Cuando la pena se convierte en rabia; del amor al abuso.
Carta para un profesor abusador.
Cuando la pena se convierte en rabia; del amor al abuso.
Carta para un profesor abusador.
Por muchos años soñé contigo, en los sueños yo nuevamente me sentía una adolescente, una niña que te veía y sentía el alivio de poder volver a abrazarte.
Fueron más de 12 años, en que pensé que todo esto había sido un tipo de amor poco comprendido socialmente, que no tenía porqué estar manchado de malicia, como me hacían creer. Tú eras mi profesor, y tú, tal como me dijiste a mis 13 años, “me enseñaste a decir te amo”.
Nunca me atreví a hablar de esto con nadie, siempre tuve vergüenza de amar tanto a un profesor, y es que me traté de convencer de que lo que yo sentía por ti era un amor similar al de una hija por su padre. Pero siempre sentí una angustia que no comprendía, quizá la angustia por lo prohibido, por lo secreto, el sentir que solo me podías amar en lo oculto, en la oscuridad.
Por tanto tiempo sostuve yo la pesada vergüenza, de haberme enamorado de ti (o eso creí), cuando realmente, recién a mis casi 26 años, entiendo que tú eres quien más vergüenza debiese tener, por ser un abusador de menores, un aprovechador de la vulnerabilidad, y ante todo, un narcisista necesitado de admiración.
Me cansé este año de soñarte, de echarte tanto de menos, de sentir un dolor inmenso al despertar. Y quise buscarte, me imaginé un reencuentro ideal. Y a la vez me preguntaba ¿por qué tú no volviste a buscarme? Si me dijiste que “yo era tu mejor alumna, la que más amabas”.
Entonces, te busqué en mis diarios de esa época, y no pude leer más que unas páginas, porque lo primero que leí fue cómo te despedías de mí dándome besos entre la mejilla y los labios, mis labios de niña, mis mejillas de niña. Y yo, me ponía feliz por eso, porque me sentía correspondida, mientras tú, no pudiste comportarte como un adulto, ni menos como un profesor.
Entonces toda la tristeza, el dolor de extrañarte tanto, por fin tuvieron el sentido correcto: el de la rabia. Tanta rabia que en mis sueños ahora te gritaría, te escupiría por lo asqueada que me siento cada vez que recuerdo cómo me pinchaba tu barba al despedirnos, o cómo olía tu delantal cuando me abrazabas fuerte, en privado y en silencio.
Y por otro lado, a veces aun no sé bien qué siento, a veces todavía quiero ignorar un poco que esto sucedió, de darle importancia, porque aunque diga que la verguenza te corresponde a ti, sigo con mi cuerpo y mi identidad envenedada de verguenza, asco, llanto y soledad.
Yo pensé que por fin alguien me prefería, y tú te aprovechaste de eso.
메타데이터
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