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El Taller (ficción)

-¿Estamos muy lejos?

DonAgus · 2026-07-30 21:10 · 0 claps · 12.7 min read
#fiction #science-fiction #romance #fantasy #faith
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El Taller (ficción)

-¿Estamos muy lejos?

-Menos que antes.

-Eso no es una respuesta.

-Pero es verdad.

-Sos un hijo de mil puta.

-También es verdad. -asintió con la cabeza. Ya habían subido todo lo que era necesario. El camino era más tranquilo desde acá, pero no se lo dijo.

Podría haberle respondido que ya estaban cerca, habían pasado por el sonido de pájaros que siempre usaba como marcación. El nido en sí era bastante común, era el árbol lo que llamaba la atención. Con lianas luminiscentes y un tronco tallado con fórmulas y ecuaciones. Pero Sheev usaba el nido porque se veía a la distancia y en el día, mientras que el árbol solo brillaba de noche.

El Cascabel era uno de los bosques más grandes del planeta, y Sheev tenía la suerte de que estaba dentro del territorio de su familia, era como un gran jardín trasero. Su principal atracción para la mayoría de las personas era El Tósigo, la cascada más grande de todo el mundo y la cuarta más grande de la galaxia en planetas habitados. Pero hoy no iban ahí.

-¿Esto lo hiciste vos? -Pasó los dedos por las abstracciones matemáticas talladas en madera. Parecía ofendido-. Sos corruptivo, agarrás algo natural y le pones matemáticas y cosas científicas. -Siempre hacía gestos raros con las manos cuando no podía encontrar palabras.

-Todo es científico. -Sheev retrocedió para contemplar el árbol junto a él. Pero lo que le interesaba saber es qué pensaba Yonsu-. ¿No te parece?

-La mayoría de las personas talla sus iniciales en un árbol. O una de ellos y la de su pareja. -Sheev sacó su navaja y talló en el árbol: “S+Y”-. ¿No vas a hacer un corazón alrededor?

-… no… Sigamos.

Quizás debería haber dibujado el corazón, pero no quería arruinar ninguna de las cuentas que había anotado. Yonsu se quedó mirando el árbol unos segundos antes de continuar. Mientras caminaban por la tierra seca, las lianas brillantes de los árboles iluminaban sus rostros y sus ropas. La de Yonsu absorbía las luces y tomaba los colores, mientras que la chaqueta negra de Sheev ahogaba cualquier tipo de tonalidad, “hay una metáfora oculta en algún lado.” ya sabía que cuando Yonsu se diera cuenta de esto lo iba a hacer reír. Antes pensó en hacérselo notar pero las palabras simplemente no le salían. Su psicóloga le había dicho que tenía que abrirse más al mundo, aunque sea con nimiedades, tan solo exteriorizar lo que pensaba. Pero le costaba encontrar motivación para hacerlo.

-Ey. Tu chaqueta no refleja ninguna luz. Y la mía parece un vomito arcoíris.

-Sí. Me di cuenta.

-Es como si el universo quisiera decirnos algo.

-¿Algo como qué? -Se obligó a preguntar.

-Que el negro me quedaría mejor a mí. -Sheev sonrió.

-En tus sueños.

Siguieron caminando un rato más, Yonsu se distraía con los animales que pasaban tras los árboles. Los ojos brillantes de un vehnet los observaron. durante un rato, eran como cuatro luciérnagas suspendidas en el aire, debajo de las astas fluorescentes rosadas. Quizás le tenían miedo todavía.

Una de las cosas que más disfrutaba de ir a su taller era el silencio de la noche, más la seguridad de estar solo. Nunca miraba atrás, incluso cuando escuchaba ruidos extraños. Y aún así la melodía que tarareaba Yonsu no le molestaba, era aceptable. Un poco de música diseñada no le venía mal al ruido natural del viento y los cantos de los pájaros.

-¿Qué es esto? -El cable negro se mezclaba con la maleza y las ramas.

-Ya vas a ver.

El cable se extendía por la ladera y se sumergía en el río. no hacía falta seguirlo para saber a dónde iba.

-Wow. -Sheev sonrió, el asombro era exactamente como había predicho, no hubo margen de error. Eso le gustó, tanto como la reacción en sí.

A unos metros, dentro del río, podía verse el viejo domo. Era como si un sol hubiese caído en el mar. Sus cables negros se enredaban armoniosamente con los árboles cercanos mientras las lianas verdes se extendían por gran parte de la estructura de acero y el cristal roto. Algunos monos se deslizaban por el metal para llegar a otros árboles, y los pájaros se posaban para observar a los peces, esperando su oportunidad.

Las luces del domo y la de toda la ciudad sumergida funcionaban con agua, por lo que no se habían apagado nunca. Del río brotaban rayos de luz que permitían ver con claridad los peces y las plantas. Nadaban entre las ventanas de luz y avanzaban hacia la gran esfera en el centro.

Los ojos de Yonsu brillaban blanco y dorado.

-Vamos. -Comenzó a caminar por los márgenes del río, siguiendo a los peces. Yonsu lo siguió, maravillado.

La parte del río en la que estaban ellos estaba muy lejos de donde empezaba. Era una de las varias formaciones de agua que generaba el Tósigo, pero la única tan especial. Durante la caminata observaron trozos de vidrio y vigas flotando en el agua, como si aún quisieran mantener la ciudad que hubo ahí, cumpliendo su viejo propósito. Muchos de ellos estaban infestados de moluscos de colores que hacían del hierro su nuevo hogar. La luz fría de la luna se fundía con el calor del viejo domo, y los rayos de luz se tocaban en su encuentro de todas las noches. Sheev notó un grupo de peces nadando alrededor de un círculo de luz, jugando probablemente. El brillo hacía que se pudiera ver dentro de sus branquias, pero él ya sabía lo que había dentro.

-¿De dónde son todos estos restos? -Yonsú apartó la vista

-Kalamaris. De hace mucho tiempo. Antes de que los humanos llegáramos al planeta.

-Hmm. Probablemente tuvimos algo que ver con que ya no estén más. -Debería explicarle que las civilizaciones superiores destruyen a las inferiores si no se adaptan. Que las que mejor tecnología tienen son las que estaban destinadas a sobrevivir. Pero no quería discutir.

-Probablemente. -Además, técnicamente tenía razón. -¿no querés saber por qué te traje?

-Estaba esperando que me lo preguntes. No puedo ser siempre yo el que habla.

-Entonces sigamos, ya estamos cerca. -Yonsu estaba en cuclillas dándole comida a unos peces, se levantó, se sacudió las rodillas y le hizo un gesto para que guiara. -¿No querés saber a dónde vamos?

-¿Me lo ibas a decir antes de llegar?

-No.

Los peces nadaban en dirección opuesta, así que no se sentía acompañado por ellos. Su paso dejaba rastros en el agua similar al de las huellas en las arena. Yonsu tuvo que parar un momento para armarse un cigarrillo de hierbas, se sentó en un tronco que parecía limpio y sacó los elementos de su bolso. Sheev se quedó de brazos cruzados mientras lo esperaba.

-Sería más rápido si tuvieras uno de estos. -Exhibía su cigarrillo electrónico. Un tubo de metal gris con detalles de dorado. Se supone que hacía luces cuando se usaba, pero Sheev lo había modificado para que no las hiciera.

-Fumar desde un pene metálico lleno de cables y electricidad y chips, no, gracias. -Lamió la lija verde. -Pdefiedo do natudal. -Buscó su encendedor pero no lo encontraba, comenzó a golpear los bolsillos de su ropa pero fue inútil. Se empezó a poner ansioso, luego nervioso, luego quizás un poco enojado; casi que hundió el brazo entero en el bolso. Sheev se le acercó, exhaló el vapor generado mecánicamente y dió vuelta su cigarrillo, revelando un encendedor en el otro extremo. No necesitó decir nada para resaltar la ironía y simplemente se lo prendió.

En el otro margen del río había más Vehnet bebiendo. Cuando el agua bajaba por sus gargantas sus cuellos se iluminaban de azul. Dos jóvenes jugaban dentro del agua chocando sus astas, unas amarillas y otras verdes. Cuando los vieron, los pequeños se acercaron a olerlos. Yonsu nunca había visto un Vehnet tan de cerca, pensaba que los videos donde caminaban sobre el agua eran exagerados o estaban grabados engañosamente, pero no. Los dos jovencitos cruzaron el río sin tocar el fondo. los olfatearon con cuidado, el brillo de sus astas disminuía cuando se asustaban y volvía luego de unos instantes.

Sheev no le dedicó ni siquiera una mirada al que vino a olfatearlo a él, mucho menos le extendió la mano para que pudiera llegar, así que el animal se acercó y terminó mojándole la ropa. Se contuvo para no golpearlo en ese momento. El animal perdió interés en él y se fue con Yonsu, por lo que tuvo que acariciar a uno con cada mano, con una sonrisa gigante.

-Sacá una foto.

Sheev suspiró y sacó su comunicador para hacerlo.

Por debajo del velo azul se veían un par de cangrejos con caparazones en forma de flor, que pasaban por encima de los cables olvidados. Le llamó la atención una porción del agua que parecía rara, como estática. El azul marino se mezcló con el rojo sangre, la Ankil se reveló a sí misma y atrapó al pez desprevenido en sus colmillos; se lo tragó en pocos segundos y salió disparada.

-¿Vos venís acá seguido, no? -Yonsu intentó seguir con la mirada al depredador, pero ésta ya había vuelto a camuflarse.

-Sí.

-¿Y nunca te encontraste ningún animal peligroso, cierto? -Sheev lo miraba con la cara que ponía antes de hacer algún comentario sarcástico.

-¿Estás asustado?

-Solo se me ocurrió que estamos en el medio del bosque y no habría motivo por el cual un animal salvaje no nos atacaría.

-Nunca pasó nada hasta ahora. -Sheev desenfundó su navaja mientras hablaba. -Los animales me temen más a mí que a los depredadores. -Le apoyó el filo en los labios. Se miraron por un rato; el frío desapareció y abrió paso a un calor insoportable en sus mejillas. La luz del domo los bañaba en un aura amarilla. En la madrugada de la noche se hizo un atardecer, o un amanecer extraño.

Yonsu había imaginado el verdadero motivo por el cual Sheev lo guió hasta dónde sea que iban, pero no entendía la actitud que lo motivaba. En las pocas semanas desde que estaban juntos, si es que estaban juntos, no había mostrado nunca tanta planificación para algo, al menos para algo así.

Ya no sabía cuánto tiempo había pasado, si habían estado mirándose unos segundos o ya estaba por amanecer de verdad. El sol en el río estaba entre sus rostros, se atenuó un poco cuando Yonsu se acercó.

-¿Ya estamos cerca? -Dijo. – “¿Por qué no lo hiciste?”-Pensó.

-Es justo ahí, detrás tuyo. -Yonsu giró, se dio cuenta de que estaban parados en frente de una entrada, directa al domo principal. De cerca no era tan luminoso, se podían ver mejor los vidrios rotos y los reflectores que estaban en su estructura. La mitad estaba sumergida, pero la única entrada se mantenía intacta. -Vamos.

El piso estaba mojado, cada paso dejaba un eco húmedo en el aire. Por dentro las luces exteriores del gran domo apenas iluminaban, sólo dejaban ver lo suficiente para no tropezarse. Yonsu notó las lámparas de agua puestas en algunas esquinas, con su luz azul emanando desde abajo. En el medio había un colchón demasiado limpio para haber estado ahí siempre.

-¿Ves estas lámparas? Las hice yo mismo. -Sheev levantó una y la sacudió, estimulando a los microparásitos dentro.

-Me di cuenta. -Yonsu tomó la lámpara para inspeccionarla. -¿Y el truco?

Sheev intentó por unos segundos fingir que no entendía pero se dio cuenta que era inútil. Le sacó la lámpara de las manos, la puso cerca de su comunicador y comenzó a buscar algo en él. Una melodía aburrida empezó a brotar de la lámpara, haciendo que los microorganismos dentro muten su brillo a un celeste ligero.

-Estás tan desesperado por mostrar que sos inteligente. -Yonsu no quería ocultar su asombro, pero tampoco seguir inflando el ego de Sheev, si es que eso era posible,

-El mundo merece saber. -Ambos rieron con el comentario.

Podían verse unos peces nadar por detrás del vidrio quebrado, iban hacia las luces hundidas de la vieja aldea, algunos habían hecho nidos en ellas, volviéndolas a su función original de hogares. Yonsu se quedó mirando el paisaje submarino con una mezcla de asombro y pánico.

Sheev lo observaba desde un escritorio viejo pero actualizado. Sabía que a Yonsu gustaría la vista desde dentro. Luego bajó su mirada al preservativo que sacó para revisar si aún estaba allí. Yonsu, pretendiendo que aún miraba el río profundo, tanteaba con la mano dentro de su bolsillo a ver si todavía tenía el suyo. Lo tenía.

Sheev se dedicó a limpiar su alrededor, empujó algunas jeringas bajo la mesa, apiló las jaulas que tenía, comenzó a abrir los cajones, preparando y eligiendo lo mejor para enseñarle. Tiró la manija de uno pensado que estaba vacío, pero el sonido del metal chocando lo sorprendió. Una daga ensangrentada, una vieja amiga; con el emblema de una casa noble sirviente de la suya.

Se detuvo a mirarla unos instantes. Debería haber sentido asco, o algo de culpa. Recordó primero a sus víctimas marinas. Cómo la sangre se mezclaba con el agua en el que estaban cubiertas, cómo anhelaban por volver al agua, escapar de sus manos hechas garras retorciéndose por sus vidas. La sangre fluyendo de la orilla al agua, desapareciendo junto al cadáver en el remolino turquesa del río.

Muchos recuerdos llenaron el aire, ya no solo los peces y sus tripas fluorescentes. Sentía el olor dulce de la carne derretida por el fuego de aquel perro que le habían regalado cuando era niño, las quemaduras químicas que había generado con su ingenio. Los maullidos de un gato asfixiándose entre sus manos; las plumas de un ave cayendo una a una, la tos de algún animal salvaje desgarrándose por dentro envenenado. Pero sobretodo era la daga. Cada corte, cada penetración, cada gota de sangre resbalando por su filo para luego llegar a la lengua.

Las mil luces a su alrededor se volvieron blancas y podía verse en todas ellas. Miraban con inercia, con terror, confundidos en sus últimos momentos. Y en ese reflejo él era gigante, en sus ojos mojados él se reflejaba, en sus gritos de dolor él resonaba.

Ya no estaba en el domo, sino en aquel callejón, hace unos meses. Siguiendo a ese niño de la calle. Aquella calidez del aire caliente en la mano, atrapando el sonido, la daga sobre su cuello, sus músculos tensos para mantenerlo en lugar, la oscuridad de esa escena del crimen perfecta, los ojos llorosos de un niño aterrado. Ese sentimiento que juró nunca volver a repetir, al menos no con esos medios. Pero el deseo era irremediable.

Visualizaba a Yonsu, la perspectiva lo dejaba justo del cajón abierto. Una chance más de sentir eso que no entendía. Por un momento la imagen pasó, no fugazmente sino sólida. Unas gotas de agua golpearon su rostro desde arriba. La luz blanca se atenuó hasta regresar a la cálida y tenue.

Se dio cuenta que apretaba con mucha fuerza la manija del cajón que nunca había soltado. Tomó aire como le había enseñado su psicóloga, cerró los ojos, dejando que la luz atraviese sus párpados. Aflojó su agarre y se recordó porqué había venido aquí hoy.

Cerró el cajón con intensidad, como si pudiese hacer que nunca más se abra. Yonsu por fin se dio vuelta y preguntó

-Entonces, ¿qué es este lugar?

Sheev tardó unos segundos en conectar con la realidad. -Antes este domo era el comando central de la aldea. Funcionaba para el monitoreo y regulación de la energía. Era algo así como el corazón del sistema. Ahora es mi taller. Lo uso para diseñar cosas. -Sheev tomó la tableta donde tenía sus bocetos. -Y también para hacer experimentos.

-¿Qué clase de experimentos?

Miró de reojo las jaulas apiladas mientras unos peces nadaban por detrás del vidrio donde estaba apoyadas. -Todo tipo de cosas.

Yonsu se quedó mirando los dibujos, leyendo sus anotaciones. Muchos químicos que no conocía pero se los imaginaba, coloridos, deslizándose entre engranajes. Inventos inútiles y otros demasiado buenos para existir. Sentía la textura metálica de la tableta, y se imaginaba que era algo de todo lo que veía. Sintió la luz cálida del domo sobre su piel.

-¿Y por qué acá? -Preguntó sin sacar la vista de la tableta.

-Porque me recuerda a lo que hago. La coexistencia entre lo tecnológico y lo natural. El equilibrio. Es una de las pocas cosas que llamaría bellas en este mundo. -Sheev miró a la vida a su alrededor, como nunca lo había hecho antes. Sentía la luz fría de las estrellas que se filtraba, y los restos de las gotas en sus mejillas, calmando sus pensamientos. -Esta armonía me resulta… inspiradora. Por eso lo uso como fuente de creatividad, y como lugar de trabajo. Además de estar lo suficientemente alejado de cualquier molestia.

Estar ahí había fundado un nuevo sentido.

-Eso es hermoso. -Apretó los puños para endurecerse. Para hacer la pregunta. Pero no pudo.

-Sé que puedo ser un poco… raro.

-No me digas. No me había dado cuenta.

Las risas duraron poco, ambos querían seguir.

-Deberías saber qué hice. Que antes hice, hacía, cosas raras. Malas. Pero quiero cambiar, ser mejor. Y quiero que puedas ver eso, porque vos sos, entre muchas otras y sin una jerarquía particular, una de las razones por las que quiero ser mejor. Estoy intentando crear más y destruir menos.

Yonsu pudo descifrar como pocas veces el tono de Sheev. No podía estar seguro, pero pensó que era uno de vergüenza.

-Creo que sos mejor persona de lo que estás dispuesto a admitir. -Sheev lo miró un poco con la boca abierta de asombro. Lo que escuchó le pareció extrañamente apropiado.

Hubo un silencio largo hasta que Yonsu tomó coraje.

-¿Por qué me trajiste? -La respuesta sin embargo fue rápida, natural. Como si no fuese difícil para Sheev decirlo.

-Me hace feliz que estés acá. La imagen de vos estando en este lugar. Me agrada. Se siente correcta.

Sheev se acercó, lo tomó de las manos y lo besó. Al principio fue lento, demasiado lento. Yonsu soltó sus manos y las usó para enganchar el rostro de Sheev. Las luces cálidas y frías ya no estaban separadas, los bañaban a ambos con la misma intensidad. Sheev lo tomó de la cintura, y comenzó a removerle la ropa. Lo empujó sutilmente hacia el colchón. Calculó para acercarse lo suficiente antes de empujarlo y luego dejarse caer. Siguieron besándose mientras se descargaban de su ropa. Mientras lo hacían, ambos encontraron el preservativo que el otro había traído.

Yonsu tuvo que ayudarlo, se había imaginado que iba a tener que hacerlo, nunca se lo dijo explícitamente pero Yonsu suponía que esta era la primera vez de Sheev.

-Debe ser vergonzoso para alguien tan inteligente y con un intelecto tan superior tener que pedir ayuda para…

-Cállate, cállate la boca.

La noche parecía haberse quedado estática, no había pasado ni un segundo. Los dos estaban tomados de la mano, apuntando hacia arriba pero sin mirar. Ninguno quería apoyar la cabeza en el otro, Sheev porque realmente no quería y Yonsu para no parecer demasiado sentimental. Le dolían las muñecas, Sheev lo había agarrado demasiado fuerte. Y tenía un cosquilleo en el cuello donde lo había mordido, eso no le había gustado. No fue su mejor experiencia, pero sí la más íntima. Se acercaron un poco más, sin llegar a apoyarse en el otro. Se habían prendido un cigarro de hierbas que dejaba un humo morado sobre ellos.

Pasado un tiempo el calor en sus cuerpos bajó y el frío de la noche se volvió a sentir. Ambos se empezaron a vestir, Yonsu decidió tomar la chaqueta negra de Sheev y ponérsela. Salieron del domo principal bajo un cielo aún estrellado.

-Pensé que ya estaría amaneciendo. Debemos haber estado ahí como una hora y media

-No. Deben haber pasado quince, veinte minutos. -Se fijó la hora. -Dos y cuarenta.

Ósea estuvimos ahí… cuarenta minutos más o menos. -Yonsu lo miró riéndose. – ¿Una hora sentiste que pasó eh?

-Bueno tampoco fueron veinte minutos hijo de puta.


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