historia, porque no le interesa tanto, sino por el sentimiento de pasión que se despierta por el peronismo y cómo afecta a la cultura e incluso a nuestra forma de comunicar.
Para cerrar, me tiró una frase maravillosa: — Perón dijo que peronistas somos todos, ¿los de afuera también? Le respondí que sí. Y con ese portuñol hermoso pero extraño, me respondió: — Bueno, entonces soy re peroncha, como decís vos.
Terminamos el café y me fui con una sonrisa. Compañeros, compañeras o compañeres, acá somos inclusivos; hay que peronizar el mundo.
REFERENCIAS
https://www.pjbonaerense.org.ar/primera-presidencia/
https://gestar.org.ar/articulos/hace-71-anos-peron-creo-la-secretaria-de-trabajo-y-prevision/
https://www.pagina12.com.ar/594550-el-fetichismo-del-modelo-agroexportador
https://www.clarin.com/opinion/grieta-agonia-resurreccion-_0_7vV52hki.html
메타데이터
- post_id
- 7b0c4ab86cac
- slug
- qué-carajos-es-el-peronismo-7b0c4ab86cac
- url
- https://medium.com/@excesodecafeina/qu%C3%A9-carajos-es-el-peronismo-7b0c4ab86cac
- canonical_url
- https://medium.com/@excesodecafeina/qu%C3%A9-carajos-es-el-peronismo-7b0c4ab86cac
- author_url
- https://medium.com/@excesodecafeina
- status
- ok
- fetched_at
- 2026-07-22 14:22:45