← Back to list

El gigante de mi ventana

Es cuando pienso en lo rápido que se mueve el mundo, cuando agarro los recuerdos y disecciono poco a poco el cuerpo de los años, que me…

Endimio Fraile · 2024-12-31 11:56 · 4 claps · 3.0 min read
#2025 #nueva #filosofía #árbol
Open on Medium ↗

El gigante de mi ventana

Es cuando pienso en lo rápido que se mueve el mundo, cuando agarro los recuerdos y disecciono poco a poco el cuerpo de los años, que me detengo a contemplar. Mis cicatrices narran historias silenciosas, y con una mezcla de nostalgia y asombro, observo cómo el tiempo cincela su firma en la piel de aquellos a los que amo. Me sobrecoge ver cómo todo avanza en una danza perpetua, cómo cada instante se desvanece para dar paso al siguiente. Sin embargo, en medio de este flujo constante, existen anclas que el tiempo no logra erosionar.

Desde mi ventana, observo el árbol robusto que se eleva veinte metros hacia el cielo, como un guardián del tiempo. Medito sobre su fortaleza inquebrantable, sobre cómo se mantiene erguido mientras el mundo gira y cambia a su alrededor. Este árbol es mi espejo: crezco y muto, cada vez más alto, cada vez más viejo, acumulando ramas y cicatrices como páginas de un diario viviente. En mis momentos más contemplativos, me pregunto si la copa del árbol añora la cercanía al suelo, si extraña el murmullo cercano de las conversaciones humanas y el calor que emana de la tierra. ¿Será que su crecimiento le trae satisfacción, o quizás, cansado de su entorno, busca incansablemente alcanzar nuevas alturas? Tal vez sea una curiosidad innata, un anhelo primitivo de ver más allá de su horizonte conocido, lo que lo impulsa a elevarse sin cesar.

Durante años, concebí a los árboles como monumentos inmóviles, testigos pétreos del paso del tiempo. Ahora, mientras lo contemplo desde mi ventana, descubro que se asemejan más a un ave en pleno vuelo que a una roca inerte. Aunque no avanzan horizontalmente, su ascenso vertical es un viaje tan real como cualquier migración. Esta revelación me lleva a una pregunta intrigante: ¿qué sucede cuando forzamos su avance de manera antinatural? Recuerdo, con la claridad que solo guardan los recuerdos de la infancia, cómo traían pequeños árboles a mi casa en el norte de España. Me maravillaba su supervivencia: arrancados de la matriz que los había nutrido desde que eran apenas semillas, trasplantados a un terreno extraño y desconocido. Hoy, esos mismos árboles se alzan majestuosos, como deidades verdes que hubieran existido allí desde el principio de los tiempos, aunque son más jóvenes que mis veinticuatro años.

Qué fenómeno más extraordinario, reflexiono, inmutable como el árbol mismo. No me conmuevo porque he aprendido a no ser sacudido por las tormentas de la vida; no me sorprendo porque ya he despertado de la inocencia del sueño. En silencio, mientras tirito bajo el peso de mis pensamientos, contemplo las innumerables lecciones que los árboles nos ofrecen cuando los miramos de igual a igual. No como humanos observando a la naturaleza, sino como energías vitales que coexisten en la gran danza del universo. Al final, son un reflejo prístino de la naturaleza, como lo son tantas de nuestras interacciones humanas. Nos imaginamos seres apartados de lo natural, pero compartimos mucho más con ese árbol de lo que nuestra vanidad nos permite reconocer.

Ese árbol que prospera bajo el abrazo del sol matutino y resiste las gélidas tormentas nocturnas, que persiste en días de alegría y en momentos de tristeza. Ese árbol que mantiene su fidelidad a su hogar mientras continúa su ascenso interminable. Un ser capaz de perder todo lo que alguna vez consideró su fundamento y, aun así, encontrar la fuerza para florecer nuevamente. Condenado a existir sin importar las circunstancias, me encuentro reflexionando: quizás, como este melancólico escritor, también perdió su amor; quizás encontró nuevos afectos, pero, atado al recuerdo de lo perdido, eligió la inmovilidad del corazón.

¿Cómo es posible que, tan lejos de casa, encuentre tanto en común con este gigante verde? ¿Es porque él se ha acercado a mi realidad, o porque yo me he aproximado a la suya? Es la naturaleza misma la que me susurra que no soy árbol y que aquí no puedo permanecer estático. Que mi destino es aprender y respirar, aceptando que los recuerdos son solo eso: recuerdos, y que mi único camino es hacia adelante, hacia la madurez. Quizás este 2025 sea testigo del nacimiento de un nuevo fruto entre mis ramas metafóricas, del momento en que la hoja de mi existencia se vuelva perenne, y pueda agradecer por todas las lecciones aprendidas. Contemplar todo lo perdido como una estación que el tiempo se llevó en su fluir eterno, y con renovada alegría, embarcarme en la búsqueda de mi propio esplendor.


메타데이터
post_id
a2ca278b1f2b
slug
el-gigante-de-mi-ventana-a2ca278b1f2b
url
https://medium.com/@endimiofraile/el-gigante-de-mi-ventana-a2ca278b1f2b
canonical_url
https://medium.com/@endimiofraile/el-gigante-de-mi-ventana-a2ca278b1f2b
author_url
https://medium.com/@endimiofraile
status
ok
fetched_at
2026-07-21 11:45:55