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Siempre se escribe para (y a través de) un fantasma

“(…) siempre se escribe para un fantasma para una cuenta pendiente y oculta para un fantasma íntimo y secreto su presencia hace a los…

Revista Aguaviva · 2024-11-19 23:32 · 2 claps · 6.4 min read
#juana-bignozzi #poesia #argentina #malba #nora-lezano
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Siempre se escribe para (y a través de) un fantasma

“(…) siempre se escribe para un fantasma para una cuenta pendiente y oculta para un fantasma íntimo y secreto su presencia hace a los poetas

sola con él cruzaré esa última plaza vacía.”

̶ Bignozzi, J., de “si alguien tiene que ser después”, 2010

Recuerdo estar de madrugada, escribiendo intuitivamente, sin pensar en el qué o en el cómo, si no en un espacio y un momento destinados a vaciarme y buscar pistas en las palabras que salían de mi cuerpo a modo de imágenes y reflexiones. Pistas como posibles caminos de un cuerpo entregado a la angustia. Con el paso de los días, me fui interesando en la poesía y en los poetas, los cuales representaban mundos ajenos para mí. Sin darme cuenta empezaron a acompañarme cada noche, y tiempo después, cada día, mediante el artificio de sus dichos, tomando un lugar en el vacío, acariciándome la cabeza.

Si toda vida es referencia a nuestra vida / espero dejar una palabra / que ampare a alguien / en estas tardes inhóspitas de recuerdos

(“Función social de la poesía”, de “Regreso a la patria”, 1989)

Y ahí, en algún momento, aparece Juana. Me puedo ver. Estoy dando vueltas a la manzana un mediodía más, por la intersección de Av. Carabobo y Rivadavia durante la pausa de almuerzo de la oficina en la que trabajaba. Entro tímidamente a una cadena de librerías y voy estrictamente y de memoria al sector destinado a la poesía que, en la mayoría de las librerías de esa popularidad, no eran más que dos estantes de costado a la mesa general de novedades editoriales. Ahí nomás leo: “La ley tu ley — Poesía reunida” y el nombre y apellido de una mujer. Mis aún transitados años cursando en la facultad de psicología durante esos días me interrogaron acerca de los posibles sentidos de ese título que captó inmediatamente mi atención. Ahí mismo llevé el libro que, sin saberlo, iba a ser una suerte de objeto transicional de mi adultez. (N. de la A.: Donald Winnicott, psicoanalista inglés, va a definir en su teoría de desarrollo infantil el concepto de “objeto transicional” para definirlo como un objeto que les niñes eligen para proporcionarse apoyo emocional, consuelo, contención. Esto es desarrollado en el libro “Realidad y Juego” de 1971).

/ ¿ayudan las palabras de los poetas a los propios poetas? / ¿ayuda al camino de los poetas / al desamparo de su propia anécdota? / ¿ayuda mi presencia en tu destino / a mi propio destino? / ¿mi compañía en tanta pasión desgraciada / se convierte en compañía de mi nebulosa pasión? /

(de “Interior con poeta”, 1993)

MALBA

MALBA

El nombre propio en ese libro sería el de Juana Bignozzi, una poeta argentina nacida el día de la primavera del año 1937. Oriunda del barrio de Saavedra, Juana fue hija única en un hogar con fuerte ideología anarquista y luego comunista, ideas subyacentes en sus poemas a lo largo de toda su obra y que le permitieron crecer en un hogar donde más allá de las limitaciones económicas se ponderó la educación y la cultura por sobre todas las cosas.

(…) / alguien lee a un desconocido / recuerda para siempre unas palabras / detrás de ellas hay una biografía / a lo mejor también un luchador / y a veces hasta la corte de una reina / y ese lector feliz / para gloria de la poesía / lo ignorará /

(de “si alguien tiene que ser después”, 2010)

Juana es recordada como una de las poetas de su generación, la del sesenta. A partir de que comienza a militar en el Partido Comunista, empieza a formar parte del grupo de poesía “El pan duro”, junto a Juan Gelman y otres poetas.

En 1974, anticipándose a la dictadura se “destierra” (palabra que decide utilizar ella misma para nombrar su exilio) junto a su marido Hugo Mariani a Barcelona. En dicho lugar reside durante tres décadas hasta su “Regreso a la patria” (nombre de una de sus obras).

/ Agradezco a los que me han olvidado / agradezco ese tiempo en blanco / en realidad mi corazón se alimenta de su propio recuerdo. /

(de “Regreso a la patria”, 1989)

Vuelvo al día de sol, a la calle transitada, al ruido, al calor, al taper en la bolsa, a los cubiertos sucios, a contar las horas y los minutos, a entrar de nuevo a una oficina.

Me gustaría recordar cómo, dónde y cuándo ocurrió esa primera lectura. Ahora mismo, bucear en mi memoria y acceder al registro de esa primera hoja de ese libro que renovó los votos de mi compromiso con la poesía. Que me hizo quedarme y no querer irme. Quiero tener esa foto. Quiero cristalizarla como permanencia.

Lo que sí sé, es que la primera hoja empezaba con este poema:

Sprit o sentido del humor, como gusten

Hace unos días he decidido luchar

y la sola idea de la lucha

me ha producido un cansancio tan infinito

que hasta mis mejores amigos guardan distancia respetuosa.

Además como he pasado al lado de los ríos más famosos del mundo

y no me suicidé en ninguno

mi falta de amor por la humanidad está suficientemente demostrada.

Como siempre hablo de los demás pero digo yo,

todos pueden dormir serenos

pensando que estas locas historias sólo pueden ser mías,

que ya sabemos qué clase de persona soy.

Mis mejores amigos sufren en distintas partes del mundo

y yo escribo cartas graciosas

sentada en medio del desierto bajo el sol de enero,

mientras mis vidas muertas insisten en volver.

Algunos de mis mejores amigos no se engañan

y me ofrecen tardes plácidas, retiran los objetos molestos,

hacen lugar a mi ruido.

Como soy infinitamente perezosa

creo que nunca intentaré luchar,

por eso casi nadie me saluda, otros dicen pobrecita,

y mis mejores amigos se burlan despiadadamente de los ingenuos

y no me hacen caso.

(de “Mujer de cierto orden”, 1967)

Otra cosa que también sé, es que esa mezcla de soledad, humor, sarcasmo y oscuridad, me hicieron pensar en las canciones punk que me acompañaban en la adolescencia. También tuve la sensación de cierta impronta nostálgica y desencantada en ese yo poético. La nostalgia encadenada con el recuerdo, con la evocación, con reconfigurar una escena, hacerla aparecer, dotarla subjetivamente de emociones, refabricarla, del modo que sea.

Desde siempre tuve la fantasía de poder pensar los recuerdos desde la percepción exacta en que los pude capturar en el momento vívido. Pero aquello es imposible, ya que no podemos acceder a la huella mnémica real de ellos sino que todo es registro es una elaboración posterior. Una prueba viva de la marca del lenguaje sostenida por el compendio de significantes que nos determinan en nuestras identificaciones.

Retomando a Freud (1908), él va a decir que deberíamos buscar en el niño las primeras huellas de un quehacer poético, ya que mediante el juego crea un mundo propio e inserta los elementos de su mundo en un nuevo orden que le agrada. Y este juego lleno de afecto, aunque pueda ser penoso lo transforma en algo placentero. Ahí también ocurre cierta elaboración.

Los poetas, como los niños, actúan(mos) de forma similar, creando mundos ficticios en los que lo doloroso puede volverse fuente de placer para los lectores.

La poesía me dió eso. Primero, la posibilidad de sentirme alojada en los textos de otres, después de reconstruir historias, de contarme de otras maneras algunas realidades en mi cabeza.

Los términos fantasía y fantasma comparten un origen etimológico común relacionado con la idea de “manifestación” o “aparición”. Entonces, tomando la idea de escribir a un fantasma podríamos pensar que también escribimos a través de él.

La fantasía orienta la escritura y el espíritu fantasmático hace su aparición.

Escribir al y a través del fantasma, leyendo desde el fantasma de otres. Pensando en el recuerdo y la fantasía en relación a la poesía, como una manera de reelaborar, de crear con la voz (poética) algún recubrimiento sobre el vacío que se produce en el entendimiento de la existencia. Y en ese punto ciego, en ese saber-hacer de Juana es que ocurre la magia y quedo capturada.

recordar no es no olvidar recordar tiene escenarios

fechas vergüenzas

y oprobios de la edad

nunca olvidé aquella plaza

siempre creo recordaré esas espantosas sandalias rojas

que ya sé cómo me quedaban

yo creía que con ellas sería querida admirada

por aquello a lo que no estaba destinada

una decente casita de barrio

los bailes de la sociedad de fomento

a dos cuadras de casa

me hubieran querido acompañado

me hubieran hundido y desesperado

escapé con la ayuda de mi madre y el juicio de mi padre

aún en sueños me acecha el horror doméstico y barrial

tengo el sentimiento de los que escapan

siempre detrás hay alguien mirándome

(de “Novísimos”, 2019)

Imagen por Nora Lezano

Imagen por Nora Lezano

Referencias bibliográficas:

  • Freud, Sigmund. Obras completas de Sigmund Freud. Volumen III — Primeras publicaciones psicoanalíticas (1893–1899). 14. Sobre los recuerdos encubridores (1899). Traducción José Luis Etcheverry. Buenos Aires & Madrid: Amorrortu editores.
  • Freud, Sigmund (1908). Obras completas de Sigmund Freud. Volumen IX — El delirio y los sueños en la «Gradiva» de W. Jensen y otras obras (1906–1908). El creador literario y el fantaseo (1908 [1907]). Traducción José Luis

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