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El atractivo del misterio

Reflexión

Alan Martín · 2025-10-12 15:24 · 1 claps · 9.0 min read
#carson #poesia #contemporanea #reflexions #literatura
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El atractivo del misterio

Reflexión

Confieso sin ningún pudor que tengo un problema con la poesía contemporánea, cosa que podría parecer un poco absurda porque “poesía contemporánea” no es ningún género, es un término que apenas dice nada, más allá de una temporalidad que, por otra parte, es bastante indeterminada: “poesía contemporánea” es la poesía que se escribe más o menos al momento de escribir la expresión o de la vida misma de la persona que la enuncia. Pero esta sobrexplicación en realidad es del todo ridícula e innecesaria, porque intuitivamente cualquier lector habrá entendido lo que quiero decir. ¿Tengo un problema con Carmen Jodra, que es una poeta que me encanta y que ejerció su actividad en los noventa y principio de los dos mil? No. ¿Es contemporánea? Podríamos decir que sí. Ains, creo que estoy divagando. Si ya he dicho que todo el mundo me ha entendido, ¿por qué sigo explicándome? En fin, para los puristas, trataré de buscar un término más exacto, como “poesía posmoderna” o “posposmoderna”, a pesar de que tampoco signifiquen demasiado. El caso es que tengo un problema para apreciar y disfrutar este tipo de poesía.

El otro día, en un grito de auxilio desesperado, le preguntó al chat GPT cómo podría hacer para leer esta poesía de forma satisfactoria, y debo decir que me dio unos consejos bastante coherentes. Sólo recogeré aquí el más útil, que fue también, paradójicamente, el más vago: para entender la poesía contemporánea hay que leer mucha poesía contemporánea, porque no se puede descifrar un mensaje sin conocer su código, y para conocer el código de los poemas lo que hay que hacer es leer poemas. No se limitaba, por cierto, a aconsejar leer poemas, sino también prólogos y ensayos sobre poetas o poemarios, que suelen ser bastante ilustrativos (o todo lo contrario) para comprender cuál es la propuesta del autor o autora. ¡Equilicuá! Sin vergüenza ninguna, me metí en la web de Lectulandia y me puse manos a la obra: por recomendación popular de los poetas actuales, me fui directo a Anne Carson, y descargué su famoso poemario La belleza del marido (2002).

El prólogo de la edición que encontré me gustó, pero los primeros poemas (o tangos) me sumieron en una confusión de estupidez que me dio bastante mal humor. No sabía a veces quién hablaba, si el yo poético o el marido, tenía que releer muchas veces los versos para darle sentido a la puntuación y, sobre todo, no entendía ninguno de los símbolos ni me llegaba ninguna sensación. Recordé entonces un consejo que daba Gonzalo Escarpa en un taller de poesía que vi online y que, en realidad, ya me lo había repetido varias veces mi profesor José Manuel Ruiz en la carrera: «No hay nada que entender». Pero recordar un consejo y ponerlo en práctica son dos cosas muy lejanas, de modo que, por mucho que lo intenté, trataba de desmenuzar la fábula que había detrás del poema y darle sentido a todos y cada uno de sus símbolos. Y cuando algunas cosas que imaginaba cuadraban (sólo Dios y la difunta Anne Carson sabrán si eran acertadas) sí que recibía un cierto placer, aunque culpable por no poder librarme del yugo del sentido.

Entonces cayó un relámpago que lo llenó todo de luz, un poema que transcribo a continuación:

IX. PERO QUÉ PALABRA ERA

Una palabra que de repente

apareció en todas las paredes de mi vida inscrita simpliciter sin

[explicación.

Cuál es el poder de lo inexplicado.

Ahí estaba él un día (nueva ciudad) en un campo de heno frente a mi

[instituto de pie

bajo un paraguas negro

y un viento molesto y brusco.

Nunca pregunté

cómo había llegado allí una distancia de quizá 300 millas.

Preguntar

infringiría alguna regla.

¿Has leído el «Himno homérico a Deméter»?

Recuerda cómo Hades sale cabalgando de la luz diurna

a lomos de sus caballos inmortales envuelto en caos.

Se lleva a la chica abajo a una fría estancia subterránea

mientras su madre pulula por el mundo y ataca a todo ser vivo.

Homero lo presenta

como la historia de un delito contra la madre.

Pues el delito de una hija es aceptar las leyes de Hades

que ella sabe que nunca podrá explicar

y por ello tan campante le dice

a Deméter:

«Madre esta es la verdad de la historia.

A hurtadillas me puso

en la mano una semilla de granada dulce como la miel.

Luego a la fuerza y contra mi voluntad me obligó a comer.

Te digo la verdad aunque me duela».

¿La obligó a comer cómo? Conozco a un hombre

que establecía reglas

contra la exhibición del dolor,

contra preguntar por qué, contra querer saber cuándo le volvería a ver.

De mi madre

emanaba una fragancia, un miedo.

Y de mí

(lo supe por su cara en la mesa)

olor de semilla dulce.

¿Las rosas en tu habitación te las envió esas?

Sí.

¿Con motivo de qué?

No hay motivo.

Qué pasa con el color.

Color.

Diez blancas una roja qué significa eso.

Imagino que se les acabaron las blancas.

La meta de cualquier madre es abolir la seducción.

La reemplazará con lo que es real: productos.

La victoria de Deméter

contra Hades

no consiste en el regreso de su hija desde ahí abajo

sino en el mundo en flor:

calabazas tentaciones corderos retama sexo leche dinero.

Todo eso mata la muerte.

Todavía tengo esa rosa roja polvo seco ya.

No quería decir himen como ella imaginaba.

[Traducción de Andreu Jaume]

Según mi interpretación, que quiero dejar claro que es personal y puede estar errada, el poema se articula sobre dos conceptos antagónicos: la certeza y el misterio, en otras palabras, lo que se explica y lo que no se explica. Dichos conceptos están personificados en dos figuras, la madre del yo poético y el novio. El poema, por supuesto, parece decantarse por lo misterioso, y aunque todo poema siempre es múltiple y habla de muchas cosas, en última instancia podemos decir que el tema principal o uno de los más destacados es lo atractivo del misterio, como anuncia la propia voz poética poco después de empezar cuando dice: «Cuál es el poder de lo inexplicado».

En realidad, si tratamos de despojar al poema de “lo poético”, cosa no del todo descabellada en este libro, que tiene mucho de narrativo, encontramos una fábula sencilla: el yo poético se obsesiona con un hombre y no sabe por qué, aunque tampoco quiere o puede preguntar. A la madre de ella no le gusta: lo ve poco claro y cree que su hija está encandilada por él de forma irracional, sin sospechar el peligro que podría acecharle. Cuando llegan diez rosas blancas y una rosa a la habitación del yo poético, de parte de su novio, la madre cree que es una alusión a la virginidad perdida de su hija, pero el yo poético acaba el poema asegurando que no significa eso. Hay algo de interpretación en esto, y por lo tanto no es enteramente subjetivo, pero creo que más o menos todo el mundo estará de acuerdo en ver al menos la mayor parte de esto. El mensaje superficial, anécdotico incluso, es que una chica se ha echado un nuevo novio misterioso y a su madre no le gusta porque no sabe por dónde va. Y, sin embargo, podemos tirar de ese mensaje superficial y extraer los dos conceptos que he citado antes y que articulan el poema, y que aparte de servir de apoyo a esta “anécdota”, le dan al poema un significado mucho más profundo y trascendental.

Veamos en detalle partes del poema que se relacionan con cada concepto, que creo que apoyarse en el texto es siempre lo mejor para un análisis literario. El poema empieza ya con un misterio: «Una palabra que de repente / apareció en todas las paredes de mi vida inscrita simpliciter sin explicación. / Cuál es el poder de lo inexplicado». Pasamos de largo, pensando que esa palabra aparezca más adelante o que nos darán detalles para descifrarla, pero interpertamos de esos tres versos que la voz poética estaba obsesionada con esa palabra, después de todo «apareció en TODAS las paredes» de su vida, y precisamente le obsesiona porque aparece «sin explicación». El siguiente verso es exclamativo, lo que denota intensidad: «cuál es el poder de lo inexplicado». Resumiendo: está obsesionada, la obsesión es intensa y todo se debe a que no hay explicación para que esa palabra esté ahí.

Otro misterio que parece impresionar a la voz poética es la aparición del novio en su instituto, lejos de donde él vive: «Nunca pregunté / cómo había llegado allí una distancia de quizá 300 millas. / Preguntar / infringiría alguna regla». ¿Por qué es inflingir una regla? Porque rompe el misterio. Lo que es ambiguo en esta parte es si la prohibición, la regla, es algo impuesto por él o por ella, es decir, si la voz poética no pregunta porque quiere un romance misterio e inexplicado o es que él le ha prohibido hacerlo usando el misterio de excusa para cubrirse en caso de cometer algún mal o huir. Como en todo poema, una conexión con otra parte, puede darnos la respuesta. Dice el texto más adelante: «Conozco a un hombre / que establecía reglas / contra la exhibición del dolor, / contra preguntar por qué, contra querer saber cuándo le volvería a ver». Suponiendo que ese hombre sea el novio, que es lo que tiene más sentido, a pesar de la forma tan elusiva de referirse a él, entonces él sería el que promueve ese misterio, probablemente para cubrirse las espaldas (esto se deduce por otros poemas del mismo libro). No obstante, este misterio que rodea al novio encandila y encanta a la protagonista, porque dice que su madre percibió en ella «olor de semilla dulce», una alusión a las semillas de la granada que ingiere Perséfone en el mito que cuentan un poco más arriba. En fin, es él el que instaura el misterio en la relación y lo promueve, pero ella lo disfruta, de modo que en realidad ella es a su vez víctima y promotora.

Antes de seguir con el colofón, que es el final, quiero que veamos las certezas, que ya hemos dicho que están articuladas alrededor de la madre. La madre rechaza al novio porque no sabe cuál es su actitud, no sabe lo que hará, y por eso desconfía. En el mito de Perséfone, donde se identifica a la voz poética con Perséfone, a Hades, su raptor, con el novio, y a Deméter con la madre, el texto dice: «Pues el delito de una hija es aceptar las leyes de Hades / que ella sabe que nunca podrá explicar / y por ello tan campante le dice/ a Deméter: / «Madre esta es la verdad de la historia». Perséfone/voz poética sabe que no puede explicarle a Deméter/su madre la verdad, porque Hades es un misterio y, por tanto, no sabe por qué hace lo que hace, no le encuentra un sentido, así que miente a su madre, paradójicamente, diciéndole que le va a decir la verdad, que es lo que ella busca. ¿Cómo podemos estar tan seguros de esta relación madre-verdad/certeza? Si esto no nos convenciera por sí solo, veamos la estrofa que dice: «La meta de cualquier madre es abolir la seducción. / La reemplazará con lo que es real: productos». La madre se nos presenta apegada a lo real, lo práctico, los productos, y la seducción es todo lo contrario a eso, son promesas, incluso mentiras que se dicen para atraer a alguien con su misterio. Por eso a la madre no le convence. La madre está obsesionada con sacar la verdad, el sentido de todo, no le gusta la indeterminación, pero por si no bastaba con estos dos ejemplos donde se dice explícitamente, veamos ahora el más sutil y genial. La madre interpreta las diez rosas blancas y una roja que le envía el novio como la virginidad perdida. Pero lo interesante es que no es así: El espléndido verso final no puede hablar más claro: «No quería decir himen como ella imaginaba». La madre ha dado por hecho que ha interpretado este regalo como un símbolo, como algo que tenía un sentido detrás. ¿Pero y si no es así? ¿Y si no había ningún mensaje detrás? ¿Y si no era símbolo, sino misterio?

Aquí es cuando todo cobra sentido, cuando todo hace click y encaja. Este poema no es bueno porque nos habla del atractivo del misterio, nos dice, nos lo enuncia como tema. No, también actúa como debe actuar un poema, con una dimensión performativa: el poema no sólo dice, también hace. Efectivamente, lo chocante de este poema es que muchos lectores, como la madre, habrán interpretado rápidamente las flores con la virginidad perdida, buscando así el sentido del símbolo. Pero no. Y eso es lo que lo hace tan genial, no saber qué significan las flores, si es que significan algo (porque da igual), sumado al hecho de darnos esa sorpresa final de dejarnos con el misterio cuando lo creíamos resuelto, es lo que hace atractivo el misterio. Y espera, ¿no se nos olvida algo? ¿Algún otro misterio? Mmm… ¡Ah, sí! ¡¿Pero qué palabra era?!

Entonces lo comprendí. Ese poema me estaba interpelando directamente, me decía que no interpretara, que el misterio es bonito, que lo bueno de él era eso, lo que se queda sin decir y no podemos descubrir, que hay algo de seducción en ello. Porque a veces las ideas, explicadas de forma más oscura y poética, llegan mucho más fácilmente a nosotros que enunciándolas de forma directa y simple. Haciendo y no sólo diciendo, el poema también demostraba.

Pero, al final, realmente yo no le había hecho ni caso, porque las páginas anteriores sólo han sido un intento detallado de explicar y discernir el sentido del poema. Irónico.


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