No queda nada
Ni los recuerdos. Cuando finalmente morimos, no queda nada: ni nuestros recuerdos, ni nuestros sueños, ni nuestras cosas, ni nuestras…

Año nuevo chino, publicada en “Foto del lector” de NG.
No queda nada
Ni los recuerdos. Cuando finalmente morimos, no queda nada: ni nuestros recuerdos, ni nuestros sueños, ni nuestras cosas, ni nuestras fotos.
Mi génesis fotográfico sucedió en mi infancia, a mis 5 años cuando mi tío vivía atrás de la casa de mis papas y tenía un estudio fotográfico. Yo me la pasaba varias veces en el laboratorio, en el estudio viendo como tomaban fotos y viendo el resultado de dichas sesiones en papel.

Cuando conocí mi primer laboratorio fotográfico.
En todo el estilo de padre rico, padre pobre, yo tuve un papá ingeniero (mi papá papá) y mi papá fotográfico (mi tío). Gracias a mi papá ingeniero aprendí a ser ordenado, a lograr cosas, a planificar, a hacer. Gracias a mi papá fotógrafo, aprendí que uno puede hacer lo que se le plazca en la vida.
Mi papá fotógrafo murió hace unos años. Apenas el fin de semana, mi prima me trajo unos libros que me donaron mis primos. Apenas hoy pude revisarlos mas a fondo. Me llama la atención algunas cosas:

Mi tío tenía o soñó tener la Canon 20D, una cámara que me regalaron.
El año más intenso en el cual “tuvo” que cambiarse de lo analógico a lo digital fué en 1999 (muchos fotografos esperaron hasta 10 años mas tarde para finalmente aceptar el cambio). Todos los libros / manuales que me trajeron son de esa fecha. Ahora son manuales mas que obsoletos, dado que han pasado mas de 15 años (una eternidad en lo tecnologico). Sin embargo, mas que los manuales, me puse a buscar en los libros notas o comentarios o similar.
Siendo una persona de “las de antes” no había ninguna nota (porque los libros no se rayan, de acuerdo a su educación). Sin embargo, había una serie de papelitos:

Eso es 1999 para mi tío.
En resúmen, no queda nada de nosotros después de morir. No son ni su puesto laboral, ni sus hijos, ni sus padres, ni sus enfermedades, ni sus seguros, ni sus autos, ni sus casas, ni sus deudas…
Les podría contar que nos dejo varios hijos, todos trabajadores, varios nietos, todos bien creativos, bisnietos, muy coquetos.
Les podría contar que en su posición en el metro, evito al menos un choque fatal por semana (y si consideran que son 52 semanas, por 25 años, son 1300 trenes, por 100,000 personas por tren… es un montón de gente).
Les podría decir que sacó las fotos mas hermosas, y ahora nadie sabe donde estan.
Les podría decir que amo mucho, mal y bien, como humano.
Les podría decir que llego a ser un gran chamán.
Pero… que lo único físico que tengo en mis manos de su paso por el mudo, son dos manuales preciosos, y un montón de papelitos. Las fotos se evaporan, el dinero se diluye, las casas se pierden, la vida se va olvidando conforme pasan los días en los cuales ya no estas presente.
Vivan. Vivan al máximo. Porque en el momento en que se vayan, literal, no se van a llevar nada.
Y probablemente no dejen nada, pero no importa, porque lo importante es que tu mismo vivas tu vida. El regalo de la existencia es para uno mismo, principalmente, aunque no esta de mas compartir una sonrisa, una palabra amable, una acción noble. No cuesta nada hacer el mundo mejor.
메타데이터
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