✨ Capítulo 10: Siempre sale el sol
🌅 Lo más simple suele ser lo más esencial
✨ Capítulo 10: Siempre sale el sol

🌅 Lo más simple suele ser lo más esencial
A veces creemos que necesitamos grandes cosas para ser felices, pero al final lo más necesario son esos pequeños momentos que nos impulsan y nos llenan el alma.
Cuando pienso en mi infancia, recuerdo los juegos, las risas, las personas que me acompañaban. Recuerdo la comida, quién estaba a mi lado, y cómo me hacían sentir.
Recordando tantos momentos significativos en mi vida, puedo nombrar varios:
Como recordar momentos de escasez donde mi madre lloraba en silencio al no tener relleno para las arepas solo mantequilla. Decidí hacerla reír, que fueron las mejores arepas con mantequilla y risa junto con mi hermana.
Ir al odontólogo, el cual me causa nervios, llorar en la silla y mi hermana llorando en la puerta. En esta anécdota mi mamá se reía mucho al encontrar dos ratoncitos: uno pegado y el otro al lado. No lo abandonó, se quedó con él, y mi madre pensó que eran igual a sus hijas unidas. Nunca fue de mi agrado ser comparada con una rata, pero fue esa unión que se ve en cualquier especie.
Tener pesadillas y al despertar, mi mami junto a mí consolándome en un abrazo. Son muchos recuerdos que me dibujan una sonrisa, me siento afortunada de la vida.
🌤️ Las palabras que curan
Son esos detalles los que realmente importan cuando la vida nos pone a prueba. Mi mamá siempre decía:
“Siempre sale el sol, y al mal tiempo, buena cara.”
Esa frase me acompañó durante todo el proceso del cáncer. Cada quimio era una nueva oportunidad para sonreír, aunque estuviera en aplicaciones rodeada de personas cansadas, desanimadas o con miedo.
Yo elegía decir buenos días con una sonrisa, aunque por dentro compartía los mismos sentimientos. ¿Por qué decidí brindar una sonrisa? Porque las personas necesitan sonreír, y aunque no conozco las goteras de su casa, ser amable no me quita nada; al contrario, me llena brindar un poquito de luz.
💫 La magia de dar
Estamos en una sociedad donde no nos enseñan el poder de la magia al elogiar y decir lo bueno que vemos en los demás, ayudar a otros, regalar sonrisas, la gratificación de dar.
Mi diagnóstico fue un llamado a evaluar, limpiar y trabajar en mí desde adentro. Sanar por dentro no es justificar lo que dolió, tampoco es hacer que no pasó.
Es dejar de darle a la ausencia, dolor, y todo aquel sentimiento que no nos suma ni sostiene, el poder de definirte. Es elegir no seguir viviendo desde el vacío, desde el “¿por qué a mí?”, desde los sentimientos más oscuros.
Seguir esperando esa disculpa o arrepentimiento es estar atrapada, suspendida.
Se debe mirar lo que fue como es, decidiendo no quedarte esperando lo que no te dieron, lo que no fue. Abrazarte y decirte con alma y corazón: no pudieron, pero yo sí puedo quedarme, valorarme, quererme y elegirme, soltando todo lo que no te aporta ni sostiene.
No se trata de borrar tu historia sino de seguir escribiéndola con amor, sanando heridas, curando el dolor del alma y brillando, porque cada uno de nosotros importa y posee su propio brillo.
⚔️ Seguir, aunque no haya aliados
En la historia, fueron los enemigos el aliento a seguir para no abandonar las batallas, y es razonable cuando no tienes aliados.
Porque se debe seguir, así sea para demostrarle a quien no cree en uno que sí se puede, y cerrar bocas educadamente sin hablar.
💞 Empatía y fortaleza
Al estar esperando mi turno de tratamiento, observaba a todas partes. Detuve la vista en una mujer llorando en la puerta de la oncóloga. Todo su cuerpo decía miedo a un diagnóstico.
Solo de verla lloré. Sabía por lo que estaba pasando y sentía: yo estuve en su lugar.
Me acerqué colocándome de ejemplo, diciéndole que la actitud es la clave para vencer, que es temporal, que debe vivir cada etapa de la vida. Lloré como si la conociera, la abracé diciéndole que de esta saldría.
Luego la vi en sus primeras quimios, siempre con una sonrisa al vernos. Estar sentada mientras recibes un tratamiento, compartes con diferentes personas, cada una percibe, siente, se expresa a su forma y eso es lo normal.
Siempre busqué brindar una sonrisa, apoyo, un rayito de luz en tanta oscuridad.
La tristeza no es buena compañera para la sanación. La actitud puede ser una medicina invisible, y reír, incluso en el dolor, es una forma de resistencia.
🌻 Gratitud en medio del proceso
Con el tiempo entendí que todos tenemos derecho a sentir la rabia, la molestia, el cansancio o incluso la envidia.
Cuando veía a otros tocar la campana al terminar sus tratamientos, sentía alegría por ellos y orgullo de ver finalizar sus ciclos. Pero también sentí envidia, mucho más después de tocar la campana y seguir en tratamiento. Esa campana se convirtió en mi frustración.
Pasé gran parte de ese proceso sola, por la pandemia y por circunstancias que me hicieron salir de mi país para brindarle oportunidad a mi hija. A veces me acompañaba mi hija Ari, o me recibía en casa junto a Tony. Mis motores y fuerzas para seguir.
Veía a otras personas con sus familias y amigos. Una señora mayor en especial asistía con su madre, otra señora un poco más mayor, cuidando y sosteniendo a su hija pasar por tratamiento.
En mi mente imaginaba a mi mamá allí, sosteniéndome la mano, sintiendo su confort. Mi hermana haciéndome chistes para olvidar la aguja en mi mano. Mis amigos esperándome para reírnos y contar cuentos.
Pero en lugar de sentir lástima, decidí agradecer lo que sí tenía: La oportunidad de seguir viva, con tratamientos que otros no pueden acceder, el apoyo a la distancia, y la fortaleza para aceptar, aprender, sanar y mejorar constantemente.
🌈 El valor del acompañamiento
Mi nivel de empatía es mayor gracias al cáncer. Conocí un mundo que no sabía que existía.
Conocí enfermeras, doctores, técnicos, radiólogos que trabajan con pasión, y otros que no. Es importante tener un equipo médico en el cual confiar, sentirse cuidada, contenida. Eso influye en cómo ves y sientes el tratamiento.
Yo cambié varias veces de oncólogo, de centro de tratamiento, hasta sentirme a gusto como lo estoy con mi oncólogo, Alexis Ostinelli.
Me explicó por qué seguir el tratamiento, aunque no me agradó la noticia. El brindarme la información necesaria, por qué seguir, fue contención para mí.
Mi doctor fue un gran apoyo. En un momento, por cosas administrativas, estuve sin quimio. Me hicieron estudios antes y después de esos meses, donde no había alteración — lo que determinó finalizar el tercer ciclo de quimio sin tocar campana, sin hacer fiesta, ni celebración, sin el ritual de cierre. Solo lloré de emoción.
Cuando estuve sin empleo, confió en que saldría adelante. Siempre una palabra de confianza y apoyo. Sus palabras y explicaciones me hacían sentir más segura para seguir.
☀️ La vida son ciclos
Después de más de ochenta quimios, veinticinco sesiones de radiación, estudios invasivos, y muchas lágrimas, comprendí que la vida son ciclos, que la vida son momentos que deben vivirse, sentirse, aceptarse, aprenderse y seguir.
A veces estás arriba, a veces abajo. Unos días grises, otros soleados. Con ánimos o sin ellos, pero el sol siempre vuelve a salir.
El mundo no se detiene. Cada día son 24 horas de vida, de oportunidades, de elecciones. Podemos gastar esas horas pensando en la muerte… o en decidir vivir de verdad.
En querer hacer… o hacerlo. En tener miedo… o enfrentarlo.
“No se trata de cuánto tiempo vivas, sino de cómo elijas vivir cada día.”
메타데이터
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