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Sobre “Antes de que se enfríe el café

Se pudesse viajar no tempo por alguns minutos, aonde iria?

Regiane Folter in Yo, Regie · 2025-11-28 11:11 · 17 claps · 4.9 min read
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Sobre “Antes de que se enfríe el café

Se pudesse viajar no tempo por alguns minutos, aonde iria?

Você pode ler esse texto em português aqui.

Hacía tiempo que quería leer “Antes de que se enfríe el café”, de Toshikazu Kawaguchi. Llevaba meses ojeando el libro cada vez que lo veía en alguna vitrina, hasta que finalmente llegó el gran momento. Una amiga lo había leído y le había gustado, fue el empujoncito que faltaba para empezar a leerlo. Pero no esperaba el doble plot twist: la historia no me enganchó al principio. Sin embargo, después sí. Hay libros que sorprenden y vuelven a sorprender cuando menos te lo esperas…

Un rumor circula por Tokio… Oculta en uno de sus callejones hay una pequeña cafetería que merece la pena visitar no solo por su excelente café, sino también porque, si eliges bien la silla donde sentarte, puedes regresar al pasado. Pero como incluso lo increíble está sujeto a limitaciones, no podrás salir de la cafetería mientras dure el viaje, volverás cuando el café se enfríe y, hagas lo que hagas, el presente no cambiará.

A través de las emocionantes historias de cuatro clientes que se atreven a embarcarse en esta aventura por motivos diferentes, Antes de que se enfríe el café nos ofrece un relato atemporal sobre el amor, las oportunidades perdidas y la esperanza de un futuro que siempre está por llegar.

Contra todas mis expectativas, mis primeras impresiones del libro fueron negativas. Los personajes no me convencían; algunos eran demasiado dramáticos, otros indiferentes en exceso. La historia no profundiza mucho en la historia de cada uno, por lo que todos me parecían un poco superficiales. Pero creo que lo que más me molestaba era sentir que cada vez que alguien regresaba al pasado, lo que sucedía allí era demasiado simple.

El libro relata viajes al pasado en los que no hay grandes resoluciones, reencuentros o aprendizajes. La gente pide ese café tan especial para poder viajar en el tiempo (todo un privilegio) y luego no hace nada tan interesante. Esperaba besos apasionados, pedidos de perdón, lágrimas y abrazos. Pero no, todo es muy tranquilo, incluso banal. Y eso enfrió mi interés por la historia, aunque continué porque soy de las que creen que no se puede dejar un libro por la mitad. Nunca se sabe lo que puede pasar al final y, en este caso, el final fue lo que me conquistó.

Sin embargo, lo más importante para cambiar mi perspectiva sobre el libro ocurrió en un momento en el que no estaba ni cerca de él. Una tarde, dejé el Kindle en casa y fui a tomar un café con una amiga. Ella se retrasó, así que pedí un café para pasar el rato y, mientras esperaba, el café se enfrió. Fue cuestión de minutos y, por supuesto, mi mente me llevó directamente al libro de Kawaguchi. Me di cuenta de que, si el autor realmente se basa en el tiempo que tarda en enfriarse una taza de café, entonces los viajes en el tiempo de su libro son de verdad cortísimos.

Mi amiga aún no había llegado, así que me dediqué a divagar. Si volvemos al pasado por unos míseros minutos, realmente tenemos tiempo para hacer algo grandioso? No sería por eso que los personajes terminaban haciendo visitas sencillas, teniando conversaciones simples, pero que eran lo único que podían hacer?

Si tuviera unos minutos para volver al pasado, adónde iría? En este ejercicio de imaginación, decidí seguir solo la regla del tiempo de la cafetería, pero no las demás. Así, al menos, podía ampliar un poco mi capacidad de acción. Primero pensé en volver a momentos de mucha alegría; alguna Navidad en familia, mi boda, mi fiesta de recibimiento. Como solo tendría unos instantes, probablemente volvería a esas celebraciones solo como observadora. Mi intención sería simplemente ver la escena y dejarme contagiar por la felicidad de esos momentos, con esas personas.

Luego pensé que, en realidad, debería volver a momentos no tan felices, momentos que me gustaría rehacer. No importa si mis acciones en el pasado tendrían o no impacto en mi presente; hay cosas que viví que me hicieron mucho daño, así que volver a ellas y cambiar la forma como me manejé me quitaría un gran peso de encima. Me imagino llegando a esos momentos y diciendo lo que me gustaría decir. Defendiéndome. Protegiendo alguien o algo. Siendo la persona que toma la decisión correcta, no la que calla y consiente.

O tal vez lo que realmente haría sería visitar a mi papá. Podríamos sentarnos juntos en las sillas de playa que rodeaban la piscina de la casa que él amaba. Me gustaría simplemente observarlo y refrescar mi memoria. Recordar cómo sonreía, cómo hablaba, cómo se movía por este mundo que desde hace más de 20 años no cuenta con su presencia. Sería una experiencia breve y agridulce, estoy segura.

MINI SPOILER: en un momento dado, el libro muestra que también existe la posibilidad de ir al futuro. Viajar en el tiempo es viajar en el tiempo y, aunque casi todos los personajes eligen volver al pasado, una decide que necesita ir al futuro. Es más arriesgado y complicado, pero es posible. En mi opinión, no creo que el futuro sea tan atractivo; prefiero no saber lo que va a pasar más adelante, así evito sorpresas negativas. El pasado puede ser doloroso, pero al menos ya lo conocemos.

Dejé de divagar cuando llegó mi amiga. Por supuesto, tuve que pedir otro café para poder seguir con nuestra conversación. Cuando volví a casa, el libro me esperaba junto a la cama y esta vez lo abrí con el corazón más blando.

Viajar en el tiempo (todavía) es un sueño lejano, pero el resto de la historia de Kawaguchi nos enseña cosas muy reales y, por eso mismo, sabias. El café se enfría antes de lo que nos gustaría. El tiempo que tenemos es demasiado corto. No todo se trata de grandes acontecimientos. En la mayoría de las veces, lo que podemos hacer es coleccionar pequeños momentos y aprender de ellos.

Todavía no sé si voy a seguir leyendo la serie de “Antes de que se enfríe el café”; hasta ahora hay cuatro obras, pero el autor sigue trabajando en sus secuelas. Sin duda, recomiendo la lectura de este primer libro. Es curioso e impactante, pero no como esas historias de viajes en el tiempo llenas de giros y aventuras. Nada de eso, es una historia mucho más tranquila, mucho más trivial. Un poco emocionante, un poco aburrida. Como la vida misma.

Lectura actual

Una de mis últimas compras, “Las niñas salvajes” de Ursula Le Guin. Esta edición tiene un formato curioso que me intrigó, además de que ya conocía a la autora y los mundos surrealistas que inventa esta queen de la ciencia ficción. Una historia corta y triste, pero muy interesante.

Este texto es una traducción de mi newsletter “Histórias que abraçam”.


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