25 años
Se han cumplido 25 años de una fecha memorable: 15 de diciembre de 1995. Aquel día nevó en Madrid. Era la primera vez en casi cuatro años…
25 años
Se han cumplido 25 años de una fecha memorable: 15 de diciembre de 1995. Aquel día nevó en Madrid. Era la primera vez en casi cuatro años que caía un copo. Es un tiempo bastante considerable cuando solamente se llevan vividos once. De ahí que el fenómeno meteorológico fuera recibido como un acontecimiento. Viernes prenavideño y nieve. Aquel día no dimos ni chapa en el colegio. Me temo que es precisamente por eso por lo que lo recuerdo como una de las jornadas escolares más felices de mi vida.
Tener buena retentiva para las fechas no protege contra los caprichos de la memoria. Leo en la hemeroteca que la nieve sólo cuajó durante la mañana. En mi recuerdo el blanco duró todo el día. Insisto: no dimos ni chapa. Nos pasamos el día en el recreo, en un centro educativo particularmente rácano con el esparcimiento. La proximidad de las fiestas, la excepcionalidad de la nieve, las últimas bocanadas de ingenuidad de los once años. Si viajara en el tiempo a aquella jornada, quizá reviviría episodios funestos. Pero por algún motivo no guardo ninguno. Así es la vida; resume algunos de sus pasajes con el talento para potenciar lo bueno y orillar lo mediocre propio de los mejores redactores de contraportadas literarias.
Recordar con cierta solvencia una fecha que se remonta un cuarto de siglo en el tiempo implica afrontar una realidad espinosa. Esto ya va más allá de la nostalgia. (Con siete años sentía nostalgia de cuando tenía seis). El paso del tiempo en toda su crudeza. Habitamos como algo más que simples bebés un mundo que ya no es el que nos rodea hoy día.
Ese mismo día, Madrid era escenario de una cumbre europea de cierta trascendencia. (España ostentaba la presidencia de turno). La imagen insólita de la ciudad nevada ponía la guinda visual a uno de esos eventos que tan bien se le daban como anfitrión a un Felipe González que afrontaba los últimos meses de su inusualmente largo período de casi catorce años en el poder. ¡A punto de cumplir doce años y no habíamos conocido otro jefe de Gobierno! Un chaval nacido en 2008 tiene hoy esa edad y ha convivido con tres habitantes de Moncloa.
Aquello concluyó con la decisión de que la moneda única recibiría el nombre de euro. Pero, ¿cómo? ¿Entonces ya andábamos por aquí? No es ya que en 1995 hubiera pesetas. Es que seguían circulando algunas monedas de 25 con la efigie de Franco. Como el yonki que interpretaba Vicente Díez en Bajarse al moro (Fernando Colomo, 1989), había una cierta inclinación por la de 500. Ésta no presentaba una efigie, sino dos: Juan Carlos y Sofía. “¡Juntos!”. Todo lo que era sólido.

De alguna manera, esa misma nieve que nos hizo tan felices estuvo detrás del accidente de coche que le costó la vida al general Gutiérrez Mellado. Hablábamos antes de los caprichos de la memoria. Es curioso: recuerdo escuchar el programa especial que hizo esa tarde la Cadena SER, pero no lo tenía asociado a ese mismo día. Lo dicho: la sala de montaje de los recuerdos hace con el metraje original de la vida lo que le da la gana. Aquel era un mundo que seguía siendo radiografiado cada mañana por Francisco Umbral. Su “columna” y su “opinión diaria” que usaba como argumento de autoridad para explicar por qué no le interesaba lo que opinara “el personal” en aquel arrebato inolvidable frente a Mercedes Milá. Así despidió al general.
Volver a ser un niño. La idea ha recorrido todas las estaciones del pensamiento que van de El Principito a El Canto del Loco, del libro de autoayuda de todo a un euro al tocho de Tecnos. Nuestra postura es de firme oposición. Ñoñerías las justas. Bueno. Eso habrá que verlo la próxima vez que nieve en Madrid.
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