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Austeridad

🎙️P. Francisco

GodCast - Un ratito con Jesús · 2024-07-28 10:25 · 0 claps · 4.2 min read
#evangelio #reyes #profetas #laudato-si #meditar
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Austeridad

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🎙️P. Francisco

Tanto la primera lectura, como el evangelio de la misa de hoy, nos hablan de una milagrosa multiplicación de panes. La primera, tiene por protagonista al profeta Eliseo, que dará de comer a cien hombres. La segunda, a Jesucristo, que alimentará a cinco mil hombres; además de las mujeres y los niños.

¿Qué enseñanza podemos sacar de las lecturas de hoy? Nos fijaremos especialmente en un detalle del Evangelio que comentaré posteriormente.

En la primera lectura del segundo libro de los Reyes, Eliseo dice a su criado que distribuya unos cuantos panes entre cien hombres, cosa que al criado le parece imposible; porque no hay proporción entre esos pocos panes y el número de hombres a los cuales habría que alimentar.

Eliseo insistió: “Dáselos a la gente para que coman, porque esto dice el Señor: comerán todos y sobrará”. El criado repartió los panes a la gente, todos comieron y todavía sobró, como había dicho el Señor. (Cfr. 4, 42–44).

Es decir, que los panes alcanzaron para todos por la intervención de Dios nuestro Señor, que los multiplicó e hizo posible que todos se saciaran.

En el evangelio, Jesús da de comer a cinco mil hombres, además de las mujeres y los niños, con sólo cinco panes y dos pescados.

Este misterio prefigura la Eucaristía. Pero hay un detalle en la narración de san Juan en el que quisiera que nos fijáramos para meditar sobre el tema de hoy; que es la austeridad en el uso de los bienes materiales.

Dice el evangelista que después de que todos se saciaron, Jesús dijo a sus discípulos: “recojan los pedazos sobrantes para que no se desperdicien”. (Cfr. 6, 1–15). Este es el detalle que quisiera que consideráramos.

Jesús desea dejar claro que es preciso evitar que las cosas se desperdicien, lo cual forma parte de la austeridad; virtud que favorece el uso correcto de los bienes materiales. Recojan los pedazos sobrantes para que no se desperdicien.

Otro aspecto de la austeridad consistirá en el cuidado de las cosas para que duren lo más posible. Hoy vivimos en una sociedad en la que el consumismo, el derroche, el despilfarro, son frecuentes…, cuando hay tanta gente que no tiene para comer.

Un dato que impresiona –proporcionado por la ONU–, un tercio de la producción mundial de comida para consumo humano se desperdicia. Podemos preguntarnos, ¿cuánta gente podría comer con eso que se desperdicia?

San Josemaría comentaba: “el Señor que predica un desprendimiento tan maravilloso de los bienes terrenos, muestra a la vez un cuidado admirable en no desperdiciarlo” (Homilía, 6 de septiembre de 1941).

La encíclica del Papa Francisco, laudato si, que tiene como tema la ecología en sentido amplio e integral; y que incluye el cuidado del medio ambiente; hace mucho hincapié en la austeridad y desciende a detalles concretos.

Por ejemplo, dice ahí el Papa: “si una persona se abriga un poco, puede no encender la calefacción”. Invita a reducir el consumo de agua, a cocinar solo lo que razonablemente podrá comerse, a utilizar el transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, a apagar las luces innecesarias, reutilizar algo en lugar de desecharlo rápidamente.

Detalles concretos sugeridos para vivir la austeridad. Además, el Papa en la encíclica invita a prestar atención a la belleza y a amarla, porque esto nos ayuda a salir del pragmatismo utilitarista. Admirar, amar la belleza de la naturaleza, nos lleva lógicamente a pensar también en su creador: Dios nuestro Señor, que nos ha querido regalar eso que tanto debe ser motivo de admiración nuestra.

Una característica de la mentalidad actual, está en lo que señala el Papa: el pragmatismo utilitarista; que lleva a valorar sólo aquello que da resultados materiales, beneficios económicos. En cambio, contemplar y admirar la belleza de la naturaleza de toda la creación de Dios, nos mueve a valorar las cosas y a respetarlas.

Otro aspecto de la austeridad que mencioné brevemente antes, es que conviene tratar de que las cosas duren lo más posible. Eso es otro aspecto de la pobreza cristiana, de la austeridad. San Josemaría lo decía de esta manera: “Para mí, una manifestación de que nos sentimos administradores fieles de Dios, es cuidar lo que usamos con interés en que se conserve, en que dure, en que luzca, en que sirva el mayor tiempo posible para su finalidad, de manera que no se eche a perder” (Amigos de Dios, n. 122).

Es interesante tener esto en cuenta en un mundo en el que la cultura de lo desechable está tan en boga. Tratar de que las cosas duren, aspecto de la austeridad. La Encíclica habla del cuidado del medio ambiente, de tratar bien a los animales, las plantas, la naturaleza en general; pero subraya especialmente que hay que tratar bien a las personas, sobre todo a las más necesitadas.

¿Cómo se puede vivir esta enseñanza y este consejo de Francisco? Pues san Pablo nos da la respuesta en la segunda lectura de la misa de hoy: “Sean siempre humildes y amables, sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor. Esfuércense en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la Paz” (Efesios 4, 2–23).

Pues es todo un programa referido al trato con los demás, lleno de caridad, de afecto y amabilidad. ¿Y dónde se aprende esto? ¿Dónde se adquiere esta ciencia para vivir la caridad de manera completa? Pues también, en la encíclica Laudato si encontramos la respuesta.

Dice ahí: “la familia es el lugar de la formación integral. En la familia se aprende a pedir permiso sin avasallar, a decir gracias como una sentida valoración de las cosas que recibimos, a dominar la agresividad o la voracidad y a pedir perdón cuando hacemos algún daño (n. 213)”.

Es todo un programa que forma parte de esa exigencia personal que nos lleva a dominarnos a nosotros mismos para servir a los demás; exigencia que también es esa para vivir la austeridad a la que Dios nuestro Señor nos invita.

Para terminar, tengamos presente que de esa austeridad encarnada en nuestra vida derivan muchos beneficios. Como serían: el cuidado y respeto de la naturaleza, el hecho de que nos hace más libres al depender menos de las cosas materiales.

También nos lleva a vivir la solidaridad con los demás, especialmente con los más necesitados. Nos identifica con Cristo, que vivía completamente desprendido de las cosas materiales y siempre hacía buen uso de ellas.

Y de esta manera, al identificarnos con Cristo, estaremos caminando hacia la meta de nuestra vida que es la Santidad.

Pues terminemos pidiendo a la Santísima Virgen que nos ayude a vivir una austeridad en el uso de los bienes materiales; como la que seguramente se vivió en el hogar de Nazaret.


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