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La primavera ha llegado. Capítulo 12.

Un rato después, llegan a la galería, y Leonardo, que la esperaba, la ve descender del coche.

lashistoriasdeisabel · 2024-06-22 21:09 · 0 claps · 20.0 min read
#miedo #huir #dolor #susto
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La primavera ha llegado. Capítulo 12.

Un rato después, llegan a la galería, y Leonardo, que la esperaba, la ve descender del coche.

— Muchas gracias, Daniel — Claudia respira con fuerza, para agregar — Agradece a tu señor, de mi parte. Por favor.

Leonardo, se apresura para recibirla, y mientras tanto, adorna su rostro, con una enorme sonrisa.

— Buenos días, señorita — no obstante, a su jovialidad, se queja — Así que aceptas el coche de mi hermano, y el mío no.

— Buenos días, Leonardo — Claudia lo mira, bastante contrariada — Es que tu hermano, aunque sea idéntico a ti, no es igual para nada a ti. Él me intimida y me asusta. Y aunque me negué, me neutralizó con su mirada penetrante.

Leonardo sonríe, pero apura el paso, acompañado de Claudia, hacia el pabellón central.

— Mi hermano no es tan así, como piensas, Claudia. A medida que lo vas tratando, cambias la primera impresión, que te llevas de él — y aunque apurado, le dedica una mirada, algo graciosa — Al principio, te pasó igual conmigo, y ahora somos amigos, ¿no es verdad?

— Tienes mucha razón — Claudia, sonríe — Realmente siento, que ya somos amigos.

— Bueno, ahora concentrémonos en el trabajo. Ya no queda nada por vender, pero debemos seguir expuestos hasta que termine la semana — y sin poder evitarlo, Leonardo se ve, felizmente ansioso — Hay personas, que quieren conocerte y otros tantos, desean entrevistarte. Algunos tienen ideas de proyectos para ti, pero me tomé el atrevimiento de decir, que tenemos un contrato, y que ahora estarás ocupada.

— ¿Y tenemos un contrato así? — ella, se sobresalta.

— No exactamente así — y de repente, se pone muy serio — Pero es una propuesta, que quiero valorar contigo, ante las ideas nuevas, que me han surgido.

Y suponiendo pesimistamente, que se puede negar, de un impulso, se detiene frente a ella.

— Claudia, por favor. No rechaces mi propuesta — y ansioso, se oprime una mano, contra la otra — Surgió una convocatoria para una revista super famosa, y quiero hacer algo contigo y con Irene, juntas.

Leonardo se congela, ante la mirada de reproche de Claudia, pero no por eso desconfía, de su propia intuición.

— Pero, ¿ahora tomas decisiones por mí, Leonardo? — y ella también, se pone bien seria.

— No, de ninguna manera, Claudia. Por favor, no me malinterpretes — y consciente, de que fue una decisión bastante atrevida, trata de explicarse mejor — Solo quise ganar un poco de tiempo, para que valoraras mi propuesta, primero, que las demás.

— ¡Ah, comprendo! — y sonríe, pero todavía, algo contrariada.

Y al llegar al pabellón central, Claudia se queda perpleja.

— Falta la foto número cinco, ¿qué le pasó? — y muy sorprendida, busca los ojos de Leonardo.

— Nada, tranquila. Decidí quitarla, y enviársela a su dueño — pero ella se queda sin entender, y Leonardo lo entiende — La foto resultaba ser, muy demandada, pero esa no fue la razón. La situación que se me presentó con un chico, fue la que me obligó a tomar esa decisión. La quería a toda costa, triplicaba y seguía proponiendo, cualquier cantidad de dinero, por tal de llevársela. Y para evitar su constante asedio, preferí retirarla.

De forma increíble, mientras Leonardo le comentaba lo sucedido, Claudia se aterrorizó, y no podía explicar la razón. Pero como mismo hasta hace poco presintió, que cosas buenas estaban por pasar, ahora presiente, todo lo contrario; siente, que algo terrible va a suceder. Y con una opresión inmensa en el pecho, intenta alejarse un poco, para poder respirar, pero los reporteros, que la esperaban, le cortan el paso, y ella no tiene más remedio, que concentrarse en las preguntas, que le quieren hacer.

Mientras tanto, en la academia de arte, Gabriel se reúne en su oficina, con algunos de sus colegas.

— Gabriel, Adriana hoy, no se ha presentado y no responde a nuestras llamadas — Julia se ve, muy preocupada.

— Julia, Adriana ayer, me presentó su dimisión — la cara de Gabriel es, terriblemente seria — No había comentado nada al respecto, porque deduje que se presentaría aquí, a primera hora. Imagino, que, en cualquier momento vendrá, por sus pertenencias.

Ese comentario tan inesperado, dejó a todos los presentes, consternados. Pero conociendo muy bien, su forma de ser, con los temas personales, ninguno emite, criterio alguno. De hecho, él, automáticamente, se concentra en la reunión.

— Bueno, volviendo al tema que nos ocupa — y con mucha fuerza, toma aire — Creo que la decisión, que hemos tomado es, la más acertada — y de inmediato, se dirige a Julia — Ocúpate de los trámites pertinentes, por favor.

— De inmediato, Gabriel. Yo me ocuparé de todo — ella le responde.

Sin más asuntos que tratar, concluye el encuentro. Por lo tanto, todos se marchan, excepto Julia, que, con un pretexto, espera, a que el último de sus compañeros, cierre la puerta.

— Gabriel, por favor. Adriana me preocupa — y sus ojos muestran, mucha tristeza — ¿Acaso se han separado?

— Lamentablemente sí, Julia — Gabriel, suspira, sin poder ocultar su angustia — Independientemente de su extraño comportamiento de los últimos días, nuestra relación ya era insostenible. Y sus fantasmas nos fueron separando, sin yo mismo darme cuenta. Últimamente, lo único que ya nos hacíamos, era mucho daño. Se le metió en la cabeza, que yo tenía amantes. Y tú me conoces, Julia. ¿Cuándo me viste hacerle algo así a Adriana?

Julia se queda sin palabras, pero lo escucha. Para Gabriel, que es tan reservado, sacar sus intimidades con ella, debía ser, bastante complicado.

— ¿Tú recuerdas, que te pedí, que le hicieras creer a todos, que tenías otra tercera copia de las audiciones? — y al ver, que Julia asiente, él continúa hablándole — Pues ella sola, cayó en la trampa, que le pusimos. Y discúlpame, porque ni tú sabes, que tu departamento está lleno de cámaras. Yo me resistía a creerlo, y más de mil veces tuve que revisar las grabaciones, para convencerme. Pero ni así, me sentía con el valor de dejarla al descubierto. Incluso, quería conversar con ella, sin pensar en alejarla de la escuela, porque mucho que ha trabajado a mi lado, para sacarla adelante, pero su obsesión es enfermiza, y ya no tenía límites. En su mente siempre tuve una amante rubia y de ojos azules, por eso, cambió el color de su pelo, y por eso, no quería dar su voto, para la chica del dúo. Y su robo solo tenía la intención, de que yo nunca la viera.

— Por dios, Gabriel — Julia abre los ojos, desmesuradamente — No puedo creer, que su amor por ti, haya llegado a tanto.

— Eso no es amor, Julia. Eso es locura — Gabriel, se siente destrozado — Si el daño fuera solo hacia mí, no me importa. Yo la hubiera perdonado, y nunca la hubiera apartado de su trabajo. Pero comprendí, que ella no iba a detenerse, y sus malas acciones, ya estaban teniendo consecuencias negativas, para la propia escuela. Ella no habló con los chicos del dúo, como te dijo; ella mintió sobre ellos. Por eso tuve que tomar cartas en el asunto y alejarla definitivamente, de todo lo que tuviera, que ver conmigo.

— Qué pena me da con ella, Gabriel. Llevo mucho tiempo viéndola mal, y por mucho, que la he aconsejado, ha ido a peor — Julia se ve realmente, consternada.

— Julia, yo estoy muy preocupado, por Adriana — y sin poder sentirse tranquilo, se le acerca — Sus actitudes últimamente, han sido completamente erradas y obsesivas. Te puedo asegurar, que no está en sus cabales. De hecho, en ese estado, no puede enfrentarse a un aula, repleta de estudiantes — y con total sinceridad, Gabriel le pide — Tú que eres su amiga, trata de acercártele, para que acepte ayuda profesional. De mí, no aceptará ese tipo de ofrecimiento.

— Me ocuparé, Gabriel. No te inquietes — y totalmente preocupada, Julia se marcha.

Y pensando, en que por fin tendría tiempo, para ocuparse del trabajo administrativo que se le acumula, Gabriel se sienta frente a su ordenador y respira con fuerza, para intentar concentrarse, pero el llamado a su puerta, se lo evita.

— Adelante — su voz, como tantas veces, resulta ronca.

— Gabriel, he llegado — es Daniel, el que tiene detenido, en el umbral de la puerta.

Pero su sola presencia, lo hace ponerse de pie. Daniel no acostumbra a presentarse, en su oficina.

— ¿Todo bien con la chica? — su pregunta resulta, algo ansiosa.

— Sí, con ella sí. Pero debo comentarte algo, que me ha inquietado — la mirada de Daniel, le da las claves; sin dudas, algo pasa.

— Por dios, Daniel. No me gusta lo que veo en tu mirada — y con visible tormento, le insiste — Habla de una vez, por favor.

— Bueno, es que no quiero alarmarte. Pero estoy casi seguro, de que nos seguían — y ante la contrariedad, que su comentario ha provocado en Gabriel, se queda observante.

Gabriel se queda muy pensativo y va hacia su ventana, ante la mirada expectante de Daniel, que espera instrucciones. Y a él, solo le queda por suponer, que, si no iba en el coche, la persecución, era para ella.

— Daniel, por favor. Averíguame todo lo que puedas sobre Claudia, y su familia — y abstraído en sus pensamientos, se le acerca — Yo investigaré a través de mis fuentes, y haré que la sigan, sin que ella lo sepa. Porque no creo, que fuera a mí, al que seguían.

— Pero, Gabriel — Daniel se ve consternado — ¿Tú crees, que esa chica inocente, tenga enemigos?

— No lo puedo ni imaginar, Daniel. Pero no era yo, el que iba en el coche. Y si alguien decidió seguirlos, entonces no era yo, el objetivo — y frunce el ceño, denotando, extrema preocupación.

— Tiene mucha lógica, lo que dices — y de inmediato, Daniel se pone de pie — Me voy enseguida, a cumplir con la parte que me toca.

Gabriel se queda bastante preocupado, y como un relámpago, le viene Adriana a la cabeza, «No puedo pensar que sea ella, no creo que llegue a tanto», y de un golpe, con mucha energía mueve la cabeza, descartando esa posibilidad, «He vivido con ella nueve años, es imposible que ella haga una cosa así, con la intención de alejarla de mí»

El tiempo no se detiene y la tarde ya va cayendo, cuando Claudia siente el cansancio, que le ha provocado, un día de muchas entrevistas, de atender a tantas personas, y de valorar diversos compromisos de trabajo. Sin dudas, debe adaptarse a un nuevo ritmo de vida, al que no estaba acostumbrada, y, sobre todo, a mantenerse perfecta, delante de tantas miradas.

— Leonardo, debo irme ya — y aunque cansada, sonríe — Mañana paso por tu estudio, para oficializar el nuevo contrato — y ante la asombrada e ilusionada mirada de Leonardo, ella añade — ¿Pero acaso pensabas, que después, de darme la mano, te dejaría a mitad de camino?

— Por supuesto, que no esperaba eso de ti, Claudia. Aunque ciertamente, ya no es lo mismo — y respira complacido — Ahora estás en condiciones de poder decidir y de elegir. Antes, yo era tu única opción; ya no.

— Pensé, que ya me conocías un poco, Leonardo. Pero te lo aclaro, yo no soy así — y mostrando su sinceridad, le dice — Para mí, valen más, otras cosas, como, por ejemplo, la palabra empeñada.

— Sé que eres así, Claudia y me alegro mucho, haber sido el que te impulse, en estos caminos — y al sonreír, Leonardo le propone — Deja que mi chofer te lleve a casa, por favor.

— No, Leonardo. Te lo agradezco mucho, y no pienses, que es un desprecio — Claudia, aunque nerviosa, sonríe — Quiero pasar por el banco, para depositar tu cheque, y ya voy contra reloj, y después tengo una cita concertada, con un especialista de una inmobiliaria, para una casa, que quiero comprar para mi familia — y totalmente agradecida, hasta se le nubla la mirada — Ahora, ya puedo pensar en eso.

— No me mires con esa cara, por favor, no todo es gracias a mí. Ese dinero no, es más, que el valor de tu trabajo — y con la confianza que ya van teniendo, sonríe mucho, mientras la acompaña hasta la salida — Que todo te vaya bien, Claudia. Nos vemos mañana.

Y Claudia no se había alejado ni diez metros de la galería, cuando se queda paralizada, ante el llamado, de una voz conocida.

— ¡Claudia! — y sin poder contener el temblor de su cuerpo, aunque no mira hacia atrás, se queda paralizada.

Asustada, cierra los ojos con fuerza, pero no tiene alternativa, tiene que enfrentarse a la realidad. No puede regresar a la galería, y aunque intenta correr, la fuerza brutal de una mano masculina, se lo impide, ferozmente.

— ¿Ahora vendes tu cuerpo para vivir? — y la aprieta por el brazo, tan duro, que ella tiene, que gemir.

— Déjame en paz, Adam — Claudia, sin importarle si alguien la escucha, con todas sus fuerzas grita, y trata de zafarse de su agresor — Aléjate de mi vida, Adam. No quiero saber nada de ti.

Pero por mucho que lo intenta, Claudia no puede huir. Adam la supera en fuerza y en maldad, y totalmente enfurecido, la arrastra hacia una calle secundaria, por donde no ve a nadie, transitar. Y ante la posibilidad de que escapara, la golpea, la toma por el cabello, y la empuja contra la pared, para doblegarla y besarla.

— ¡Claudia! — y jadeante, le aclara — Nunca permitiré, que te acuestes con nadie más.

Claudia sufre e intenta liberarse, pero Adam, mientras la besa, le vocifera encima.

— ¿Te acuestas con el fotógrafo? Dímelo, necesito oírlo de tu boca.

Pero Claudia solo puede llorar, y con total desesperación, intenta gritar, para llamar la atención, de alguien, que se digne a auxiliarla.

— ¿Me dejaste a mí, que te lo ofrecía todo, para acostarte con cualquiera, y vender tu cuerpo, al mejor postor? — Adam, totalmente enloquecido, le muerde los labios, con tanta furia, que hasta la hace sangrar — Te hacías la pura, la decente, y no eres más, que una prostituta — y con deseos de tomar todo, lo que supone suyo, comienza a rasgarle toda la ropa — Te voy a poseer y te voy a dejar desnuda, para que, de una vez, lo enseñes todo. Ya, qué más da.

— ¡Déjame en paz! — los gritos de Claudia, son aterradores, pero no hay nadie cerca, que la pueda escuchar.

Photo by Mario Azzi on Unsplash

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Sacando fuerzas, que hasta para ella fueron desconocidas, Claudia logra golpearlo, por las partes, que, a él, más le dolían, justo, en el instante, en el que casi, la poseía. Y completamente aterrada, comienza a correr por su vida y por su reputación. Pero su llanto es tan estremecedor, que no puede saber, hacia dónde la llevan, sus adoloridas piernas.

No había avanzado mucho, y sobresaltada, mira hacia atrás, para comprobar, que Adam, totalmente fuera de control, prácticamente, la alcanzaba. Siente que las fuerzas le fallan y si no logra desaparecer de su vista, en muy poco tiempo, volverá a caer en sus manos, sedientas de venganza.

Pero lo peor de todo es, que ella conoce muy poco, del centro de la ciudad, y por mucho, que algunas personas la ven corriendo enloquecida, y sosteniéndose la ropa, nadie se brinda a ayudarla, hasta que milagrosamente, ve la entrada a una estación del metro, y desesperada, y ante la mirada atónita de muchos transeúntes, se inserta entre ellos, para poder esfumarse, de la vista de Adam.

Casi colapsada, muy llorosa y totalmente adolorida, logra hacerse de un escondite, en una esquina del andén, debajo de una escalera. Y con manos temblorosas, además de secar sus lágrimas, trata de componer un poco su ropa, pero está tan destrozada, que deja su cuerpo, casi al desnudo.

Su mirada nerviosa y prácticamente de locura, la hace prestarle atención a todo lo que sucede a su alrededor, y sobre todo observa, las piernas de las innumerables personas, que esperan por la llegada, del próximo tren. Y aunque adopta una postura, bastante escurridiza, siente miedo, de que algunas de esas piernas, pertenezcan a Adam.

Transcurren unos minutos más, y controlando sus sollozos, intenta pensar con claridad. Pero no se atreve a sacar el móvil para pedir ayuda, por el temor a ser descubierta. Y ahora, pensando con más calma, se horroriza, de solo imaginar, que alguien la hubiera reconocido, y que algún comentario o foto, comenzara a circular, hasta llegar a su madre, que de seguro moriría, de tanta vergüenza. Sospecha, que no está muy alejada de la realidad, porque Adriana, que la seguía con obsesión malsana, lo había grabado todo. Pero su intención no es hacerlo público, por lo menos, por ahora; su primer objetivo es Gabriel. Ella necesita demostrarle, la calidad de mujer, por la que había tirado, nueve años de relación.

Como si Gabriel sintiera, que algo no anda bien, se ha mantenido todo el día, muy ansioso. Realmente, desde que Daniel lo puso al tanto de la persecución, no había logrado estabilizarse, emocionalmente. Y en estos momentos, con el pecho comprimido, sale del aula, camino a su oficina, cuando se encentra con un Daniel, que le resulta, extremadamente pálido y nervioso.

— ¿Qué pasa? — sin dudas, Gabriel, al verlo, se sobresalta bastante.

— Gabriel, la chica está en graves problemas — Daniel resopla, soltando algo, de su ansiedad.

Gabriel frunce el ceño, pero recuerda, que está en medio del pasillo.

— Vayamos a mi oficina, por favor — y con prisa, redobla el paso, que llevaba.

Sin experiencias en una situación similar, Daniel, que se ve hasta alterado, de inmediato le ofrece el móvil, con una grabación, que mostraba, parte de lo sucedido.

— ¡Esto es horrible! — trastornado, Gabriel empieza a dar vueltas en redondo — No entiendo por qué, le quieren hacer, tanto daño. ¿Qué mal puede hacer, una chica así?

— No lo sé, Gabriel. Solo te puedo decir, que ese chico, la maltrató bastante — Daniel se siente frustrado y atormentado — Y ella, por más que intentamos socorrerla, se nos desapareció en segundos. La vimos entrar a la estación del metro, y muy rápidamente, bajé, la busqué, y esperé afuera, por mucho rato, por si decidía salir. Al final no sé, si tomó algún tren. Pero lo dudo, estaba muy lejos de donde vive, y tendría que hacer muchos cambios.

Y como un loco, Gabriel se lleva las manos a la cabeza, cuando lo enfrenta.

— Pero, Daniel, no puedo entender, ¿cómo esto pasó delante de ustedes y nada pudieron hacer? — y desesperado, da un fuerte golpe, sobre la mesa.

— Gabriel, todo fue muy rápido. Incluso, ella hoy salió de la galería, mucho antes, de lo acostumbrado. Yo, justo en ese momento, regresaba de hacer otras gestiones, que me habías encargado — y aunque siente, que le ha fallado, añade — Nuestro amigo, lo primero que hizo fue grabar lo que pudo, para tener evidencias de la agresión. Así, si ella opta por acusarlo, no tendrá escapatoria. Cuando me encontré con él, me pasó la grabación, para que te la diera, en persona. Y fue cuando me percaté, de que ella se perdía entre la multitud que bajaba a la estación. No se pudo hacer nada más, porque le perdimos el rastro — y con pesar, le dice — Yo tengo que ser sincero contigo, nunca imaginé que esto llegara a tanto. Sin dudas, fui muy lento y debí comprender, que algo así podría pasar.

Daniel se siente impotente y opta por quedarse en silencio, por un momento. Pero en su mente llega, a una sola conclusión, jamás había visto a Gabriel, en un estado de tanta desesperación.

— Al menos se sabe, ¿quién es ese hombre? — y su mirada se repleta de angustia, al preguntar.

— Sí — pero Daniel, con la verdad, que ha descubierto, se abstiene a decir más.

— Por favor, Daniel — y se apodera de él, un carácter feroz — ¿Quién es? Habla de una vez.

— Su novio, o ex novio. No he podido precisar, si han terminado — Daniel respira, visiblemente agobiado, cuando le dice — Gabriel, he tenido poco tiempo para investigar. Yo me enfoqué en averiguar cosas de su familia, y tu amigo, todavía, no me ha completado el resto de la información.

Pero Gabriel no tiene capacidad para seguir escuchando, y desfallecido, se deja caer, sobre su silla.

— Trata de calmarte, Gabriel. No hagas de esto, un callejón sin salida. Yo regresaré al lugar, y la encontraré — y bastante exaltado, Daniel, se pone de pie.

— Hazlo, Daniel. Te lo pido, por favor. Hazlo — y con la mirada, bastante perdida, añade — Ahora, yo no puedo irme de aquí.

Gabriel, en cuanto ve salir a Daniel, opta por escuchar, a la única persona, con la que puede hablar de un tema tan complicado, y que lo ha trastornado, completamente.

— Por dios, Gabriel ¿Qué pasa contigo? — Leonardo, al escucharlo, se alarma.

— Me comentaste, que tuviste que retirar la foto de Claudia, porque un chico bastante arrogante, la quería comprar, a cualquier precio, ¿verdad? — y con fuerza, toma aire.

— Exacto. Bastante insistente y a simple vista, con mucho dinero — intrigado, le responde Leonardo.

— Te voy a enviar una imagen, para que me digas, si es el mismo chico — y sin perder un segundo, le envía la foto.

Leonardo, con muy poco esfuerzo, lo reconoce.

— Sí, es el mismo. Estoy seguro, Gabriel — pero todavía, no entiende nada.

— Leonardo, debí escuchar la voz de la vida. No me lo puedo perdonar — y se retuerce, por no haber interpretado bien, la señal — Ese indeseable, a la salida de la galería atacó a Claudia, le arrancó la ropa…la intentó violar… — Gabriel aprieta los puños contra la mesa, hasta sangrar.

— Por dios, Gabriel, ¿qué me dices? — Leonardo se asusta demasiado — Quise que se fuera en mi coche, pero me explicó de varias gestiones, que debía hacer — y abrumado, agrega — Ella quiere comprarle una casa a su madre. Son tres mujeres solas; no tienen a nadie más — pero Leonardo, se sobresalta — Gabriel, y ¿cómo sabes todo eso, si yo, estando cerca, no me había enterado?

— Porque… — y aunque lo piensa, no puede mentirle — Porque tengo a Daniel y a otro amigo, sabes quién es, a Noel, siguiéndola… — bastante exaltado, Leonardo lo interrumpe.

— Gabriel, ¿Acaso te has vuelto loco? — y al sentir, que su tono de voz, fue exagerado, mira hacia todas partes, y buscando privacidad, se aleja del foco de atención — Hermano, por favor. ¿Qué pasa contigo? Sé que la chica te gustó, desde que la viste, pero no entiendo por qué la sigues. Claudia no puede ser tuya, está comprometida con Fernando.

— Estoy loco por ella, Leonardo — y su suspiro es, agónico — No lo había interiorizado de esa manera, pero ahora, lo tengo muy claro. La chica me transforma, hace que mi corazón, lata muy aprisa, me convierte, en alguien, que siempre desee ser — y realmente, como un loco, se aferra a su ventana — Pero no la sigo, porque haya perdido la cordura, es porque Daniel me comentó, que un coche, los estuvo siguiendo, y como era ella, la que iba en mi coche, deduje que alguien quería hacerle daño. Y ahora lo comprobamos, es el novio.

— ¿Novio?, pero el chico de la foto, no es Fernando — ahora sí, que Leonardo, no entiende nada.

— Leonardo, Fernando es solo su amigo, nada más. Este, el de la foto, el agresor, es su novio — Gabriel se siente, bastante perturbado.

— Dios mío, Gabriel, no logro entender nada. Mantenme al tanto de la situación, por favor. Sobre todo, del estado de Claudia — y observando, que lo buscan, Leonardo decide concluir, con la conversación — Ahora no puedo seguir hablando, se me acercan unos periodistas — y sin más, quedan en volver a hablar.

En el centro de la ciudad, Daniel, visiblemente preocupado, intenta encontrar a Claudia. Pero después de dar varias vueltas en redondo, por el lugar del incidente, incluso, por la estación del metro, no ve rastros de ella, y con el de cursar del tiempo, cree muy poco probable, que todavía esté cerca. Pero, sin ánimos de perder las esperanzas, persiste en marcar su número de móvil, y como otras tantas veces, no obtiene respuesta.

No obstante, contrario a sus suposiciones, Claudia sigue escondida, en el mismo lugar, esperando el momento oportuno, para poder salir, sin que nadie sé de cuenta. Piensa, que, con la llegada de la noche, la afluencia de personas disminuya, y ya Adam haya desistido de encontrarla. Y adolorida, con una postura encorvada, que ya le va siendo insostenible, su cuerpo empieza a temblar, ante la cercanía, de lo que supone sea un hombre, por el pantalón, que lleva puesto. El pecho se le aprieta, y siente ganas de morir, al ver, que cada vez, se acerca más. Pero el temblor se agudiza, cuando siente, el sonido de un móvil.

— Gabriel, no logro encontrarla — Daniel se ve, muy tenso — He dado mil vueltas. Ahora mismo estoy dentro de la estación del metro. Ya no sé dónde más, buscar. Le he hecho mil llamadas. Deduzco que esté, muy asustada.

Y ella, aunque no logra entender lo que habla, puede reconocer, que la voz, es la de Daniel. Y al sentir, que es alguien, que la podría ayudar, comienza a llorar. Pero esos segundos bastaron, para que, de forma inesperada, Daniel desistiera de su búsqueda, y retornara sobre sus pasos, buscando la salida de la estación.

— ¡No, no! ¡Por dios!, Daniel. No te vayas — Claudia susurra, anegada en llanto, mientras el temblor de las manos, no le permiten sostener el móvil, para poder llamar — Por favor, regresa. Eres mi única esperanza.

Y cuando parecía imposible, y casi ya, no lo divisaba, logra marcar su número.

— ¿Claudia? — Daniel se sobresalta — Por dios, hija, mira que te he llamado de veces, ¿dónde estás?

— Daniel, por favor. No te vayas — el llanto no la deja, articular palabras.

Pero él, al sospechar, que ella lo observa, al instante se detiene.

— Claudia, me asustas. ¿Estás bien? Trata de explicarme, dónde estás — y desesperado, regresa sobre sus pasos, pero en vano; no hay nadie cerca.

— Daniel… — Claudia logra, tomar aire — Yo te veo a ti. Por favor, sigue recto hasta el final. Hasta que tropieces con una escalera.

Daniel, totalmente sobresaltado, no camina, más bien, corre y ahora está justo, delante de la escalera.

— Claudia. No puedo saber dónde estás — y fuerza la vista, para tratar de verla — No hay nadie ahora, por todo esto. Si me puedes ver, sal, yo te protegeré.

Y dicho esto, Daniel la observa, arrastrándose por el suelo, para salir de un lugar, tan pequeño, del que no comprende, cómo pudo entrar. Y al sentirla tan asustada y abrazada a su cuello, la sostiene con fuerza.

— Hija, ya todo ha pasado. Te llevaré a casa — pero sus tiernas palabras, la hacen llorar más. No podía recordar, que su padre, la hubiera tratado así, con tanta delicadeza — Recuéstate a mí, Claudia. Déjame cubrirte con mi chaqueta.

— Daniel, no puedes imaginar, lo que me ha pasado — y sollozando, intenta explicarle.

— No me digas nada, Claudia. Ya habrá tiempo para hablar — y delicadamente, la sostiene en pie.

Pero Claudia, aunque se siente salvada y protegida, no logra controlar sus lágrimas.

— No llores más, hija — Daniel, se ve muy afligido — Yo te sacaré de aquí. Lo que sea, que haya sucedido, ya pasó y estás a salvo.

Y tratando de aliviar en algo la situación, Claudia logra sonreír, cuando le pregunta.

— Y, ¿qué hacías en el metro, el señor Gabriel te quitó el coche? — pero su mirada, todavía está, repleta de lágrimas.

— No — Daniel no pudo evitar, sonreír — En realidad, te buscaba — pero por temor a ser indiscreto, añade — Es una larga historia, de la que podremos hablar después.

Sin mediar una palabra más, Claudia, todavía asustada, sube al coche, y extenuada, se recuesta hacia atrás. Pero Daniel, antes de subir, de forma discreta, hace una llamada.

— La tengo conmigo — y solo eso bastó, para que sintiera, el enorme suspiro, de Gabriel.

— Llévala a mi casa, por favor. Salgo enseguida para allá — y en efecto, como un resorte, Gabriel se pone de pie.

Pero Daniel, que, a través del cristal, no aparta la mirada sobre Claudia, aunque no ha dicho nada, no ha cortado la llamada.

— Daniel, por favor — Gabriel, resulta sereno, pero a la vez, obsesivo.

— De acuerdo — y entonces, se termina la llamada.

Daniel respira con fuerza y de una vez, pone el coche en marcha. Para él, cada vez está más claro, que Claudia ha provocado una locura desmedida, en Gabriel. Y teme mucho, que esa obsesión, lo haga sufrir, aún más. Lleva muchos años a su lado, y si bien, lo respeta bastante, lo ha querido como a un hijo, y aunque muy pocas personas, están al tanto de su verdad, él sí la conoce. Sabe de sus fantasmas, de sus miedos, y de la relación caótica, que felizmente acababa de terminar.

— Señorita, no creo que deba ir a su casa, en ese estado — Daniel no sabe bien, cómo decirle, hacia dónde van.

— Tienes razón, Daniel — y abrumada, se abre la chaqueta, para mirarse bien — ¿Cómo le explico a mi madre todo lo sucedido? — y sin remedio, vuelve a sollozar.

— Tranquila. La llevaré a un lugar, donde la esperan, y la van a cuidar — y temeroso, suspira, sin poder decirle más — Ahí, le tendrán ropa nueva.

— ¿Me llevarás a tu casa? Seguro que tu esposa es, tan amable como tú — y sin temores, suspira, y se vuelve a recostar.

Daniel no puede contestar, porque mentiría, y opta por reñir, con alguien, que se le atraviesa en la vía.

— Es imposible manejar, hoy en día — y al verla, con los ojos cerrados, con alivio, suspira.

Media hora después, Daniel estaciona el coche.

— Hemos llegado, señorita — y con total cortesía, la ayuda, a bajarse del coche.

— Ten tu chaqueta — y Claudia, muy rápidamente, hace por quitársela.

— No se preocupe, la recojo más tarde — pero ya Claudia no lo escucha. Su mirada se pierde, hacia la majestuosidad de la casa, que tiene delante.

De hecho, se asombra bastante, de que Daniel, pudiera vivir, en un lugar, tan acaudalado.

— ¿Alguien me espera?, ¿su esposa, quizás? — y con la mirada, busca a Daniel, que se había quedado rezagado.

— Ahora no hay nadie. Pero, por favor. Siga las instrucciones. Yo regresaré rápidamente — Daniel, le abruma mentir, pero cumple órdenes precisas.


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