Las fuerzas productivas del sujeto automático
En las entregas anteriores resolvimos dos cuestiones fundamentales: 1) la naturaleza del valor como la potencia introducida en ciertos…
Las fuerzas productivas del sujeto automático

En las entregas anteriores resolvimos dos cuestiones fundamentales: 1) la naturaleza del valor como la potencia introducida en ciertos productos según la forma específica del trabajo invertido en estos, y 2) como esa forma específica de trabajo engendraba una relación automática de interacciones entre sujetos que llamamos “mercado”.
En ese mercado, nuestros productores parecían “atrapados” en un ciclo infinito de mediación de productos (M-D-M y D-M-D) que, a razón del mismo ciclo, se veían empujados a destinar una porción de su energía en generar mercancías, esto es, productos cuya única finalidad es aparecer en el mercado para intercambiarse por el equivalente general, el dinero. Este a su vez sería nuevamente lanzado al mercado para adquirir las mercancías de otros productores, todo lo cual se resume en el siguiente diagrama.

Ciclo infinito de productores, productos, mercancías y dinero.
No obstante hasta este punto del desarrollo, nos hemos planteado productores que solo gastan energía para producir cosas. Sin embargo, la producción de bienes no brota del simple gasto de energía. Para poder elaborar productos o mercancías, tal energía debe conectarse con un “algo exterior” (o exteriorizado, o con apariencia de ser exterior, ya veremos esto en mayor detalle) al sujeto, de tal manera que transforme o adapte a estos “algos” privativa e independientemente de otros sujetos, y así, estos seres ajenos puedan entrar en la relación de valor ya expuesta.
Esos “algos” pueden ser cualquier cosa, desde tierra, agua, recursos naturales en general, hasta información, conocimiento, confianza, carisma, exposición pública, etc. Todo lo que requiera que el sujeto vivo, en tanto sujeto vivo, realice como gasto de energía privado e indepediente. Esto lo podemos representar en nuestro diagrama anterior, incorporando una nueva capa de abstracción que llamaremos “espacio productivo”.

Versión simplificada de diagrama anterior, pero con espacios productivos
Ahora cada productor dispone de un espacio de producción privado, desde el cual extrae aquellos insumos que transforma o manipula gastando energía. Este espacio privado a su vez está empotrado en un espacio común a todos los productores, en el cual pueden o no existir esos “algo” que permitan engendrar nuevos productos. Volveremos a esto más adelante.
Cada espacio privado dispone de una dotación de elementos que facilitan o no la cantidad de productos que puede generar una vez gastada cierta cantidad de energía. De esta manera, las características de ese espacio privado median cuantitativamente el valor, en su valor de cambio o forma valor. Retomemos a nuestros productores de A y B. Habíamos mencionado que producir A costaba una hora de trabajo y B dos horas, lo que nos ponía una relación de 2A = B; cada unidad de B es posible de representarse en dos de A (y reiterar una y otra vez que esto es solo la representación cuantitativa, no el precio, la compra, la propensión de compra, utilidad, ni todas las estupideces típicas que rebaten acá libertarios y algunos “marxistas” analfabetos).
Digamos que el espacio privado de A comienza a agotarse, y por tanto producir una sola unidad de A pasa de 1 a 4 horas. Pues resulta que la ecuación ahora es A = 2B (o lo que es lo mismo, A/2 = B), vale decir, cada unidad de A se puede representar cuantitativamente en dos de B, dado que cada B toma dos horas en producir, y cada unidad de A cuatro. Manteniendo constante B, si el deterioro del espacio del productor de A fuese creciente y las horas requeridas por A aumentaran a 10, 12, o 24, las representaciones sería A=5B, A=6B, A=12B respectivamente, y así con cada subsecuente deterioro.
Lo que se va viendo es como el valor de cambio en su representación equivalente, va en aumento, es decir, cada vez se requiere más y más esfuerzo en A, lo que a su vez se traduce en una mayor cantidad expresada en B. Esta determinación cuantitativa es la llamada “escasez”. Si el bien A es o se vuelve escaso, ello determina la cantidad de energía que se requiere invertir en producirlo, lo cual a su vez, determina el valor de cambio en el cual puede expresarse.
Tal deterioro es insostenible en el tiempo, pues eventualmente podría agotar la totalidad de su espacio privado del productor de A, lo que lo empujará a los siguientes escenarios:
- Ceder su espacio privado a cambio del equivalente general
- Avanzar sobre el espacio común
- Avanzar sobre el espacio privado
- Elaborar su propio espacio privado
El escenario 1. empujará a nuestro productor a la proletarización, mientras que el 2. y el 3. lo tornarán en capitalista. Estos puntos serán abordados en mayor detalle en la siguiente entrada. Por ahora, a modo de adelanto, la opción 1. quedó descubierta cuando el proceso automático del mercado, le mostró a nuestro productor la posibilidad de que una porción de su energía diaria, se gastara solo en producir mercancías. El salto que debe hacer ahora es gastar el 100% de su jornada diaria solo en producir mercancías, o lo que es lo mismo, hacer que todo su espacio privado ahora le pertenezca al mercado.
Los puntos 2. y 3. nos introducen las dinámicas de poder e instituciones. Nuestro productor podrá asaltar o no el espacio ajeno y común si cuenta con la capacidad de coercionar al resto de productores, todo en un marco institucional que restringirá o regulará la forma de esa coerción. Este desarrollo nos llevará a descubrir la necesidad del Estado, tema a discutir en próximas entradas.
Dicho eso, avanzaremos con la opción 4. En este nuestro productor debe detenerse un poco a analizar la causa y posible solución del deterioro de su espacio. La manera en que explota su tierra, el cómo está manejando sus redes de contacto, la administración y calidad de sus fuentes de información, etc. Todo cuanto en su espacio privado esté presentando un deterioro, requiere un estudio o un empuje.
Para ello nuestro productor ya no solo debe invertir energía en producir, si no que debe tomar una porción de esa energía en reproducir o mejorar su espacio privado. Es decir tornará una parte de sus productos en un insumo para revitalizar o potenciar su espacio, o comenzará a demandar mercancías que se lo permitan. Gracias a esta serie de mejoras, el proceso de deterioro puede no solo haberse detenido, sino que incluso, pudo haber mejorado respecto a sus niveles iniciales. Por ejemplo, pudo lograr que ahora cada A tome solo media hora de fabricación, lo que nos llevará a la igualdad 4A=B, o lo que es lo mismo A=B/4. Cada unidad de A equivale a solo una cuarta parte de un producto B, dado que cada unidad de B toma dos horas de energía. Esto es la productividad.
De esta manera, la totalidad del espacio productivo y su capacidad de engendrar bienes, se mueve en esta diada de la escasez y la productividad lo cual determina la capacidad o “fuerza” total de la energía gastada en producir cosas. Estas son las llamadas fuerzas productivas del trabajo.
El uso de fertilizantes o el barbecho pueden potenciar tierras otroras en camino a la erosión, el desarrollo de internet y redes sociales (o aprender su uso) puede potenciar la capacidad de establecer nuevas redes de contacto que “vender”, el uso de ciertas herramientas o máquinas, puede reducir el tiempo, energía o materiales requeridos para la elaboración de cierta cantidad de productos. Todos estos son ejemplos de elementos que potencian ese espacio privado, aumentando su capacidad o regulando su deterioro, y con ello, determinando las representaciones cuantitativas que tales productos enfrenten al aparecer como mercancías.
Dicho esto, los ejemplos anteriores nos ponen de frente un factor central: qué ocurre con las fuerzas productivas de cada trabajo individual, ante la generalidad de la relación mercantil, esto es, desde el punto de vista del mercado. El productor de A ahora pudo haber ganado una posición de ventaja productiva frente al productor de B, así como frente a otros productores. Ello implica que ahora puede gastar menos energía en generar más productos, y por tanto, producir más excedentes tornables en mercancías.
Aquí nuestro producto aun preñado del trabajo privado e independiente, se le introduce por construcción una doble posibilidad: en el mejor de los casos, de que atraiga grandes cantidades del equivalente general, dinero, y por tanto le permita a su productor descubrir la riqueza, o en el peor, que inunde el mercado de excedentes o sobre producción, generando basura que arrastre al productor y sus pares al fracaso. Ante el concierto anárquico de la independencia de productores, las fuerzas productivas introducen como atributo propio del sistema automático, la posibilidad de generar riqueza y basura, creación y destrucción, destrucción creativa.
Esta se hace más patente cuando la tentación de la riqueza lleva a los demás actores a potenciar sus fuerzas productivas individuales. Dado el atractivo que tiene la posibilidad de acceder en masa a la llave de todos los productos, el dinero, ahora cada productor individual introducirá en su mismo espacio, aquellas mejoras que lo potencien. Con ello, la ventaja que tenía nuestro productor de A se diluirá en la totalidad de las distintas fuerzas productivas individuales.
Retomando el punto de vista del proceso en su conjunto, el mercado, aquí la determinación cuantitativa del valor de tales mercancías no recae entre la escasez y productividad de cada productor individual, es decir, cuantas horas de gasto energético le toma a cada uno producir cierta cantidad de bienes determinados para el intercambio, sino, cuanto es lo que en promedio, a lo largo de todos los productores de ese bien, se “necesita” para generar un ejemplar específico. Esta naturaleza de tal gasto energético/trabajo medido en tiempo, necesario para generar productos destinados al consumo ajeno o social, mediado por el intercambio, esto es, el Tiempo de Trabajo Socialmente Necesario (TTSN), se eleva como la manera general que el concierto de actores expresados en el mercado, regulan cuantas mercancías aparecen en el mercado, y con ello, qué productores logran entrar o mantenerse en este.
Si el TTSN cae, es decir, la cantidad de energía/tiempo media requerida para la elaboración de un ejemplar disminuye, cada unidad de ese ejemplar aparecerá ante los productores ajenos en una relación de valor más “conveniente”. Esto es, el gasto de energía en que el productor ajeno debe incurrir para adquirir un bien A, se hace mucho menor a las alternativas, por lo tanto, aunque cada unidad de A sea capaz de retirar del mercado una menor porción del equivalente general, en su agregado frente al concierto de productores/consumidores, atraerá una mayor porción del dinero total, pues las alternativas, tienen ahora un regulador cuantitativo general de las riquezas de los agentes comerciantes. Aun cuando todos puedan preferir las alternativas más costosas de fabricar, basta con que uno se desvie de la norma, para que gane inmediatamente una ventaja respecto al resto, algo que la mentalidad del productor privado e independiente, eventualmente, no se podrá permitir (siguientes entradas).
Tal dinámica impone como regla general el mantenerse a tono con la capacidad productiva promedio, el TTSN, para mantener o aumentar su capacidad de captura del dinero. Esto lo pueden hacer adaptando la “norma” técnica del mercado a su propio espacio productivo, o innovando en torno a este, a fin de mejorar su productividad relativa. Quienes se resistan a este ejercicio, serán apartados del mercado, u obligados en el peor de los casos a la proletarización antes mencionada. Nuestros agentes descubren así la competencia.
Con todos estos elementos, aparece el último movimiento que tales fuerzas productivas tienen para ofrecer. En la medida que la competencia se generaliza como regulador de los productores y productos, este también se vuelve el mecanismo por el cual las mismas fuerzas productivas se autotransforman.
Cada nueva iteración del circuito de circulación permitió que se diera la relación de M-D-M, es decir, se generó cierta cantidad de Mercancías que permitió a su vez obtener el Dinero para nuevas Mercancías. Pero ahora, que ocurre si parte de ese Dinero se invierte en el espacio privado de producción de tal manera que M se torne en un M+m al final del circuito, es decir, un M más una porción extra que denotaremos como M’ = M+m. Con esto el circuito resulta en M-D-M’. De mantenerse este ejercicio, en los ciclos siguientes se tendrá que M’-D’-M’’, y así. Nuestros agentes acaban de descubrir, en apariencia, una máquina de movimiento perpétuo, la cual con cada ciclo les irá devolviendo más y más dinero, y por tanto, más y más mercancías o más y más desperdicios, y tales condiciones iniciales, determinará la forma de las fuerzas productivas totales e individuales siguientes.
Al momento de arrojar su nueva cuota ampliada de mercancías al mercado, cada productor lo hace frente a incertidumbre. Si alcanzó a obtener el D’ puede invertir una parte en información, y mejorar su posición en el siguiente ciclo respecto a los demás, y el resto se verá empujado a adaptarse. Como un todo, la competencia generalizada introduce por construcción la necesidad histórica del desarrollo y revolución permanente de las fuerzas productivas, independiente incluso, de los deseos de sus propios productores, quienes pasan meramente a personificar la necesidad autoimpuesta del sujeto automático.
Al final del día, será el mercado y la competencia quien dirima cuanto de las mercancías van o no a la basura, lo que en la consciencia de cada productor individual, le devolverá la imagen de sus propias fuerzas productivas como algo ajeno o imposible de controlar del todo. Ya no solo no es dueño de una parte o la totalidad de su energía, sino que ahora, esta misma le fabricó un demonio siempre creciente, que en cualquier momento podría sacarlo de en medio, salvo que esté constantemente tomando los resguardos necesarios.
Dicho esto, para su consuelo, tal demonio les premiará con el acceso a una enorme cantidad de bienes, muchos de ellos a un bajo costo, aumentando el incentivo a que ceda su espacio privado de producción y aparezca entonces frente al mercado con un nuevo tipo de mercancía no visto antes. La única mercancía que tiene la facultad de engendrar por si misma, nuevas mercancías, esto es, el trabajo. Con este movimiento final, el espacio productivo privado realiza su metamorfosis final, para constituirse en nada más que un medio para producir no solo para los demás, sino, para producir su propia existencia. Seguiremos esto en la siguiente parte.
메타데이터
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