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“Cuando la economía se recuperó, ellas seguían esperando: El rezago del empleo femenino tras la…

Por: Isidora Palacios y Manuel Olarte

Manuel Olarte V · 2026-06-29 22:11 · 0 claps · 4.3 min read
#pandemia #covid19
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“Cuando la economía se recuperó, ellas seguían esperando: El rezago del empleo femenino tras la pandemia”

Por: Isidora Palacios y Manuel Olarte

La actividad económica chilena volvió a niveles prepandemia a comienzos de 2021. Sin embargo, esa recuperación no llegó al mismo tiempo para todos. El mercado laboral femenino mostró un rezago persistente que las cifras agregadas del desempleo no alcanzan a reflejar por completo.

Imagen referencial. Fuente: Aton

Imagen referencial. Fuente: Aton

En marzo de 2020, cuando el gobierno decretó el estado de catástrofe, Claudia tenía dos empleos: cajera en un supermercado y asistente en una sala cuna del barrio. El supermercado siguió abierto. La sala cuna cerró. Entonces cerró también la escuela de sus hijos. Y Claudia, sin red de apoyo, dejó de ir al supermercado. No porque la despidieran, sino porque ya no había forma de hacerlo todo. Dejó de trabajar, dejó de buscar trabajo y, en términos estadísticos, dejó de existir para el mercado laboral.

Su historia no es la excepción. Es el patrón.

La pandemia provocó una de las mayores contracciones económicas registradas en Chile en décadas. El cierre de actividades, las restricciones de movilidad y la incertidumbre afectaron simultáneamente la producción y el empleo. En pocos meses, miles de empresas redujeron o suspendieron sus operaciones, mientras cientos de miles de personas dejaron de trabajar. Con el avance del proceso de vacunación y el levantamiento gradual de las restricciones sanitarias, la economía comenzó a mostrar señales de recuperación. El Indicador Mensual de Actividad Económica (IMACEC), elaborado por el Banco Central, recuperó rápidamente los niveles observados antes de la pandemia. Pero esa recuperación abrió una nueva pregunta: ¿el mercado laboral avanzó al mismo ritmo?

Los datos muestran que la respuesta es no, especialmente para las mujeres.

Con el objetivo de facilitar el análisis, se creó un dataset depurado que reúne la información más relevante para este estudio.

Una economía que se recuperó antes que el empleo

En febrero de 2021 el IMACEC ya había superado el nivel registrado en diciembre de 2019. Sin embargo, el empleo femenino seguía lejos de alcanzar esa recuperación.

Mientras la actividad económica se encontraba por sobre los niveles prepandemia, el índice de ocupación femenina permanecía un 12,7% por debajo de su nivel de referencia. En términos absolutos, esto equivale a cerca de 486 mil mujeres menos ocupadas que antes del inicio de la crisis sanitaria.

La comparación evidencia un desfase importante entre ambas variables. La economía comenzó a crecer nuevamente, pero ese crecimiento no se tradujo de forma inmediata en una recuperación equivalente del empleo femenino. Según el Informe de Política Monetaria de junio de 2021, los sectores que primero se reactivaron — construcción, minería, transporte — son precisamente aquellos con menor presencia femenina. Los sectores donde las mujeres tienen mayor participación, como el comercio minorista, los servicios de cuidado y la educación, tardaron considerablemente más en normalizarse.

La recuperación económica, por tanto, no fue suficiente para garantizar una recuperación laboral equivalente.

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Una recuperación que tampoco ocurrió al mismo tiempo

La diferencia entre hombres y mujeres no solo aparece al comparar el ritmo de recuperación del empleo. También se observa en la evolución del desempleo durante los meses más críticos de la pandemia.

El punto más bajo de la actividad económica ocurrió en junio de 2020. Sin embargo, el desempleo continuó aumentando después de ese momento.

En el caso de los hombres, el número de desocupados alcanzó su máximo en agosto de 2020, con 626,6 mil personas. En cambio, el desempleo femenino llegó a su peak tres meses después, en noviembre, con 424,5 mil mujeres desocupadas.

Aunque hombres y mujeres alcanzaron tasas máximas de desocupación similares, el desempleo femenino tardó tres meses más en llegar a su punto máximo. Esa diferencia temporal sugiere que el deterioro laboral de las mujeres siguió una trayectoria distinta, incluso cuando la actividad económica ya comenzaba a recuperarse.

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Lo que las cifras de desempleo no muestran

A primera vista, podría suponerse que la fuerte caída del empleo femenino se tradujo directamente en un aumento equivalente del desempleo. Sin embargo, los datos muestran una realidad distinta.

Entre diciembre de 2019 y junio de 2020 el número de mujeres ocupadas disminuyó en cerca de 896 mil personas. En ese mismo período, las mujeres desocupadas aumentaron en apenas 40 mil.

La diferencia aparece al observar una tercera variable: la fuerza de trabajo femenina. Durante esos mismos meses, más de 855 mil mujeres dejaron de formar parte de la fuerza laboral, lo que significa que dejaron de ser contabilizadas como ocupadas ni como desocupadas. En otras palabras, desaparecieron de las estadísticas que habitualmente se usan para medir el impacto de una crisis.

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Este comportamiento ha sido ampliamente estudiado tras la pandemia. Un informe de la Biblioteca del Congreso Nacional sobre participación laboral femenina sostiene que cientos de miles de mujeres abandonaron temporalmente la fuerza de trabajo debido, entre otros factores, al aumento de las responsabilidades de cuidado, el cierre de establecimientos educacionales y las dificultades para compatibilizar el empleo con el trabajo doméstico no remunerado. La investigación advierte que muchas mujeres dejaron de buscar trabajo durante ese período, por lo que estadísticamente dejaron de formar parte de la fuerza laboral, aun cuando seguían enfrentando las consecuencias económicas de la pandemia.

En la misma línea, ONU Mujeres y la CEPAL coinciden en que la recuperación laboral femenina fue más lenta que la masculina y que el incremento del trabajo de cuidados constituyó uno de los principales obstáculos para el retorno al empleo. La pandemia no solo eliminó puestos de trabajo: redistribuyó silenciosamente una carga que recayó, de forma desproporcionada, sobre las mujeres.

Una recuperación con ritmos distintos

Las cifras cuentan una historia que los titulares sobre el “rebote económico” no alcanzaron a narrar. Mientras el IMACEC recuperó rápidamente los niveles previos a la crisis sanitaria, el empleo femenino tardó mucho más en hacerlo. El desempleo siguió un patrón distinto entre hombres y mujeres, y una parte importante de la pérdida de empleo femenino quedó invisibilizada al observar únicamente las cifras tradicionales de desocupación.

Comprender estas diferencias no es un ejercicio académico. Es una condición para entender qué tipo de recuperación vivió Chile y para quiénes esa recuperación fue real. Los datos muestran que la salida de la crisis estuvo marcada por desigualdades profundas en la reincorporación al mercado laboral, desigualdades que el indicador más citado — el desempleo — no alcanza a capturar.

Claudia, o las 855 mil mujeres que representa, no aparecen en ese número. Pero estuvieron ahí. Y los datos, si se saben leer, también las cuentan.


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