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El peaje de la debutante

La Real Sociedad llegó a Múnich con pasaje abierto y regresó con billete cerrado en su primera vez a domicilio en Liga de Campeones.

Olatz Zubia · 2022-10-05 13:01 · 0 claps · 5.8 min read
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El peaje de la debutante

Las jugadoras de la Real Sociedad al término de su choque de vuelta en el FC Bayern Campus. Fotografía: Real Sociedad.

Las jugadoras de la Real Sociedad al término de su choque de vuelta en el FC Bayern Campus. Fotografía: Real Sociedad.

La Real Sociedad llegó a Múnich con pasaje abierto y regresó con billete cerrado. Tres meses soñando con él, una semana en ruta y ciento ochenta minutos de juego de un viaje que ya es historia: el de la primera vez.

Esa en la que salía al mundo en un salto de fe. Como esa joven que suelta la mano de la madre — en este caso la Liga F — para explorar independientemente aquello que la rodea. Antes, salidas esporádicas cerca de casa, esa especie de Camino de Santiago, de peregrinaje que en una ocasión acabó en la Catedral con Copa incluida. Pero nada parecido a cruzar la frontera.

La Real partió como aquella que en su hogar ha creado una planificación exacta, como la estudiante meticulosa que antes de una prueba repasa al milímetro cada metro del recorrido, cada calle, cada ruta, cada monumento, cada transporte, cada lugar que visitar o evitar. E incluso conoce hasta los puntos dónde comer y beber, la ropa que vestir y la previsión meteorológica. Con las ideas claras y casi sin intención de deslumbrarse, simplemente acudir a certificar lo ya visto y en todo caso a ser ella quien inesperadamente impresione.

Pero sin embargo, una vez aterrizadas, al comenzar a patear la ciudad, esta se convirtió en una metrópolis. Una de tal calibre que las calles se transformaron en avenidas infinitas, los cruces en laberintos sin salida, en callejones desconocidos que aparecían sin previo aviso y el día tornó en noche sorprendiéndolas. Hasta tal punto de convertirlas en turistas temerosas, en jugadoras inseguras en el pase, con miedo de entrar, de pisar territorio ajeno, recluidas en su campo como si de la habitación segura del hotel se tratase. Aunque quedarse en él era una invitación a hospedarse en el Overlook esperando el hachazo de(la) Jack de turno. Por lo que, para no verse en el Resplandor, la escuadra txuri-urdin fue de nuevo al encuentro con Múnich, pero como si de una guiri ingenua se tratase, en poco más de 20 minutos — los que transcurrieron entre el primer gol (18’) y el último (43’) de las bávaras — había sido víctima del timo de la carrera del taxi, de una carterista y de la guía de turno conchabada con las tiendas del lugar. Sin olvidar además que en el tú a tú con las jugadoras del Bayern, no es que éstas no fueran hospitalarias, sino que como si de un juego de niñas fuese, se vieron siendo la mayor en un patio del que conocían todos sus secretos. Y en él hicieron gala de su saber, haciendo caer a las inexperimentadas de la Real en todos los trucos y triquiñuelas de cada juego que propusieron inicialmente. Y cuando las guipuzcoanas comenzaron a reaccionar, a ser conscientes de que podían ser lo que ellas son, cuando empezaron a disfrutar, a sentirse parte de aquel paisaje, a hacerse respetar, a dejar su huella con el primer gol en su historia en Liga de Campeones a cargo de Synne Jensen, se vieron con una postal de recuerdo y sentadas en el asiento del avión para poner rumbo a Donostia. La aventura de su vida se había acabado en apenas un suspiro.

Las recibió el hogar, uno en cuyo interior se desató un crisol de emociones oscilantes entre la adrenalina todavía existente en el cuerpo, la excitación de saber que lo hiciste, la pureza de esa primera vez de la que fuiste parte y jamás se repetirá por más que vuelvas a ese lugar y el contraste con la realidad de aceptar que pecaste de novata e inmadura para esa contienda. O en palabras textuales de Natalia Arroyo «El dilema entre pensar que estamos orgullosas de estar en la Champions y reconocer que no estamos a ese nivel, tengo esa duda. Que el Bayern haya revisado su forma de estilo de juego habla muy bien del equipo que somos y de la capacidad que hemos tenido para ponerles contra las cuerdas. Tengo ese dilema…» al que se sumó un agotamiento que no tardaría en transformarse en implacable resaca.

Una resaca emocional y física anunciada que llegó como la depresión post-vacaciones, en la vuelta a la rutina y pagaron en el siguiente partido de liga en el que sufrió para empatar contra el Sevilla. Ahora las de Arroyo tendrán que acabar de pasarla en el parón de selecciones. Pero antes la Real Sociedad había saldado el peaje de la debutante.

Un mal general

Lejos de ser anómalo el resultado de las mujeres de la Real Sociedad es la vivencia más común entre las escuadras de la Liga F. Casi nadie se libró de una mejorable primera vez. Rayo Vallecano, Athletic de Bilbao, Levante y FC Barcelona pasaron el mal trago. El RCD Espanyol no llegó a disputar una eliminatoria a ida y vuelta y en Madrid parece hallarse la pócima de las puestas de largo a domicilio.

De Múnich a Ostrava

Ellas son las últimas del club en vivirlo, pero no las únicas. Ellos también tienen sus propios recuerdos. Casi 48 años separan el primer viaje europeo oficial masculino del femenino. Sucedió un 2 de octubre de 1974, con Ostrava como escenario internacional, el Baník Ostrava como anfitrión y la vuelta de la 1ª ronda de la Copa UEFA como el motivo que los llevó allí. Y entonces como ahora los hombres de Andoni Elizondo pagaron el estreno con la moneda de la derrota. Concretamente, una costosa por 4–0 que unida al 0–1 en Donostia puso fin de un plumazo a la experiencia.

A pesar de las cinco décadas distancian ambos encuentros, aquel equipo comparte más de lo que aparentemente pueda imaginarse con el de Natalia Arroyo. Les une el contexto, el de debutar en Europa arropados por la afición, ellos en Atotxa, ellas en Anoeta; ante unos rivales que se encontraban en un gran estado de forma, unas platillas llenas de internacionales con sus selecciones y un abierto resultado inicial.

El Baník Ostrava llegó a San Sebastián en su época dorada. Unos meses antes se había hecho con la Copa de Checoslovaquia y la Copa Checa y la de aquella 1974–1975 era la tercera incursión europea consecutiva tras probar suerte en la Copa de Ferias y la Recopa en temporadas anteriores. Entre sus jugadores, tipos como Rostislav Vojáček o Zdeněk Rygel que defendían aquellos días la camiseta nacional. Y si ellos toparon con un rival en la cúspide, ellas recibieron a unas bávaras cuyo éxito se extiende ya por casi una década desde que hace 8 años conquistarán la primera Bundesliga para sumar 3 ligas domésticas y cinco subcampeonatos; dos semifinales y tres cuartos de final en Liga de Campeones y una final en la Copa de Alemania. La de este año era su novena excursión continental y por si todo ello no fuera poco, tienen entre sus filas a siete subcampeonas con Alemania y una campeona con Inglaterra de la Eurocopa 2022. En lo meramente físico-técnico, la Real de entonces y la de ahora se vio las caras con dos escuadras físicamente portentosas y veloces y en lo técnico bien dotadas que, tal y como reflejan las crónicas de los 4 partidos, pasaron en ese aspecto por encima de los equipos txuri-urdines. Por todo ello, ambos rivales partían con la vitola de favoritos, pero de la Bella Easo ninguno de los dos se fue con los deberes completamente hechos. Dos 0–1 que permitía a los novatos seguir “vivos” y dejaba abiertas ambas eliminatorias.

No obstante, difirieron las formas y las sensaciones. Ellos firmaron un choque de más a menos, en cambio ellas se desempeñaron de menos a más. Quizá ese hecho desencadenó el sentir final. Mientras que en la década de los 70 Félix Sáez en su crónica para Mundo Deportivo vaticinó “en buena lógica” pocas posibilidades de seguir adelante, pesimista. Este año el parecer general era distinto, optimista a la par que realista. Desde la portada que les dedicó Sphera Sports con un “No está todo dicho”, pasando por el “La Real cree en la remontada contra el Bayern” de Noticias de Gipuzkoa o el “La Real se la juega en Múnich: estas chicas nunca se rinden” de Mundo Deportivo. Al final, el conocido 3–1, derrota fuera y eliminatoria perdida que, como a ellos, las apeaba de Europa en la primera parada. Casi nada parecido, casi todo igual.

Aquella Real de Elizondo y de los Kortabarria, José Agustín Aranzábal “Gaztelu” o Gorriti volvió a recorrer Europa el año siguiente. Ojalá que el pasaporte de ellas no tarde en sellar un nuevo destino.


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