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Contra el estrés preelectoral y la euforia/depresión poselectoral

Colombia: una nueva jornada electoral. 2026.

Julián González · 2026-06-16 22:13 · 0 claps · 4.6 min read
#elecciones-2026 #colombia #gobiernonacional #exclusión #inequidad
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Contra el estrés preelectoral y la euforia/depresión poselectoral

Colombia: una nueva jornada electoral. 2026.

Primero. No es cierto que el país esté dividido en dos. Insistir en ello revela muy bien el problema de fondo. El país sí está dividido, pero de otra manera: un 50 % que vota y un 50 % que no vota. Es el país electoral el que está más o menos partido en dos. Los medios hablan de polarización política cuando lo que hay es fiebre electoral en una mitad del país y muy poca implicación de la otra.

El país electoral y el país que no vota: una mitad que debate y una mitad que se las arregla para vivir.

El país electoral y el país que no vota: una mitad que debate y una mitad que se las arregla para vivir.

Segundo. El país que no vota no lo hace porque, de manera real, no está integrado ni percibe las acciones de gobierno. Es justo la mitad que se las arregla como puede, a punta de empleos precarios. Es el país que necesita diez u once generaciones para ponerse al día respecto a los ingresos promedio. Y los presidentes, a lo largo de los siglos XX y XXI, le han venido diciendo — palabras más, palabras menos — : aguanten, que en trescientos años nos ponemos al día. No refunfuñen, no delincan, sean honestos, no protesten, no cierren vías, no se vayan a la guerra, no busquen atajos, no se vayan ilegalmente del país, sean decentes, sean pacíficos, que en tres siglos más nos ponemos al día.

Es el país que no se beneficia del juego democrático de la economía ni de las acciones del gobierno de turno: cerca de la mitad. Para ese país excluido — el más pobre, el que se las arregla como puede para vivir cada día — las elecciones, con toda la razón, no importan, porque ni el juego democrático ni el funcionamiento del gobierno y del Estado lo incluyen.

La administración de la espera: trescientos años de promesas y de “aguanten”.

La administración de la espera: trescientos años de promesas y de “aguanten”.

Tercero. Para esos ciudadanos ninguneados e invisibilizados, excluidos en uno de los países más desiguales del continente más desigual del planeta, las elecciones presidenciales son irrelevantes. A la mañana siguiente hay que arreglárselas como se pueda. Hay que levantarse la papa.

Cuarto. Y ese es el problema. Sin excepción — de manera más brutal la mayoría de los gobiernos colombianos, y bienintencionada algunos pocos — , el rezago de trescientos años apenas si se ha movido unas líneas.

Quinto. Para ambas partes del país electoral, lo que se decida en las elecciones es importantísimo. Para unos — la derecha del país — se trata, literalmente y en nombre de la seguridad, de elevar los muros, alzar más cárceles, distribuir armas y matar, si es necesario, a quien amenace su estatus y sus condiciones de vida. Para esa derecha, la otra mitad del país, la de los ninguneados, no importa: no ha dudado en disparar, matar, desterrar, encarcelar, criminalizar, despreciar y odiar. De la Espriella no es sino la expresión condensada, y sin ninguna vergüenza, del desprecio y de la visión de atrincheramiento, bala y guerra de quienes no ponen los muertos. Es el 25 % del potencial electoral: cree que todo va bien y que tiene derecho a proteger sus ingresos, su economía y sus negocios a bala, si hace falta. Una fracción de esos votantes actúa como ricos aspiracionales, aunque dependan de ingresos fluctuantes y de ninguna manera suficientes.

Para la otra mitad electoral, la más progresista, esa mitad ninguneada debe ser integrada y requiere políticas de inclusión y equidad. Pero en una nación que destina uno de cada tres pesos del presupuesto nacional a pagar deuda, la velocidad de esa integración es la de un caracol que viaja sobre una tortuga trepada en un oso perezoso.

La derecha, el pueblo y la izquierda: la integración avanza a paso de caracol sobre tortuga sobre oso perezoso.

La derecha, el pueblo y la izquierda: la integración avanza a paso de caracol sobre tortuga sobre oso perezoso.

¿Un gran acuerdo nacional?

Sí. Pero el acuerdo debe rezar, en primer lugar, que en los próximos treinta años Colombia se pondrá al día con el 50 % del país, con los ninguneados. No en trescientos años, no en doscientos, no en cien. Y que, para lograrlo, eliminará la elusión y la evasión de impuestos, elevará la carga tributaria de los sectores de mayores ingresos, reformará el acceso a la tierra y la producción agrícola, nacionalizará los recursos minerales, modificará los términos de la deuda externa, priorizará la inversión en operadores públicos — no privados — de la salud y la educación, y no respaldará con presupuesto público la deuda privada. Que defenderá sistemas de producción industrial capaces de articular clústeres de pequeñas y grandes industrias, y eliminará el gasto suntuario en las entidades públicas.

Solo los movimientos activos del país no electoral, el de los ninguneados — no dispuestos a esperar otros trescientos años para ponerse al día, ni a ser carne de cañón, carne de cárceles a lo Bukele, ni comunidades administradas con ayudas a cuentagotas e intervenciones de contención del malestar a cargo de ONG y organismos gubernamentales paliativos — , pueden obligar al país electoral a dejar de hablar en su nombre.

En los que no votan está el espejo de un país electoral que ha perdido una y otra vez, aunque gane las elecciones: ningún gobierno ha logrado correr lo suficiente la frontera de la integración de esa mitad excluida. Con las derechas no existe siquiera la posibilidad de intentarlo; las izquierdas, al menos, están mejor preparadas y dispuestas a hacerlo. (Durante el gobierno Petro se avanzó en la reducción de la pobreza monetaria y de manera limitada en la reforma agraria y el acceso a la tierra. No son avances menores).

Los beneficios materiales, reales, en las condiciones de vida deben acelerarse en los próximos años. Para eso son tanto o más importantes que las elecciones presidenciales las elecciones municipales, las de las juntas de acción comunal y las juntas administradoras locales, las departamentales. El poder que suma en red y desde abajo es la clave.

El poder que suma en red y desde abajo: el pueblo como camino.

El poder que suma en red y desde abajo: el pueblo como camino.

Hoy Colombia está mejor preparada para que el acallado poder de los ninguneados y la voz de los sectores progresistas le den una estocada a las tácticas electorales y gubernamentales de administración de la espera. Once generaciones para ponerse al día son, simplemente, la expresión de nuestro fracaso como nación.

Esta y las próximas elecciones. ¡Nunca más 300 años de espera!

Esta y las próximas elecciones. ¡Nunca más 300 años de espera!


메타데이터
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