“Aquí comparto un fragmento de mi libro ‘Tardes de Misterio’, donde los valores olvidados en la…
Tardes de Misterio
“Aquí comparto un fragmento de mi libro ‘Tardes de Misterio’, donde los valores olvidados en la infancia buscan un camino hacia la redención.”
Tardes de Misterio
Como era su costumbre, después del fin de semana, el Coordinador de disciplina del colegio *** caminaba con su donaire característico el escaso trecho que le quedaba para llegar a su oficina. Acababa de parquear el coche y atravesaba la glorieta que daba acceso a la entrada, cuando en un recodo de la misma escuchó el frágil sollozo, ubicó el lugar de donde provenía y descubrió al pequeño que acurrucado y con la cabeza entre las rodillas lloraba inconsolable.
No era su costumbre, pero notó tal desconsuelo en el niño que se detuvo y le preguntó:
- Que pasó chicuelo, que sucede? Por que llora?
El pequeño sin levantar la cabeza, le respondió entrecortadamente.
- Porque hace un momento un chino más grande que yo me dio un tramacazo en un ojo que me dejó viendo un solo greñero. Me dio rabia no haber tenido la fuerza suficiente para haberme defendido. Ahora iré con este ojo hinchado a la casa y de encime mi papá me sacudirá una garrotera por haberme dejado pegar.
Al profesor le causó risa la forma como se expresaba el muchachuelo, pero sofocando el buen humor se agachó a la altura del pequeño y le dijo:
- Bueno niño, debe empezar a aprender que a veces nos enfrentamos a problemas más grandes que nuestras propias posibilidades, pero eso lo que nos impone es el deber de saber superarlas de alguna manera. Ahora míreme, cuando vaya a su casa explíquele a su papá el caso y que me busque para tratar de arreglar la situación tanto con el compañero que lo golpeó, como con su papá, con el fin de orientar el asunto.
El pequeño levantó la cara en la que contrastaba el ojo izquierdo, enrojecido y un poco recrecido por el golpe que recibió. El profesor reconoció que se trataba del pequeño Andrés, del curso quinto primaria, quien siempre se había distinguido por su buen comportamiento, buenas maneras y dedicación al estudio.
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Gracias profe. Guaauuu, me habían dicho que usted era un ogro, pero que bueno que sea distinta la situación y que podamos contarle nuestras cosas.
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¿Pero por qué lo agredió su compañero? –lo interrogó el profesor ignorando el comentario del pilluelo.
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Porque no quise dejarle el balón brazuka que me trajo mi tio de Bogotá. Dijo que yo era un chicanero, pero lo único que yo quería era jugar con mis compañeritos, por eso lo traje, para compartirlo con ellos. Además, como no estábamos en la cancha temí que de pronto comenzara a patearlo y rompiera los vidrios de la ventana de algún salón –comentó el rapazuelo-
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Bueno, no es tan malo que quieras compartir el balón con tus compañeritos, lo que no se justifica es lo que hizo el otro estudiante –le expresó el profesor- ahora, ya no se mortifique más, recoja su morral y vaya a su casa. Cualquier cosa, yo estaré pendiente, no se preocupe pequeño.
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Gracias profe, ahora ya me siento más tranquilo –dijo Andrés, limpiándose los últimos lagrimones que resbalaban por sus tersas mejillas, se puso de pie de un salto, se acomodó el morral y la gorra y se dispuso a marcharse. La hinchazón del ojo golpeado se hacía evidente y lo mostraba casi cerrado en aquella carita simpática.
Salió corriendo con los rebeldes mechones marrones al aire, agitando la mano a manera de despedida.
El profesor se irguió, entró al colegio donde debía controlar la disciplina pues eso era precisamente, el Coordinador de Disciplina desde hacía varios años. En este quehacer se había ganado el respeto tanto de padres de familia, como de sus compañeros y directivos, pero sentía que muchos de sus alumnos le profesaban una tirria casi tangible. Pero no por eso se desanimaba en su ejercicio y sentía que el compromiso con la juventud de su pueblo era su causa y a ella había entregado ya varios años de su juventud.
Ensimismado en el caso del pequeño Andrés, se decía: “deberé tomar cartas en este asunto, no vaya y sea que este carajito que le cascó al chicuelo, lo siga haciendo y esto se convierta en costumbre. Sería gravísimo pues entonces todos estos chicos se acostumbrarían a la agresión y el más fuerte fregaría siempre al más pequeño y al más vulnerable. Esto contribuiría a establecer entre ellos manadas de control, por no decir “pandillas” –sonrió para sus adentros con un gesto de negación ante tamaño término- bueno, ahora lo comentaré con el cuerpo docente y demás directivas.
Entró a la sala de profesores tan puntual como siempre, era el primero en ingresar y el último en salir. Preparó las directrices de aquel día y se dispuso a esperar a que llegaran todos los docentes. Aún faltaban cinco minutos para la hora exacta de reunión, pero sabía que algunos de ellos, víctimas de sus excesos del fin de semana, se retardarían en llegar el doble del tiempo que quedaba. Se resignó a ser víctima de su rigurosa puntualidad y fue cuando comenzó a cavilar, movido tal vez por el incidente con el pequeño Andrés; lo que tanto se había perdido de las buenas maneras para la convivencia de su hermoso pueblo natal.
Meditó que sería excelente volver a retomar por los profesores el compromiso de recordarles a los niños la convivencia observando los grandes valores que debían incorporarse a cada una de sus individualidades para que estos fueran siempre una continua manifestación en lo cotidiano, lo que los convertirá en personitas agradables, en ciudadanos correctos en sus conductas. Estaba seguro que aquello conllevaría a mejorar el ambiente en el colegio.
Entre más lo pensaba sentía que aquélla era una solución acertada pues los comportamientos de la última generación de muchachos ya rayaban en el irrespeto incluso hacia sus compañeros docentes y a él mismo, a pesar de que se preciaba de ser exigente y riguroso con la disciplina en el colegio.
Por la ventana de la oficina de reuniones donde se encontraba, vio que los profesores comenzaban a llegar con los efectos de la modorra del fin de semana. Pensaba si calaría en aquellas mentes aletargadas por los efectos etílicos, la idea que se le acababa de ocurrir pues necesitaba que todos ellos rodearan cada actividad que desataría su proyecto, debía establecerse una sinergia bien comprometida con el propósito seguro que daría unos resultados excelentes.
Comenzaron a entrar al salón sus compañeros, haciéndose chanzas sobre cada una de las patochadas que habían cometido en la parranda del domingo. Una vez comenzaron a evacuar el protocolo de la reunión y hacia el final de la misma el Coordinador introdujo la proposición.
Se trata –dijo- de un proyecto lúdico en el que van inmersos los grandes valores que cada uno de los niños deben incorporar a su comportamiento. No puede ser que esta generación que nos reemplazara ya en pocos años, desemboque por el fatal vórtice de los malos hábitos, la irreverencia, los vicios, ya que, de ser así, solo tendrán acogida en el mundo de la barbarie y el delito. Aún hay algo que frena la situación, creo que son algunos de los abuelos que aún conservan lo venerable de los buenos hábitos en que se condujeron a través de épocas donde los hombres y mujeres de bien encarnaban los valores que orientaban su comportamiento en sociedad.
Incluso hubo bandoleros de leyenda, que aún al margen de la Ley, tenían un nimbo de distinción cuando hacían valer su palabra y tenían credibilidad en lo que prometían fuera para bien o mal de sus víctimas. No les estoy haciendo apología –lo dijo por el asombro que vio en sus compañeros- pero si evoco la profundidad de algunas calidades en esas personas aún en el desparpajo del error, trasmitidas muy seguramente por sus mayores.
Lo que les planteo es la posibilidad que ustedes acojan y se comprometan también con este proyecto que organizaré para que se inserte en la dinámica del colegio, se trata de una actividad pedagógica y agradable donde todos los niños, empezando desde los primeros años, adopten en sus actitudes y comportamientos el reconocimiento a su dignidad como personas. Para esto necesitaremos también, vincular a los padres de familia, ellos son esenciales en éste propósito, ya que son quienes deben educar en casa, para nosotros enseñar en la escuela.
Se nos atravesó el bus y quedamos en un grave estancamiento social, cuando las leyes le atribuyeron y hasta justificaron un grave libertinaje a la nueva generación que estamos educando. Legislaron para facilitar enfrentamientos entre el docente, el padre de familia y el alumno donde se evaporó el respeto y sin respeto nos abocaron al mal trato y desconsideración hacia nuestra tarea de formadores, se creó una cultura que por fácil se fomentó en todos los niveles sociales donde prevalece la intolerancia, el abuso de poder y la manipulación.
Esto lo venía craneando desde hace varios meses, pero hoy me encontré con el caso de un alumno de los grados de primaria, que hallé golpeado por el solo hecho de no haberle dejado su balón a un holgazán intolerante, más grande que él y por esto lo lastimó. Fijémonos entonces que cuando un niño vive o sufre situaciones similares, crece con esa inconformidad pues a pesar que pregonemos que todos tienen unos derechos, unas libertades, si no se llevan apropiadas dentro de sí y en la práctica, todas esas teorías se desvirtuarán con el tiempo.
Entonces, retomando mi iniciativa, propongo que ustedes adopten la actividad como un área más o se inserte en la cátedra de ética, pero no con sola filosofía, va a ser distinta, pues vinculará a los estudiantes a través de actividades lúdicas que los lleven a ser creativos y a descubrir lo agradable de conducirse por espacios de sana convivencia con una buena interacción. Estoy seguro que esto calará en el aprendizaje de estos chicuelos, se les hará seguimiento para fortalecer las experiencias que asimilen y el resultado, será juventudes más valiosas, humanizadas y dignas para el desempeño de su rol en sociedad, tanto como profesionales como también cabeza principal de la célula social: la familia.
Un niño formado en valores, atesorará en sus vivencias de adolescente, joven y adulto, todo lo grato de las experiencias que pudo superar armado de respeto, comprensión, tolerancia, confianza, lealtad, servicio, bien común, liderazgo, solidaridad, responsabilidad entre otras muchas virtudes.
Todo esto lo convence que encarnar en su conducta tales valores lo llevarán a ser una persona íntegra y a vivir en armonía con su entorno. Por lo tanto, con este bagaje de excelentes experiencias, las transmitirá a sus hijos y tendremos generaciones formadas en el reconocimiento a su dignidad como personas.
¿Qué me dicen apreciados colegas?
Los docentes estaban embelesados con la exposición de su compañero, pero recomponiéndose frente a la pregunta, de una contestaron:
- Consideramos que está bien sustentado el proyecto. Nos comprometemos, pero debemos tener el apoyo del colegio con algunos materiales que se requieren para las actividades creativas como el teatro, el cuento, el dibujo, el poema, la poesía, pues todas estas son actividades lúdicas. Y les ayudarán a apartarse de sus habituales conductas.
Les agradezco mucho su adhesión a esta iniciativa, créanme que no será en vano y que entre todos vamos a lograr un mérito para este Colegio, que hasta el momento ha sido pionero en la formación de las juventudes de Paz de Ariporo. Gracias.
Los docentes salieron hacia sus salones, con una cierta pasión por lo que acababan de escuchar, pues consideraban el proyecto como una herramienta más para que los muchachos se formaran en su criterio, una realidad sobre la dimensión de su propio ser
EL CONFLICTO ENTRE EL PADRE DE ANDRES Y EL PADRE DE SERGIO
El Coordinador de disciplina cavilaba sobre todos los componentes que debía tener su proyecto y salió entusiasmado por haber obtenido el apoyo unánime y firme de sus compañeros. Se dispuso a salir para investigar en la biblioteca del colegio todos los módulos de la nueva actividad que se proponía, cuando se dio de tope con el pequeño Andrés y su enojado papá, que lo zarandeaba y reconvenía por lo bajo. Cuando vio al profesor, le dijo encolerizado:
- Como es posible licenciado que sucedan esta clase de cosas en este colegio, donde supuestamente enviamos a nuestros hijos a que aprendan los modales que nosotros por nuestra ignorancia no logramos explicarles. Mire como me dejaron al muchacho.
Cómo es que toca porque así nos están casi que obligando a tomar partido por la violencia, es muy triste ver llegar a nuestros hijos todos lastimados, quisiera pedirle el favor me explicara que fue lo que pasó porque si es el caso vengo dispuesto a agarrarme con el taita del sinvergüenza que me jodió de esa manera a mi chino.
- Cálmese don Favio –le dijo el profesor- yo ya mandé a llamar al papá del muchacho, que ha tenido ya varios problemas en coordinación por agresivo, por intolerante e irrespetuoso. Esperemos un momentico a ver si se presenta con el hijo y vamos a decidir de una vez este penoso caso.
Los tres esperaron casi como diez minutos, cuando apareció el muchacho agresor con su papá. Se trataba de don Fernando, el mecánico del pueblo y de su hijo Sergio, que entró sin saludar a nadie y con ese aire insoportable de arrogancia y actitud irreverente.
- Siga don Fernando y siéntense, vamos a tratar de enterarnos por los muchachos que fue lo que pasó. Díganos Sergio usted porqué golpeó al pequeño Andrés de esa manera, no tuvo en cuenta que usted es mucho mayor que él y no tenía por qué abusar de su tamaño y de la vulnerabilidad de ese niño.
Sergio miró de arriba abajo al profesor, después se fijó en el pequeño Andrés que continuaba con el ojo totalmente cerrado por el golpe y con un moretón debajo del párpado. Soltó una carcajada sorda que enardeció al profesor.
- Estoy esperando su respuesta, muchacho.
Don Fernando tenía una expresión de incomodidad por la conducta de su hijo y salió a reforzar la pregunta del coordinador.
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Conteste jovencito, qué pudo haberle hecho este pequeño para que lo golpeara así, eso es aprovecharse de la situación.
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¿Pero qué cucho –le respondió irrespetuosamente a su padre- vino también a caerme encima?… Yo quería jugar con el balón de él y como no me lo prestó a las buenas, le zampé su coñazo y qué –y se alzó de hombros de manera grosera e irreverente-
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Y por qué no trata de darme a mí un coñazo también –le atajó don Favio- así quedaríamos bien saldados, porque veo que usted ni a su papá respeta, entonces lo que le falta es que alguien le zampe una trompada en donde su mama le puso la teta. No sea aprovechado con los más pequeños, si al menos mi hijo fuera de su edad yo lo castigaría por no defenderse de un barbaján como usted.
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No llevemos las cosas a esos extremos don Favio –terció el Coordinador- veamos a que acuerdo llegamos con don Fernando.
-
Yo solo atino a presentar disculpas por el mal comportamiento de este muérgano muchacho, es tremendo lidiar con la crianza de una criatura formada a sus anchas, sin corrección porque ellos mismos se encargan de amenazarlo a uno que si los castigamos se quejan con Bienestar Familiar. Pero cuando cometen una falta o se meten en algún problema, ahí sí es el padre de familia el que tiene que responder. No entiendo como son las leyes ahora. Esto es una alcahuetería, una sinverguenzura. Lo que tenga que hacer profe, hágalo.
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Bueno, en ese caso, propongo lo siguiente –comentó el docente- lo primero que deberá hacer Sergio, es pedirle una disculpa sincera al pequeño Andrés y prometerse así mismo, que en adelante observará un comportamiento moderado y cortes con sus compañeros de colegio, sean pequeños o grandes, usted Sergio, tiene que tener en cuenta que cada uno de los estudiantes tienen unos derechos, el principal de ellos a ser respetados en su integridad.
El muchacho, continuaba con su actitud de prepotencia, tarareaba una canción de reguetón y daba a entender con su actitud que lo que estaban hablando los allí presentes no era con él, ni le interesaba en lo más mínimo.
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Si continúa con esa actitud de insolencia, no tendré más remedio que suspenderlo del colegio y ahí si quedaría a su disposición don Fernando, para que lo ponga a trabajar en el taller.
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Cómo así, cómo así… venga profe, que hay por hacer, no la monte de alegría. Bueno parcerito –dijo dirigiéndose a Andrés- perdone el guantón que le di, no le volveré a coger su balón, choque puñito.
El pequeño Andrés cerró el puñito y lo chocó con el del Sergio, después el chico manifestó:
-
Bueno pá’ perdone que lo haya puesto en esta situación, trataré en lo posible de comportarme. Creo que la iba embarrando. Perdone papá de Andrés.
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Las cosas así están mejor –adujo el Coordinador- bueno es que esa consideración sea sincera en usted Sergio, porque si es así, formaría parte del equipo con el que fortaleceremos un proyecto de buenos modales en el colegio. Participar en estas actividades a partir de la experiencia, retroalimenta el ejercicio y el resultado del proyecto.
La esencia de la iniciativa está relacionada con las buenas prácticas de convivencia.
No solo en nuestro entorno como humanos, sino también en la naturaleza, pues de su conservación depende seguir sosteniendo la existencia de la humanidad.
Entre nosotros, lo preocupante es tratar de establecer buenas prácticas donde los valores morales sostengan nuestras vidas en un marco donde el mayor actor sea la paz, por favor señores, hay que trabajar incansablemente en procura de este bien supremo. Pero eso lo analizaremos después.
- Bueno, yo también le presento mis disculpas a don Favio por la aporriada de su muchachito, que vainas en las que lo meten estos muchachos a uno. Bueno y si me lo permiten, me retiro que debo hacer unos remiendos al carro de don Jorge Silva.
Don Favio le contestó el saludo de despedida sin darle la cara a don Fernando quien salió con su hijo.
- Después hablaremos usted y yo Sergio. Quedamos con algo pendiente -escuchó que le espetaba el docente al grandulón-
El chico salió a las zancadas.
-
¿Pero bueno, como quedo yo con mi muchachito –dijo don Favio- solo con el machucón y una disculpa? Definitivamente que mi taita si decía que el que pega primero, pega dos veces. Jodida la vaina profe, uno no queda como muy conforme con estas soluciones y la inconformidad es la que lleva siempre ha tomar decisiones de violencia.
-
A veces las situaciones nos llevan a aceptar soluciones que no son muy de nuestro agrado, pues nos parecen injustas, pero a consecuencia de esta situación y con el fin de frenarla, le comento que tengo proyectado desarrollar una iniciativa para que vuelvan a fortalecerse los valores morales en los niños, niñas y jóvenes de este colegio. Para eso tengo pensado que participen el pequeño Andrés que tiene muy buenos modales, es aplicado y responsable con sus estudios y muy respetuoso con todos. Igualmente, su polo opuesto, o sea este calavera de Sergio que anda siempre fastidiando a todo el mundo, pero que si tiene voluntad de cambiar, nos servirá como referente de lo errado que es andar en malas actitudes y hábitos desagradables. Entonces don Favio, voy a necesitar que también los padres de familia, rodeen la realización del proyecto, lo refuercen con un compromiso sinigual en la casa, pues a través de sus niños pueden investigar cómo vamos avanzando y “nos darán el aval de los resultados, los cuales se reflejarán en la conducta de cada uno de sus hijos.
-
Bueno, esa es una noticia alentadora –dijo don Favio cambiando su actitud de enfado- yo confío en la seriedad de este compromiso y en su liderazgo, licenciado, ya que, así como vamos terminaremos agarrándonos hasta los viejos por defender los muchachos. Porque dejémonos de vaina, nadie quiere ver sus hijos machucados y vueltos chicuca.
“De razón que el chico habla con ese tono pintoresco, es que el viejo es el del ejemplo. Tengo ganas de reír, pero me las aguanto por darle altura a la charla” –pensaba el Coordinador-
-
Bueno mi pequeño Andrés, pilas con las tareas pendientes porque mañana tiene que madrugar más que de costumbre, ya que aparte de los oficios en los que deba ayudar en su casa, tendrá que ayudarme a organizar las fases del proyecto que les he comentado y precisamente, empezaré mañana en cada salón a darlo a conocer. Cuento como les dije, con alumnos, docentes y padres de familia, para que ellos se integren a las actividades que integrarán esta iniciativa para que la sostengan en el tiempo.
-
Si que nos será de ayuda esa nueva actividad profe –dijo dulcemente el pequeño- al menos mermará el mal trato que a veces nos dan los muchachos más grandes del colegio. Yo voy a grabar en mi corazón que debo evitar golpear a un niño más pequeño que yo, que nunca debo maltratarlo o quitarle sus cosas personales, pues eso deja tristeza en nuestro mundo de fantasía donde no hay cabida para el dolor o la violencia, todo se habla con libertad, pero cuidando de no dañar a nadie, por lo mismo no hay posibilidad para la agresión. Lo digo, porque siempre hablo con mis amigos imaginarios con los que ando por la montaña, por los caminos de la vereda, en las cañadas de la finca… todo con ellos es increíble –decía meditabundo el chicuelo-
El docente le alborotó el pelo al pequeño Andrés con las manos en una especie de gesto afectuoso. Después, volviéndose a don Favio, le comentó:
- Gracias por venir don Favio, cuídeme a mi alumno, su caso fue crucial para dar paso a este lindo proyecto que nace para nuestros niños, adolescentes y nuestros jóvenes, nuestro colegio –Esto último lo dijo con un fervor que rayó en una voz emocionada y a punto de quebrarse.
Reflexión sobre valores
“En cada historia de ‘Tardes de Misterio’ encontramos caminos que nos enseñan a valorar lo que muchas veces olvidamos: el respeto, la solidaridad, la verdad y la rectitud. Estas pequeñas lecciones, como semillas, pueden florecer en nuestra vida cotidiana si aprendemos a escucharlas y vivirlas con el corazón abierto. Y sembrándolas en las páginas candorosas de cada infancia de nuestros hijos.
Quien siembra respeto, tolerancia y amor/ tendrá siempre asegurado un destino lleno de esplendor.
La verdad es estrella, que nunca se esconde/ hay que seguir su luz, aunque el dolor nos ronde.
“Si estas palabras y coplas despertaron en ti alguna emoción, te gustará descubrir lo que sucede en ‘Tardes de Misterio’. Cada capítulo guarda secretos y enseñanzas que solo tú podrás desvelar. ¿Te atreves a continuar la historia?”
메타데이터
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