Rodrigo, un anticuario que persiguió su sueño
Rodrigo Alvarado Acevedo, 37 años, desde pequeño tuvo una pasión: coleccionar antigüedades. Pero no fue hasta el 2013 cuando convirtió esa…
Rodrigo, un anticuario que persiguió su sueño
Rodrigo Alvarado Acevedo, 37 años, desde pequeño tuvo una pasión: coleccionar antigüedades. Pero no fue hasta el 2013 cuando convirtió esa pasión en un negocio sostenible. Así abrió su local "La casa de los sueños" ubicada en la comuna de San Bernardo que ha logrado crecer gracias a la constancia y la ambición de su dueño.
Previo a ingresar al mundo de las antigüedades Rodrigo estudió medicina veterinaria, debido a que tenía cierta inclinación por la carrera y más que nada para tener un título bajo la manga. Pese a esto, nunca abandonó su verdadera pasión, puesto que sus últimos años de carrera son los pagos de restauración y venta de muebles en línea.
Al obtener su título profesional, ejerció como médico veterinario en lugares como el hipódromo y el club hípico. Nunca se sintió conforme, ya que no le gustaba el abuso de poder de sus jefes, ni su extensa jornada laboral, que no le dejó tiempo para realizar deporte-durante su juventud realizó patinaje profesional- o simplemente salir con amigos. Así fue como hace 5 años decidió perseguir su sueño, dedicarse a las antigüedades y abrió su local "La casona de los sueños" ubicada en Covadonga 46, comuna de San Bernardo.

Lo más difícil del primer año fue que lo subestimaran por su edad (37). “Una vez, una señora me estaba tocando el timbre, y me demoré en abrirle porque tuve que atravesar toda la casa. Entonces entró y me dijo que llamara al patrón, como si estuviésemos en el siglo XIX. Lo que hice fue salir de la pieza, volver a entrar y le dije que era yo. Ella no me creía, me trato súper mal. Le dije que por favor se retirara y que no le pensaba vender nada” cuenta Rodrigo.
Toda la casona está ambientada como una casa antigua que cuenta con más de 15 habitaciones, con la finalidad de ayudar visualmente a la gente. Además de aquello, Rodrigo clasifica sus clientes en: adultos que se inclinan por las antigüedades, que son exigentes con la información y el estado de cada producto, y por otro lado, los jóvenes que optan por los objetos de colección, como, artículos vintage que les sirven para decorar sus hogares.

Actualmente, el negocio funciona de dos maneras, como venta de antigüedades y artículos de colección, y como museo educativo. Un proyecto que inició hace tan solo un año, negociando con Duoc Uc y otros grupos pequeños para realizar visitas guiadas. El recorrido se centra en contar la historia de los diferentes objetos que ha adquirido específicamente para su exposición.

El proceso de restauración o conservación de un objeto le permite a Rodrigo explotar su lado artístico. Para ello realiza los proyectos que ayudan a visualizar como se verá el objeto final, elige los materiales correspondientes -que dependen de las exigencias del cliente- y comienza a trabajar. La mayoría del tiempo realiza esto por pedido, pero otras veces, compra o recoge muebles de la calle y los restablece para venderlos en la tienda.

Si bien está contento con todo lo que ha logrado, Rodrigo aspira a más, le gustaría incorporar un café literario o clases de tango a la casona, lo que aún está evaluando. Se imagina su casa, como una especie de centro cultural, un lugar de arte y cultura, donde la gente puede conversar y admirar la historia de las antigüedades.

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