La moneda del localismo
Las monedas locales son un auténtico movimiento social que ofrece una alternativa al neoliberalismo y un modelo de desarrollo local
La moneda del localismo
Las monedas locales ya representan un auténtico movimiento social que ofrece una alternativa al neoliberalismo y un modelo de desarrollo local
Jeremy Fox

Libras de Bristol. (Foto: Mark Simmons)
Dos o tres veces al año, voy y vuelvo entre Londres y Valencia, una responsabilidad familiar que no es menos agradable por el hecho de ser cansina. Siempre que me resulta posible en estos viajes de tres días, paso al menos una noche en una remota posada que encontré hace algún tiempo en la Francia rural. Ubicada en lo alto de una colina, en la montañosa región de Auvernia, la posada ofrece vistas espectaculares del entorno y unos anfitriones que son inusuales, no solo por la calidez de su bienvenida, sino también por su cocina cien por cien orgánica y su dedicación a la conservación del medio ambiente. Minimizar los residuos y las fuentes de energía no renovables, así como maximizar el uso de productos locales, son sus principios de conducta.
Las verduras son frescas, cultivadas en su propia huerta. La carne y el queso proceden de granjas cercanas. Las setas silvestres son de los prados del lugar. El desayuno incluye yogur casero y pan horneado al amanecer por la anfitriona, que utiliza trigo cultivado en el valle. La posada es pequeña, producto de trabajos de rehabilitación que se han desarrollado lentamente a partir de un desordenado conjunto de edificios de una granja abandonada hace años. Los huéspedes nunca son más numerosos que los que se pueden acomodar alrededor de la mesa rústica del comedor de la casa principal, y puesto que la posada se encuentra al final de una escarpada y estrecha carretera que no es fácil recorrer, quienes persisten y llegan al final suelen ser interesantes conversadores, como lo son los anfitriones. He cenado allí en compañía de profesores universitarios, periodistas, músicos, arquitectos, arqueólogos y también con una pareja de voluntarios de ayuda humanitaria que se dirigía al África occidental que fue colonia francesa.
Durante una de mis escalas allí, hace aproximadamente un año, un amigo de los dueños entró para tomar algo después de la cena. Vivía a cierta distancia en el otro extremo de Auvernia y regresaba a su casa tras haber dado una conferencia a un grupo de pequeños empresarios y ciudadanos. Consciente de que los huéspedes que estaban sentados a la mesa eran de otras regiones, expuso un resumen de su charla y de lo que, claramente, era su pasión, a saber, el *doume. Siendo el único extranjero presente y viendo a los otros huéspedes asentir sabiamente al oír la palabra, dudé en interrumpir el discurso de nuestro improvisado conferenciante preguntándome qué significaría esa palabra. El contexto me llevó finalmente a comprender que el doume* es un tipo de moneda local, pero puesto que ya era tarde y tenía que salir temprano al día siguiente, no había tiempo para saber más.
No obstante, en mi visita más reciente, mis anfitriones, que son entusiastas del doume, me explicaron qué es y cómo funciona.
Las monedas locales suponen un rechazo de los principios neoliberales más fundamentales: la primacía del mercado y la monetización de los valores humanos
El doume es un medio de intercambio para uso exclusivo en el departamento de Puy-de-Dôme. La cooperativa local — la ADM63 (Asociación para el Desarrollo de Monedas Locales en Puy-de-Dôme) — creó el Banco Doume, que es el que emite los billetes con varias denominaciones y cuyo valor es fijado en paridad con el euro. Con el fin de comprar y vender con doumes, las empresas se unen a la ADM63 por una cuota nominal. De esa forma, pueden comprar doumes y usarlos para comerciar con otras empresas y clientes. Cada doume emitido está respaldado por un euro guardado en reserva en el banco y las empresas pueden reconvertir sus doumes a euros, aunque se les anima a no hacerlo salvo en casos de emergencia o si se encuentran con más doumes que los que pueden utilizar, o si necesitan euros para pagar impuestos y tasas. Los consumidores pueden comprar doumes, pero no reconvertirlos.
¿Por qué habría de querer alguien usar una moneda paralela?, pregunté. Porque nuestro doume solo es utilizado para el comercio, fue la respuesta. Cuando compras en un supermercado o una cadena de establecimientos, los beneficios van a otra parte, incluso puede que terminen en paraísos fiscales. En el mundo de las finanzas nacionales e internacionales, las monedas son objeto de compraventa y especulación. Por el contrario, con el doume no hay fugas: la moneda, los intercambios y los ingresos se mantienen en la escala local. Lógicamente, los beneficios de los compradores y los vendedores son también locales, y todo lo que se requiere para producirlos es que el doume circule entre las empresas y los clientes. Su mera existencia favorece a los productores locales y desincentiva la rapiña de las multinacionales, reduciendo así los transportes de mercancías desde otros lugares y los daños ambientales asociados con esos movimientos a gran escala dentro y entre países. En Puy-de-Dôme, centenares de empresas están utilizando el doume. Además, es solo una de las varias docenas de monedas similares que hay en otras partes de Francia.
Mientras tanto, ¿qué pasa en Reino Unido? Mis bien informados anfitriones me aseguraron que en Reino Unido hay un movimiento similar. Mencionaron la libra de Totnes, la libra de Brixton y la libra de Bristol, y me dijeron que en Bristol el alcalde recibe su sueldo en la moneda local. En Totnes, los ciudadanos tienen varias maneras de utilizar las libras de Totnes: además de los billetes, pueden pagar con un mensaje de texto a través de una cuenta electrónica o utilizar una aplicación de teléfono móvil.
Las monedas locales del tipo descrito aquí son más revolucionarias de lo que puede parecer a primera vista, sobre todo suponen un rechazo de los principios neoliberales más fundamentales: la primacía del mercado y la monetización de los valores humanos. Subvierten un principio básico del libre comercio, en el sentido de que favorecen a los productores locales, no mediante descuentos especiales o aranceles proteccionistas, sino porque constituyen un medio de intercambio centrado en la localidad y exclusivo de la misma. Los clientes pueden gastar los doumes que tienen en su bolsillo únicamente con las organizaciones de Puy-de-Dôme afiliadas a la moneda, todas las cuales, sin excepción, son de propiedad local.
Quizás las monedas locales representen un paso hacia la idea sugerida por Ernst Schumacher en su innovador, y ahora lamentablemente olvidado, *Lo pequeño es hermoso*.
“Las personas solo pueden ser ellas mismas en pequeños e inteligibles grupos” (Schumacher)
“¿Cuál es el significado de la democracia, la libertad, la dignidad humana, el nivel de vida, la autorrealización, el logro?”, preguntaba Schumacher. “¿Es una cuestión de bienes o de personas? Evidentemente, es una cuestión de personas. Pero las personas solo pueden ser ellas mismas en pequeños e inteligibles grupos”.
Las monedas locales pueden ser una forma de ayudar a aflojar el vínculo que ha existido, desde la revolución industrial, entre desarrollo socioeconómico y degradación medioambiental, entre bienestar humano y supervivencia humana, entre un planeta habitable y uno moribundo.
Jeremy Fox es escritor, periodista y consultor. Es uno de los fundadores de Democracia Abierta y presidente de su consejo editorial.
Publicado originalmente en openDemocracy
Traducción: Javier Villate (@bouleusis)
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