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“La ansiedad no vino del mensaje, vino de mi imaginación”

Hoy quiero compartir algo que me ocurrió y que me pareció profundamente revelador, no por lo que pasó en sí, sino por lo que me hizo…

Jose Gascon · 2025-07-22 03:00 · 0 claps · 1.9 min read
#imagination #como-curar-ansiendade #ansiedade
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“La ansiedad no vino del mensaje, vino de mi imaginación”

Hoy quiero compartir algo que me ocurrió y que me pareció profundamente revelador, no por lo que pasó en sí, sino por lo que me hizo sentir.

Hace unas semanas, hice un trabajo de diagnóstico para un televisro. Hablé con la persona que me lo trajo, le expliqué lo que encontré, todo quedó claro. Pero cuando vinieron a retirar el equipo, fue otra persona diferente. Esta segunda persona, sin mucho contexto, me habló de diagnósticos de otros técnicos y mencionó que llevaría el tv a otro sitio. En ese momento, empecé a sentir una incomodidad. No era miedo exactamente. Era una especie de inseguridad mezclada con ansiedad, como si de pronto dudara de mi mismo, de mi criterio, de lo que había hecho.

Pasaron los días y dejé eso a un lado. Hasta hoy.

Hoy, vi que esa primera persona -con la que todo estaba claro- me había escrito. Cuatro mensajes. No los abrí. No sabía qué decían, pero la sola idea de lo que podrían decir me generó un episodio de ansiedad. Imaginé reclamos. Imaginé que me estaban desmintiendo, que había cometido un error, que se burlaban de mí. Imaginé escenarios enteros basados en… nada.

En ese momento, estaba con un amigo que notó mi ansiedad. Le conté lo que pasaba. Y en medio de la conversación, bajo un poco el peso que sentía en el pecho. Caminé. Respiré. Pensé en lo que he estado leyendo últimamente: filosofía estoica. Recordé que no puedo controlar lo que otros dicen, lo que otros piensan, ni lo que escriben. Lo único que puedo controlar es cómo reacciono yo ante eso.

Y sin embargo, aún sabiendo eso, la ansiedad estaba allí.

Ni siquiera tuve la intención de abrir el mensaje. Lo que hice fue deslizar el menú superior de mi celular, para ver otra cosa… y ahí, como por accidente, apareció parte del mensaje. El primero decía “Hola José”. Me pagaban la revisión que no se había saldado. Nada más.

Toda esa angustia, toda esa paranoia, todo ese peso… era solo imaginación.

Este episodio me dejó algo claro: muchas veces no sufrimos por lo que realmente ocurre, sino por lo que suponemos que podría ocurrir. Nos da miedo lo que imaginamos, no lo que es. Nos paralizamos por lo que inventamos en nuestra cabeza, no por lo que esta pasando.

Y quizás — aunque suene duro- hay un toque de cobardía en eso. Porque no tuve el valor de enfrentar la realidad del mensaje, preferí esconderme de ella. Y no lo digo para juzgarme, sino para entenderme.

Hoy aprendí que la ansiedad no vino del mensaje. Vino de mí. De mi forma de pensar. De mi forma de temer. Y sobre todo, de mi falta de dominio sobre esa imaginación que a veces se convierte en verdugo.

Tal vez no se trata de sentir ansiedad nunca más. Tal vez se trata de reconocer cuándo viene disfrazada de imaginación, y entonces poder mirarla a los ojos, con calma, y decirle: “Tú no mandas aquí”.


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