Susana Solís: última llamada para Europa
DECÁLOGO PARA LA DIGITALIZACIÓN SOBERANA, DEMOCRÁTICA E INTEGRADORA DE EUROPA
Susana Solís: última llamada para Europa
DECÁLOGO PARA LA DIGITALIZACIÓN SOBERANA, DEMOCRÁTICA E INTEGRADORA DE EUROPA
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La cuarta revolución tecnológica llega cuando Europa aún no ha logrado cerrar la brecha abierta respecto a otros países que más aprovecharon su impulso. Además, dado que la actual toma forma en el momento en el que la Unión Europea ha impulsado su construcción institucional, permite a la Unión adoptar un papel activo que permita adoptar soluciones y aunar esfuerzos para hacer frente al reto de colocar a Europa entre los actores principales.
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La actual revolución se basa en la automatización, tanto en una nueva generación de robots como en el desarrollo de código y software que se traduce en el uso de una Inteligencia Artificial (IA). Estos nuevos avances no serían posibles sin el desarrollo de la industria del dato, posible a su vez gracias al aumento de la sensorización, al crecimiento exponencial del número de dispositivos electrónicos conectados y al desarrollo de infraestructuras.
Esta caracterización exige la concienciación por parte de las administraciones públicas y de la sociedad de la necesidad de fomentar y regular los mecanismos que hacen posible el desarrollo de estas nuevas tecnologías así como su uso y explotación. Hay que garantizar y vigilar el adecuado uso de los datos, tratando de evitar que su uso constituya una amenaza estratégica para Europa. No existe, así, alternativa a la autonomía digital de la UE donde el control del uso y almacenamiento de los datos se ajuste a los valores democráticos europeos. La soberanía digital y tecnológica de la UE pasa por diseñar, desarrollar y controlar qué tipo de transformación digital queremos.

La llamada Brújula Digital de la UE, compuesta de 12 objetivos, es un ejemplo de que las instituciones europeas comprenden el reto y, por ello, no han cejado en actuar en este sentido. Sin embargo, y a pesar de esto, es necesario revisar cuáles son los principales retos a los que se enfrenta y qué acciones son necesarias incluir, intensificar o reconsiderar en los próximos años. Este documento se ocupa de esta tarea explicando los retos a los que nos enfrentamos y las respuestas que la UE puede ofrecer en forma de decálogo ordenado. En esencia, la UE debería actuar en todos los eslabones de la cadena de valor. Empezando por las infraestructuras (datos, 5G y cloud), la disponibilidad de los factores necesarios (inversión en capital humano, empresarial y conocimiento) siguiendo por la creación de ecosistemas de innovación, muy dependiente de los anteriores y tratando de apoyar a las derivadas sectoriales concretas para crear líderes empresariales globales sin perder de vista la necesidad de hacer esta estrategia inclusiva a todos los ciudadanos. Del mismo modo, esta estrategia debe ser sensible tanto a la dimensión humana, con aspectos como la formación, la inclusión o la salud, y lograrlo en un entorno respetuoso con el medio ambiente desde todas las dimensiones, en particular territorial y local.
En concreto, el decálogo propone la enumeración de diez aspiraciones que deben guiar la agenda digital europea. Resumiendo, estas diez apuestas son:

- Por una Europa soberana en lo digital: datos, infraestructuras, confianza y valor. La digitalización de la sociedad, de las administraciones y, en especial, del tejido productivo europeo no es una opción. Además de los efectos positivos en el valor añadido y en el bienestar es absolutamente necesario que Europa encuentre su lugar en un mundo global muy competitivo donde nuestros competidores llevan ventaja. La autonomía es fundamental para vehicular una digitalización conforme a los valores europeos.
- Por una Europa contra la desinformación. El desarrollo de internet, la democratización de su acceso y el crecimiento de plataformas ha permitido un acceso a la información sin precedentes. Este acceso, que bien entendido favorece el desarrollo de las economías, la capacidad crítica de la sociedad y la rendición de cuentas, permite, a su vez, la difusión interesada de noticias falsas que pueden erosionar los derechos de los ciudadanos y los valores democráticos que Europa defiende. La lucha contra la desinformación es, a su vez, una apuesta por la defensa de los derechos y valores europeos.
- Por una Europa innovadora en lo digital. Construir Europa implica, también, construir mercados únicos y, con ello, aprovechar las economías de escala para contar con un tejido capaz de competir con las grandes potencias económicas globales. Para ello, la apuesta por lo digital debe ir orientada a favorecer el nacimiento, crecimiento y transformación de nuevas empresas para lograr posicionar a la Unión Europa y su tejido productivo en el lugar que necesita y se merece.
- Por una Europa impulsora de una inteligencia artificial respetuosa con los valores europeos. Uno de los grandes ejes de desarrollo tecnológico de las últimas décadas corresponde a la cada vez mayor implementación de sistemas de inteligencia artificial económicamente eficientes. Europa debe aprovechar todo el potencial de la misma, pero sin olvidar que debe, a su vez, preservar los derechos de los ciudadanos ante posibles usos de esta. Es prioritario encontrar un equilibrio entre ambos objetivos, es decir, fomentar el desarrollo de la inteligencia artificial sin menoscabar los fundamentos democráticos y de derechos que son inherentes a la sociedad europea.
- Por una Europa que apoye la digitalización de pymes, trabajadores y ciudadanos. Es desde la sociedad, desde la creación de ecosistemas empresariales y desde la participación de todos los actores implicados sobre los que se debe construir el proceso de la digitalización. La eliminación de brechas y/o discriminación en lo digital debe considerarse como una política trasversal con rendimientos no solo económicos, sino también sociales, de igualdad y de género.
- Por una Europa que garantice los mejores servicios en salud. Europa ha apostado por la consolidación de un proceso de digitalización asegurando el acceso de los ciudadanos a datos sanitarios y el intercambio con otros países, mejorando la información para avanzar en la investigación, la prevención de enfermedades y la salud y asistencia personalizadas y reforzando las herramientas digitales para la capacitación de los ciudadanos y la asistencia. Pero aún quedan tareas que realizar, como mejorar la interoperabilidad, la capacitación de los profesionales y la ciudadanía y creación de un ecosistema que favorezca la innovación y la investigación.
- Por una Europa que incentive una economía de las plataformas dinámica, innovadora y respetuosa con la competencia. Los beneficios de la actividad de las plataformas están fuera de duda, así como, también, los posibles costes a los que se pueden enfrentar los ciudadanos europeos. Es necesario una regulación de las plataformas que garanticen los derechos de estos últimos pero que favorezca, de nuevo, el aprovechamiento de todo el potencial. Europa apuesta en este sentido por revisar e innovar la regulación sobre los mercados ante uno, el de las plataformas, donde los elementos particulares e idiosincrásicos son inherentes a su propia naturaleza.
- Por una Europa de ciudades inteligentes. La implementación de la agenda digital tiene un componente territorial. Buena parte de la misma debe implementarse a nivel local, ya que es en este dónde se generan los ecosistemas innovadores y, además, es donde el eje digital se entrecruza con el medioambiental, mediante el desarrollo de mejoras técnicas en los sistemas de transportes o de servicios públicos. La apuesta de la Comisión en este sentido es clara y toda una estrategia de desarrollo de ciudades inteligentes está en marcha.
- Por una Europa digital respetuosa con el medioambiente. El futuro o es verde o no será. La agenda digital debe y puede reforzar la estrategia medioambiental a largo plazo de la Unión Europea. Las oportunidades que las nuevas tecnologías ofrecen son claramente positivas. De nuevo, la ciudad es en buena parte el espacio donde implementar parte de estas estrategias, pero es obvio que otras opciones se abren a las políticas medioambientales desde lo digital.
- Por una Europa que avance a una sola velocidad. Europa tiene una dilatada experiencia en políticas de integración territorial. Es, además, una de las políticas más evidentes y cercanas a los ciudadanos desde hace décadas. Lo digital viene a reforzar la creación del valor añadido de no pocos sectores, pero se corre el peligro de ahondar en las diferencias entre los territorios gracias a la existencia de economías de escala y de localización. No obstante, del mismo modo, la digitalización ofrece oportunidades para lograr la incorporación de territorios con poca densidad de empresas y población al carro del desarrollo. La Comisión es consciente de ello y en su estrategia digital está presente las acciones que tratan de lograr que no haya una Europa a dos velocidades.
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