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La tortuga

Un sonido recorrió su garganta a toda velocidad mientras aumentaba su tono hasta resultar un grito tan agudo que pinchó en los oídos de…

Juan Luis G. A. · 2016-11-25 20:26 · 3 claps · 4.1 min read
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La tortuga

Un sonido recorrió su garganta a toda velocidad mientras aumentaba su tono hasta resultar un grito tan agudo que pinchó en los oídos de todos los que lo escucharon: había descubierto la esencia de la vida.

Imagina por un momento que estás en el inicio de los tiempos.

Los animales y las plantas pueblan la faz de la Tierra.

El agua está presente en diversas formas y llueve a ratos, incluso con sol.

Los hongos caminan como gusanos.

Los líquenes flotan en las charcas.

Las plantas se mueven y hablan con los animales.

Todos parecen estar a gusto en el nuevo mundo que se ha creado, pueden comunicarse entre ellos; incluso sus mentes pueden conectarse.

La mentira no existe, la sinceridad domina las relaciones. O eso parece.

La tortuga caminaba tranquilamente por el bosque. Nunca había estado antes allí. Siempre había vivido en las playas. Cuando se cansaba de la arena, nadaba por el gran mar azul transparente. Padecía una vida monótona a su parecer, exenta de riesgos y de aventuras. Pensaba en las tareas que tenía que hacer, en los huevos que tenía que poner. Soñaba con encontrar un pozo de shuá, el alimento codiciado por todos, disfrutada por algunos.

Y, de repente, cayó en un enorme y profundo agujero. Rodó a trompicones, se golpeó en la cabeza y perdió la conciencia. Allí estaba, boca arriba con la cabeza ladeada, parecía estar muerta. La boca entreabierta.

Transcurrió bastante tiempo, ya que los soles cambiaron de posición entre ellos, pero, finalmente, despertó. Le costó trabajo incorporarse, para descubrir el verde cielo y lo lejos que se hallaba de la superficie. Intentó subir por las laderas. Era imposible. Las paredes de arena la arrastraban al fondo sin remedio.

“¿Cómo puedo ser tan torpe? ¿Cómo es posible que no me haya dado cuenta? ¡Es que no puedo ir pensando sin prestar atención a donde pongo las patas! ¡Qué será de mí si no puedo salir de aquí!”

Comenzó a dar vueltas. Hacia un lado y cuando se cansaba, hacia el otro. No paraba de mirar las paredes y el cielo sobre su cabeza.

“¡Con todo lo que tengo que hacer! ¿Se dará cuenta alguien de que falto? ¡Quién se va a acordar de mí! ¡Si me echaran en falta las demás! Pero como siempre voy a lo mío y no entro en conversaciones ajenas, ni comento los sucesos extraños del día anterior…”

De imprevisto, ¡las paredes se movieron! Tan fuerte fue el cimbreo que pensó que moriría ahogada por la arena que se caía.

Con el susto, empezó a llorar, desconsolada, pensando que era incapaz de hacer cualquier cosa por salir de allí y volver a su monótona vida que ahora le parecía tan maravillosa. Mientras pensaba esto, con la cabeza entre sus patas delanteras, de repente escuchó…

— ¡No llores! ¿Te he asustado tortuguita?

La tortuga levantó la cabeza sorprendida. Todavía alguna lágrima surcaba su cara de extrañeza.

— ¿Quién está ahí?

— …

— ¿Quién eres? — dijo sorprendida al no encontrar respuesta.

— …

— ¿Quién eres? — dijo asustándose de sí misma por el vozarrón lanzado al desgañitarse mientras hipaba.

— Hola — se escuchó débilmente — . Soy Loch.

— No te veo — indicó la tortuga asustada.

— ¡Espera! No te asustes. Cuando hablemos, lo entenderás todo.

Las paredes volvieron a moverse mientras la tortuga temblaba en su interior. Unos grandes y oscuros ojos aparecieron, de repente, frente a ella.

— ¡Ahora! Ya puedes verme. ¡Hola!

— Hola Loch. ¿Qué eres? ¿Quién eres? ¿Qué haces ahí?

— Espera, espera. No seas impaciente.

La tortuga seguía sorprendida. No sólo había caído en un agujero. Ahora, unos ojos enormes la observaban fijamente mientras escuchaba una voz grave.

— Soy Loch, el agujero. Vivo por todo el mundo pero nunca me muestro a los demás. Mi voz suele asustar y mis ojos dar miedo.

— ¿Y qué haces aquí? O mejor ¿Cómo que estoy aquí? ¿Eres el responsable de mi caída?

— No. No lo soy. Estaba descansando, esperando a adentrarme en el mar para visitar a mi prima Mariana. Como vive lejos, suelo tomarme unos días de descanso en la playa. Luego, continúo el camino hacia su fosa, tras recuperar fuerzas.

— ¿Puedes ayudarme a salir de aquí?

— ¡Claro! — Afirmó mientras los ojos mostraban un gesto de entusiasmo.

— No sé qué hago aquí, ni como caí.

— Caíste como parte de mi trabajo.

— ¿Cómo? — chilló perpleja la tortuga.

— Sí. Te lo explicaré. Cada uno tenemos una tarea a desarrollar en este mundo.

La tortuga lo miraba con ojos de incredulidad y cada vez más perpleja.

— ¡No te entiendo! ¿Una tarea?

— Sí —empezando a desesperarse, un poco—. Lo que piensas que es aburrido, es el mayor de los dones que puedes recibir. La vida. Y tu tarea es darla. ¿O ya no te acuerdas de lo que haces cada otoño? Creo que ya te va tocando.

— En eso iba pensando, cuando me caí en tu interior.

— No sólo te caíste. Ibas lamentándote de todo el trabajo que te daba la puesta de huevos.

— También pensaba en el shuá.

— El shuá no es tan importante. Puedes comer todos los días. Nadar cuando se te apetece. Caminar por la playa al atardecer con esos rayos de color violeta tan hermosos…

— Es cierto — manifestó dubitativa —. Y visitar parajes maravillosos con mis compañeras. Comentar las curiosidades del día. Contar los días hasta la puesta…

— Y aún así, haciendo tantas cosas de las que disfrutas, te lamentabas de estar haciendo siempre lo mismo. ¿Qué quieres hacer diferente? ¿Hay algo con lo que sueñes que no puedas hacer?

— Realmente … no.

— ¿Entonces? ¿A qué viene tanto pesar? Si no tienes problemas, ¿por qué sueñas con cosas imposibles?

— Solo sueño con la shuá.

— ¿Y por qué la quieres? ¿Para qué? ¿No comes con facilidad todos los días? ¿No encuentras alimento allá donde vayas sin arriesgar tu vida? Mira a otros animales como los charranes que tienen que evitar a las orcas y a los lobos que se los comen. No hay ningún animal que quiera comerte. ¿Te habías dado cuenta?

La tortuga calló y agachó los ojos.

Un sonido recorrió su garganta a toda velocidad …

Había descubierto la esencia de la vida.

Y en ese momento, el agujero la engulló.

Moraleja: no pierdas el tiempo y disfruta de lo que hagas.

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