Te escucho: palabras desde la Esencia
He querido decir estas palabras tantas veces… pero no salían de mi boca. Cada vez que lo intentaba, algo me detenía. Me juzgaba por…
Te escucho: palabras desde la Esencia
He querido decir estas palabras tantas veces… pero no salían de mi boca. Cada vez que lo intentaba, algo me detenía. Me juzgaba por sentirme incapaz de dejar hablar a mi Esencia. Hasta que comprendí que estas palabras no eran solo para una persona en especial, sino también para ti: mi amigo, mi hijo, mi compañero, y para cada ser que hoy se cruza con ellas.
Son palabras libres, destinadas a cobijar corazones y a expandirse hasta el infinito.

Mi voz
Te escucho
Te escucho cada vez que compartes algo. Te escucho cuando hablas de otros seres, cuando los elogias, cuando reconoces sus virtudes y hablas con tanta belleza de ellos. Y entonces quisiera gritarte: tú eres todo eso que ves en ellos.
Eres la paz y la valentía que admiras en esas mujeres. Eres la autenticidad y la verdad de cada compañero que describes. Eres ese conocimiento que ya está dentro de ti, aunque todavía dudes en confiar en lo maravilloso que eres.
Te veo y me veo
Te veo, y me reconozco en ti. También yo estuve ahí: escondida tras mis historias, aferrada a lo que creía ser, con miedo a soltar. A un paso de animarme, de cuestionar, de aceptar, de abrazar…
Yo también me sentí atrapada en el ciclo de “aprender más”, como si necesitara otra clase, otro curso, otro taller para completarme. Creía que no sabía qué preguntar, que no tenía cómo acercarme a mis partes. Hasta que entendí que no se trataba de acumular conocimiento, sino de emitir en pureza, emitir en verdad, emitir en presente… y confiar.
El mar de las historias
Hubo un tiempo en el que me sentí como una tubería que debía limpiarse. Desde esa idea presionaba a mi interior buscando respuestas. Pero lo único que encontraba eran más historias, una tras otra, justificando por qué debía seguir siendo como era.
Con razón me aferraba a ellas: fueron mis salvavidas durante mucho tiempo, me sostuvieron en medio del oleaje de la vida. Pero, ¿hasta cuándo iba a seguir nadando con salvavidas, si dentro de mí ya estaba el mar en calma?
No vengo a darte “la respuesta”
Hoy sé que contarte mi experiencia no es suficiente, y mucho menos darte una fórmula para “solucionarte”. Porque hacerlo sería creer que tú no eres capaz de encontrar tus propias respuestas.
Por eso, no te doy “la respuesta”. Te ofrezco algo más simple y más humano: mi calor.
Ese calor que te dice que sigas adelante. Ese calor que confía en ti, que sabe que eres capaz de volver a tu pureza. Ese calor que reconoce tu valentía, que sabe que estás muy cerca de recuperar tu confianza.
Aquí estoy: para alentarte en cada paso, para abrazarte en cada caída, para descansar contigo cuando haga falta, para reír y para festejar cada uno de tus avances.
Un cierre desde el corazón
Si estas palabras han llegado hasta ti, no es casualidad. Quizás hoy necesites este recordatorio: no estás solo/a, y ya eres todo lo que buscas.
Con mucho amor, Cyn
메타데이터
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