A los veinte: cuando nada tiene sentido y todo duele más
A los veinte: cuando nada tiene sentido y todo duele más

por Sylva
A veces me pregunto si esta es la edad para florecer… o para quebrarse lentamente.
Todo el mundo dice que los veinte son para descubrirse, pero nadie advierte el peso de no saber quién eres.
Te miras al espejo y ves una versión de ti que aún se está formando, con ojos que a veces lloran sin saber por qué.
Hay presión por lograr, por encajar, por parecer estable, feliz, perfecta. Pero por dentro… hay ruido.
La universidad.
El cuerpo que cambia.
Los amigos que ya no están.
El amor que no llega.
La carrera que no sabes si elegiste tú… o el miedo.
En la noche, cuando todo está en silencio, a veces el pensamiento se vuelve más fuerte:
”¿Y si no soy suficiente?”
”¿Y si estoy desperdiciando mi vida?”
”¿Y si nunca encuentro lo que busco?”
Y mientras los días pasan, te das cuenta de que la adultez no vino con instrucciones.
Que nadie tiene las respuestas.
Que todos están fingiendo entender.
Hay días donde solo quieres desaparecer un rato. Dormir.
Ser niña otra vez.
Volver a ese tiempo donde lo difícil era elegir un color para pintar, no un rumbo para tu vida.
Y en medio de todo eso…
está la soledad.
No la que se siente por estar sin compañía,
sino esa soledad que llega cuando empiezas a alejarte de todos —
porque estás estudiando, trabajando, creciendo,
tratando de alcanzar una vida que ni siquiera sabes si quieres.
Te alejas de amigos, de momentos, de ti.
Y un día te das cuenta de que no tienes con quién hablar,
ni a quién abrazar sin sentir que estorbas.
Y duele.
Duele sentir que el camino hacia tus sueños
se está construyendo a costa del calor humano que antes tenías.
Hay un vacío que no llena ni el éxito,
ni las calificaciones, ni los logros.
Solo se llena con presencia. Con alma.
Con alguien que diga: “Estoy aquí. No tienes que cargar todo sola.”
Pero a veces no hay nadie.
Solo tú.
Y un corazón que late bajito, preguntando si valdrá la pena.
Pero también hay momentos en medio del caos donde algo se enciende:
Una conversación que te abraza,
Una canción que te entiende,
Una mirada que no juzga,
Una idea que te hace sentir que no estás sola.
Tal vez esa es la verdad que nadie nos dice:
Que crecer duele.
Que florecer no es bonito ni rápido.
Que hay raíces que se rompen para dar lugar a otras más fuertes.
Y quizás no estamos rotas.
Quizás estamos germinando.
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