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La paradoja de las transferencias en Chile: Cuando los incentivos priman sobre la experiencia

La experiencia de transferir sigue siendo dolorosa y poco amigable para las personas, ¿Por qué parece que a nadie le importa?

Ricardo Alfaro in finance-as-a-blog · 2025-09-04 01:13 · 0 claps · 6.7 min read
#payments #a2a-payments #tef
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Wiki topics: FIN · Fintech & Banking

La paradoja de las transferencias en Chile: Cuando los incentivos priman sobre la experiencia

Imagen generada por Nano Banana

Imagen generada por Nano Banana

De chico, soñaba con diseñar carátulas de discos. Por eso me encanta la música en formato físico, en especial los vinilos, que llevo coleccionando por más de una década. Un formato que, a todas luces, debería estar obsoleto: es poco práctico, ocupa espacio, el acetato es resistente pero delicado, las tornamesas son caras y nada portátiles. Sólo suenan increíbles si te gastas la vida en un setup de alta fidelidad. En resumen, todo en contra. Y a pesar de eso, sigo comprando discos. Tal como lo hacen muchos otros melómanos en el mundo. Esa es la razón por la que, como el ave fénix, el vinilo revivió con fuerza y su mercado sigue creciendo año tras año.

El sábado pasado, en una feria, me compré un par de discos. El vendedor tenía el famoso letrero: solo efectivo o transferencia. Y como nunca tengo efectivo, no me quedó otra que sacar el celular, abrir la app del banco, agregar destinatario, escribir todos los datos y hacerle una transferencia al compadre.

No creo ser el único que detesta ese proceso. Pero si no hay máquina para pagar con tarjeta, no queda otra. Igual hice el intento de preguntarle si acaso tenía Mach, Tenpo o algo por el estilo. Claro, tampoco era la mejor opción, porque habría tenido que cargar saldo, pero de verdad me carga transferir. Al menos, de la forma en que se hace hoy.

Y he ahí la paradoja. Tal como pasa con los vinilos — que a esta altura de los tiempos nadie debería fabricar si tenemos Spotify en el celular y música disponible en todas partes — , las transferencias en Chile siguen creciendo, a pesar de ser engorrosas y de que nadie parezca estar muy preocupado de mejorarles la experiencia.

Qué dicen los números

En el reciente **Informe de Sistemas de Pago 2025 del Banco Central hay una imagen clave. En número de transacciones, la tarjeta de débito es reina absoluta: superó incluso al efectivo como el medio más usado por los chilenos. Gracias a la Cuenta RUT** que puso en la mano de millones de chilenos una tarjeta de débito y sentó las bases para que casi veinte años después, estemos frente a este escenario. Luego vino la competencia en la adquirencia, por el modelo de cuatro partes, lo que multiplicó el enrolamiento de comercios que reciben pagos con tarjetas.

Fuente: Banco Central de Chile. Informe de Sistemas de Pago 2025

Fuente: Banco Central de Chile. Informe de Sistemas de Pago 2025

Sin embargo, son las transferencias electrónicas (TEF), las que se llevan el 65% del valor total de los pagos digitales. Cada chileno mayor de 15 años realiza en promedio 374 pagos digitales al año, y aunque la mayoría son con tarjeta, cuando se trata de montos más altos, la transferencia es con crecer la opción elegida.

Resulta paradójico entonces que el medio de pago con mayor fricción sea el más relevante en volumen.

Sapeando a los vecinos

Si miramos más allá de nuestras fronteras, en la región vemos el emblemático caso de Brasil con Pix lanzado por el mismo Banco Central en 2020: una transferencia instantánea, gratuita e interoperable que funciona con QR o alias. En muy poco tiempo se convirtió en el método de pago más usado. En 2025 incorporó funciones como Pix Automático (pagos recurrentes) y Pix Parcelado (compras en cuotas con abono inmediato al comercio). Su éxito se explica porque llenó el espacio donde antes no había una solución masiva y barata para el día a día, capaz de impactar por igual a millones de personas y al comercio desde el informal hasta el minorista establecido.

Imagen generada con Sora

Imagen generada con Sora

En Perú, la historia es similar. Con un amplio comercio informal, las tarjetas nunca lograron gran popularidad, sobre todo en pagos chicos. Ese vacío lo llenaron Yape y Plin, billeteras digitales creadas por los propios bancos emisores, que permiten pagar con el celular de manera simple. Desde 2023 son interoperables gracias a un decreto del Banco Central y hoy suman más de 25 millones de usuarios. Es la forma de pagar más común entre personas y están desplazando al efectivo en la calle, las ferias y el comercio chico.

En ambos casos, la clave fue la misma: llenar un vacío. Pix se instaló donde no había un riel universal. Yape y Plin crecieron donde las tarjetas nunca lograron masificarse. Y lo mismo ha ocurrido en otros países de la región, donde las tarjetas no tienen la misma penetración ni popularidad que en Chile.

Aquí, en cambio, ese espacio lo ocupó el débito.

¿Necesitamos un QR?

A ver, revisemos la historia reciente.

Han habido varios intentos de hacer de las transferencias un medio de pago más cómodo, pero ninguno logra consolidarse.

Fpay, Chek y Mach Comercios fueron algunos de ellos. Todos apostaron por un QR, pero dentro de ecosistemas cerrados. La falta de interoperabilidad fue siempre su gran muralla. Y no conversar con el resto del sistema es, en este negocio, una lápida inevitable.

Aún sobreviven Mercado Pago que tiene una buena cuota del mercado de POS y Santander QR también con Getnet.

Distinto fue el caso de RedPay, lanzado por Redbanc junto a la fintech Junngla. Se trataba de una propuesta más ambiciosa: una plataforma de pagos digitales interoperable, basada en códigos QR, que permitía a los comercios recibir dinero de forma instantánea y a los usuarios comprar sin necesidad de usar tarjetas físicas. Llegó a más de 130 mil negocios en todo Chile. Pero lamentablemente este año bajó la cortina.

Fuente: Chócale.cl

Fuente: Chócale.cl

La razón no fue tecnológica: funcionaba bien. El problema fueron los incentivos. No logró sumar suficientes emisores — jugadores clave en esta cancha — y tampoco a suficientes comercios. Cabe recordar que este es un modelo de negocio conocido como mercado de dos lados. Pero también, seamos francos: ¿por qué un negocio iba a querer pagar comisión por recibir transferencias vía QR si la TEF P2P ya es gratis?

Al final, RedPay chocó contra la infranqueable realidad de un mercado donde el costo cero prima por sobre la experiencia.

El caso del QR de Onepay, la billetera de Transbank, tampoco cambia la lógica. No nació para potenciar las transferencias, sino que para reforzar el negocio de las tarjetas. Hoy ha logrado sumar hartos emisores para interoperar con su QR, pero justamente por eso: ser un facilitador del mismo esquema de tarjetas. Además, es genial sobre todo en e-commerce. Recién está llegando tibiamente al comercio físico a través de smart POS.

BancoEstado contraataca

Ahora es el turno de **RutPay**. Se trata de un modelo de pagos con QR basado en TEF intrabancarias. Ofrece fondos inmediatos y menores costos para el comercio que la aceptación de tarjetas.

Su potencial podría ser alto, considerando el alcance masivo del banco, sobre todo en el segmento pyme. Pero la limitación es clara: al ser intrabanco, solo funciona entre cuentas de BancoEstado. El propio Banco Central lo plantea sin rodeos: “el modelo podría tener un impacto mucho mayor si fuera interoperable con otras instituciones financieras”.

Por ahora, algunos grandes comercios se han adherido, atraídos por los costos, la inmediatez y la masividad de la Cuenta RUT. El desafío real será expandirlo al comercio pequeño y, sobre todo, perseguir la interoperabilidad. Si no, corre el riesgo de repetir la historia de soluciones anteriores: útiles en el margen, pero sin escala real.

Los incentivos son los que mandan

Al final del día, todo esto se resume en los incentivos. Y en ellos, la experiencia de usuario queda postergada, porque la cuestión igual funciona.

Para el comercio, recibir transferencias directas es gratis y con abono inmediato. En ese escenario, cualquier alternativa que implique pagar comisión — aunque prometa una mejor experiencia de usuario — parte perdiendo.

Para los emisores, el cálculo es igual de claro. Cada pago con débito o prepago les deja ingresos por tasa de intercambio, aunque hoy sean más bajos. Con las transferencias interbancarias, en cambio, no ganan nada. **Incluso pierden. Entonces ¿Por qué impulsar un rail que canibaliza su negocio?**

Y para los usuarios finales, la paradoja es mucho más evidente. Somos los que nos damos la lata de llenar datos cada vez que pagamos. Y aun así lo seguimos haciendo. No porque nos guste, sino porque, es lo hay.

Y un último pelo a la sopa. **Apple Pay está creciendo con fuerza en Chile. Casi todos los emisores bancarios ya están integrados (salvo BancoEstado que está intentando otra cosa) y [empiezan a sumarse los de prepago, como Prex](https://www.fintechile.org/noticias/prex-habilito-su-tarjeta-de-prepago-en-apple-pay#:~:text=Para%20agregar%20la%20tarjeta%20Prex,desde%20la%20secci%C3%B3n%20%27d%C3%A9bito%27.)**. La billetera de Apple ofrece una experiencia rápida, segura y elegante: dos clicks, faceID y listo. Lo mejor, puedes tokenizar tu tarjeta de débito, por ende el usas saldo propio, pero obviamente siempre sobre el riel de tarjeta. Frente a eso, cualquier intento de pago por QR solo suena poco innovador.

Y así no más resulta está paradoja: las transferencias en Chile siguen creciendo, no porque sean simples o modernas como Pix en Brasil o Yape en Perú, sino porque el mercado ya decidió que los incentivos pesan más que la experiencia. Si el negocio funciona bien… que el usuario se lo banque.

En conclusión. Mientras el regulador siga “recomendando” avanzar, pero no obligue a que exista interoperabilidad real — como sí ocurrió en Perú con Yape y Plin — , nada cambiará. Seguiremos perdiendo el tiempo llenando datos, poniendo claves y, en mi caso, acumulando vendedores de vinilos entre mis destinatarios.

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