Ecuador está mal hecho, №2: apagones
Veamos cómo es imposible resolver el problema de los apagones en el paisito.
Ecuador está mal hecho, №2: apagones

¡Tan sólo tres horitas de apagón hace un año…! ¡Y nos parecía insoportable!
Veamos cómo es imposible resolver el problema de los apagones en el paisito.
Ten en mente el concepto de “entropía”: la tendencia gradual de todo sistema al caos. Para simplemente mantener las cosas igual, se requiere constantes inversiones de recursos y energía. Si no, todo se deteriora rápidamente.
Piensa en un auto. Ser dueño de uno cuesta varios cientos de dólares al mes, y eso suponiendo que ya pagaste la deuda. Constantemente requiere cambios de aceite, matrícula, mantenimiento, repuestos, llantas, seguro, multas fantasma (así es el paisito) etc., *y esos costos aumentan con el paso del tiempo, mientras el auto se va depreciando: un autito viejo se ha depreciado mucho y se daña constantemente. Por eso, lograr que simplemente ruede *requiere invertirle dinero constantemente; no se diga mejorarlo (tunearlo), que costará mucho más aún.
Asimismo piensa en un negocio. Si la familia te pone a administrar el negocio familiar, digamos que un mes el negocio tuvo ventas de unos tres mil dólares. “¡Wow! Ya tengo para irme de compras a Miami!”, piensas. Pero no: no todo es ganancia; de lo recaudado debes pagar sueldos, debes volver a comprar mercadería, debes pagar servicios básicos… Recuerda que todos los activos fijos también se van depreciando, y más pronto que tarde debes reemplazarlos, por lo que debes ahorrar para ello. Y si quieres expandir el negocio, también debes ahorrar y acumular más capital. ¡Te quedará mucho menos de los tres mil dólares que creías tener!
Si abres una nueva tienda y lanzas una nueva línea de productos, el precio que cobras ha de reflejar todo eso. Si compras al por mayor a $10, no puedes simplemente revender a $12 para tener una ganancia de 20%; debes incluir los gastos de operación del negocio, la depreciación de los activos, los sueldos, el ahorro para expandirte, los impuestos, las pérdidas y robos… Probablemente todo eso te obligue a poner un precio mayor de, digamos, $20, y descontado todo lo anterior, con suerte te quedará un margen de utilidad de alrededor del 15%, lo cual es el sueño húmedo de algunas industrias.
Pues lo mismo debería ocurrir con la infraestructura eléctrica estatal: se deteriora rápidamente, debe dársele mantenimiento, debe invertirse en aumentar su capacidad de producción de electricidad a medida que aumenta la población y crecen las ciudades. Pero la ley prohíbe hacerlo. Sí, como lo lees. Así de irracional es nuestro paísito. Y sí, la ley la dejó Correa.
En el artículo anterior de esta tercermundista miniserie, vimos que la ley pretende obligar al gobierno a hacer algo imposible: a gastar cada año el doble de lo que se recauda, tan sólo en preasignaciones; es decir, en gastos corrientes, antes de hacer cualquier obra. Y como país irracionalmente nos sorprendemos e indignamos cuando no se lo logra.
Recordemos que es imposible gastar 35 cuando sólo se recauda 19 (y nadie te presta por estar sobreendeudado y ser mal pagador). Un presidente o ministro de economía responsable debería cortar “con motosierra” el gasto público, que recuerda que en nuestro caso no es ningún gasto (pues es imposible gastar 35 si sólo se tiene 19) sino sólo “promesas de gasto”; se debería sincerar el presupuesto y decirle al país: “te prometieron el doble de lo que el gobierno te puede dar. Dejemos las mentiras de lado”. Eso sería lo responsable.
Pero ¿qué es probable que ocurra? La asamblea probablemente le haga juicio político a tal ministro y lo destituya. Las cortes declararían inconstitucional el recorte del gasto, porque viola la ley; una ley irracional que obliga a gastar más de lo que se tiene, aunque sea matemáticamente imposible.
El siempre lúcido y pedagógico economista Vicente Albornoz ha lanzado la hipótesis que las constituciones del paisito reflejan el precio del petróleo: cuando está bajo como en 1998, nos ponemos prudentes y sólo le ponemos tareas mínimas al estado; cuando está alto y subiendo como en 2008, nos comportamos como marineros borrachos y le asignamos al estado la tarea de ser botarate, creyendo que el dinero nunca se acabará.
Allá por 2017 a fines del gobierno de Correa yo mismo afirmé que, a la luz de los datos, desde el retorno a la democracia el verdadero presidente del Ecuador era el petróleo: “buen presidente” cuando está en boom, y “mal presidente” cuando se desploma.
(Y hoy en día no podemos beneficiarnos de los altos precios del petróleo, ya que el presidente Correa dejó un estado parasitario y obeso, de aproximadamente el doble de lo que lo encontró: pasó de consumir el ~20% al ~40% del PIB. Hasta que no recortemos el gasto público, no volveremos a ver crecimiento económico y reducción de pobreza.)
Walter Spurrier en su excelente artículo “El fatídico mandato 15” recuerda que la asamblea constituyente, en pleno boom petrolero, no sólo estatizó el mercado mayorista eléctrico en el que participaban empresas privadas, lo cual ya era bastante malo; pero lo peor fue que ¡literal y textualmente prohibió que las eléctricas públicas recuperasen la inversión a través de la tarifa!
Claro, si el estado “nadaba en dólares” por el boom petrolero, muy generosamente el estado “regalaría” al pueblo las hidroeléctricas que fueren necesarias. Así la tarifa sería artificialmente baja, pues no se recuperaría lo invertido (con la meta de reinvertir) ni se tomaría en cuenta la depreciación y mantenimiento. “Olvídate de todo eso, yo siempre estaré aquí para cuidarte” dice el magnánimo estado, agitando un fajo de billetes.
Leamos cómo inicia el propio mandato 15:
Art. 1. — El Consejo Nacional de Electricidad — CONELEC — , en un plazo máximo de treinta (30) días, aprobará los nuevos pliegos tarifarios para establecer la tarifa única que deben aplicar las empresas eléctricas de distribución, para cada tipo de consumo de energía eléctrica, para lo cual queda facultado, sin limitación alguna, a establecer los nuevos parámetros regulatorios específicos que se requieran, incluyendo el ajuste automático de los contratos de compra venta de energía vigentes.
Estos parámetros eliminarán el concepto de costos marginales para el cálculo del componente de generación; y, no se considerarán los componentes de inversión para la expansión en los costos de distribución y transmisión.
Los recursos que se requieran para cubrir las inversiones en generación, transmisión y distribución, serán cubiertos por el Estado, constarán obligatoriamente en su Presupuesto General y deberán ser transferidos mensualmente al Fondo de Solidaridad y se considerarán aportes de capital de dicha institución.
Lo importante son el segundo y tercer párrafos: no sólo que en la constitución que estaban por lanzar se estatiza la producción y distribución de electricidad, sino que en lenguaje burocrático se le prohíbe a las eléctricas estatales recuperar a través de la tarifa los costos de las inversiones para expandir la capacidad de producción y distribución de electricidad, y el mantenimiento de la infraestructura ya existente.
El estado era como un padre próspero y magnánimo que dice: «hijos, no se preocupen. Mientras yo viva, no les faltará nada». ¡Zas! Muere o se queda sin empleo. Todos los arreglos previos quedan invalidados; a los hijos les tocará arreglárselas.
Y el problema adicional es que nadie sabe cómo derogar esos #$%& mandatos: la propia constitución puede reformarse o enmendarse con un enredado procedimiento, pero no hay procedimiento legal alguno para modificar o derogar los mandatos de la asamblea constituyente. La única manera sería acaso una nueva asamblea constituyente, y el riesgo que el correísmo vuelva a conseguir una bancada significativa (y bloquee reformas significativas) es aún alto.
He ahí las razones de los apagones: por un lado, un estado sin dinero para dar mantenimiento a la infraestructura eléctrica, peor aún ampliar la capacidad de generación; y por otro, una ley irreformable e inderogable que irracionalmente le prohíbe al estado recuperar las inversiones y acumular capital para ampliar la generación a través de la tarifa eléctrica.
¿Soluciones? ¡Siempre! Empezando por subir las tarifas. Nuestros vecinos pagan más del doble para no tener apagones, y algunos países centroamericanos más humildes que nosotros, también.

Fuente: diario Expreso
Solo así lograremos que tarifas cubran costos de mantenimiento y permitan ampliar la generación y cobertura.
(Y no, no es cierto que “hay que cobrarles a los ricos y ahí sí habrá plata para mantenimiento y ampliar producción”. Como expliqué en el microblog, aunque les quitásemos hasta el último centavo a “los ricos”, eso sólo alcanzaría para la cuarta parte del déficit de ese año, y al año siguiente “ya no habría ricos” a quienes expoliar. Nuestros problemas no son coyunturales, sino estructurales.)
Segundo, aceptar que casi ⅔ de electricidad del mundo viene de quemar combustibles fósiles y que las hidroeléctricas no funcionan en épocas de sequía prolongada. En el caso de Perú, «siempre fue hídrico, pero a partir de [2004] apareció la generación con gas natural», logrando invertir su producción, siendo hoy la termoeléctrica el 56% de su producción. Debemos hacer otro tanto, e invertir rápidamente en otras fuentes de generación como termoeléctricas a diesel y gas, y geotérmicas, abriéndonos a la inversión privada.
Tercero, abandonar las irracionales ensoñaciones que nos atan a estos problemas, reflejadas en leyes y presupuestos irracionales; y tener legislación y presupuesto razonables y ajustados a nuestra realidad.
¿Qué opina, estimado lector?
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