← Back to list

El albergue de Rut

Nada nuevo vieron los ojos de Saulo cuando atravesó la puerta maltrecha de aquella casa que pedía a gritos un final piadoso. En numerosas…

Mexuy in Encuentros con el Otro · 2026-02-04 15:33 · 0 claps · 3.8 min read
#ficción #casa #cuento #puerta #viejo
Open on Medium ↗

El albergue de Rut

Nada nuevo vieron los ojos de Saulo cuando atravesó la puerta maltrecha de aquella casa que pedía a gritos un final piadoso. En numerosas ocasiones había escuchado como el nieto hablaba por celular diciendo que iba a cuidarla bien y que la renovación a manos de los mejores albañiles sería un éxito, como si jamás le hubiesen pasado los años encima.

Mentirle con tal descaro a una vieja era cosa de embusteros y una falta de respeto hacia la propia genealogía. “Le ahorro malestar, no le queda mucho tiempo”, respondía el nieto un poco incómodo al interpretar la reprobación en la mirada de Saulo, maestro mayor de obras y responsable de la demolición del que parecía haber sido hogar de la vieja Rut. “No está en mi lugar juzgar, descuide”, contestaba el constructor mientras se ocupaba de mirar planos con la bien fingida indiferencia que tienen los profesionales de antaño.

La orden estaba dada. En cuestión de horas, la casona se convertiría en escombros y el terreno quedaría despejado para la proyección de futuras estructuras. Tras haber transitado por los espacios, sólo se podía concluir que lo más económico sería tirar abajo todo; incluso los cimientos habían sufrido debido a distintas excavaciones aledañas que movilizaron la tierra y provocaron la caída de algunos muros circundantes al caserón. Para Saulo resultaba asunto de suerte que una tormenta o un vendaval no se hubieran ocupado de romper alguna que otra pared en todos esos años.

Antes de dar la señal, observó una vez más el único remanente digno de tamaña obra: la puerta doble hoja de caoba que coronaba la entrada. Si bien el desgaste era notorio a simple vista, resultaba hipnotizante apreciar lo que alguna vez se constituyó una magnífica pieza robusta. Para Saulo era una obviedad: cualquiera con sensibilidad mínima que se detuviera a observarla por un momento, podía apreciar que había sido tallada con prodigio, dedicación y con la sagaz noción de que daría aviso de una construcción magnífica. No pudo evitar sentir la desazón de quien vive un duelo, como si Rut hubiese sido su propia abuela, como si su amor hubiese sido capaz de inundar a cuanto transeúnte hubiera pasado por allí con ojos para apreciar tamaña entrada.

Negándose a darle libertad a emociones desafortunadas y solemnes que nada tenían que ver con el oficio, retiró la vista con breve sacudón de cabeza y autorizó el inicio de la demolición.

Con el transcurrir de los años, vinieron a él más obras y mayor experiencia. Conoció otras historias detrás de las refacciones, demoliciones, ampliaciones. Trabajos en donde sintió que el tiempo voló, casos en los que tuvo que lidiar con opiniones encontradas de familiares sobre el proceder en cada instancia de una construcción, ni hablar de la constante convivencia con arquitectos, opinólogos de turno y empleados chantas. Cada trabajo tenía su anécdota y una lección detrás y más pronto que tarde entendió que salvo él, poquísima gente tenía la facilidad para sacar historias de la cal y el cemento.

Llegada la época de retiro, se dedicó a consentir a sus nietos y hacer uso de su don. Ni había sido su obra más ambiciosa, ni despertaba particular interés entre sus oyentes –quienes se sentían más cautivados por el impacto de algún chisme o alusiones a apariciones y fantasmas–, sin embargo, siempre daba lugar a la gran casa de Rut y a su cariño desmedido por la familia. Contaba la funcionalidad de cada una de las habitaciones, describía con exactitud las flores plantadas en el jardín interior, se perdía a sí mismo imaginando la escalera caracol que conducía al primer piso y, por sobre todo, afirmaba contundente que aquel hogar había sido pensado para albergar a muchos parientes en tardes soleadas de domingo. Jamás comprendió por qué dedicaba cada vez más tiempo a inventar historias sobre Rut, cuando en realidad había sido testigo de unas dos o tres conversaciones, en las que sólo se había imaginado la voz de una anciana apenada por no ser capaz de seguir cuidando de nadie más.

En la época de desgaste y ocaso, con nietos adolescentes e hijos en crisis de mediana edad, se encontró sentado en un pequeño bar leyendo una novela olvidable, mientras tomaba un café insulso, como parte de su hábito de anciano que sale para hacer algo. Cuando consideró que podía dar por finalizada la tarde, pagó la cuenta y decidió dar una vuelta antes de tomar el camino directo al departamento. En su andar cansino reflexionó algunas cuestiones de aquella lectura y pensó en lo que haría al regresar. Luego, se detuvo a esperar el cambio de luces en el semáforo y perdió la mirada hacia el otro lado hasta que un color rojizo llamó su atención.

Tenía que ser un sueño. Se quitó los lentes como se le impidieran la vista en lugar de ayudarle y entrecerró los ojos, aquel color le resultaba familiar. Ni bien pudo cruzar la calle, disparó hacia aquel punto y se dio de lleno con la gran puerta de caoba. Ostentosa, recién lustrada y pulida, con olor fresco a barniz, se le presentaba tal y como la había concebido Rut en sus mejores días.

Diminuto ante su imponente presencia, sintió temor y certeza de lo que se avecinaba. Observó a su alrededor con lágrimas en los ojos desgastados, entre asombrado porque nadie parecía notarlo ni a él ni a la puerta y conmovido por tener oportunidad de deleitarse en los gracia de su oficio una vez más. Tomó con emoción y seguridad uno de los picaportes, atravesó el portal y se encontró con Rut, quien siempre había dado cobijo a todos.


메타데이터
post_id
9222186bf0d8
slug
el-albergue-de-rut-9222186bf0d8
url
https://medium.com/encuentros-con-el-otro/el-albergue-de-rut-9222186bf0d8
canonical_url
https://medium.com/encuentros-con-el-otro/el-albergue-de-rut-9222186bf0d8
author_url
https://medium.com/@mexuy
status
ok
fetched_at
2026-07-13 06:23:13