NADIE ME PREGUNTO: La raver que llevo dentro sigue tirando chispa
NADIE ME PREGUNTO #5: La raver que llevo dentro sigue tirando chispa
El último fin de semana de mayo fui asistente del Baum festival, un festejo de música electrónica que se realiza desde el 2016. El evento es producto de un club emblemático y polémico en la ciudad, con el mismo nombre, que logró posicionar la cultura raver en Bogotá.
La discoteca, con su simbólico árbol en el centro de una terraza, cerró en enero del 2020 con 36 horas de fiesta y nos dejó de recuerdo este jolgorio anual.

Vestido: Daniela Salcedo para Arkitect. Disponible en tiendas Exito.
Antes de pandemia el festival duraba un día y se hacía a las afueras de la ciudad. Sin embargo, desde el 2021 su line up creció exponencialmente y el festival pasó a ser de dos días.
Personalmente le tengo un cariño especial a este evento. Es un espacio me recuerda lo rumbera fui mi último año de universidad, y sobretodo es un lugar donde me vuelvo a encontrar a amigos y amigas que por el afán de la cotidianidad ya no veo con frecuencia.
En ediciones pasadas, asistía solo un día. Sin embargo, este año decidí ir los dos días. Compré la boleta por Armatuvaca en primera etapa desde enero, pagándola como un ahorro programado, lo que hizo el gasto más ligero. Totalmente que lo recomiendo.

He tenido semanas intensas y agotadoras, por lo que anhelaba con todo mi ser la llegada de la fecha para poder bailar. Lo extrañaba. Pero sobretodo, lo necesitaba.
El viernes estuve ocupada hasta las 6:00 pm, y como era de esperar, me sentía cansada por el trajín de la semana. Por lo tanto, ese día no pude dedicarle mucho tiempo al baile; me concentré más en escuchar la música. Inicialmente quería llegar a las 8:00 pm para ver a Argy. Sin embargo, la fila de entrada era demasiado larga, y no había contado con ese tiempo. Por lo tanto, lo primero que presencié fue la actuación de Bad Boombox, que precedía al Niño Maravilla: Funk Tribu

El reconocido lema del festival se hizo notar en la entrada del Main.
Eduardo Montañez, más conocido como Funk Tribu, es un DJ y productor de origen bogotano. Una gema pura en el mundo de la electrónica. Su set fue la muestra de todo el talento que tiene, hizo una labor muy pulida y dedicada para crear una experiencias auditiva.
Aunque ya se había presentando el año pasado en el festival, este año le dieron un venue más grande que irónicamente se le quedó pequeño. Al escenario no le cabía una persona más. Tal vez el Main habría sido un lugar más cómodo para bailar.
Gracias a la presentación de Chippy Nonstop, llegué al escenario de Resident Advisor. Una bola de disco enorme encima de la cabina del dj lograba captar la atención de los asistentes. No sé quién hizo el diseño de ese escenario, pero quiero resaltar como algo tan aparentemente sencillo fue verdadera deslumbrante.

Mis compañeras de baile esta edicción: Savith e Irma
Una lección que me dejó este año el festival es que cada año está creciendo más, el acceso es muy limitado y el tiempo de espera en la fila puede ser largo. Hay que llegar con al menos hora y media de anticipación al set con el que uno quiera empezar.
También hacernos un llamado como asistentes a tener paciencia, todos vamos a entrar, no es necesario desgastarnos en la fila. “Peace, love, Unity, Respect” es un principio raver.

Casi hora y media haciendo fila para entrar
Algún día llegaré de día al festival, lamentablemente este año tampoco fue. Pero llegué a tiempo para coger buen puesto y ver al papá de los papás: JEFF MILLS.

Su set fue una ceremonia. Una lección que lo bueno toma tiempo. En la electrónica se acostumbra mucho a que el pulso por minuto vaya rápido, pero este señor a través de su música nos dijo: tranquilos, van a bailar, pero primero se tienen que disponer. Relajen sus cuerpos, escuchen el silencio. En un momento sentí estaba poniendo a prueba nuestra capacidad para mantener la calma y como un verdadero hechicero, sin que nos diéramos cuenta, nos elevó a otro estado. Un maestro que marcó el comienzo del baile de la segunda noche.
Lilly Palmer era una deuda saldada que el festival tenía con los asistentes desde el año pasado. Valió la pena esperarla. Un “pum pum pum” constante, contundente, sin pausa para pensar el siguiente paso, pero con ritmo firme. Veía los pies de las personas y parecimos un ejército en marcha.

La representación femenina en estos espacios usualmente es muy baja.
Por eso decidí conscientemente intentar estar en la mayoría de actos liderados por mujeres. Fue así como mi ruta de baile terminó con Ellen Allien quien bajo el pulso de su música, encendió mis movimientos.
Ellen, quien se destaca por sus ritmos hipnóticos, ha dedicado 32 años de su vida (prácticamente toda mi existencia y un poco más) a experimentar y sacar sonidos de una máquina. Tiene una habilidad extraordinaria para innovar. Su madurez musical es bastante notoria, y sin duda alguna una es una estrella icónica en la escena electrónica. Admiro y quiero la energía y fuerza que tiene.

Ellen Allien cerrando el festival
Los festivales son los lugares correctos para descubrir nuevas cosas. Admito mi ruta no fue la más underground, no iba con la intención de descurbrir nuevos talentos, iba a la fija, a lo que ya había escuchado. Sin embargo, los festivales siempre dan espacio a conocer nuevas cosas. Mis sorpresas musicales este año fueron: Gerd Janson, Bart Skills B2b Victor Ruiz y Clara Cuve.
Como cuando el árbol existía, había que amanecer bailando electrónica. Por eso cuando los decks se apagaron terminamos apoyando el talento emergente fuera del festival en una terraza de chapinero viendo los cerros de Bogotá.

Ya no remato, como coloquialmente se le dice a seguir la fiesta, hasta las cinco de la tarde. Pero no me queda duda que la raver tengo dentro sigue viva y todavía tiene la pasión intacta de seguir bailando.

La costumbre de llegar de bailar con el sol
No me gustaría terminar este NMP, sin lamentar la muerte de Carlos David Ruiz. No lo conocía. Sin embargo, recientemente me enteró personas con las que he bailado sí eran sus amigas. Quiero hacerles saber mi sentido pesame. No encuentro palabras que puedan consolar en este momento su dolor. Sin saberlo, al otro día de su muerte velé su cuerpo. Deseo pueda descansar en paz.
Por último nos quiero recordar el cuidado y el respeto como bandera. La fiesta es un espacio político. NUNCA OLVIDEN ESO.
Gracias por leer.
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