Pese a los esfuerzos de Lula, la COP30 cerró sin un consenso claro para abandonar los combustibles…
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP30), celebrada en Belém, Brasil, concluyó este sábado con un mensaje que…
Pese a los esfuerzos de Lula, la COP30 cerró sin un consenso claro para abandonar los combustibles fósiles

Pese a los esfuerzos de Lula, la COP30 cerró sin un consenso claro para abandonar los combustibles fósiles
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP30), celebrada en Belém, Brasil, concluyó este sábado con un mensaje que, para muchos países y organizaciones, quedó corto frente a la urgencia climática: otro año más, la cumbre no logró incluir en su declaración final una mención explícita al abandono de los combustibles fósiles. La incapacidad de nombrar al petróleo, el gas y el carbón — principales responsables de la crisis climática — volvió a tensionar las negociaciones y a generar un balance marcado por la frustración.
El documento final, de apenas ocho páginas, aprobado con más de un día de retraso por casi 200 países que deben consensuar cada palabra, evita cualquier referencia directa a la eliminación de los combustibles fósiles. También quedó afuera el objetivo que se había fijado el gobierno brasileño para esta cita: impulsar una hoja de ruta concreta para esa transición.
En cambio, el texto plantea acelerar la acción climática de forma “voluntaria”, triplicar los fondos de adaptación hasta los USD 40.000 millones al año para 2035 y abrir un “diálogo” sobre tensiones comerciales globales, una victoria política para China, que busca cuestionar medidas como el impuesto al carbono de la Unión Europea.
La disputa central, sin embargo, giró en torno al lenguaje sobre combustibles fósiles. Desde hace más de tres décadas, las cumbres climáticas han evitado mencionarlos directamente, limitándose a hablar de “gases de efecto invernadero”. La única excepción se dio en Dubai, en 2023, cuando se logró incluir la necesidad de “dejar atrás los combustibles fósiles” en el texto final gracias al fuerte apoyo de Estados Unidos y la UE, aunque este escenario no pudo repetirse ni en 2024 ni en esta edición de 2025.
En Belém, más de 80 países — entre ellos Colombia, Francia, España y varios miembros del bloque del viejo continente — presionaron durante las dos semanas de negociaciones para que la declaración final estableciera una hoja de ruta clara hacia su eliminación. Sin embargo, los petroestados lograron una vez más imponer su postura, con un documento que deja intacto el estatus quo.
La decepción se hizo sentir apenas se conoció la versión final.
Colombia fue una de las voces más duras. La ministra de Ambiente, Irene Vélez, afirmó que el país “no aceptará un texto que niegue la ciencia, que impida alcanzar la meta de 1,5°C y que le dé la espalda a la gente y a la vida”. El presidente Gustavo Petro también rechazó públicamente el documento y declaró que “no acepto que la declaración de la COP30 no indique claramente, como nos dice la ciencia, que la causa de la crisis climática son los combustibles fósiles usados por el capital”.
La Unión Europea admitió su malestar, aunque decidió acompañar el texto. “Nos hubiese gustado más ambición — declaró el comisario europeo para el Clima, Wopke Hoekstra — pero vamos a apoyar lo que está sobre la mesa”.
En ese mismo tono, la expresidenta irlandesa y activista climática Mary Robinson reconoció que “este acuerdo no es perfecto y está lejos de lo que exige la ciencia, pero en un momento en que se está poniendo a prueba el multilateralismo, es significativo que los países sigan avanzando juntos”.
En contraste, potencias clave optaron directamente por la ausencia o el desinterés. El presidente estadounidense, Donald Trump, no asistió ni envió una delegación significativa. Argentina, bajo el gobierno de Javier Milei, también minimizó su participación y presentó reservas al documento final, especialmente respecto al capítulo de “género y clima”.
Pese a todas estas tensiones y las polémicas ocurridas a lo largo de los varios días que duró el evento, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva intentó dejar un mensaje optimista: “La ciencia prevaleció y el multilateralismo ganó”.
Ahora, Brasil, que este año buscaba posicionarse como líder climático, se prepara para trabajar en los próximos meses en base a esta agenda y preparar la entrega de la presidencia de la conferencia a Turquía, confirmada como sede de la COP31.
El presidente Recep Tayyip Erdogan destacó el compromiso de su país y señaló que más del 60% de su matriz energética ya proviene de fuentes renovables, con planes de cuadruplicar su capacidad solar y eólica hacia 2035.
메타데이터
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